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Sociedad

21/09/2018 18:00

Pablo volvió a ver a su hija: "estaba bien, linda, grande, contenta"

A través de un cristal, sin que la niña lo viera, el padre volvió a ver a su hija, restituida a España, tras más de dos años.

Pablo volvió a ver a su hija: "estaba bien, linda, grande, contenta"

Pixabay

Hace un mes y medio o dos, Pablo no recuerda bien, volvió a ver a su hija. Fue en una sede judicial española, cristal de interrogatorio por medio. Él, un técnico radiólogo de 37 años, la pudo ver y oír; ella, no. No sabía quién la estaba mirando atrás del vidrio.

“Estaba bien, grande, contenta. Como en una sala de juegos. Yo estaba en otra sala. Estaba sonriente, contenta, muy guapa… Grande, sí. Pero con la misma carita. Escuché que hablaba de ‘papá’, bueno, más bien de ‘Pablo’”.

Fue el primer contacto, indirecto e incompleto, que Pablo tuvo con su hija desde abril de 2016, cuando fue traída a Uruguay por la madre. La pequeña, que hoy tiene seis años, es la hija de María, expareja de Pablo. Por decisión de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) de Uruguay en junio, que rechazó el recurso de revisión a una restitución internacional, madre e hija debieron volver a España.

Desde entonces, padre e hija viven en dos localidades catalanas a unos 300 kilómetros de distancia. El hombre espera que la volverá a ver, ahora sí cara a cara, “en una semana o dos”, según dijo Pablo a ECOS.

La madre, uruguaya, había asegurado que su expareja había ejercido violencia y abusado contra su hija, en un proceso que involucró a los sistemas judiciales de dos países, a organizaciones feministas uruguayas, e incluso a organizaciones estatales como el Mides y el INAU. Sin embargo, tanto la Justicia uruguaya como la española rechazaron ese extremo.

Este miércoles, la Justicia española, archivó la causa contra el padre y las medidas cautelares que este tenía respecto a la pequeña cesaron. Si bien la madre apeló el fallo, la Justicia española quiere investigar a María por presuntas denuncias falsas.

Pablo, vecino de Vielha, una localidad de la provincia catalana de Lleida, donde vivió con la niña y con María mientras fueron pareja, dice que está nervioso. También dice que no sabe explicar muchas cosas. La parte “técnica”, prefiere dejarla a sus dos abogadas del estudio catalán Acción Legal Colectiva, de Barcelona. “Ellas tomarán las decisiones que crean convenientes y me informan cuándo y cómo una decisión puede repercutir en la niña. Yo confío en ellas y las dejo trabajar”.

Pablo –a lo largo de todo este tiempo, ECOS jamás publicó el apellido suyo, ni el de María ni el nombre de la niña, dada la delicadeza del caso- no sabe a ciencia cierta cuándo tendrá el primer contacto con su hija, juzgado mediante, ahora que quedaron sin efecto las medidas cautelares con las que la pequeña volvió a España. “Se pidió que fuera de forma urgente, espero que sea bastante rápido, pero no lo sé decir. Se ha dicho que podría ser en una semana o dos”, indicó.

Dice que no tiene nada parecido al miedo en el encuentro, en que la niña lo rechace o no reaccione tal como él espera. “De alguna manera, la nena me defiende. Da muchos indicativos de eso”, afirma Pablo. A principios de este mes, se supo que los peritos españoles que estudiaron el caso –los mismos que no pudieron constatar que hubiera abusos y violencia contra la niña-, dijeron que la pequeña manifestaba extrañar al padre y desmentía que la manoseara. “Yo he hablado mucho con psicólogos y con psiquiatras de este caso. A veces, los niños pequeños no entienden. ‘Desaparece’ el papá y se vinculan más con la mamá. Supongo que es por miedo a perder a la madre también, no sé cómo decirte…”.

Pablo siempre negó haber dañado a la niña. Así lo había expresado a este portal en octubre del año pasado, poco después que la SCJ aceptara estudiar el recurso de revisión de la restitución de la niña a España, que finalmente fue denegado. Se nota que quiere escoger las palabras. Aún por teléfono se le nota la bronca con el “entorno” de María –nombra a "un miembro de su familia", y a las activistas uruguayas "Andrea Tuana", "Teresa Herrera" y el colectivo "Mujeres de Negro"- pero se contiene y repite que todo lo que quiere es que su hija esté bien.

“Yo estoy tranquilo porque sé cómo viví. Y porque la Justicia funciona, tanto la uruguaya como la española. Pero como hubo tanta presión mediática… los que hablaron de todo esto solo dijeron la parte que les interesaba. Si alguien dice que tú hiciste maltrato y no buscas más, es claro que opinas eso. Era una pericia (N. de R. se refiere a la practicada en Uruguay) muy limitada, basada solo en el relato de la mamá. ¡Pero dieron por hecho que yo maltrataba a la mamá! ¡Y era todo mentira!”.

Para Pablo, María fue mal contenida por su familia y “utilizada” por militantes feministas. El tono vuelve a llenarse de rabia cuando apunta al último señalamiento que le han hecho desde Uruguay, que él ha bloqueado la inscripción escolar de la pequeña, extremo que él rechaza de forma tajante.

“Hay quienes se llenan la boca con el cuidado de las mujeres y a ella (su ex pareja) solo la perjudicaron”, afirma. “No le quito responsabilidad a ella, pero eso ya no depende de mí. Quiero que sea una buena mamá. No quiero que esté en la cárcel, pero no depende de mí juzgar lo que haya hecho”, desliza.