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Deportes

23/06/2019 11:45

Fossati: "Si no somos candidatos ahora, ¿cuándo lo vamos a ser?"

Por: Jorge Savia

El exentrenador de la selección habla de la Celeste y la Copa América mientras regresa al fútbol uruguayo en River Plate, de donde salió.

Fossati: "Si no somos candidatos ahora, ¿cuándo lo vamos a ser?"
La Copa América puso el día a día del fútbol local en un segundo plano. Aun así, la llegada de un entrenador reconocido y de vasto recorrido internacional como Jorge Fossati a River Plate, que terminó 15° entre 16 equipos en el Torneo Apertura, no dejó de ser un hecho singular y destacado.

No era para menos. Al fin y al cabo, Fossati fue campeón uruguayo con Peñarol, paraguayo con Cerro Porteño, catarí con Al-Sadd, ecuatoriano con Liga Deportiva Universitaria de Quito, al que también llevó a la conquista de la Copa y la Recopa Sudamericana. Además de haber dirigido a las selecciones de Uruguay y Catar, trabajó en mercados muy fuertes en el aspecto económico: Argentina, Brasil y los países del mundo árabe.

A su vez, Fossati fue el último entrenador que dirigió a la Celeste previo al extenso ciclo de 13 años que lleva Óscar Washington Tabárez. Esto no estuvo ajeno al extenso diálogo mantenido con ECOS en el Parque Federico Saroldi poco después que el nuevo DT del modesto River Plate uruguayo asumiera su actual cargo.

“El objetivo es clasificar a alguna copa, pero si bien no sé si voy a estar seis meses o cinco años, también quiero contribuir a mejorar el club, no pasar sin haber dejado nada”, explicó el técnico, quien comparó su época en la selección con la que vino tras la llegada de Tabárez, diciendo que “nada de lo que se hace hoy no estaba previsto” entonces. También enfatizó: “tanto yo como aquellos jugadores colaboramos bastante con el cambio que se produjo de ahí en adelante”.

- ¿Qué representa para usted esta vuelta a dirigir en el fútbol uruguayo?

- Volver a mi casa, y no sólo me refiero a River, sino en general. Volver al fútbol uruguayo es volver a mi casa, independientemente del club a donde vaya.

- Pero, tratándose de entrenador con un vasto recorrido internacional como el suyo, ¿por qué River?

-En primer lugar, porque me llamaron. Esto es así: todo depende de que te inviten a bailar, no te sacás a bailar solo. Yo nunca descarté de volver al fútbol uruguayo, pero no lo manifestaba cada vez que andaba por acá, porque a mí mismo me hubiera sonado como que estaba pasando un “chivo” en busca de trabajo.

- Ahora, River no es un caso especial.

- Claro, se suma que fue al primer equipo que dirigí en Primera División (1993/1995), y también que fue el cuadro de toda la vida de mi viejo. Yo era un niño y venía aquí (al Parque Saroldi) a ver a aquel equipo de Sadi Martínez, Aguirre y Álvarez, Medero, Santana, Delucca…son cosas que también pesaron; aunque, ojo… por respeto a River, y también a mí, analicé el llamado como profesional.

- Pero después de haber trabajado en mercados poderosos en el plano económico, eso no debe haber importado demasiado.

- Depende, porque esto no es hacerle favores a nadie, porque si bien quiero pagar la deuda por lo bien que me trataron acá durante tres años, primero con la presidencia de don Eduardo Inzaurralde y luego de Carlos Molinari, después que me reuní con el presidente actual ví que River estaba dispuesto a hacer un esfuerzo importante. Está claro que si hubiera pensado en los números me iba a otro lado, pero yo entiendo que después de muchos años de carrera tengo responsabilidades en cuanto a mantener cierto nivel dentro del mercado para no hacer concesiones que puedan perjudicar a otros entrenadores, porque si uno con unos cuantos años acepta lo que venga, ¿qué queda para los colegas que hace poco que empezaron?

- Y en lo deportivo, ¿cómo se entiende su llegada en este momento a River, penúltimo en el primer torneo del año?

- Se entiende porque creo en las posibilidades de este equipo, y sé que las cualidades del cuerpo técnico anterior son muchas, por lo cual vamos a encontrar jugadores bien trabajados; lo que nos toca a nosotros es encontrar el por qué de algunas irregularidades y de esa falta de resultados.

