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Editorial

14/07/2020 14:01

A contar los puchos

En junio de 2012, siendo José Mujica presidente de la República, su ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, anunciaba en conferencia de prensa, junto a otros representantes del Poder Ejecutivo, la intención de legalizar la marihuana en el país.

La medida, incluida en un paquete propuesto por el gobierno para intentar frenar el aumento desmedido de la delincuencia, fue anunciada al día siguiente por el presidente, en un mensaje emitido por cadena de radio y televisión a la Nación.

En esa oportunidad y siendo su ministro del Interior Eduardo Bonomi, el entonces jefe de Estado, reconoció de hecho la ineficacia del gobierno para enfrentar los graves problemas de inseguridad, nunca antes vistos con tal virulencia, y evocó con nostalgia la paz y la tranquilidad existentes en el pasado en el país.

Paralelamente, la izquierda uruguaya atribuía el aumento de la delincuencia, a la mejora general de la economía, derivada de un contexto internacional que hizo crecer a valores nunca alcanzados los precios de los commodities.

Según ellos, la prosperidad alcanzada, el marketing permanente y el consecuente incremento del consumo generado por el mundo capitalista, eran la causa del aumento de las tentaciones, ambiciones y frustración de los delincuentes.

Resultaba evidente, que ese nuevo proyecto de control y legalización de la marihuana apuntaba más a fines políticos de recaudación y ampliación del monstruo estatal, que a un objetivo real de disminución de la delincuencia o de franca liberalización del consumo.

Por esos mismos días y desde Brasil, donde participó de la Cumbre Río+20, el presidente José Mujica se refirió, para tranquilidad de sus camaradas regionales, al verdadero fin perseguido con el sorprendente anuncio:

"La idea no es liberar, al contrario, vamos a controlar mediante una red estatal de distribución” dijo recordando a todos su estilo sencillo y campechano. “No permitiremos a una persona ir al almacén a comprar marihuana y hacer lo que quiera”, agregó. “El Estado controlará la calidad, la cantidad, el precio y las personas que la compren estarán registradas".

Según reseñara en su momento la prensa, Mujica explicó además en Brasil a
periodistas uruguayos que lo entrevistaron, que los consumidores deberían obligatoriamente exhibir la cédula de identidad para comprar marihuana y presentar las colillas de los cigarrillos ya fumados.

Lo de devolver los “puchos” causó en su momento mucha gracia; pero probablemente, lejos de estar en el proyecto, haya sido algo que Mujica sacó de la galera. Tal vez esa idea, se le ocurrió al entonces presidente en el momento y mientras hablaba, como forma de asegurar a sus colegas que la novedosa marihuana “oficial”, no se traficaría hacia los países vecinos.

Se le ocurrió y así lo dijo; pero ante sus dichos, es difícil imaginar una forma más improvisada de gobernar y una visión de país más “de almacén”.

Finalizada esa administración, volvió a la presidencia Tabaré Vázquez,
confirmando en sus carteras a los dos ministros mencionados.

Fernández Huidobro falleció en el ejercicio de su cargo en agosto de 2016. Bonomi continuó como ministro del Interior hasta el final del período y la inseguridad continuó en constante aumento hasta el final de su actuación.
Situaciones similares se constatan en educación, salud, desarrollo social y
otras áreas.

La izquierda “progresista” ha demostrado ser blindadamente homogénea a la hora de gobernar. Luego de 30 años al frente de la Intendencia Municipal de Montevideo y 15 años en la Presidencia de la República, eso ha quedado claramente demostrado y vale para todos sus aciertos y todos sus errores.

El análisis y autocrítica de una gestión fracasada que llevó a una derrota
electoral que sus gestores jamás imaginaron, parecería ser el compromiso
ineludible y que sus bases reclaman.

El expresidente Vázquez, principal protagonista de las últimas tres décadas, debería meditar sobre estos asuntos. Eso le daría prestancia y un halo de prudencia que es lo que la ciudadanía toda espera de alguien con su trayectoria.

Muy por el contrario, en cada una de sus reiteradas apariciones vía Zoom con miras a las próximas elecciones municipales, se ha enfocado a criticar sin tregua ni pausa al recientemente estrenado gobierno de coalición.

El tiempo de la demagogia ya pasó. Se necesita un recuento claro y el reconocimiento de lo actuado para dar credibilidad a los nuevos proyectos.

Es hora de contar los puchos.