Abreu habló como loco de Nacional, Peñarol, la TV y el Maestro Tabárez

Por: Jorge Savia

Deportes

9/11/2019 08:34

Abreu habló como loco de Nacional, Peñarol, la TV y el Maestro Tabárez

ECOS

El minuano pasó raya entre los DT que ayudan y los que perjudican, y reveló que al retirarse un rival al que le tenía miedo, ¡hizo un asado!

Jugador, entrenador, comentarista de fútbol en televisión, ahora conductor televisivo de un programa de entretenimiento. A los 43 años, los límites entre las distintas áreas por las cuales transcurre la vida de Sebastián Abreu, no parecen claros; aunque cada ellas tiene un territorio propio que, por los singulares rasgos de su personalidad, el “Loco” se ha encargado de caracterizar -a través de su éxito y su vigencia, dos aspectos que no siempre van de la mano- bajo las aristas de lo que, en definitiva, el delantero ha sido adentro y afuera de la cancha: un verdadero personaje.

Por eso, tal vez, siendo fiel a sí mismo, el minuano aceptó el reto que le planteó ECOS de separar los tantos, y lo hizo con su estilo, a su modo: cebando y tomando mate tranquilamente, en el contexto de una charla franca y espontánea de casi tres horas que, por invitación suya, transcurrió en su elegante y señorial residencia del barrio privado “Jardines de Carrasco”.

-Tu próximo equipo, el 30° de tu carrera, va a ser el Uniao Cacoalense, un club brasileño del estado de Rondonia; ¿lo hacés por agrandar el récord de equipos en los que jugaste y por la gloria de quedar como un futbolista único en ese aspecto, tal vez para siempre, o -viendo el lugar- porque en lo personal te seduce tener experiencias de vida diferentes?

-No sé por qué tiraron esa información, y aquellos que tienen posibilidades de llegar a mí, no me preguntaron: “Decíme, ¿es verdad esto?”

-¿No es así, entonces?

-No. Uno trata siempre de transmitir respeto. Entonces, independientemente de que pueda existir la posibilidad de que después me vaya para ahí o a otro lado, o no me vaya a ninguno, yo tengo respeto por el lugar y el momento donde estoy, de lo que el equipo (Boston River) se está jugando. Hay una responsabilidad, un compromiso. Por eso, digo: si sale esa información, acércate y pregúntame, porque yo no puedo andar aclarando algo que no hice. ¿Que hay interés de que vaya a Brasil, de que vuelva a Chile? Sí, hay llamados, también de Argentina y México, y son posibilidades concretas, es real; pero más allá de que podamos conversar, yo tengo un compromiso y un desafío deportivo muy importante, en el aspecto deportivo, también de prestigio, de imagen, y hasta te diría de lo que puede ser el sustento de muchas familias de empleados y trabajadores de Boston River, que hoy tienen como primer objetivo salvarnos del descenso.

-En definitiva…

-No se firmó nada, no se concretó nada, más allá de lo que después pueda hacer o no en diciembre.

-Tenés el curso de entrenador, ya ejerciste y saliste campeón en El Salvador con el Santa Tecla… ¿no estás dilatando demasiado el comienzo fuerte de tu carrera como técnico?

-A ver, hay dos temas en esto, y uno es que me fascina jugar, y veo que hay lugares en donde mis características como futbolista y de mi manejo de los grupos, o de convivencia en el vestuario, puede terminar siendo necesaria: para el equipo, para el entrenador…lo que quizá sea un combo aprovechable.
En los últimos años en Chile y Brasil mi rendimiento fue siempre productivo, y eso es lo que me lleva a respaldarme en lo que he hablado con jugadores con los que tengo buena relación o me los he cruzado, como Ruggeri, como Silas, como Ostolaza, que también jugaron hasta los 37 o 38 años y me han dicho: “Si estás bien, te sentís bien, disfrutás, no te genera un peso levantarte temprano y estar entrenando, y eso lo podés mantener con buen rendimiento en los fines de semana, no pares, porque después que dejás, no hay vuelta atrás, y te podés quedar con esa sensación de ‘podía haber seguido un poquito más’”. Es como esa frase que puso de moda Scola: “Vaciáte”. Cuando sentiste que diste todo, ahí sí: entonces, da el paso al costado.

