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Opinión

16/05/2020 12:20

Cartas a un amigo: Weltschmerz

Por: Sebastián Wilson

Despierta por favor, querido amigo.

Cartas a un amigo: Weltschmerz

EFE.

Publicado: 16/05/2020 12:20

Vaya si será difícil complacerte amigo mío que crees querer algo que no quieres, pues no quieres más que una confirmación de tu creer plasmada en un mundo al que no quieres. Tienes sed y demandas agua; pero cuando te abrevan pataleas y gritas como un niño histérico y denuncias que eso no es bebida. Estás tan cegado por tu deseo de conflicto que ante el más mínimo indicio de paz desentierras la bandera blanca, le sacas filo al asta y con el pabellón atado al cuello reinicias tu lucha. Me duele pensar que estás condenado a la infelicidad pues, a fin de cuentas, ¿no es eso lo que te ordena tu doctrina?

Permíteme contarte, pequeño ciudadano ofuscado, que en la lengua alemana existe un término que se utiliza para expresar la sensación que tú experimentaste en aquella conferencia de prensa donde el presidente te dijo lo que no querías escuchar.

Weltschmerz es una palabra que refiere al sentimiento negativo que te genera el contraste que existe entre un mundo idealizado que tu tienes en tu hermética cabecita y el mundo real tal y como es. Y es justamente ese contraste el que sentiste el día en el que Lacalle Pou te dijo que si bien su opinión personal es pro vida, su investidura de Presidente le obligaba a dejar de lado ciertas ideologías y apegarse a lo que la democracia mandó aquel 2012 cuando se despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo.

Si no tuvieras los ojos tapados por tantos pañuelos de colores te permitirías ver una realidad mucho más hermosa de lo que tu viejo barbudo -al que llamas maestro- te advirtió que sería. Una realidad llena de matices, pintada en distintas tonalidades de grises donde es muy difícil encontrar un blanco y mucho más aún, encontrar un negro. Tan rara es una encarnación de alguno de estos dos colores absolutos que cuando sucede ésta queda en la historia, marcada como un hito y estudiada por las futuras generaciones como casos extremos y a veces, indeseados.

No te sientas mal camarada, no es tu culpa. Es de Walt Disney por hacerte sentir tan especial que creías que en tu corta y juvenil vida experimentarías por donde sea que posaras tus enrojecidos ojos manifestaciones perfectas de estos extremos cromáticos. Por hacerte creer que en cada charco hay una sirena y detrás de cada miserable duna se esconde un unicornio. Bienvenido, compañero, a un mundo lleno de delfines y caballos donde los animales mitológicos tienen lugar sólo en los libros de fantasía. Aunque te advierto, pseudointelectual arrogante, estos libros suelen desaparecer de su sección y a menudo aparecen en las secciones de política, filosofía y sociología. Esfuérzate por diferenciarlos.

Porque no, joven revolucionario, no todo es una lucha. El mundo no se divide en malos ni buenos. Se divide en personas, nunca blancas, nunca negras; grises… siempre grises. Tu presidente no es negro, el anterior no fue blanco y su predecesor, bueno, sería muy generoso de mi parte adjudicarle siquiera un color metafórico.

Lacalle Pou pretende respetar el derecho adquirido al aborto y adhiere al discurso feminista del momento que aclamaba “educación para prevenir y aborto para decidir”. ¿Qué más progresista que la respuesta del presidente? Este aclama que la mujer puede -y va- a decidir si quiere ser madre pero que prefiere, dentro de lo posible, que se decida previamente con educación, métodos anticonceptivos y cultura. Llegado el caso, nada la privará de ejercer un derecho que hoy tiene.

Te duele, oh glorioso guerrero de la justicia social, que tu enemigo hable como tú y que aquel que viste tu uniforme e iza tu bandera -ese mismo que con lágrimas en los ojos despediste hace unos meses- sea quien realmente haya vetado tu lucha. Te ofende que los que eran malos no lo sean tanto porque evidencia lo ridículo que te ves alzado sobre un banco de opiniones, levantando una espada de mentira contra un monstruo que no existe. Deja de buscar tu pertinencia, no intentes ser insoslayable, me temo, que en el mejor de los casos, eres zafral.

Quítate la pintura de los ojos viejo amigo y permítete observar la pluralidad de los colores. El mundo es mucho más hermoso de lo que te cuentan, tienes menos enemigos de los que jaqueas y compartes más de lo que prestas. Cierra la boca, abre los ojos y guarda tu cuchilla. Despierta de tu sueño, pues, a fin de cuentas, es una pesadilla.