Yanuzzi: "Por primera vez, Tenfield encontró a un rival de su tamaño"

Por: Jorge Savia

Deportes

21/10/2017 10:17

Yanuzzi: "Por primera vez, Tenfield encontró a un rival de su tamaño"

Feliz de su decisión de retirarse a fines de 2015, el periodista deportivo vive tranquilo en Piriápolis. Y desde afuera sigue atento a todo.

Peñarol-Juventud, el 6 de diciembre de 2015.

Ese fue el último partido que comentó Enrique Yanuzzi por Radio Universal, cuando a los 65 años parecía que todavía tenía mucho para decir, o rollo para rato. Pero 22 meses más tarde no se arrepiente de aquella decisión con la que desenchufó todos los cables de transmisión a los que estaba conectada su extensa trayectoria periodística. Además, se fue a vivir a Piriápolis.

“Yo dije: ‘Me voy a ir bien, en un buen momento’, y me salió bien la jugada, porque hoy hay un reconocimiento de la gente, que me recuerda y me dice que vuelva, y esa es una caricia para el alma. Yo lo tomo como un piropo, pero me parece que fue buena la decisión de retirarme”.

Además, hay algo que “Quique” tiene muy presente en forma cotidiana: “Universal conmigo se portó bárbaro; en mi casa de Piriápolis tengo todas las paredes de una habitación con plaquetas y reconocimientos de la radio. Aparte, lo digo con gratitud: durante los seis meses posteriores a mi jubilación tuvieron la consideración de pagarme el sueldo como si estuviera trabajando”.

- En casi dos años, ¿nunca pensaste en volver, no sentiste nostalgia?

- No, conocí el mundo, hice más de 300 viajes con Kesman, hice buenos acuerdos económicos, estuve 30 años en una radio de primera línea, en la televisión… no puedo quejarme. Se terminó, lo guardo, lo quiero, uno nunca deja de ser periodista, pero ya está: es cosa del pasado.

- ¿Y cómo surgió la decisión de vivir en Piriápolis?

- En 1962, cuando estaba en sexto en la escuela Joaquín Suárez, que quedaba frente a la sede de Bella Vista. Fuimos en viaje de fin de cursos al hotel Colonial de Piriápolis y un día, estando en la terraza del hotel, me dije: ‘¡Pah, me gustaría venir a vivir aquí, qué espectacular!’ Así que fui madurando la idea y después de alquilar durante 20 años, compré una casa, y dije: “La voy a armar para venirme a vivir acá”. Y en eso estoy.

- ¿Venís a Montevideo?

- Sí, porque mi señora es contadora, directora de una sección en el Ministerio de Economía y Finanzas. Así que yo estoy en Piriápolis y los fines de semana, en invierno vengo para Montevideo, y en verano –igual que en la licencia- ella va para Piriápolis. Mi decisión de irme a vivir allá, inclusive, le vino muy bien a la pareja, porque llevamos más de 30 años de casados.

- ¿Cómo es un día tuyo en Piriápolis?

- Me levanto muy temprano y salgo a caminar con mi amigo, el “Quique” D’Agata (ex dirigente de Nacional): hacemos 4 kilómetros, que también hago cuando vengo a Montevideo los fines de semana, porque en setiembre de 2016, aunque no me di cuenta, porque no sentí nada, salió en los análisis, tuve un infarto. Después de caminar, desayuno con yogur y frutas, preparo el mate, y siempre tengo actividad: el jardín del frente, el fondo, arreglar algo… Y salgo mucho a pasear, me encanta la zona de Punta Negra, voy a pescar con mis amigos de allá. Y los miércoles tengo una comida con diez personas de Piriápolis.

- ¿Escuchás audiciones y/o transmisiones de fútbol, ves partidos por televisión?

- No escucho mucho fútbol, porque no quiero sentirme censor de mis compañeros. Si me pongo a escuchar la previa de Universal pensaría: “Esto yo lo haría así, o de este otro modo”, y no me gusta. A veces pongo un poco a Alberto (Kesman), pero aprendí a ver el fútbol sin audio. No es contra los que transmiten, pero veo el fútbol sin volumen, yo hago mi comentario.

- ¿Has vuelto al estadio?

- No, el único partido fue Uruguay-Paraguay y fui a la Olímpica, porque mi mujer nunca había ido al fútbol conmigo y sacó las entradas. Yo no volví a ir al fútbol. Es más: hubo una fecha del Uruguayo a la que le pusieron mi nombre, y fui al estadio a recibir una plaqueta: Peñarol-Fénix, pero me entregaron la plaqueta y me fui, no me quedé a ver el partido. No tengo nada contra el fútbol, si mañana vengo a Montevideo y me invitás, quizá voy, pero fueron 30 años yendo todos los fines de semana. Al que voy a ver cuando vengo a Montevideo es a Bella Vista, porque ahí me encuentro con gente amiga, de mi barrio…

- Desde que te retiraste hubo grandes cambios en torno a temas “pesados”, como el del contrato de la ropa de la selección, y el de los derechos de imagen. ¿Los vislumbrabas antes de jubilarte?