-Te planteaba lo del comienzo definitivo de la carrera de entrenador en otro plano, y voy a cometer una infidencia: sabido es que cuando la entonces nueva directiva de Nacional contrató a Domínguez, fue apuntando a un cambio de estilo institucional, que después interrumpió por los malos resultados locales; pero aquella idea original siempre está latente, a mediano o largo plazo, y hace poco cuando le pregunté en una charla informal a un allegado a la dirigencia cuál podía ser el entrenador al que algún día podrían apuntar para retomar la iniciativa, que fue incluso una de las bases de la campaña electoral, le respuesta fue: “Y…el ‘Loco’, pero…no se decide a ser técnico”.

-Ahí está el otro aspecto de los dos que te decía de por qué sigo jugando: nunca nadie llegó a sentarse en ese sillón que estás vos ahora y me dijo: “Nos gustaría que estés dentro del club, tenemos un proyecto a mediano o largo o plazo, que te involucre, que estés en el proyecto y después definimos las formas”. Y hablo de un proyecto, y de estar adentro del club, porque hay que ser muy cuidadoso con el mundo del fútbol, que hoy en día está muy revuelto: estar dentro del club, pero no direccionado a ser el futuro técnico, porque si hay uno que está trabajando y te va a mirar de reojo. Por eso, entonces, tiene que ser algo institucional, global, de un proyecto que abarque más allá de cómo se entrena de lunes a viernes y de quiénes juegan el fin de semana, que es un poco lo que hoy vemos con Iván Alonso y con Jorge Giordano y su secretaría técnica, con detalles que han profesionalizado toda esa área; pero esa conversación no se ha dado, al menos para que uno se vea identificado con el proyecto, le guste, y diga: “Quiero estar en el club para aportar mi experiencia y mis conocimientos, para trasladarlos entre todos, independientemente de que los resultados mandan, a aspectos de formación de jugadores, de los perfiles de los juveniles que pueden ser ascendidos y los que no”; pero te repito: esa conversación no se ha dado.

-¿Y tampoco con ningún otro club?

-Sí, con Rosario Central. Me llamaron para hablarme de la posibilidad de ser secretario técnico.

-Respecto a eso, ¿contemplaste la posibilidad de ser manager o gerente deportivo? ¿O sólo serías entrenador?

-Manager es un cargo que abarca más la parte social, el marketing, el desarrollo de la marca, es un poco más lo que hace Iván (Alonso), y yo me siento capacitado para lo que tiene que ver con lo futbolístico; para lo administrativo, lo de oficina, no me siento capacitado, y no aceptaría pues no daría un plus porque no lo siento; las cosas que hacés, hay que sentirlas para dar el máximo.

-¿Y qué pasó con el ofrecimiento de Rosario Central?

-Me hablaron de formar una secretaría técnica para lo que hoy en día se desarrolla, que es formar el perfil de los futuros jugadores, perfil de entrenadores, desarrollo de metodología de juveniles en una misma institucional de lo que es una única forma de entrenar y jugar, no en el aspecto táctico, porque podés tener tres o cuatro posibilidades tácticas, sino en las formas.

-¿En qué sentido?

-Y…que si mañana ves a un juvenil de 15 años con condiciones superlativas y te das cuenta que está quedando corto en la división que juega, lo subís al primer equipo, y no llegue y diga: “Pah, nunca entrené esto, nunca me enseñaron esto”. No, que se encuentre con que tiene otra exigencia física y futbolística la que tiene enfrente, pero lo que es el tipo de trabajo de la semana lo tenga totalmente incorporado.

-Había una línea institucional, pero no aceptaste.

-No, porque el club estaba en una etapa política de transición, y para mí eso suponía un riesgo importante. Además, necesitaba una preparación: saber cuáles eran las carencias y las necesidades del club, porque uno en esa función tiene que hacer un estudio previo, a dónde quiere llegar, cómo y por qué, detectando dónde están los problemas para erradicarlos y construir de ahí para adelante; y yo no había tenido ese tiempo, porque estaba jugando. Además, el ofrecimiento era “para hoy”: yo decía que sí y tenía que presentarme en una semana.

-Así que podés ser entrenador o no, entonces.

