Coronavirus en Uruguay
1309

Confirmados

37

Fallecidos

1065

Recuperados

Coronavirus en el mundo
19.065.273

Confirmados

713.911

Fallecidos

12.203.812

Recuperados

Editorial:Un presupuesto post pandemia
Ver editoriales anteriores
Muerte de joven por hombre en libertad condicional conmociona a Chile /// Gobierno no recortará presupuesto en ciencia, tecnología e innovación /// Iban en moto, intentaron fugarse y apuntaron a policías con escopeta /// Argentinos imploran al santo del "pan y el trabajo" por la pandemia /// Desempleo en EEUU baja 10,2% en julio y creación de trabajo se modera
Opinión

8/05/2020 15:02

Sobre cifras de delitos y la vital importancia de lo simbólico

Por: Mathías González

Se acabaron los derechos humanos solo para los que infringen la ley y los tiempos en que el Ministro salía a echarles culpas a las víctimas.

Sobre cifras de delitos y la vital importancia de lo simbólico

Diego Lafalche / FocoUy

Publicado: 8/05/2020 15:02

Según reza una frase que se le atribuye -al parecer, erróneamente- a Confucio, “los signos y símbolos gobiernan el mundo, no las palabras ni las leyes”.

No nos atrevemos a ser tan categóricos como quien haya sido el autor de esa cita, pero entendemos que los hechos se han encargado de demostrar que no estaba tan equivocado; y la considerable caída en las cifras de delitos que ha confirmado hace algunos días el Ministerio del Interior, constituye, a nuestro juicio, una prueba irrefutable de ello.

De acuerdo con los datos relevados por la referida cartera, durante los meses de marzo y abril de este año, se experimentó un brusco descenso en la cantidad de denuncias relativas a los cuatro delitos más comunes: los homicidios, las rapiñas, los hurtos y la violencia doméstica.

Así, durante el mes de abril, las denuncias por homicidio cayeron en un 15,63 % respecto de las que se realizaron en marzo por ese mismo delito; las relativas a los delitos de rapiña y hurto descendieron un 32,02 % y 19,73 %, respectivamente; mientras que las denuncias por casos de violencia doméstica, disminuyeron en un 16,33 %.

Sin dudas, estos datos resultan insuficientes a los efectos de realizar cualquier tipo de evaluación sobre la gestión del gobierno entrante en materia de seguridad -lo que sería, asimismo, por demás apresurado-; máxime, teniendo en cuenta que los mismos no han sido oficialmente divulgados por el Ministerio del Interior, y que es imposible predecir si se podrán mantener en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, es natural que, luego de muchos años en los que los delitos crecieron sostenida y considerablemente, nos preguntemos cuáles son los factores que influyeron en esta caída tan abrupta y repentina.

De arranque, podemos descartar el elemento jurídico, ya que desde que asumieron las nuevas autoridades, no han habido cambios en la legislación relativa a seguridad pública.

De hecho, muchas de las modificaciones normativas que el gobierno considera necesarias para mejorar la situación de inseguridad en la que se encuentra inmerso nuestro país, están reflejadas en el proyecto de Ley que el Poder Ejecutivo remitiera al Parlamento con declaratoria de urgente consideración, y a la espera de ser aprobadas.

Ni que hablar de cambios profundos en las realidades sociales, de familia y educativas, que en la mayoría de los casos influyen sobremanera en las conductas del sujeto que delinque, y que hoy en día se encuentran tan degradadas, que poder subsanarlas será cuestión de décadas.

Los miembros de la oposición dirán, entonces, que los resultados que ellos no alcanzaron en quince años, ni aumentando en más de seiscientos millones de dólares el presupuesto del Ministerio del Interior, se los debemos pura y exclusivamente a la situación de pandemia que el país enfrenta desde que se comprobara el primer caso positivo de Covid-19.

Por su parte, el gobierno atribuirá los logros -y, de hecho, ya lo hizo- a algunas decisiones adoptadas desde el principio de la actual gestión, como lo son el mayor despliegue de efectivos policiales en las calles, con un incremento del patrullaje, y la flexibilización del Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO).

Nosotros consideramos que estos dos razonamientos ignoran un factor de crucial importancia, y que explica la mayor parte del éxito, por ser, además, la base firme sobre la cual se apoyan todas las decisiones de gestión.

Hacemos referencia al elemento simbólico, al mensaje que se encuentra detrás de las palabras y de las acciones, y que impone una nueva impronta en la administración y el gobierno en lo que refiere a seguridad.

Ese lenguaje casi subliminal, pero que ha sido traducido a la perfección a través de la máxima de “se acabó el recreo”, sopla como un aire nuevo a la interna del Ministerio del Interior, infundiendo confianza y respaldo en la Policía; y como una pavorosa ráfaga de viento que está arrollando la sensación de impunidad que tenían los delincuentes.

Se acabaron los tiempos en los que el Ministro del Interior salía a los medios a echarles culpas a las víctimas, ante la ocurrencia de un delito; o, a la primera de cambio, se sometía a los policías a hostiles investigaciones administrativas por hacer su trabajo.

Se acabaron los derechos humanos solo para los que infringen la ley. Se acabaron las ausencias displicentes en los sepelios de los policías que entregan sus vidas en el servicio a la Nación. Todo eso se acabó, y tanto la policía como la delincuencia lo tienen bien presente.

Sin ese cambio en la imagen -sí, también en el aspecto físico de las autoridades- y en el discurso oficial, ninguna línea de gestión hubiera dado resultados positivos.

De hecho, no puede decirse que en la anterior administración todo se haya hecho mal; el problema es que, por mejores que sean las medidas operativas que se adoptan, si el interlocutor de las mismas no inspira la confianza de los distintos actores -¿qué policía podría confiar en alguien que asesinó por la espalda a un camarada?-, los resultados no llegan.

Vayan, desde estas líneas, a las autoridades competentes, el voto de confianza en su gestión, y el mayor de los deseos de éxitos, para que estos primeros resultados puedan sostenerse y profundizarse. El país lo necesita.