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Editorial

23/06/2020 22:02

La otra cara del Mayo francés

A cincuenta y dos años del sacudón socio-cultural que el mundo hoy recuerda como el “Mayo Francés”, vale la pena analizar la influencia que tuvo el pensamiento liberal a la luz de un acontecimiento de tal magnitud.

La espontaneidad inicial, la posterior anarquía generalizada, y la ausencia de liderazgos definidos, fueron derivando en desbordes de violencia.

Las manifestaciones estudiantiles, el apoyo de los sindicatos, la huelga general y las negociaciones que pusieron punto final al conflicto, fueron cuidadosamente manipuladas, con el estilo habitual que caracterizó a la Guerra Fría.

Durante más de cincuenta años, el mundo pensó que aquella fue una revolución de izquierda y no parece haber sido tan así.

El movimiento inicial contemplaba ideas de libertad. Entre las más identificables se destacaban la revalorización del individuo frente a la voluntad general, la puesta en descubierto de la incapacidad del Estado para facilitar la felicidad individual y el libre albedrío, la desconfianza a todo lo que pudiera considerarse “autoridad estatal”, la limitación del poder, la igualdad de derechos de la mujer, la liberación sexual y otras.
Su eslogan era “prohibido prohibir”.

Como ocurrió con las ideas de Montesquieu inspiradoras de la Revolución Francesa y en tantas otras oportunidades a lo largo de nuestra época, el populismo y la demagogia se impusieron a la razón.

A través de la televisión, la intelectualidad pasó a ser un producto de consumo masivo. Algunos temas eran jugosos y sobre todo, maleables: Defensa del medioambiente, igualdad de derechos para la mujer, control de natalidad. Para todo eso no hacía falta más Estado; solamente había que reconocer al individuo como dueño de su propio destino y dejarlo decidir en democracia con libertad. Lo sabían los revolucionarios; lo ignoraron a conciencia plena sus intérpretes.

Ordenaron el caos creando nuevas comisiones y más estatismo.

El individualismo fue literalmente desconocido, paradójicamente, en nombre de la libertad.

El socialismo estaba de moda y hacia allí encaminaron sus anhelos los intelectuales. Alimentados en su mayoría con jugosos sueldos provenientes de Moscú, tenían muy claro que para ellos sería muy difícil armonizar la defensa de los ideales de libertad individual, con el pago de las cuentas cada mes. Encargados de contar la historia, la falsearon a su antojo.

Un hecho de la realidad a tener muy en cuenta en el presente, de cara al porvenir.