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Deportes

3/07/2018 08:25

Griezmann no es el único "medio uruguayo" de la selección de Francia

Por: Jorge Savia

El técnico Didier Deschamps hasta aprendió español para interesarse por la idiosincracia de fútbol nacional y quiso tomar vino local.

Griezmann no es el único "medio uruguayo" de la selección de Francia
Los exfutbolistas Carlos Curbelo y Héctor Resola junto al técnico de Francia, Didier Deschamps, en el Sofitel Carrasco.
Olga, profesora de francés en el liceo de Colón a principios de los 60, le insistía hasta el cansancio a Héctor Resola pidiéndole dedicación para aprender ese idioma. El alumno, que poco después dejaría los estudios sin haber aprobado nunca la materia para convertirse en promitente delantero de la Quinta División de Racing, siempre le contestaba: “¿Para qué tengo que saber francés si nunca me va a servir de nada?”

Sin embargo, quizá se deba a ella –aunque sólo sea en parte- que hoy es posible descubrir que en la selección de Francia hay alguien con un lado tan uruguayo como el más conocido de Antoine Griezmann, que hasta toma mate por la influencia ejercida a lo largo de su trayectoria por jugadores como Carlos Bueno, Cristian “Cebolla” Rodríguez, Diego Godín y José María Giménez, y el técnico Martín Lasarte.

“Va a ser bravo para mí, porque mi señora y mis dos hijas son francesas, y yo tengo la nacionalidad... Griezmann es el francés más uruguayo, pero como muy bien me dijo el cónsul (de Francia en Uruguay) que me llamó hace un rato, yo soy el más francés de todos los uruguayos”, reflexiona Resola, a los 64
años, tras haber vivido y jugado desde 1972 a 1982 en Francia, lo que le permitió entablar un estrecho vínculo con Didier Deschamps, el entrenador de la selección que el próximo viernes será rival del equipo que dirige Óscar Washington Tabárez.

“Para obtener el diploma como entrenador, ‘Didié’ -dice Resola a ECOS, acentuando en la “e” y sin pronunciar la “r”- puso como su segunda lengua el español, porque le gustaba mucho juntarse y conversar con nosotros, y por eso aprendió el idioma: le atraía el fútbol sudamericano, y en particular siempre quería saber cosas del uruguayo”.

En su extenso pasaje por el fútbol francés, el hoy presidente del club Náutico de Carrasco y Punta Gorda jugó en el Lille, el Lorient y el Noeux les Mines, donde tuvo como técnico a Gerard Houllier, a través de quien conoció a Deschamps. “Ya después de retirarme, porque Houllier lo tenía como jugador en los juveniles, pues él era el director general de todas las selecciones de Francia”.

Desde aquel entonces, y con las sucesivas visitas realizadas en el transcurso de los años -incluso tras volver a radicarse en Uruguay- a Clairflontaine, el complejo deportivo cercano a París donde entrenan las selecciones de Francia, “me dí cuenta que Deschamps se interesaba por conocer cada vez un poco más de la idiosincracia del fútbol uruguayo”, recuerda Resola, para quien esa afinidad no era casual ni producto de las circunstancias.

“Valora mucho nuestro estilo, porque esa fue siempre su forma de ver y sentir el fútbol, no sólo como entrenador, sino también como jugador; fue campeón de Italia y de Europa con el Juventus, y campeón del mundo en el 98 con Francia, destacándose por ser un volante de clase, pero también de mucho carácter”, explica el ex futbolista uruguayo.

Es más, ya de cara al partido del próximo viernes por los cuartos de final del Mundial de Rusia, Resola agrega que “ese estilo agresivo, aguerrido, de nunca dar nada por perdido, de luchar y batallar hasta lo último, es justamente lo que ha tratado de darle Deschamps a la selección de Francia”. Y considera que el técnico ha logrado lo que buscaba: “Creo que consiguió que no tenga fallas en el aspecto anímico, algo que antes a Francia le costó y hoy tiene. En cierta medida, incluso, me parece que en el plano anímico y en la actitud
de los jugadores, Didier logró algo parecido a lo del maestro Tabárez”.

Profundo conocedor del fútbol galo, Resola señala en ese aspecto que “a estos jugadores (de Francia) se les nota fuertes de la cabeza, y compenetrados, justamente eso con lo que Deschamps se sentía consustanciado con el fútbol uruguayo. Algo muy diferente a lo que pasó con la selección que fue al Mundial de Sudáfrica: llegaron, dijeron que no les gustaba el hotel, y tuvieron que ir a otro porque si no se volvían a Francia”.

Ese perfil, además, según sostiene el presidente del Naútico de Carrasco y Punta Gorda, se trasunta en el funcionamiento del equipo en la cancha. “Es una selección muy compacta, no invencible, pero con muy pocas fisuras, y no se le pueden dar ventajas, que pienso que fue el suicidio de Argentina. Le dio 30 metros de ventaja, se dejó correr la cancha, como dicen en el básquetbol, y ahí fue donde Francia hizo la trampa. Dio la sensación de que Francia había errado en lo táctico, pero lo esperó y lo liquidó en un par de jugadas”.

Así como a fines de los 70, cuando estaba exiliada en Europa, un día Olga –la profesora de francés- apareció en el estadio de Limoges para darle un beso a Resola, también Deschamps en honor a un vínculo que se mantuvo a través de comunicaciones periódicas pese al paso de los años, se volvió a reunir con él -y Carlos Curbelo, otro ex futbolista uruguayo de dilatada y exitosa carrera en el fútbol francés- cuando Francia vino a jugar con Uruguay antes del Mundial de Sudáfrica.

“Pasamos momentos muy agradables”, recuerda Resola, porque “nos invitó a almorzar en el Hotel Sofitel donde ellos se hospedaban y nos presentó a Matoudi, y también a Gourcouff, que esa vez jugó contra Uruguay, lo que fue muy lindo para mí, pues yo había sido compañero de su padre en uno de los equipos donde jugué en Francia”.

De aquel encuentro, incluso, quedó otra postal grata: Deschamps no tuvo tiempo ni oportunidad –como Griezmann- de probar el asado, “pero quiso tomar vino uruguayo; ‘vamos a tomar vino uruguayo, a ver si son tan buenos como los jugadores de fútbol’, nos dijo –evoca Resola- y después no lo criticó, y hasta por el gesto hasta le gustó, aunque es claro que los (vinos) de ellos tienen más fama”.