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Deportes

17/06/2020 07:09

En Brasil impulsan revisionismo reparador para el fútbol uruguayo

Por: Jorge Savia

Hace 50 años FIFA “atropelló” a Uruguay en el Mundial de México y Pelé le pegó un codazo brutal a Dagoberto Fontes pero no fue expulsado.

En Brasil impulsan revisionismo reparador para el fútbol uruguayo
Suele decirse que la historia la escriben los que ganan. Así que, por tal razón, el motivo de la llamada que a fines de mayo recibí de Bruno Rodrigues, periodista del diario “Folha de Sao Paulo”, tuvo un muy significado especial: un brasileño perseguía, aunque no fuera más que indirectamente, algo así como el rescate revisionista de una injusticia padecida por “la Celeste” hace 50 años que, la verdad sea dicha, casi nunca fue tenida en cuenta -y menos aún lamentada- por el propio fútbol uruguayo.

“Amigo, el 20 de junio será aniversario del tercer mundial ganado por Brasil en 1970 en México”, comentó el joven redactor de 24 años, quien preguntó: “¿Usted tendrá el número de Dagoberto Fontes?; y enseguida explicó por qué procuraba ese contacto: “En la semifinal contra Uruguay, Pelé le dio un codazo que, si hubiera existido el VAR como hoy, seguro que Brasil no hubiese sido campeón: a Pelé lo habrían expulsado”.

Aquello ocurrió en la tarde del 17 de junio de 1970 durante el transcurso de la semifinal del Mundial que se jugó en el estadio Jalisco de Guadalajara y, seguramente, esa incidencia no dejó ni siquiera una borrosa huella en la memoria de los uruguayos por el muchísimo mayor influjo desde el punto de vista emocional que, con respecto a dicho partido, ejercieron tres factores muy gravitantes:

1) El atropello político -y futbolístico- que, apenas 72 horas antes, la FIFA cometió en perjuicio de Uruguay al cambiar sorpresivamente la sede del partido que, según el calendario original armado antes del Mundial debía jugarse en la altura de la capital de México, a la que los celestes estaban adaptados a tal punto que el 14 de junio habían vencido a la poderosa Unión Soviética tras un durísimo encuentro y se terminó disputando en el llano de la calurosa Guadalajara, en donde Brasil jugó todos sus compromisos anteriores.

2) Las transmisiones televisivas se realizaban con pocas cámaras y, además, en los pupitres de la tribuna de prensa aún no había monitores en cuyas pantallas fuera posible ver la repetición de las jugadas; de modo que las retinas grababan en el disco duro de la memoria sólo las imágenes de las jugadas más trascendentales.

3) Fontes, un volante central que no jugó en los dos primeros partidos de Uruguay frente a Israel e Italia y fue titular recién a partir del tercero que los celestes perdieron 1 a 0 con Suecia en el cierre de la primera fase, se había formado en las divisiones juveniles de Nacional, pero por ese entonces ya era jugador de Defensor y, por consecuencia, tenía pocos “hinchas” en comparación con los restantes diez futbolistas que integraron el equipo que enfrentó a Brasil en Guadalajara, todos los cuales eran figuras de renombre que pertenecían a los dos clubes grandes del fútbol uruguayo.

“Yo fui a Defensor en el 69, cuando Nacional compró a Ronald Langón y nos cedió a Petronilo Acosta, Sergio Arias y a mí como parte del pago por el pase”, recordó ahora Fontes a ECOS al explicar por qué se trataba de uno de los cinco jugadores de cuadros chicos que integraban el plantel de 22 de Uruguay en el Mundial de México, junto a Alberto Gómez (Liverpool), Óscar Zubía (River Plate), Héctor Santos y Richard Cámera (ambos de Bella Vista).

Quizá también para que la agresión de Pelé a Fontes no haya quedado archivada en la memoria colectiva de los uruguayos pudo haber incidido otro aspecto importante que ahora, a los 77 años, hablando desde su Maldonado natal, el protagonista central del revisionismo impulsado por el periodista brasileño reseñó sin darle ninguna trascendencia.