- No. Me sorprendió muchísimo el poder de los jugadores, porque este lío actual es un tema de poder, aunque no es nuevo: en el 50, el poder lo tenía Obdulio, que era mucho más que los dirigentes. La selección la manejaba Obdulio, por eso “los de afuera son de palo”. Ahora, ¿dónde cambió el escenario? En que el problema que hoy tiene Tenfield es que no está enfrentada con dirigentes, ni con periodistas, sino con jugadores. Y el que se perjudica más es Tenfield, porque tiene una pantalla caliente, miles de seguidores en el exterior que pagan determinado dinero, 10 o 12 dólares, que se bajan si la empresa no les da el espectáculo.

- ¿Y cómo ves el problema, ahora a la distancia?

- El fondo de la cosa está en cómo se dividen los dineros, porque los jugadores
dicen “queremos más dinero para nosotros”, y en esto están los de la selección, porque los de aquí solos no podían hacer nada, y los de la selección hoy tienen el poder del éxito. ¿Qué hace Valdez hoy? ¿Se pone contra Godín, Suárez y Cavani? ¡Si dentro de 8 meses en Rusia son los que le van a defender la plata! Si Uruguay no hubiera clasificado, o hubiese salido otra vez quinto, esta historia se terminaba. Tenfield lo sabe: por primera vez encontró un rival de tamaño; éste es un poder distinto a los que enfrentó antes, cuando peleaba con otra empresa, o peleaba como peleó con Bauzá o con Valdez porque querían más dinero por los derechos de televisión: ahora está peleando con los que hacen el espectáculo. Por eso, para mí, este paro de los jugadores es contra Tenfield, no es contra el “Quique” Saravia.

- Todo ex jugador dice que siente que nunca deja de serlo; por eso lo nuevo acá, tal vez, es que los principales de la empresa, cuya esencia además han sido los jugadores, se ven enfrentados por sus pares.

- Sí, por eso para mí esta es una lucha de (Diego) Lugano y (Nelson) Gutiérrez. Es una lucha de Lugano, que es el líder de esta generación, con (Diego) Godín y varios jugadores más al lado; y una lucha de Gutiérrez, más que de (Francisco) Casal, porque Casal capaz que no está tanto acá. El “Tano”, en cambio, está todos los días en Divina Comedia, y es el que va a recibir los coletazos si no hay fútbol el fin de semana. La situación es muy complicada, porque hay una lucha entre poderosos. Cuando alguien tiene poder y se enfrenta otro que no tiene poder, a la larga o a la corta gana el primero. En cambio, el “Tano” Gutiérrez y Lugano son dos “pesos pesados”. Hay cuatro o cinco jugadores de la selección que son potencias económicas: tienen empresas, campos en Paraguay, acá en el Pasaje Hormiguero, en Pocitos, hay un edificio entero que es de varios de ellos. Así que para mantener una huelga, (el colectivo) Más Unidos Que Nunca no va a tener problemas; porque a veces una huelga muere por esa causa.

- En “La Oral Deportiva” del mediodía, a veces se escuchaba que tenías grandes discusiones con Kesman. Ahora ex compañeros tuyos me cuentan que las “agarradas” no eran sólo al aire, que la seguían en los cortes, y a vos la calentura no se te pasaba.

- Yo me he ido del programa. Tuve discusiones con Kesman en las que dí un portazo y me fui para mi casa. Al otro día volvía y nos matábamos de la risa, pero en el momento era en serio: ni nos llamábamos. Alberto tiene una virtud: como líder del equipo, les da total libertad de opinión a sus compañeros, aunque las posiciones sean discrepantes con la suya, y yo me sentí muy cómodo con eso: él no quiere ser el que tiene la última palabra. No te olvides que con Alberto estuvimos en veredas completamente distintas en temas muy importantes.

- Tenfield, por ejemplo.

- Sí, y te digo más: si hay algo que le reconozco a Alberto, es su actitud el día que nos bajaron del avión a mí y a Bardanca, justamente por diferencias con la empresa. Yo me entero que me bajaron del avión, porque el primero que me lo dice es Kesman, que tuvo la posibilidad de cambiar el comentarista y no lo cambió. Me llamó y me dijo: “Veníte a casa porque hubo un problema; no vamos a viajar en el charter, porque no quieren que vos viajes”. Yo mismo le digo: “Llevá a Ariel (Delbono), no te hagas problemas”; pero no. A Kesman, los directores de Tenfield le dijeron: “Cambiá el comentarista y viajá’, y la respuesta de Alberto fue: “El comentarista de Universal lo pongo yo, no me lo ponen ustedes”. Por eso digo: aún en temas muy ríspidos, Kesman me dio su apoyo, aún estando en una posición contraria. Cuando tocábamos el tema del contrato de televisión, por ejemplo, discutíamos antes del programa, pero al prenderse la lamparita nunca me dijo: “Ojo… che, que me podés crear un problema”. Al revés: “Dale para adelante”.

- Entonces, no hubo nada puntual que apurara la decisión de jubilarte.

- No, no. Muchas veces hubo gente que me ha dicho: ‘Te fuiste porque te aburriste del fútbol’. Y no, yo no me aburrí del fútbol. Y no me gusta hablar mal de la gente del fútbol. Conocí gente muy buena y también de la otra como en todas las actividades, pero no reniego. Si yo renegara y dijera “me fui porque el fútbol es un desastre”, me podrían preguntar: “¿Y por qué te quedaste tantos años?”