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Deportes

29/12/2019 09:16

El día que Fabián Coito fue a buscar a Bentancur a Buquebus

Por: Jorge Savia

Tras 12 años en las selecciones juveniles de Uruguay, el DT llegó a Honduras, no ganaba y lo golearon, pero “cambiaron la pisada”.

El día que Fabián Coito fue a buscar a Bentancur a Buquebus

EFE

“Estoy contento, es lo primero que se me ocurre decir”, responde Fabián Coito, para enseguida explicar los motivos de su estado de ánimo al cabo de los diez meses que lleva como entrenador de la selección mayor y la Sub 23 de Honduras, precisando que “yo fui en busca de un desafío nuevo, de una nueva experiencia, con la incertidumbre de lo que podía pasar, porque una cosa es cuando uno tiene trabajo y dice ‘me voy’, y otra muy distinta es cuando lleva muchos años en un lugar donde se siente cómodo, contento, y opta por el cambio”.

Tiene razón quien con el paso del tiempo fue el técnico de las selecciones Sub 15, Sub 17, Sub 20, Sub 23, y en alguna oportunidad hasta de la mayor de Uruguay, nada menos que durante doce años.

El pasado es pesado, y no se trata de un juego de palabras; incluso, considerando sólo la superficialidad de los resultados, sin ir a la esencia de aquello a lo que apunta el trabajo en las categorías juveniles, que es la formación y el crecimiento de los futbolistas, pero también el del ser humano.

2007: Sudamericano Sub 15. Vicecampeón.
2009: Sudamericano Sub 15. 4°.
2011: Sudamericano Sub 17. Vicecampeón.
2011: Mundial Sub 17. Vicecampeón.
2013: Sudamericano Sub 17. 4°.
2013: Mundial Sub 17. Cuartos de final.
2015: Juegos Panamericanos (Sub 23). Campeón.
2017: Sudamericano Sub 20. Campeón.
2017: Mundial Sub 20. 4°.
2018: Juegos Sudamericanos (Sub 22). Vicecampeón.
2019: Sudamericano Sub 20. 3°.

Sin embargo, después de disputar el Sudamericano Sub 20 en enero-febrero del corriente año, Coito se fue. Sin dar ningún portazo. Conversando. Consultando. “Después de hablar con la Comisión Interventora (de la AUF, pues había vencido su contrato) y también con el maestro (Tabárez), vi que el desarrollo mío como entrenador en la selección tenía un techo; pero no sentí que fuera algo personal hacia mí, sino que en todo grupo de trabajo hay espacios y, de acuerdo al formato y el plazo del vínculo que me plantearon las autoridades, el espacio que me tocaba era repetir la Sub 20, otra vez por dos años, otra vez hasta el siguiente Sudamericano y el siguiente Mundial, lo mismo que todo lo anterior, que fue muy lindo, que me hizo feliz, pero también está el tema del paso del tiempo, y yo entendí que (con 51 años) estaba en un momento para tener un nuevo desafío, que justo se me estaba presentando”.

“Después de hablar con la AUF evalué, comparé, y tomé la decisión de aceptarlo”, recuerda Coito en referencia al ofrecimiento que tanto el entrenador como la Federación de Fútbol de Honduras mantenían en absoluta reserva desde muchos meses antes: “Ya había dejado varias posibilidades de lado, porque consideré que no fueron oportunas cuando aparecieron, pero ésta contemplaba los requisitos que no quería: terminar la preparación de la Sub 20 y su participación en el Sudamericano, y que consideraran a mis compañeros del cuerpo técnico para que fueran conmigo. Con esto último en principio hubo algún reparo, pero yo les dije (a los dirigentes hondureños):

“Si me vienen a buscar por lo que hice, lo que hice no lo hice solo, lo hice con ellos”; y aceptaron”.

Es más, según revela Coito ahora, cuando los contactos con la Federación de Honduras estaban “stand by” a la espera del Sudamericano, hubo un pequeño gran detalle que para el técnico fue importante: “A fines del año pasado, Jorge Salomón, que es el presidente, vino a Montevideo exclusivamente para hacerme una pregunta y se fue el mismo día para Tegucigalpa. Me dijo: “¿Competimos sólo con la AUF o con alguien más?, porque si es con otros países sabemos que no podemos y nos hacemos a un lado’. Le contesté que no, pero vi que si vino sólo por eso, porque llegó de mañana y se fue esa misma noche, la propuesta era muy seria y el interés de ellos era muy grande”.

El ex técnico celeste fue a Honduras junto con el profe Sebastián Urrutia, quien era su preparador físico en la Sub 20 de Uruguay, porque -según enfatizó Coito- “les ofrecí ir conmigo a todos los integrantes del cuerpo técnico”, y como Gustavo Ferreyra eligió quedarse y luego lo sucedió en el cargo, el asistente pasó a ser Miguel Falero, que “es muy importante para mí por su don de gente y capacidad profesional, pero también por el conocimiento del medio, pues yo había jugado allá hacía 25 años, y si bien eso me servía de algo, él (Falero) estuvo hace muy poco en la selección hondureña como ayudante de Luis Fernando Suárez.