-No siempre hay que pensar en ser entrenador, por más que está la idea de serlo. Hay otros aspectos dentro de un club que se pueden desarrollar y yo puedo sentirme feliz de colaborar con ese crecimiento, algo que yo creo que hace mucha falta en el fútbol uruguayo. No todos los clubes acá pueden.

-¿Cuáles pueden?

-Nacional, Peñarol, Defensor, Torque, Liverpool puede…capaz que se me escapa alguno; pero los que pueden, tienen que profesionalizar áreas. Es necesario, además, para que si uno viene del exterior, diga: “La línea de juego y de conducta de los jugadores de este club nos viene llamando la atención, interioricémonos por qué”. De esa forma, vamos a tener menos problemas de adaptación y no tendremos jugadores que salgan, reboten y vuelvan rápido.
De eso tenemos que preocuparnos.

-¿Tuviste alguna otra propuesta, además de la de Rosario Central?

-Sí, hace seis meses tuve una de Botafogo, otro club con el que tengo una identificación fuerte: me sugerían que agarrara un selectivo, como le llaman ellos, que es el paso previo a Primera División.

-¿Y por qué no agarraste?

-Porque en ese momento llegaba un entrenador nuevo, y me dije: “¿Y cuál va a ser mi función con el selectivo?”, porque yo no quiero llegar a implementar mi ideología futbolística, sino alinear lo que viene de abajo para arriba, o lo de arriba hacia abajo; no puedo estar en el medio, porque los egos del fútbol son grandes y pueden chocar. O sea, todo muy bien, muy lindo, quiero estar en el club, me encanta que me tengan presente, pero quiero que estemos todos de la mano; porque yo te doy la mano por un lado, pero no me la dan por otro, hay algo en el medio que se rompió y es seguro que no volverá a juntarse.

-Por todo eso, entonces, también seguís jugando.

-Sí, claro; y porque de este lado como jugador me siguen surgiendo cosas más concretas y que me seducen, porque los desafíos no siempre son el de salir campeón. A veces ayudás a un club crecer, como hoy Santa Tecla, que ya saben quién es y se da el caso de gente que ahora ha ido porque lo conoce; o ir a lugares en donde la necesidad es pelear el descenso, como me está tocando vivir en Boston River, aún sabiendo que por ahí va en contra de mis necesidades futbolísticas, porque lo mío no es correr, marcar, meter, sino generar juego y tratar de finalizarlo. Esa es la prioridad, conseguir los objetivos que me planteó “Tito” Sierra cuando me vino a buscar, y no poner por encima de esa prioridad mi gusto de querer un equipo ofensivo y que ataque para que se acomode a mis características individuales. Eso es lo que hace que el futbolista esté más vivo que nunca; es lo más importante.

-Pero, íntimamente, ¿te has planteado una fecha de vencimiento como jugador, aunque no la hayas divulgado?

-Yo sé que me queda un plazo corto, pero fuerte; porque si hay algo que me juré y perjuré es que no voy a terminar mi carrera de futbolista oxidado. Me voy a retirar aceitado, jugando y disfrutando adentro de la cancha; no importa si es con luces o sin luces, con estrellas o sin estrellas, lo importante es sentir que dí el máximo y me desagoté jugando.

-¿Serías entrenador de juveniles, o cuando arranques en forma definitiva es para ser técnico sólo de Primera División?

-Sí, pero juveniles que ya estén en la etapa de dar el paso a Primera División. Además, lo que ya te dije: dentro de una línea que me identifique, porque hay gustos y un sentimiento futbolístico que uno no puede negociarlos. Si la línea de metodología y de desarrollo me identifica, y son esos jugadores de 17 para arriba, que tienen esa proyección donde vos tenés que tratar de trabajarle lo cognitivo, la postura, los perfiles, las orientaciones, la toma de decisiones rápidas, entender el juego, que no es jugar con la pelota sino jugar con toda la cancha…eso es fantástico; porque vas a terminar ayudando a ese pibe a que llegue de la mejor manera a Primera División. Dentro de ese escalón, uno termina siendo una pieza importante, porque como yo lo he aprendido en el fútbol, los entrenadores te ayudan o te perjudican.

-¿En qué aspecto?

-Si el entrenador te ayuda, el jugador aprende, se potencia, mejora; el entrenador te perjudica cuando elimina tu potencial, no explotan tus características y no mejoran tus dificultades, con lo cual el futbolista tiene muchos problemas para llegar o se queda por el camino.

