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Sociedad

8/03/2019 22:14

8M: la marea humana y violeta volvió a copar el centro de Montevideo

La senadora Constanza Moreira

La presidenta del Partido Nacional Beatriz Argimón

El intendente Daniel Martínez y su esposa

Decenas de miles de personas salieron a conmemorar el Día Internacional de la Mujer con cánticos, fiesta y pintadas a una vigilada iglesia.

"¡Las amo!". El grito partió de la marea humana que a esa altura llegaba a 18 y Barrios Amorín. En el viejo balcón del primer piso de un edificio ya entrado en años, tres señoras muy mayores vestían de violeta y sacudían telas violetas, el color del Día Internacional de la Mujer.

Ellas eran aplaudidas desde abajo y retribuían el saludo desde arriba. Se notaba a metros que tenían ganas de estar en la calle, junto a las decenas de miles de personas que volvieron a copar el centro de Montevideo otro 8 de marzo, la mayoría de las cuales podían ser sus hijas o nietas. Quizá las asustó la edad, el gentío o el frío. Pero fue el símbolo de una conexión intergeneracional.

Había niñas de la mano o a hombros de sus padres, con caritas de no entender del todo lo que estaba pasando, pero divertidas con los tambores y los cánticos. Había una abuela llevada del brazo por su nieto venteañero, con rostro de alegría por haber vivido para contarlo. Había jóvenes y maduras, lesbianas, trans y parejas, había hombres acompañando. Había murga y candombe, cantos, performance, desafíos al patriarcado, al capitalismo, al machismo, a los "fachos", a la Iglesia y hasta al especismo.

La variopinta marea humana -predominantemente femenina, predominantemente violeta- se adueñó de 18 de Julio durante aproximadamente tres horas, desde que la Coordinadora de Feminismos dio el primer paso desde Plaza Libertad poco después de las seis de la tarde. El arranque fue más temprano de lo previsto, lo que hizo que varios coches quedaran trancados en Yi, a eso de las 18.15, esperando el pasaje del mar de gente. La previa había estado contaminada por la reticencia del Pit-Cnt a acompañar el Paro Internacional de Mujeres de 24 horas; pero a la hora de partir esas cosas quedaron para después.

Se vio en la marcha al intendente de Montevideo, Daniel Martínez, y a la exministra de Industria Carolina Cosse, ambos precandidatos a la Presidencia por el Frente Amplio. También estaban el expresidente José Mujica y su esposa, la vicepresidenta Lucía Topolansky. Se vio también a la senadora Constanza Moreira y al diputado Alfredo Asti, todos del Frente Amplio. También se la vio a la presidenta del Partido Nacional, Beatriz Argimón. La senadora blanca Verónica Alonso, quien tiene el apoyo de sectores evangelistas y ha criticado la "radicalización" del movimiento feminista no fue a la marcha, pero estuvo presente en varios carteles alusivos, insultantes.

Si bien algunas voces de la organización dijeron que la concurrencia de gente había sido "algo menor" que en las ediciones de 2017 y 2018 -lo que no se pudo constatar al momento de escribir estas líneas-, sí hubo algunas diferencias respecto al año anterior: esta vez no hubo fieles de la Iglesia Misión Vida (del pastor Jorge Márquez) portando carteles al paso de la marcha, lo que hizo temer que podía haber un enfrentamiento que finalmente no pasó, y la Iglesia del Cordón estaba vallada y con custodia policial.

No por nada, la mayoría de los equipos periodísticos había apostado gente en torno a esa iglesia. Seis integrantes de la Guardia Republicana y un amplio vallado esperaban el paso de la multitud. Como era de esperarse, recibieron la mayor lluvia de insultos y los cánticos más duros ("Yo sabía, yo sabía, que a los violadores, los cuida la Policía" y "Iglesia, basura, vos sos la dictadura"). Como también era previsible, volaron (pocas) bombas de pintura roja hacia la fachada por parte de jóvenes con el rostro cubierto, bombachas que simulaban estar sangrando, papeles y desperdicios. El vallado también se llenó de carteles ("Aborta tu moral", "La única iglesia que ilumina es la que arde"). Pero la acción -que no generó la aprobación unánime de los manifestantes- no pasó de ahí.



La concentración de gente había comenzado a eso de las 17 horas en Plaza Cagancha, con militantes pintándose, calentando las gargantas y realizando performances. El evento también propició que varios quisieran hacerse su agosto en marzo, vendiendo pañuelos violetas a $ 100 y remeras con la leyenda "Ni una menos" a $ 200.

En el destino, en la explanada de la Universidad de la República, se estableció un verdadero polo gastronómico al aire libre, aprovechando el aluvión violeta. Ahí terminó la marcha con la misma energía con la que empezó, con la lectura colectiva de la proclama de la Coordinadora de Feminismos y un ambiente festivo: "Macho, sorete, hacete vos el pete" y "Pija violadora, a la licuadora" fueron dos de los principales hits de cierre.