“Pelé venía con la pelota y yo iba corriendo a la par suya, fui fuerte abajo, pero a buscar la pelota, y él saltó y al caer, en el aire, me metió un tremendo codazo en el ojo izquierdo; me puse como loco, pero para adentro, y me quedé parado: ¡no le iba a dar el gusto de saber que me dolía, que me había lastimado!”

Tan fue así que “el árbitro vino corriendo y ni se fijó en mí, que tenía el ojo a la miseria, con un dolor bárbaro; como Pelé se había quedado en el piso, ¡el juez se preocupó sólo por él, le preguntaba si estaba bien, si le había pasado algo!”.

“Si hubiera sido hoy, a Pelé lo echaban y después del partido lo llevaban preso; sí, sí, sí… quédese tranquilo, así como a veces vemos que hay jugadores que los denuncian por una agresión y después los llevan detenidos, como también ha pasado en Uruguay con líos que se armaron en lo clásicos, a Pelé lo llevaban preso por aquel terrible codazo”, comentó quien actualmente sigue “viendo por televisión fútbol de todas partes”, y también viaja seguido a Montevideo “para los partidos de Nacional y también los de la selección cuando juega en el Centenario”.

“Es una realidad, pero ya pasó”, reflexionó Fontes con naturalidad, sin muestras de resentimiento, ni siquiera por todo lo que ocurrió en perjuicio de Uruguay antes de aquel partido de hace 50 años.

“Después de ganarle (en cuartos de final) a Rusia en el estadio ‘Azteca’, volvimos (desde el Distrito Federal, la capital mexicana) a Puebla, en donde nos habíamos alojado durante todo el Mundial, y enseguida de la cena nos dijeron (a los jugadores) que reuniéramos todas las valijas en el lobby del hotel para salir en la mañana siguiente de nuevo rumbo al DF donde estaba fijada la semifinal con Brasil, pero a eso de las seis de la madrugada nos despertaron y nos dijeron que teníamos que salir en ómnibus para Guadalajara, que era un viaje largo”.

Concretamente, después de vencer a Rusia los celestes recorrieron 131 kilómetros en dirección sureste desde el Distrito Federal hasta Puebla, y tras la decisión de la FIFA debieron transitar alrededor de 660 kilómetros hacia el noroeste, pasando otra vez por la capital mexicana, mientras que Brasil esperó tranquilo y descansado en Guadalajara.

Sin embargo, ahora Fontes repasó aquel atropello político y la propia agresión por la cual Pelé debió haber sido expulsado, en forma analítica y desapasionada.

“Brasil tenía un equipazo, seguro la mejor selección brasileña que yo vi, y tal vez la mejor de toda la historia, así que capaz que jugábamos en el estadio Azteca e igual nos ganaban, y tampoco precisaba que el juez le diera una mano al no echar a Pelé por aquel codazo”, sostuvo; pero no sin dejar de reflexionar que “todo eso pudo haber tenido algo que ver con el resultado” de aquella semifinal de Guadalajara.

Es que Uruguay en aquel Mundial, donde Pedro Rocha se lesionó -y quedó descartado para todo el campeonato- apenas comenzado el debut ante Israel, le había ganado sin brillar (2-0) a los entonces novatos israelíes, sacó un empate aburrido (0 a 0) con Italia, luego perdió 1 a 0 contra Suecia, y en cuartos de final venció a Unión Soviética con más corazón que fútbol y el agónico gol de Espárrago en el alargue.

Brasil, en cambio, había deslumbrado al doblegar a Checoslovaquia (4-1), Inglaterra (1-0), Rumania (3-2) y Perú (4-2), con un poder de fuego que ostentaba una delantera realmente fantástica.

Es más, el esplendor ofensivo del ataque integrado por los fenomenales Jair, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelino, hasta contrastaba con la imagen de austeridad que mostraba Uruguay en ese plano, jugando sin un “9” de área, con cuatro mediocampistas como Montero Castillo, Julio César Cortés, Fontes e Ildo Maneiro, y sólo los punteros Luis Cubilla y Julio César “Cascarilla” Morales cumpliendo un rol netamente atacante.