Además, como también están en el grupo de trabajo a Arnold Cruz y Josué Reyes, dos entrenadores de Honduras que son excompañeros míos, todo eso
acercó bastante a los futbolistas hondureños con el cuerpo técnico uruguayo”.

En el ciclo de estos diez meses iniciales, la selección Sub 22, la Sub 23 y la mayor de Honduras, ganaron en conjunto el 73% de los puntos disputados, con el agregado de que la primera conquistó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Lima, donde perdió 4-1 la final con Argentina “en un partido que cuando estábamos 1-1 estuvimos cerca de ponernos en ventaja”, y la segunda clasificó para el Preolímpico que se jugará en marzo.

Todo eso, entonces, lleva a Coito a reflexionar que lo vivido “ha sido un motivo de mucho crecimiento para mí, porque en el plano profesional he aprendido, asumí nuevas responsabilidades, tomé decisiones importantes, y en el aspecto personal mi familia vivió una vida diferente, que la fortaleció, porque mis hijos (Juan Martín, de 23 años, y Juan Ignacio, de 18) y mi señora (Alejandra) han viajado para reunirnos, primero en la isla Roatán (Honduras), antes de la Copa América en Porto Alegre, cuando jugamos con Brasil, y en las vacaciones de setiembre en Cancún, lo que hizo que el cambio también para todo el núcleo familiar haya sido importante”.

Igual, no todo fue color de rosa, pues en los cinco primeros partidos con Coito como técnico, la selección mayor de Honduras no ganó ninguno, y fue apabullada por Brasil que la derrotó ¡7 a 0!, algo que el entrenador explica sin excusas ni drama.

“Hubo un proceso de adaptación mío a todo lo nuevo, el conocimiento del medio, la ciudad (Tegucigalpa), la selección con un entrenador extranjero…eran muchos cambios, pese a que en ese período los empates con Chile y Paraguay fueron resultados aceptables”, reflexiona el ex técnico celeste, admitiendo que “lo de Brasil fue diferente, porque aún cuando nos hicieron un gol muy rápido y la autoestima se vio rápidamente vulnerada, y encima quedamos con 10 a los 20’, algo que contra Brasil se paga, tuve mi cuota de responsabilidad, tal vez por ese desconocimiento del que hablé antes, al imaginar que podíamos competir con Brasil en su casa, en vez de dejar pasar el tiempo y refugiarnos”.

La estadística, sin embargo, tuvo un cambio brusco en el segundo semestre, donde Honduras ganó los seis encuentros disputados: “Se cambió la pisada, y yo creo que antes hubo algo importante. Yo podía haber buscado excusas o justificaciones cuando no ganábamos, o cambiar cosas, pero fortalecimos el discurso, seguimos creyendo en lo que hablamos antes, y me parece que eso el jugador lo percibió, vio que estábamos seguros de lo que queríamos, y ahí el rendimiento empezó a tener un vuelco; después la clasificación al Preolímpico y la medalla de la plata en los Juegos Panamericanos fortalecieron el mensaje, creció la confianza de la gente, los jugadores jóvenes se sintieron respaldados, y yo pude ir conociendo mejor al futbolista hondureño de cara a lo que teníamos por delante”.

Parado sobre esa base, el objetivo ahora es “clasificar a la Copa de Oro 2020/21”, porque “con la Nations League tan buena que hicimos en estos últimos seis meses, no posicionamos muy bien entre los seis países que a partir de setiembre van a jugar un hexagonal final en las Eliminatorias por tres lugares en el Mundial de Qatar, cuando antes honduras estaba 5°, pero muy cerca del 6°, el 7° y el 8°, zona de la que nos fuimos alejando”.

Por otra parte, como la matriz aplicada por Coito en Honduras es la misma que -con el sello de su impronta- estuvo armoniosamente encuadrada durante 12 años dentro el estilo implantado por Óscar Washington Tabárez en las selecciones de Uruguay, no es de extrañar que el entrenador contabilice entre sus primeros logros algo más que resultados: “La imagen del fútbol hondureño estaba un poquito relacionado con lo violento, y hoy puedo decir con mucho orgullo que en alrededor de 30 partidos sólo tuvimos un expulsado”.

La tarea es compleja, porque hay aspectos de su trabajo que el ex DT de los juveniles celestes considera que deben apuntar a las propias raíces meses del fútbol hondureño, de acuerdo al diagnóstico que hace diez meses después de su llegada a Tegucigalpa: “Es un fútbol que tiene poca
infraestructura, poca competencia a nivel juvenil, lo que hace que la formación del futbolista sea
incompleta, y los entrenadores se deben capacitar mucho en su formación, algo que lo digo públicamente no porque me crea nada, sino porque lo hemos hablado con la Federación, e incluso empezamos a trabajarlo; y la combinación de esos tres factores da como resultado un fútbol con buenas condiciones físicas, pero que desde el punto de vista profesional y de los objetivos, hay que planificarlo”.

