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Editorial

23/06/2020 21:48

Primero de Mayo

Al mismo nivel de la Navidad o el Año Nuevo, el primer día de Mayo ocupa un lugar de destaque en el calendario uruguayo.

Un día para el disfrute sereno y el merecido festejo de sabernos trabajadores porque en este bendito país, desde el presidente de la República hasta el más humilde de los que se ganan la vida honestamente con la changa diaria, todos lo somos.

Pero desde hace varias décadas sectores sindicales sin personería jurídica, arribados al poder sindical sin elección por voto secreto, se han arrogado el derecho a representar como por designio divino plasmado en asambleas férreamente controladas, a todos los trabajadores del país en ese día.

Forzando la idea de la existencia de un conflicto permanente de “ellos o nosotros”, lejos de buscar soluciones reales a los problemas que son de todos, han buscado establecer una grieta irreparable en la sociedad con fines proselitistas.

El 2020 ha sido un año atípico. A partir de marzo, un cambio de gobierno sacó de su pedestal a una izquierda atornillada al poder durante quince años y una pandemia sin precedentes en la historia del mundo globalizado, ha movido el eje de muchos asuntos.

Ajenos a la realidad y todavía flotando en los vapores del exitismo, los dirigentes del PIT-CNT se prepararon para realizar su aparición anual.

Comenzaron por solicitar al presidente de la República la cadena nacional de radio y televisión para enviar su mensaje a la población en ese día. Ante la lógica negativa recibida dada la improcedencia del pedido y fieles a su estilo de mostrar poder, su reacción inmediata fue convocar a diversos actos masivos, cuatro en la capital y muchos otros en las principales ciudades del interior.

Tuvo que recordarles el ministro del Interior la existencia de la pandemia y la recomendación de evitar aglomeraciones y reuniones innecesarias, para que ante lo irresponsable de la convocatoria, renunciaran a esa idea.

Entonces decidieron volver a las pintadas callejeras pero con tan mala suerte, que fueron sorprendidos y filmados en plena Rambla Sur, tapando un mural artístico con cal para pintar encima las consignas del PIT-CNT. La prepotencia y el desparpajo de costumbre, esta vez circulando en las redes sociales.

Las ideas se fueron diluyendo y culminaron en varias caravanas vehiculares sin mayor poder de convocatoria, algunos actos menores y un llamado a aplaudir a las 20:00 hs., costumbre adoptada hace semanas para homenajear a los trabajadores de la salud que enfrentan la pandemia.

Ante tales circunstancias, cabe preguntarnos si no habrá llegado la hora de que los sindicatos cumplan con tener la personería jurídica ahora incluso exigida por la OIT y transparenten su gestión comenzando por elegir autoridades mediante el voto secreto y con control de la Corte Electoral.

Sería una buena manera de demostrar que las intenciones de los dirigentes, lejos de ser egoístas o mezquinas, apuntan realmente a la defensa de los derechos, la libertad y la mejora plena de sus dirigidos.

El PIT-CNT tiene la palabra.