-¿Qué estilo tendrían tus equipos?

-Y…hay que entrar a desglosar lo que es estilo, gusto, paladar; porque mi estilo es el de un equipo ofensivo, pero después tenés que ver de qué manera sos ofensivo. No porque juegues 4-3-3 vas a ser ofensivo, y no porque juegues 4-5-1 sos defensivo, todo depende de las características de los futbolistas con los que estás jugando; lo que sí tengo claro es que voy a tratar de lastimar al rival dentro del déficit que tiene, no voy a potenciar al rival, salvo que me toque jugar en la Libertadores contra el River (argentino) actual…ahí tengo que tomar recaudos. Tengo que ser realista. Es realista el que primero interpreta o entiende qué partido tiene que jugar. Si las situaciones son normales, son equipos competitivos los dos, trataré de potenciar al máximo las virtudes del mío, voy a tratar de ganarle esa pulseada táctica al adversario: tener en cuenta sus características, considerar alguna postura táctica fija que tenga, analizar si cuenta con figuras desequilibrantes…todo eso, sí; pero en un 70% voy a tratar de proyectar a mi equipo para que pueda ser el dueño del partido, tratando de minimizar las dificultades nuestras y explotar las del contrario.

-¿Cómo?

-Todo eso hay que entrenarlo, no es cuestión de entrenar de cierta forma porque está de moda, sino cómo vas a jugar en el fin de semana. Vos preparás al equipo de la manera que querés que juegue. Esto es como en la vida: como sos en la vida, sos en la cancha; si sos desordenado en la vida, sos desordenado en la cancha. Ahora, para eso hay otra cosa que es fundamental.

-¿Qué?

-El manejo del grupo. Eso es fundamental. Puedo ser un desastre, puedo ser básico, puedo entrenar de lunes a viernes siempre lo mismo, pero si conseguí manejar el grupo, convencer al grupo y que el grupo compre la idea, va a llegar el fin de semana y todos van a decir: “¡Qué bien juega ese equipo, qué bien defiende, qué bien hace las transiciones, qué bien ataca!”; pero todo eso es porque el equipo está convencido. En el caso contrario, puedo ser un entrenador moderno, fantástico, tener mil modos de entrenamiento diferentes, pero no le llego al grupo porque tengo cosas que me juegan en contra, y va a llegar el fin de semana y vamos a tener carencias grandes.
-De acuerdo a ese punto de vista, y ya como comentarista de fútbol, que es como te has desempeñado en Canal 12 y en AUF TV, ¿creés que la selección puede jugar diferente, sobre todo por contar con delanteros como Suárez y Cavani?

-Es que ahora juega diferente; cambió las características y juega diferente. Después, te podrá gustar o no, pero que juega diferente a la de 2010 y la de 2011, y también a la de 2014, es algo muy claro. Por eso yo hablo de las características: podés jugar con un 4-4-2 esperando, o con un 4-4-2 diferente, depende de las características y las virtudes de los jugadores del mediocampo. Yo he escuchado decir: “Estos (volantes) de ahora son mejores”. No, no…estos tienen características y virtudes diferentes a las que tenían los de hace seis o siete años, y esas características las llevan dentro de un sistema madre que tiene la selección, lo que termina generando otro tipo de juego con el cual muchos se identifican, pero que no por eso tiene por qué ser más efectivo que el anterior. Puede ser más vistoso, puede ser más agresivo en campo rival, no tan retrasado, pero…repito: eso lo dan las características de las individualidades.


-Hace poco Diego Forlán dijo que algún día quisiera ser técnico de Peñarol, pero que si no tuviera trabajo y Nacional lo fuera a buscar, lo dirigiría; ¿qué harías vos en el caso contrario?

-Creo que la historia mía en Nacional es diferente a la de Diego en Peñarol. Diego ya fue a Peñarol en la etapa en la cual quería darle un gusto al padre, que jugó toda una vida en Peñarol, y lo que mí me tocó vivir en Nacional fue más intenso. Además, hay algo que es mío.

-¿Qué es?