Podría pensarse que Coito en Honduras es una especie de misionero del fútbol; pero es que, acaso, también cumplió un rol relativamente similar en sus años de entrenador de las selecciones juveniles celestes, donde también fue coordinador de las actividades deportivas del Colegio Maturana, instructor del programa gubernamental “Gol al Futuro” para el desarrollo del fútbol recreativo en zonas de contexto crítico y carenciadas, y a su vez instructor de fútbol en los institutos carcelarios, en los que su labor no se circunscribió solamente a formar equipos y tirarles una pelota para que jugaran un rato.

Por eso, no extraña que haya en él cosas que no cambian, pese a las distancias y las diferencias de idiosincrasia entre el fútbol uruguayo y el centroamericano, como ocurre respecto a la situación de uno de los siete futbolistas de la selección mayor de Honduras que juegan en el extranjero: “Rigoberto Rivas es un chico hondureño que juega en Italia, porque cuando tenía 13 años la familia se fue a trabajar y él se fue a vivir con sus padres; empezó a jugar al fútbol allá, un día apareció en un equipo, y el Inter de Milán terminó fichándolo: nunca había venido a la selección, yo lo llamé, le hablé, le ofrecí la posibilidad de venir, y ahora juega en la Sub 23 y en la mayor y está muy entusiasmado”; algo que en su fuero íntimo lleva a Coito a recordar que “a Rodrigo Bentancur lo llamé a Buenos Aires, lo fui a buscar a Buquebús, lo esperé y lo esperé, y después lo volví a esperar para el Sudamericano (Sub 20 de 2017 en Ecuador), que fue otra de las cosas por las cuales me quedé muy contento al ganar un torneo que hacía 36 años que Uruguay no ganaba”.

Al fin y al cabo, es por esa forma de ser y trabajar que el actual técnico de Honduras no mide cuáles fueron sus mayores alegrías y tristezas después de pasar el cernidor por las instancias perdidas y las ganadas.

“Una gran alegría, además de la medalla de oro, fue ver que cuando volvimos de los Juegos Panamericanos (Toronto, 2015), Brian Lozano se fue a México, y Michel Santos, Federico Ricca, Gorriarán, Mauricio Lemos, Schettino, Báez y Cabaco se fueron a Europa…porque uno dice: ‘¡Qué alegría haber ayudado en ese cambio de vida, de ellos y de sus familias!’ Igual ahora con Valverde, Brian Rodríguez, Viña, Darwin Núñez y muchos más… me siento gratificado que vayan logrando sus objetivos y concretando sus ilusiones, porque en algo uno los ha ayudado; pero me pasa lo mismo con otros que no llegaron y cuando nos encontramos, hablamos como si también les hubieran pasado cosas muy destacadas”.

“Eso es lo que sentimos las personas que le damos mucho espacio al afecto, a la parte humana y vemos que esos ‘gurises’ empiezan a concretar las ilusiones que tenían cuando a los 19 años llegaron a la selección pidiendo permiso, diciendo ‘yo soy tal’, como si yo no los conociera, y preguntando dónde estaban los vestuarios”, explica quien confiesa que “mis mayores tristezas fueron cuando me tocó hacer el grupo final y a los que quedaban afuera les parecía que era el fin del mundo. Tengo asumido que es parte de lo que tenía que hacer, pero nunca logré escaparle a la sensación que eso me generaba, y por eso siempre quería saludarlos y dejarles un mensaje; porque yo sé lo qué es volver a tu casa y decirle a tus padres que quedaste afuera del grupo…porque mí me pasó antes”.

Esa, después de todo, es la grifa que Fabián Coito ha exportado, y que no en vano formó parte durante doce años del proceso de institucionalización que impulsó Tabárez en la estructura organizativa de las selecciones nacionales: “Cuando la selección juvenil trabaja con ideas concretas, claras, cuando pone la persona por encima del jugador, los entrenadores nos podemos equivocar como cualquiera, y yo me he equivocado mucho, pero así logre quedarse en la convocatoria final o no, el futbolista queda con una gran experiencia de lo que vivió, y eso es crecimiento para el jugador, sobre todo cuando vivió experiencias lindas en el plano humano. La tarea de los
entrenadores es que los futbolistas se lleven bien, y para que se lleven bien debe haber un buen clima de trabajo”.

“Es lo que intento hacer en Honduras, donde hay futbolistas jóvenes que me han dicho: ‘Pah, ‘profe’, yo fui al Mundial Sub 20 y la verdad que no disfruté”, cuenta a modo de cierre el entrenador uruguayo, explicando que “no disfrutaron tal vez porque el rival fue superior, porque se encontraron con algo que no pensaban, o porque no les propusieron ir a disfrutar, que no es no tener límites, sino disfrutar con un buen rendimiento del equipo, anticipando al rival, generándole dificultades, ganar o abrazarse cuando hacemos un gol y lo festejamos”.

“Por eso, con cada selección que estuve, todas las experiencias fueron lindas. Nos tocó clasificar siempre a los mundiales, ganar torneos en todo el mundo, América, Europa, Asia…jugar amistosos,
cuadrangulares, Sudamericanos, finales del mundo… y siempre me vine con una sensación de tarea
cumplida, de que el futbolista volvía a su casa a contar cosas lindas; eso, para mí, es lo más importante”.