Coronavirus en Uruguay
1309

Confirmados

37

Fallecidos

1065

Recuperados

Coronavirus en el mundo
19.065.273

Confirmados

713.911

Fallecidos

12.203.812

Recuperados

Editorial:Un presupuesto post pandemia
Ver editoriales anteriores
Muerte de joven por hombre en libertad condicional conmociona a Chile /// Gobierno no recortará presupuesto en ciencia, tecnología e innovación /// Iban en moto, intentaron fugarse y apuntaron a policías con escopeta /// Argentinos imploran al santo del "pan y el trabajo" por la pandemia /// Desempleo en EEUU baja 10,2% en julio y creación de trabajo se modera
Opinión

7/05/2020 17:40

Pobreza y derechos humanos como banderas políticas

Por: José Antonio Fontana

La izquierda uruguaya encauzó por décadas la atención de la opinión pública hacia la lucha contra la pobreza y la defensa de los derechos humanos.

Pobreza y derechos humanos como banderas políticas

Publicado: 7/05/2020 17:40

Uruguay recuperó la democracia en 1985.

Pasados 35 años de aquel trascendental momento, muchas cosas han ido
cambiando y otras se han mantenido hasta el presente como objetivos siempre distantes y difíciles de alcanzar.

En ese sentido, la lucha contra la pobreza y la defensa de los derechos humanos, han tenido un papel preponderante.

La izquierda uruguaya, encauzó por décadas la atención de la opinión pública
hacia esos dos grandes temas, claramente dirigidos a cualquier persona con
niveles básicos de sensibilidad y accesibles a todos los públicos. Durante muy
buena parte de ese período, cualquiera que se hubiera declarado en contra de tan loables objetivos, habría sido denostado como inhumano y antisocial por casi toda la sociedad.

Actuando como dueños de esas consignas, bastaba con que alguien amagara
algún intento de oposición a la forma de atender o destacar estos asuntos, para que de inmediato múltiples actores de izquierda comenzaran a encasillarlo como despreciable enemigo público con bullying garantizado.

Durante quince años esa misma izquierda gobernó a sus anchas con mayorías
absolutas en el parlamento. Marcaron pautas y legislaron a su antojo. Finalizado ese período en el que los temas de referencia estuvieron a diario sobre la mesa, parece no haber habido cambios ni logros notables.

En el proceso de destape de la olla sin fondo visible del Ministerio de Desarrollo Social, los debes del Estado para con los tan mentados pobres, parecen ser muchos más de los que hasta hace unos meses se publicaban. Bastaba con recorrer las distintas ciudades para ver el crecimiento de la marginalidad y de la gente en situación de calle. Es muy factible imaginar que las estadísticas exhibidas en los lustros pasados que señalaban descensos permanentes de los niveles de pobreza, podrían no haber respondido cabalmente a la realidad. La verdadera erradicación de la pobreza, que también refiere a los derechos humanos de mucha gente, no habría sido prioridad en el criterio de aquellos gobernantes.

Los pobres, muchos de ellos subsidiados, siguen estando allí y siguen siendo
pobres. Curiosamente, vuelven a ser parte de la proclama política de una
izquierda ahora actuando como oposición a pesar de que el muy pregonado éxito de su gobierno en este tema, parece haber sido solo el de lograr una estadística convincente.

Por otra parte, el constante reclamo por los desaparecidos durante el gobierno de facto, continúa. En paralelo a eso, regalías insostenibles financiadas con dineros públicos pagados por todos los uruguayos incluidos los más pobres, pretenden compensar a quienes participaron directa o indirectamente en la insurrección armada de los años sesenta y principio de los setenta. Curiosamente, esa sedición organizada en contra de gobiernos democráticos que ahora cobra subsidios, nos llevó a todos a sufrir doce años de dictadura.

A más de cuarenta años de aquellos hechos, la insistencia en mantener ese
asunto vigente, más allá de ser una cuestión de principios según se argumentaba, podría haberse transformado en otra de tipo económico.

Los derechos humanos no pertenecen a ningún grupo político. Corresponden a cada individuo integrante de esta sociedad y es en esa línea y en su defensa,
donde deben encaminarse los esfuerzos.

Es hora de que entre todos demos vuelta la página y el país se encamine hacia el porvenir sin más lamentos ni reclamos por los hechos del pasado. Pensar en
positivo y sin revanchismos, nos hará bien.

Los monstruos de la guerra, los personajes crueles de uno y otro lado que
participaron de aquellas aberraciones, no son de derecha ni de izquierda; podrían jugar en cualquier bando; pululan al amparo del autoritarismo de turno.

Se reproducen de generación en generación; caminan y conviven entre nosotros; son simplemente sádicos y como esporas, esperan el clima adecuado para hacer eclosión y activarse.

Esa escoria humana sigue allí y es el problema contra el que hoy nos toca
enfrentarnos como sociedad.

En Uruguay, el tiempo de la demagogia, ya pasó; el de los odios de clase también. Toca reflexionar y volver a plantearnos nuevas formas de crecer.

Bajo estas nuevas consignas, los pobres dejarán de ser eternos rehenes de una ideología y dejarán además de ser pobres en función de su esfuerzo y por
derecho; sin perder bajo ningún concepto su dignidad.