-No me identifico con la forma tradicional de jugar de Peñarol. Peñarol tiene una identidad, una forma de jugar, que no son las mías. Por poner algunos ejemplos: Gregorio, Fossati, Julio Ribas, por nombrar algunos, no son lo mismo que Hugo De León, Daniel Carreño y Martín Lasarte. Por más que el paladar ha cambiado, de los dos lados está esa especie de perfil, o de cultura futbolístistica, que tanto uno como otro tratan de cuidarla. Más allá del fanatismo, hay un tema de convicciones futbolísticas que me lleva a saber que mi camino es Nacional. Por eso te digo que es respetable que Diego esté del lado de Peñarol, pero yo esa posibilidad no la manejo en ningún caso.

-¿Cómo te sentís mejor en la televisión? ¿Cómo analista de fútbol o como conductor de un programa de entretenimiento?

-Como analista, no hay duda. Primero, porque no estás guionado, en el sentido que en el programa debés que seguir pautas, porque tenés que llevar el programa para determinado lado, y hay que estar rápido con el tema de lo que te dicen por la cucaracha, manejar la información que te llega, mantener la dinámica para que el programa sea entretenido, y también jugar un poco con el participante, porque los uruguayos somos tranquilos…vos ves el mismo tipo de programas en Argentina y Brasil, y es como que los participantes son más sueltos; acá, en cambio, se prenden las luces, se ve toda la escenografía, y nosotros quedamos un poquito cohibidos. Entonces, uno tiene que tratar de pincharlos para que se vayan soltando. Igual, como yo veo que la gente disfruta, que los compañeros disfrutan, y yo mismo también termino disfrutando, lo tomo como una experiencia más, estando agradecido de que hayan pensado que se podía generar lo que se está generando.

-¿Alguna vez hiciste algo por el estilo? Por ejemplo, en la escuela, en el liceo, en un tablado…

-No, nunca tuve ningún tipo de preparación, yo me preparé en la universidad del caradurismo. No es que fuera mi vocación. Es algo natural. El maestro (Tabárez) siempre me decía: “El día que deje de jugar, usted debe hacer ‘stand up’”, por lo que eran las concentraciones. En los momentos donde por ahí venía el bajón del grupo, ahí aparecía Abreu haciendo ‘stand up’, sacando una sonrisa y levantaba el ánimo. Igual en esos viajes de muchas horas en avión, yo iba con la camarita y arrancaba a hacer un show. Era algo natural, un poco legado de mi vieja. Mi madre era un personaje.

-¿La mayor alegría de tu carrera?

-Creo que la mayor alegría es haber podido cumplir los sueños, que no siempre se pueden cumplir. Todos los niños del interior tienen sueños, y no todos los consiguen. Más en Minas. Vos ves, de Salto, Rivera, Artigas, Paysandú…ves una cantidad de jugadores que llegaron, pero de Minas son pocos los que pudieron concretar lo que uno interpreta como los sueños de un niño, que son jugar en Primera División, jugar en el equipo del que sos hincha, jugar en la selección, jugar copas América, jugar mundiales, salir campeón de América, jugar en Europa…y yo todos esos sueños los cumplí. Esa es la satisfacción más grande. En esas charlas motivacionales que he dado, para mí un poco de caradura, hablo de un librito con el cual las personas se pueden sentir identificadas…

-¿Un librito?

-Sí, cuando yo tenía 6 a o 7 años. Fui recortando letra por letra de diarios y revistas, y en la tapa del librito donde yo iba guardando los goles que metía en el baby fútbol y la cantidad de tantos que hacía en básquetbol, en Nacional de Minas, la selección de Lavalleja, después en Trouville…armé el título de esa tapa con una foto mía, y decía: “Sebastián Abreu, el futuro el deporte de Lavalleja y del Uruguay”. Mi vieja todavía lo tiene guardado porque se emociona y dice: “¡Qué increíble!”

-La verdad, sí.

-A esa edad me daba para adelante yo solo. ¿Viste que siempre dicen que soy vendehumo? Bueno, desde chico yo siempre tuve esa moral de que podía llegar alto. Eso se lo copié a mi padre.

-¿A tu padre?

