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Editorial

19/07/2020 07:21

Eutanasia con fines inciertos

Los orientales creemos en la libertad.

Desde ese fundamento inamovible, confiamos en la capacidad de cada individuo, o en caso de incapacidad, en la de sus seres queridos, para enfrentar la toma de decisiones que puedan abreviar una agonía inútil en circunstancias irreversibles.

Esas cosas ocurren y no somos quienes para juzgarlas. Tampoco para calificarlas como hipocresía.

En un país laico como el nuestro, cada quien debería tener total derecho para analizar desde su punto de vista ético, religioso o filosófico, la conveniencia o no de tomar decisiones de esa trascendencia.

No parece ser esa la dirección a la que apunta el proyecto de ley sobre eutanasia y suicidio médicamente asistido, actualmente en trámite en el parlamento.

Con un alto porcentaje de adultos mayores, es evidente que en el Uruguay hay muchos temas a considerar para evitar que ese planteo permisivo se salga de cauce y termine convirtiéndose en un medio para la puesta en práctica de algún tipo de exterminio camuflado.

La experiencia de lo ocurrido hace algunos años en el país con el caso de los llamados “enfermeros asesinos”, debería hacernos reflexionar.

Según reseña el diario El Observador, el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, “… no apoyará el proyecto de ley para despenalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, presentado por el sector Ciudadanos del Partido Colorado. El legislador cree que esta intervención, que acelera la muerte, ´se transforma en un tema económico´ y en un ´ahorro´ para algunas instituciones de salud. ´Quieren acortar esa etapa final que es sumamente onerosa para el prestador de salud´, dijo Manini Ríos en el programa Quién es quién, de Diamante FM y Televisión Nacional.” 

Por otra parte, y tratando de obtener la visión de los profesionales de la medicina, llegamos a la página web del Sindicato Médico del Uruguay, que contiene valiosas referencias al respecto. En tal sentido, la mencionada página transcribe íntegramente el Juramento de Hipócrates, consigna que se supone debiera guiar a todos sus integrantes.

Algunas frases incluidas en ese compromiso llaman la atención y sobre todo aquella que reza: “No administraré veneno alguno, aunque se me inste y requiera al efecto; tampoco daré abortivos a las mujeres.”

Ya tenemos una Ley de Despenalización del Aborto. Dejar en manos de ocasionales testigos la decisión de poner término a la vida de una persona incapacitada, como lo plantea el proyecto de ley, no parece ser la fórmula más acertada.

En ese caso, tal como ocurre con el aborto, la víctima podría quedar indefensa y supeditada a la decisión de terceros.

Parece haber llegado la hora de analizar estos temas en profundidad, poniendo desde todos los sectores de opinión, la moral, la ética y los reales objetivos como estandartes.