Los niños y la competencia ¿Es malo perder?

Sociedad

5/07/2017 16:22

Los niños y la competencia ¿Es malo perder?

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Tolerancia a la frustración, aprendizaje y disfrute del proceso. Una psicóloga y el presidente de un club de fútbol infantil abordan el tema

Hace algunas semanas, en ECOS se publicó la noticia de que un director técnico español de fútbol infantil fue cesado tras haber ganado un partido por 25 a 0. Quien tomó esa decisión explicó que lo hizo porque “que un niño de 11 años se vaya a casa con 25 goles en contra es muy duro".

¿Hay que proteger a los niños de ese tipo de derrotas o dejar que las enfrenten y vayan templando su tolerancia a las frustraciones? ¿Es bueno que un niño gane siempre o perder es parte sustancial -e incluso la más enriquecedora- del proceso de aprendizaje?

Para abordar el tema, ECOS conversó con Pamela Sicalo, psicoterapeuta cognitivo conductual especializada en niños y adolescentes, y con Alexander Moreira, presidente de Racing Infantil, un club que encara con particular filosofía la competencia en el fútbol.

“Aquellos niños que aprenden a equivocarse y a reponerse de sus errores o derrotas, son más fuertes emocionalmente que los que están acostumbrados a ganar. Está demostrado que se aprende mucho más de las fallas, de saber salir adelante y recuperarse cuando se perdió, que de los éxitos continuados”, afirmó Sicalo.

Según la psicóloga, “aquellos chicos que tienen muchos éxitos seguidos (académicos, deportivos, etc.), tarde o temprano aparecen debilitados”. En cambio, dijo, “los que tuvieron más dificultades en los primeros años de vida y la tuvieron que luchar más, tolerar la frustración, bancarse la derrota y salir adelante, son los que más fortalecidos salen a largo plazo”.

Lo importante, entonces, en el proceso de desarrollo de los niños, no es ayudarlos a que ganen siempre, sino a que extraigan el mayor aprendizaje posible de cada cosa que emprendan y que lo hagan poniendo su mayor esfuerzo, sin importar que al final del camino haya una copa, una medalla o un “Sote” en el carné. Sicalo agrega, además, que si eso se da en “un contexto emocionalmente fortalecedor”, el aprendizaje será aún mayor.

“Las investigaciones han demostrado que se aprende mejor si hay un buen clima, si el niño se siente bien, a gusto, querido, si hay sonrisas y emociones positivas. Y claro, cuando uno está haciendo un esfuerzo, aparecerán frustraciones y miedos, pero se llevarán mejor si se enmarcan en un contexto de amor y contención”, explicó.

Además, para que el niño entienda que una derrota es una experiencia más y que eso no lo define como persona, es muy importante el modelo que tengan los padres para encarar sus propias derrotas. “Si ellos no saben manejar sus frustraciones, no toleran cometer errores, no se animan a fallar, el niño lo percibirá”, dijo Sicalo.

Papás colgados del alambrado

El encare que dan los padres a la competencia y los problemas que eso genera en los pequeños se plantea especialmente en los deportes. En Uruguay, el fútbol infantil mueve a más de 60.000 niños en todo el país y probablemente sea el epicentro de esos terremotos familiares que se generan cuando hay campeones y derrotados.

“Siempre vemos a los que ganan en la cantina, con regalos, y a los que pierden al borde de la cancha, entre rezongos, lágrimas e indicaciones de qué fue lo que hicieron mal”, dijo Alexander Moreira. Y justamente, en su gestión, lo que viene buscando es cambiar eso y apuntar a la formación en valores más que a las copas.

“Cuando los padres vienen al club les decimos que nosotros no trabajamos para salir campeones sino para formar personas”, señaló y contó una anécdota que ilustra el objetivo que tienen en Racing Infantil: “Una vez me reuní con un presidente de otro equipo que me mostró la cantidad de trofeos que tenía. Eran muchísimos más que los nuestros, pero ese año nosotros pudimos aportar 11 jugadores a la séptima división del club y el año pasado, a 20. Esos son nuestros trofeos”.

“Cada uno se fija su meta: paredes forradas de copas o gurises formados para el futuro”, agregó Moreira, impulsor de una campaña de frases escritas en las camisetas de los pequeños futbolistas que ya va por su segunda edición. La primera fue “No me grites, alentame” y la actual, “Me avergüenzan tus gritos”. Con esto buscan que los padres entiendan que sus hijos quieren apoyo, contención y compañía, no presión al borde de la línea de cal.

De todos modos, aclaró: “No es que esté mal competir, yo quiero ganar, no quiero perder ni a la bolita, pero hay que enseñarles desde chicos que ganar no te hace mejor persona. Yo a los chiquilines les inculco que hay 20 equipos y uno solo sale campeón, pero los otros no son todos perdedores”.

¿25 a 0 está mal?

El cese del DT español tuvo como objetivo proteger a los niños, mostrar respeto y empatía por el rival, explicaron los directivos de la institución. Sin embargo, en las reglas no se prohíbe ganar por un margen de goles abultado o abultadísimo como en ese caso. En Uruguay, según informó Moreira, sí está regulado: al llegar a 8 a 0, según las normas de la Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil (AUFI), se termina el juego.

Sicalo se refirió a esto y consideró que en el caso español la decisión, quizá, no fue del todo acertada: “Si las reglas están claras y se las respeta, si no hubo burlas o faltas de respeto, esa derrota también es un aprendizaje: ‘nos pasaron por arriba’”.

“A veces los grandes nos pasamos un poco de lo políticamente correcto y con eso podemos debilitar a los niños. Ellos tienen que aprender a perder, sea por poco o por mucho. La meta es aprender a tolerar la frustración y bancarla, pero hoy en día los chicos no están pudiendo llegar a eso porque los adultos nos encargamos de que no tengan frustraciones”, resaltó la psicóloga.

Sicalo afirma que eso pasa en todo: en perder un partido, sacar una mala nota o incluso con el aburrimiento. “El niño se aburre y nosotros salimos corriendo a buscar algo que lo entretenga, cuando en realidad eso es algo que tiene que resolver él. Ayudarlo, claro, pero no hacerse cargo”, destacó. “Si los adultos salimos corriendo a tomar las riendas en absolutamente todo, el niño se debilita y piensa: ‘Si mi papá cree que yo no me puedo bancar un 25-0 entonces debe ser que no lo puedo bancar, no soy suficientemente fuerte para eso’”, explicó la especialista.

Ganar o perder, valorando el esfuerzo

Y eso que sucede en el ámbito deportivo también se puede trasladar a lo académico. “No hay problema en que un niño quiera sacarse las mejores notas, el problema es si su valor personal depende de eso, si toda su motivación depende de un Sote”, alertó Sicalo y resaltó que “está más que claro que las notas no son indicadores de éxito seguro en la vida”.

El centro es, entonces, que el niño valore su propio esfuerzo y dé lo mejor de sí mismo en un clima fortalecedor. “Porque es feo perder, pero si se pierde en un contexto en el cual le explican que no hay problema por eso, que hay que practicar y seguir adelante, es mucho mejor”, señaló.

“Es lo mismo que pasa todos los días cuando un chiquito se cae y mira al padre. Si ve cara de pánico, rompe en llanto. Si le dicen que no pasó nada, sigue jugando tranquilamente. Lo mismo, si perdió 25-0. Si el niño ve en la mirada de los mayores que puede con eso y con más, eso es lo que va a creer”, resumió.