-Sí, yo era un fanático del álbum de mi viejo, que fue futbolista y basquetbolista. Me encantaba ir y ver lo que había ganado. Así que cuando tuve un poquito de noción, arranqué a armar mi álbum. Por todo eso, entonces, si hoy dicen que uno termina siendo el mayor exponente deportivo de la historia del departamento, por más que eso me genera vergüenza al escucharlo por la forma de ser que tenemos los uruguayos, íntimamente es un orgullo y una alegría muy grandes. Pude ser profeta en mi tierra, algo que nunca es fácil.

-¿La mayor tristeza?

-No haber podido llegar a la final del Mundial de Sudáfrica. Hoy eso de la final de un Mundial te cae como una palabra pesada, y…estuvimos ahí. Pasado el tiempo, pensás, y ves que jugamos la semifinal de un Mundial y estuvimos tal vez a un gol de la final. Ves que los últimos 15’ lo tuvimos a Holanda acorralado, tirándose hace al piso, pegándole de punta para afuera, haciendo tiempo…además, lo que significa a nivel de país haber quedado en las semifinales de un Mundial con España, Holanda y Alemania, porque ahí ya estás hablando de primer mundo contra tercer mundo, y que nos faltó nada…

-¿El gol que más recordás, o que más gritaste?

-Ahí mezclo importancia deportiva con sentimiento. Yo, que soy hincha de Nacional, me quedo con los ocho goles clásicos. Yo sé que en fútbol la memoria es corta y la última imagen es la que queda, pero que miren la estadística y vean que los años 90 y 2000 haya un delantero que tenga promedios de los de antes, de Victorino, de Artime, de Atilio García…ocho clásicos y ocho goles, un gol por clásico, como hincha de Nacional para mí es lo máximo. Ahora, con la selección también tengo goles importantes.

-Por ejemplo, ¿cuáles?

-Y…el del 2 a 2 con Bolivia, cuando perdíamos 2 a 0 en la altura; el gol a Costa Rica, que aseguramos la clasificación al Mundial de Sudáfrica, con lo que sufrimos en los últimos minutos; y, bueno, aunque no sé porque no se contabilizan como goles, el que le hice de penal a Ghana…ah, y también hay otro: en la cuarta final consecutiva que Botafogo jugaba con Flamengo y venía de perder tres seguidas, yo metí el gol “pinchando” la pelota en Maracaná y en el arco donde Ghiggia hizo el gol de la final del 50…son goles que te marcan, como los que hice en River contra Boca y en San Lorenzo contra Huracán, de la misma forma que no me olvido los que metí con Defensor Sporting en la Copa Libertadores. Porque fueron los que me catapultaron a nivel internacional y que hicieron que me citaran a la selección uruguaya; de la misma forma me marcó el primer gol que hice con la selección contra Japón, en un amistoso que perdimos 5 a 3 y jugamos con la camiseta roja…es también para mí es inolvidable.

-¿Cuál es el club dónde estuviste más a gusto o con el que más te identificaste?

-A Nacional no lo pongo, porque nací hincha de Nacional, Nacional es otra cosa. En Nacional tuve el privilegio de jugar, de salir campeón, de hacer goles clásicos, de ser capitán, pero soy parte, y jugando o no jugando iba a ser parte hasta el día que me muera porque soy socio vitalicio.

-Entonces, ¿cuál de los otros clubes es con el que más te identificaste?

-Por ejemplo, tengo un cariño grande por Defensor, y me identificaba con la forma de jugar, de sentir, de aquel grupo de hombres con códigos, con desafíos, con hambre de gloria, porque había campeones del mundo como Carlitos de Lima y Ostolaza, y gente del club con un sentido de pertenencia muy grande como Chilelli, Silva Cantera, el “Polilla” Da Silva, Hugo Arbiza, el “Loco” Dos Santos…como pibe de 17 o 18 años, absorbí todo lo que todo jugador quiere tener: qué es ser futbolista de un club, qué es lo que hay que sentir, y como tiene manejarse adentro y afuera de la cancha. También me identifiqué mucho con San Lorenzo en las dos etapas que estuve. No voy a nombrar los 29 clubes, por la mística de algunos y por mi rendimiento, termino nombrando ocho o nueve: Rosario Central, Botafogo, los Dorados de Culiacán, los Tecos de Guadalajara, el Santa Tecla porque encontré que andaba buscando lo que yo podía aportarle, y hay un club por donde tuve un paso cortísimo, pero lo disfruté desde el punto de vista de lo que representa poder valorar lo que significa el jugador uruguayo.

