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Deportes

29/03/2020 18:01

Jack Johnson: el boxeador por el cual Donald Trump ganó puntos en fallo unánime

Por: Jorge Savia

El primer afroamericano campeón mundial de los pesados fue tan grande como Alí, pero mucho antes, lo condenaron por pasearse por las calles con dos mujeres blancas del brazo.

Jack Johnson: el boxeador por el cual Donald Trump ganó puntos en fallo unánime

EFE

Muhammed Alí bien pudo haber sido “el más grande”, tal como se autoproclamó el 25 de febrero de 1964 en Miami, después de conquistar por primera vez el título de campeón mundial de peso pesado al ganarle en forma inesperada a Sonny Liston por retiro en el sexto round.

Sin embargo, no cabe ninguna duda que tanto en lo que se refiere al depurado estilo y la contundencia de las que Alí hizo gala arriba del ring como a la repercusión social que la mayoría de sus actos y expresiones públicas alcanzaron abajo, “no fue el primero”, según precisó con acierto el también ex campeón mundial británico Lennox Lewis en declaraciones publicadas en 2010 por el diario “The Guardian”.

El verdadero precursor fue Jack Johnson, un hijo de esclavos nacido el 31 de marzo de 1878 en Galveston, estado de Texas, cuya figura, trayectoria y recuerdo, no en vano el 24 de mayo de 2018 consiguieron algo difícil de ver en la vida política y de la gente de Estados Unidos en los últimos años: una decisión del presidente Donald Trump no generó polémicas y ni siquiera disensos, fue aceptada en forma unánime y hasta causó beneplácito.

En dicha oportunidad, el gobernante otorgó el perdón presidencial póstumo al ex boxeador que fue campeón mundial de peso pesado entre 1908 y 1915, aunque su carrera se vio prácticamente destruida después que en 1913 fuera condenado en Chicago -de acuerdo a una ley de la época- tras haber sido arrestado en 1912 bajo la acusación de que su relación con Lucille Cameron, una presunta prostituta blanca con la cual luego se casó, supuso una violación a la popularmente conocida como Ley Mann, una normativa federal que prohibía “el transporte de mujeres blancas de un estado a otro con propósitos inmorales”.
EFE
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“He emitido un perdón total póstumo para Jack Johnson, el primer campeón afroamericano de peso pesado del mundo, que tuvo una vida muy dura e interesante”, anunció Trump en la Sala Oval de la Casa Blanca, fundamentando su decisión en que “(Johnson) cumplió diez meses de prisión por algo que muchos ven como una injusticia motivada por razones raciales”.

En tal sentido, cabe establecer que Geoffrey Ward recordó en su libro “Imperdonable oscuridad, grandeza y caída de Jack Johnson”, que al conocer la identidad de quiénes serían los once miembros del jurado, todos de raza blanca, el boxeador le dijo en forma elocuente a su abogado: “Mi amigo, once de esos hombres esperan una sentencia de por vida, y los otros colgarme antes de escuchar la evidencia”.

Pese a aquel pronóstico, Johnson fue sentenciado a un año y un día de prisión, pero escapó a Europa, donde siguió boxeando en la prolongación de una trayectoria en el exilio, en cuyo contexto peleó también en Cuba, México y Canadá, y el 10 de enero de 1915 le ganó por nocaut en el tercer round al estadounidense Jack Murray en un combate celebrado en Buenos Aires.

El estilo de Johnson tuvo muchos puntos de contacto con el de Alí, pues -a diferencia de lo que era la característica tradicional de los boxeadores de la época- trataba de mantener a sus rivales a la distancia, peleando defensivamente, de contraataque y a la espera de un error de su adversario.

Aquella forma de boxear era muy eficaz, porque Johnson tenía mucha contundencia cuando contragolpeaba, como quedó probado el 16 de octubre de 1909, cuando le ganó al ex campeón mundial Stanley Ketchel por nocaut en el 12° round, en una pelea al cabo de la cual un par de dientes del rival terminaron incrustados en uno de sus guantes; pero ese estilo también fue muy criticado por la prensa que lo consideraba “cobarde”, aunque una década antes los mismos periodistas llamaron a Jim Corbett “el hombre más inteligente del boxeo” por desplegar esa misma técnica con la cual el mencionado pugilista de raza blanca se consagró campeón mundial de los pesados.

Johnson ganó su primer título el 3 de febrero de 1903, cuando venció por puntos en 20 rounds a Ed “Denver” Martin en Los Ángeles, conquistando así la corona mundial de peso pesado “para boxeadores de color”, pues éstos podían enfrentarse a los blancos en cualquier pelea, pero no en aquellas donde estuviera en juego el título mundial, motivo por el cual el 17 de julio de 1907, en Filadelfia, “El gigante de Galveston” pudo ganarle por nocaut en el segundo round al ex campeón Bob Fitzsimmons, pero el sueño de medirse con James Jeffries, el monarca vigente, le resultó vano.

