Empresas tienden a bajar componentes transgénicos para no etiquetar

Economia & Agro

27/07/2019 07:43

Empresas tienden a bajar componentes transgénicos para no etiquetar

Gastón Britos / FocoUy

La Intendencia de Montevideo hace un año que está multando pero admite que el sistema tiene "limitantes"; organizaciones no están conformes

En agosto se cumplirá un año desde que la Intendencia de Montevideo (IM) comenzó a multar a aquellas empresas que no colocan en los alimentos que contienen organismos genéticamente modificados (OGM) la etiqueta que los identifica.

Para la química farmacéutica Inés Villa, que trabaja en el área Regulación alimentaria de la IM, los alimentos que aparecen en el mercado nacional con la etiqueta, que muestra una "T" rodeada por un círculo, han disminuido. "Hay un concepto en la industria de bajar los productos que contengan transgénicos", explicó a Ecos.

Esta percepción es compartida por el responsable de Regulación Alimentaria, Marcelo Amado. "Las empresas empezaron a reformular los componentes, sobre todo, los que están vinculados a lecitina de soja para evitar tener que ponerle el logo con identificación", agregó.

Por año se realizan unos cuatro relevamientos en centros comerciales para controlar que las empresas estén cumpliendo con la normativa. ""Es un control bastante férreo y nosotros no hemos tenido desviaciones importantes", afirmó Villa.

Si los funcionarios observan que hay productos en plaza que tienen entre sus ingredientes soja o maíz y no están identificados, los llevan al laboratorio para analizarlos.

"Los transgénicos están en los productos que menos podríamos pensar. Uno puede encontrar muchos chocolates con la letra 'T' y pensar ¿esto qué tiene de maíz y de soja? Sin embargo, contienen lecitina de soja", ejemplificó Villa.

En caso que estén incumpliendo con la norma, las empresas deben pagar una multa de 5 Unidades Reajustables (UR), equivalentes a 5.838,35 pesos. En general, según Villa, cuando la IM encuentra a las compañías infringiendo "tienden más a cambiar la materia que a recurrir en una nueva multa".


"Pero el sistema tiene limitantes", admitió Amado. "Cuando hablamos de alimentos que tienen como ingredientes OGM solo podemos controlar los que están autorizados en el país".

"Si son desconocidos para nosotros no los podemos encontrar. Por lo tanto, si viniera algún evento raro podríamos no identificarlo", acotó, por su parte, Villa.

En el caso de los alimentos que contienen jarabe de maíz de alta fructosa, además de los aceites y el almidón de maíz, tampoco se puede comprobar que sean transgénicos y, por lo tanto, la Intendencia no tiene forma de "exigirle a las empresas que los identifiquen", explicó Amado.

La única manera de poder determinar esto es a través de la trazabilidad pero, en ese sentido, Uruguay tiene "una gran debilidad", afirmó el responsable del área Regulación alimentaria de la IM. Solo podría exigirlo a los productos nacionales. Pero en el país, de los entre 38 mil y 40 mil alimentos registrados, más del 60 por ciento son importados.

"El problema es que hay países que se niegan a reconocer que el insumo transgénico es diferente al otro y tienen como política no diferenciar, por ejemplo, el maíz transgénico del no transgénico. Ahí no tenes forma de presionar", indicó.

Críticas

Las organizaciones sociales que lucharon para que el etiquetado de productos, que contienen más de un 1 % de OGM, sea obligatorio no están conformes con cómo se está implementando la normativa y aseguraron que "no está funcionando como debería".

La coordinadora nacional de la asociación Slow Food, Laura Rosano, recordó que esta normativa fue aprobada hace cinco años y que cuando asumió Daniel Martínez la Intendencia la "trancó bastante".

Según Rosano, las empresas están "jugando mucho" con el plazo de dos años que tienen para implementar el logo definitivo. La coordinadora aseguró que estuvo realizando una revisión por los supermercados y observó que mientras las compañías uruguayas, en general, cumplen con la reglamentación, las multinacionales, como Unilever, "hacen trampa".

"He encontrado productos con cero identificación, otros etiquetados con una 'T' al costado impresa que se camufla muy bien y no se distingue, también otros alimentos a los que le ponen el logo de una forma que no se entiende", aseguró.

Rosano subrayó que el etiquetado debe estar en el frente del producto y debe ser proporcional al tamaño del paquete. "Este es un derecho al consumidor. Nosotros no estamos prohibiendo ningún alimento sino pidiendo que se identifiquen los que tienen transgénicos", añadió.

A una empresa grande pagar la multa que le pone la Intendencia "le hace cosquillas", lamentó. El problema es las fallas que persisten en el sistema siguen perjudicando al consumidor, aseveró y las personas terminan "comprando a ciegas".

Para la representante de Slow Food a esto se le suma otro punto fundamental: poca gente que está informada sobre estos temas. "No tenemos una materia de educación alimentaria en las escuelas ni en los liceos. Entonces, partimos ya de que nos falta educación y, al no tenerla, es mucho más fácil engañar al consumidor vendiéndole comida de mentira en cajita de colores".