Pero, pese a todo, aquel 17 de junio de 1970, Uruguay se puso en ganancia con un gol de Cubilla a los 19’, lo que provocó estupor en el mundo, pero también generó un efecto muy especial adentro de la cancha, sobre todo cuando “recién” se cumplían 20 años y ¡un día! del “Maracanazo”.

“Nosotros nos agrupamos bien y los controlamos, a Pelé no le hicimos marca individual, sino en zona, lo rodeamos”, describió Fontes, recordando que “hasta que nos empataron sobre el final del primer tiempo con un tiro desde afuera del área, ellos (los jugadores) estaban tan nerviosos que se insultaban en casi todas las jugadas”.

Es cierto, el gol de Brasil lo convirtió Clodoaldo -volante central, defensivo- a los 44’, por lo que siempre se ha dicho que si el primer tiempo hubiera terminado 1 a 0 favorable a Uruguay y con los geniales delanteros brasileños totalmente neutralizados, la tensión que seguramente hubiese reinado en el vestuario de la selección que era “el caballo del comisario”, quizá habría jugado para los celestes y hasta pudo cambiar la historia que se escribió en aquella calurosa tarde mexicana.

Hay que tener en cuenta que la defensa de Uruguay estaba integrada por Ladislao Mazurkiewicz en el arco; Atilio Ancheta y Roberto Matosas en la zaga; Luis Ubiña, Julio Montero Castillo y Juan Martín Mugica en la contención por el medio y los laterales; y a ellos se sumaban el trabajo a destajo que realizaban Cortés, Maneiro y Espárrago para formar un sólido bloque frente al cual, al menos en ese partido, el fulgor ofensivo de los fantásticos delanteros brasileños comandados por el fabuloso Pelé se había opacado.

Concretamente, no hay dudas que Brasil era mejor equipo –¿o más vistoso y elegante?- que Uruguay; pero, en aquel partido, le estaba costando muchísimo plasmar esa superioridad en el resultado.

La prueba está, el segundo gol de Brasil lo hizo Jairzinho recién a los 76’, cuando no pocos imaginaban otro alargue, y Rivelino a los 89’ convirtió el tercero al aprovechar que ya Uruguay se había desprotegido al ir en busca desesperada del empate, bastante rato más tarde que Pelé le metiera el codazo a Fontes sin que el español José María Ortiz siquiera lo amonestara.

“Ya iban 2 a 1”, advirtió Bruno Rodrigues que, sin embargo, en el marco de su sano e imparcial revisionismo restaurador, señaló que “quizá Brasil hoy no tendría cinco títulos mundiales si Pelé hubiera sido expulsado”; y por ahí, en cambio, agrega el periodista de ECOS, quizá “la Celeste” podría lucir esa misma cantidad de estrellas en lugar de cuatro.

Cualquiera de esas suposiciones parece altamente improbable, al menos puestas bajo el lente retrospectivo de la realidad del fútbol mundial de hace 50 años, cuando era tan difícil expulsar a Pelé por un codazo a un rival como fácil fue para la FIFA resolver en forma tan dictatorial como arrogante que “por razones de fuerza mayor” la semifinal que se debía jugar en la altura de la capital mexicana se disputara en el llano de Guadalajara.

De modo que este miércoles 17 de junio, 50 años después, hay motivos para creer que aquella “historia negra” para Uruguay del Mundial de México, ya fuera por el traslado compulsivo de la sede del partido con Brasil o por la no expulsión de Pelé ante el codazo propinado a Fontes cuando el resultado de aquella semifinal aún no estaba laudado, estaba escrita; y no la hubiera podido cambiar nada ni nadie.

Pese a todo, no deja de ser reconfortante para el fútbol uruguayo que desde Brasil, y nada menos que por parte del influyente diario “Folha de Sao Paulo”, se haya promovido un revisionismo restaurador que adquiere un valor aún mayor por aquello de que “la historia la escriben los que ganan”.