- Pero un entrenador de su prestigio, ¿no arriesga mucho al venir a un club chico que se encuentra en esas circunstancias?

- Sí, es posible; pero no me lo planteo, porque a mí me parece que en esta profesión uno tiene que guiarse más por lo que intuye, que por un razonamiento demasiado académico. Porque si uno va a la profundidad de todo, cuando le gusta algo va a haber siempre algún motivo para no poder aceptarlo. En el 98, yo ya había salido campeón con Peñarol, había dirigido a un grande de Paraguay como Cerro Porteño, y me invitó Danubio, me gustó y agarré… aunque estaba último, y hasta me habían llamado de otros equipos mejor colocados. No digo que eso sea una garantía de nada, pero siempre he ido atrás de los desafíos que me gustan, y cuando sentí que estaba decidido, no entré demasiado en detalles. Si no, decime si en el 2004, con el caos que había en la AUF, y con los clubes totalmente divorciados de la selección, era buen momento para tomar la selección uruguaya…

- ¿Es un mal recuerdo su pasaje por la selección, visto ahora a la distancia?

- No, al contrario.Lo que ocurre es que pasa el tiempo y todos se olvidan, pero… ¿cuál era la realidad en aquel momento? Un G8 de los clubes reunidos en Punta Gorda (club Náutico), los dos grandes amenazando que se iban a jugar en la liga argentina… Ese era el nivel del fútbol uruguayo, con el cuento que le hacían a la gente de que había que formar una selección estable con jugadores locales; que era un cuento, porque esos jugadores a los dos años, como máximo, ya no estaban, y si yo pedía que cerraran el período de pases por tres años, hacía una selección con jugadores locales, pero me deportaban.

- ¿No se arrepiente, entonces, de haber dirigido a la selección en ese contexto?

-No, porque repito: había un divorcio total, de los clubes, la dirigencia, el periodismo y la gente con la selección, pero vine porque la selección uruguaya para mí es lo más grande que hay, y eso no va a cambiar nunca. La prueba está: vine para ganar la mitad de lo que estaba ganando en la Liga (Universitaria) de Quito; pero no me importó nada. Te digo más: Rodrigo Paz, el presidente, dio todas las vueltas que pudo dar para dejarme venir, hasta que le pregunté: “Dígame, don Rodrigo, si a “Bolillo” (Gómez, entonces técnico de la selección de Ecuador) se va porque tiene un ataque de caspa, ¿quién es el candidato a sucederlo”. Me contestó: “Usted”, Entonces, le volví a preguntar: “Y si el presidente de la Federación se lo pide, ¿usted se va a negar?”. Me contestó: “No, claro”, y ahí le dije: “¿Y usted quiere que yo me niegue a la selección de mi país?”. Ahí se convenció de que me tenía que dejar ir y que mi decisión estaba tomada.

- Usted fue el último entrenador de la selección anterior a la llegada de Tabárez; ¿por qué cree que quienes la dirigieron antes no encararon un proceso como el que hoy lleva 13 años?

- Porque en aquel caos político era imposible llevarlo a cabo. Yo no creo que un entrenador, sea quien sea, es el que consigue que haya un charter como el que pedimos y no tuvimos para ir a jugar el segundo partido del Repechaje para el Mundial de Alemania en Australia. Vos lo solicitás, el tema es la otra parte. Te refresco: después que volvimos de Sydney (diciembre de 2005), Figueredo me propuso renovar el contrato.

- Pero no siguió.


- Pasa que yo le dije que no, porque no me pareció que correspondiera arreglar con un Ejecutivo que a los seis meses, como había elecciones en junio, no se sabía si continuaba o qué pasaba. Me acuerdo que le dije: “Eugenio, si ustedes o el próximo Ejecutivo me llaman en julio, yo vengo; pero, como condición quiero primero una reunión con la asamblea de clubes, para que diga si acepta o no mi plan de selección, porque la asamblea es la soberana”.

- Y ese plan de selección, ¿podía ser algo así como fue y es el proyecto de Tabárez?

