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Cultura y Espectáculos

2/05/2020 09:35

¿De postre? Un libro: así es esta particular olla popular en Uruguay

La olla popular de una librería que da de cenar a más de 100 personas cada martes y jueves.

¿De postre? Un libro: así es esta particular olla popular en Uruguay

EFE

Dicen que los libros alimentan el alma, pero desde hace un mes y medio también llenan los estómagos de las familias que se acercan a la olla popular organizada por Jorge Artola, un librero uruguayo que, además de comida "caliente, digna, decente, rica y nutritiva", ofrece un particular postre: un libro.

El poeta español Federico García Lorca dijo una vez que si estuviera desvalido en la calle "no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro". Artola va más allá. Ofrece "el libro entero y el pan entero", dice.

UNA OLLA DE TODOS Y PARA TODOS

Apenas unos días después del 13 de marzo, fecha en la que se declaró la emergencia sanitaria, Artola y un grupo de estudiantes comenzaron a cocinar para dar una solución a aquellas familias que, debido a la pandemia o por cualquier otro factor, sufren dificultades económicas o viven en la calle.

La receta de esa primera vez fue un guiso "muy nutritivo" que preparó un amigo del librero y que "encantó", asegura Artola, lo que dio pie a una iniciativa que busca quedarse más allá de la crisis por el coronavirus.

"Hay un montón de personas que están quedando muy paralizadas porque entre el miedo, la cuarentena y enfermedades que ya tenían han hecho una especie de espiral progresiva muy problemática", lamenta el librero.

Los cientos de libros viejos y nuevos que se amontonan por las paredes, las estanterías y el piso de la librería Diomedes Libros son ahora testigos de una olla popular que cada martes y jueves da de cenar a más de cien personas en Montevideo que se acercan por su plato, su postre, su desayuno para el día después y, si quieren, un libro.

Con guantes y máscaras, y respetando la distancia social necesaria para evitar contagios, los voluntarios preparan las mesas -en unas las viandas y en otras los libros- para cuando lleguen las personas a las que previamente se ha dado un número, con el fin de evitar aglomeraciones.

Son los vecinos del barrio los que donan lo necesario para organizar los platos, cuenta Artola, y una "brigada internacional" de argentinos, paraguayos, venezolanos y uruguayos, "de todos los partidos y de todas las religiones" quienes preparan la comida, la ofrecen y la llevan, además, a pensiones para que quien no puede acercarse a la librería también pueda comer.

Ciudadanos de diferentes edades, todos ellos cubiertos con tapabocas, aguardan en la puerta de la librería riendo y charlando entre ellos, en medio del buen ambiente generado por Artola y su "brigada".

Además, esta pequeña librería está apadrinando otros proyectos en zonas "más complejas" de la ciudad gracias a los que están dando viandas a 400 personas.

"LA CULTURA ES UN SERVICIO ESENCIAL"


"La cultura es un servicio esencial", afirma con firmeza su propietario, que lleva 35 años trabajando entre libros, ahora con protección sanitaria y sobreviviendo a una crisis en la que "el alquiler sigue corriendo".

Antes de la pandemia, Artola ya ofrecía novelas gratis a todo aquel que no pudiera pagar por literatura. Un préstamo que, si no se devolvía, no pasaba nada porque "la idea era que el libro circulara".

Ahora, el librero agrega obras de todos los géneros en el "menú" de su olla popular y, además, los proyectos que apadrina en los barrios más desfavorecidos de Montevideo incluyen una biblioteca dirigida a los niños, para que puedan seguir estudiando a pesar de la suspensión de clases por la emergencia sanitaria.

Ante la falta de conexión a internet en algunas casas que impide que los estudiantes accedan a las aulas virtuales, Artola está trabajando con educadores, a los que proporciona material de consulta, para que ayuden a niños y eviten que abandonen la escuela, lo que provocaría un escenario "dantesco".

"Si los chiquilines comienzan a desertar del sistema educativo no solamente tendremos el virus, no solamente tendremos la depresión, sino que estaremos quemando otra generación más", dice el librero.

Por ello, Artola y su grupo de voluntarios seguirá proporcionando cultura y libros, para que el "medio pan" de García Lorca no se quede corto y los estómagos y las almas de los más desfavorecidos sigan llenos.




EFE