Al fin, y a las cansadas, ya con 62 peleas realizadas en once años, y tras perseguir por todo el mundo pidiéndole una chance al canadiense Tommy Burns, sin que éste aceptara, Johnson conquistó el título mundial absoluto al ganarle por puntos en 14 rounds, al cabo de una pelea que tuvo lugar ante 20.000 personas en Sydney, Australia, durante la cual el vencedor se burló de su rival y de quienes estaban en su rincón, pues cada vez que el campeón iba a ir a la lona, el retador lo sujetaba para que no se cayera y le seguía pegando.

Incluso, muchos acusaron a Johnson de ser “un arrogante que no sabe darse su lugar”, y “un negro demasiado cariñoso con las mujeres blancas”, ya que el boxeador solía pasear por las calles vestido en forma muy elegante y hasta con dos de aquellas tomadas de sus brazos.

Por todo eso, pues, el resultado de pelea con Burns hizo explotar las muestras de racismo contra Johnson, al extremo de que el reconocido escritor y periodista Jack London llegó a reclamar públicamente por la llegada de “la gran esperanza blanca” para rescatar el título mundial que estaba en manos de quien a menudo era caricaturizado como un simio, algo que no ocurrió pese a que muchos boxeadores lo intentaron, incluido el ex campeón James Jim Jeffries, quien impulsado por una campaña popular impresionante a la que no estuvo ajena la influencia de algunas jerarquías gubernamentales, volvió de su retiro con un único mandato: “Borrar la sonrisa blanca” del nuevo campeón mundial de los pesados.

Jeffries era una verdadera -y prácticamente, la única- “esperanza blanca”, pues llegó invicto, con un récord inmaculado de 19 triunfos y dos empates, a aquella instancia que fue la primera de la historia en la que se construyó un recinto específicamente para una velada de boxeo, que en ese caso se celebró en Reno, capital del estado de Nevada, donde Johnson venció por nocaut técnico a los 2’20” del 14° round de un combate pactado a 45 asaltos que fue presenciado por 16.528 aficionados.
La victoria de Johnson desató gravísimos incidentes raciales a lo largo y ancho de todo el país, que tuvieron un lamentable saldo de 20 muertos, y eso -agregado a los provocativos comentarios públicos realizados por el campeón- hizo que éste se volviera un punto de mira para las autoridades, que “le encontraron la vuelta” al detenerlo, acusarlo de violar la Ley Mann y condenarlo a prisión en el juicio de Chicago, cuya sentencia lo hizo huir del país antes de ingresar a la cárcel y pelear en el extranjero durante cinco años.

En ese largo período Johnson hizo18 peleas, y en la tercera de ellas perdió el título frente a su compatriota Jess Willard, “El gigante de Pottawatomie”, que le ganó por KO al 1’ 26” del 26° round de una pelea a 45 que se celebró en La Habana, aunque muchos años más tarde el ex campeón reveló que había pactado su derrota con el Departamento de Estado de su país a cambio de un indulto que nunca le llegó después que la corona volviera a manos de un boxeador blanco.

En 1920, Johnson volvió finalmente a EE.UU. y fue a parar a la penitenciaría de Leavenworth, en donde hizo 5 peleas y cumplió la condena a la que aludió Donald Trump en 2018 al indultarlo.

Después de un paréntesis que se extendió hasta 1923, el ex campeón mundial disputó otros 11 combates, hasta que el 28 de abril de 1931, tras ganarle por nocaut en el segundo round a Brad Simmons en Wichita, se retiró lejos de sus épocas de mayor auge, cuando ya tenía 54 años; aunque hasta los 60 siguió protagonizando peleas “de mala muerte”, clandestinas, que no figuran en los registros oficiales.

Según estos últimos, entre 1897 y 1931 John Arthur Johnson -su nombre original- sumó 58 triunfos, 11 derrotas (cinco de ellas después de haber cumplido 48 años) y 8 empates; pero, por encima de la fría asepsia que suelen tener los registros estadísticos, lo que ha quedado grabado en forma aún más imborrable para la posteridad es el enorme significado, no sólo deportivo, que tuvo su imagen a principios del siglo pasado, algo que llevó a que el cineasta estadounidense Kennet Burns sentenciara en un documental sobre la vida del boxeador que estrenó en 2004: “Jack Johnson fue el afroamericano más notorio y famoso de la Tierra durante más de 13 años”.

Por ese y otros motivos, al fin y al cabo, fue que activistas y familiares de Johnson, e incluso el senador y ex candidato presidencial del Partido Republicano, John McCain, abogaron durante mucho tiempo en reclamo de una decisión como la adoptada el 24 de mayo de 2018 por Donald Tramp, quien fue muy sincero al divulgar en dicha ocasión cuál había sido la persona que más lo impulsó a tomarla: “Sylvester Stallone me llamó en abril y me contó la historia de este hombre que fue el primer afroamericano campeón mundial de peso pesado”.

El mismo que murió el 10 de junio de 1946, a los 68 años, sin haberse podido sacar de encima el estigma que lo castigó en forma más dura e implacable que sus adversarios: fue embestido por un auto al salir de un bar de Raleigh, Carolina del Norte, donde -por el color de su piel- no quisieron servirle el café que había solicitado.