- Era un plan que incluía un montón de cosas que reivindicamos y que Figueredo me decía que las entendía perfectamente, pero no me las podía dar, porque los clubes no las aceptaban. No es que uno no haya visto determinadas carencias; uno las reivindicaba, pero estaba la otra parte que tenía que decir sí o no. Por eso me fui al Al-Sadd de Qatar, aceptando un contrato de cinco meses; porque mi palabra era: “Si en julio el Ejecutivo me llama, yo quiero seguir con la selección”. Y… bueno, en esos meses, en marzo, arregló Tabárez. Mi proyecto de selección se cortó ahí: yo no quise arreglar en diciembre, se arregló en marzo. Con un Ejecutivo que duraba hasta junio, pero… bueno, cada uno hace las cosas a su manera; yo entendí que no se debía, pero tampoco soy dueño de la verdad.

- Ahí hubo un click.


- Felizmente, después la selección tuvo un apoyo no sólo mayor respecto a nosotros, sino con respecto a la historia que yo conozco de todos los otros entrenadores que estuvieron en el cargo. Nunca había pasado antes. Por supuesto, yo lo celebro; y espero que esto continúe, independientemente de quien sea el entrenador, porque eso sería lo positivo de todo esto… si no, no sirve para nada.

- ¿Qué piensa al respecto?

- Soy optimista. Es como ahora, cuando me preguntan por la Copa América y yo digo que soy optimista; pero… loco, si no somos optimistas ahora, si no somos candidatos ahora, ¿cuándo vamos a ser candidatos? A ver, dame una contra para ser candidatos.

- Entonces, usted también tenía un proyecto de selección a mediano y largo plazo.

- Sí, sí… porque esto ya venía de atrás. En diciembre del 97 yo estaba en Cerro Porteño y dos integrantes del Ejecutivo viajan a Paraguay y, junto con otros dirigentes, nos reunimos, y me dicen que yo tenía 3 votos entre los 5 neutrales para ser el técnico de la selección después del Mundial de Francia, razón por la cual renuncié a Cerro Porteño, donde tenía seis meses más de contrato.

- Pero usted no llegó hasta 2004.

- No. En febrero o marzo se licitaron los derechos de la selección, y eso hizo cambiar de rumbo. No estoy contando ninguna infidencia: las fotos de la reunión con Passarella, que fue al entrenador que trajeron, muestran que estaban Figueredo, otros dos dirigentes de la AUF y el empresario (Francisco Casal) que precisamente había ganado los derechos de la selección. Está bien, lo que quiero decir es que ya en aquel momento yo ya había armado un proyecto de selección, donde estaba previsto algo que todavía hoy no existe y creo que debería existir, que es la selección tuviera una comisión de selección, o como se le llamara, porque hasta el equipo amateur más chico tiene dirigentes que están al lado para apoyarlo; y la selección no tiene a nadie. Alguien me podrá nombrar al Ejecutivo, pero no es esa su misión específica, sino velar por todo el fútbol uruguayo.

- El proyecto, ¿contemplaba otros aspectos?

-Sí, claro. Por ejemplo, caminos alternativos para reunirnos más periódicamente con los jugadores del exterior, que en aquel entonces los teníamos muy de tanto en tanto. O la relación equitativa con los empresarios. La primera vez que fui al Complejo en el 2004, vi un corso de autos que entraban y salían, y le pregunté al gerente deportivo: “¿Qué es esto, qué pasa?” Entonces me contestó: “Porque a los jugadores que vienen del exterior lo van a buscar la familia o los empresarios y los traen”. Algo que ahí cambió en forma drástica: de ahí en más los fue a buscar la AUF, porque ellos venían llamados por la AUF para ir a la selección, no venían para irse a la casa. Para resumir: diría que nada de lo que se hace hoy no estaba previsto; aunque, obvio: progresivamente, en aquel momento no podíamos tener un charter como el que la selección tuvo para irse al Mundial pasado.

- ¿Por qué?

- Porque hablar de eso en aquel momento era hablar de lujos y no sé qué…pero no tengas dudas que, tanto de mi parte como por aquel grupo de jugadores, esas cosas se reivindicaron. Por eso creo que, tanto yo como los futbolistas, bastante colaboramos para el cambio que se produjo de ahí en adelante