-¿Cuál fue?

-Central Español.

-Lo que aprendí y crecí en esa experiencia de tres meses en Central Español, porque fue algo que nunca lo había vivido, ya que Defensor tiene todo: entrenábamos con las ganas que tiene uno que está en el Bayern o en el Manchester, era como si tuviéramos la final del mundo en el partido que nos tocaba el fin de semana, y resulta que los muchachos después se sacaban el disfraz de futbolista y tenían que ir a trabajar, incluso con muchos problemas económicos porque tenían deudas grandes. Ellos me transmitieron la pasión de lo que es ser jugador uruguayo. Es un club al que le tengo cariño, ahora que estaba peleando el descenso yo ‘hinchaba’ para que no bajaran, porque lo que viví en Central Español fue fantástico. Te voy a decir más…

-Si.

-Eso me afirmó lo que es siempre mi mensaje a los jóvenes: a la hora de ponerse la camiseta, no hay 40.000 personas, no hay flashes, no hay cámaras, vas a jugar el partido más importante, en el que tenés que dejar la vida, donde también tenés que dejar la mejor imagen, porque no sabés si no es ese el que puede catapultarte. Por eso siempre le digo a los jóvenes que por ahí dicen: “Me encantaría jugar allá”. No, no pienses en llegar allá si capaz que todavía no diste lo mejor acá. A mis hijos les digo lo mismo, cuando me dicen: “Ah, papá…acá las canchas son horribles, puras patadas, puros pelotazos…” Y yo les digo: “Disfruten esto, porque después se van a cag… de la risa cuando lleguen a la otra etapa”. Le tocó vivirlo a mi hijo ahora cuando jugó en la selección (juvenil) de México: volvió deslumbrado.

-¿Ah, sí?

-“Pah’…papá, nos llevaban el desayuno y la ropa al cuarto, nos vendaban, las canchas eran espectaculares, ¿y sabés una cosa?, el técnico de México me pedía que me moviera, que me desmarcara, que pivoteara, que hiciera diagonales, que llegara al área, y acá en el Uruguay me piden que luche, que presione al 5, que marque a lo centrales, y después cuando tenga la pelota que ataque”. Entonces, yo le digo: disfrutá esto, es la idiosincrasia, ¿por qué nos vienen a buscar desde el exterior?, porque el uruguayo tiene eso y, además, la virtud de adaptarse rápido a lo otro; por ahí, por la forma como se crían ellos, porque tienen todo o tienen otra idiosincrasia, vos terminás ganándote el puesto, porque tenés la técnica que tienen ellos, pero a ellos les falta el amor propio y la rebeldía que te dan las condiciones en las que se juega el fútbol uruguayo.

-¿Cúal fue el entrenador que más te potenció?

-Los que me potenciaron en lo global, futbolista en todo sentido, adentro y afuera de la cancha, en eso de que el fútbol son 24 horas y no las tres que estás entrenando, te nombro al “Cholo” Simeone, Juan Manuel Lillo, Manuel Pellegrini, Hugo De León, Daniel Passarella, Roberto Saporitti, Gustavo Munúa y el maestro Tabárez. Con otros que también me identifico, son Caio Junior, que en paz descanse, fue el entrenador del Chapecoense; Juan Ahuntchain, y hay uno más, pará…Miguel Ángel Russo. Con todos esos entrenadores me identifico por todo lo que veníamos hablando: la metodología, entender que hay que entrenar en pos de lo que el equipo quiere y buscando el objetivo del fin de semana, y el manejo del grupo; estos que te nombré, tenían todo eso. A mí como entrenador me encantaría tener el 30% de lo que tenían ellos para poder desarrollarlo.

-¿Y cuál fue el entrenador que más te perjudicó?

-Bueno, mirá…así como de cada uno de los entrenadores que tuve fui anotando en una cuadernola lo que yo creía que me podía servir el día que fuera técnico, en esa misma cuadernola, pero del otro lado, en rojo, fui apuntando lo que me parecía que ellos hacían y yo no debía hacer. Así que anoté cosas de muchos, pero el que no me gustó para nada fue uno que tuve en Botafogo: Oswaldo De Oliveira. Hablaba conmigo, me decía que me quería en el equipo, me daba para adelante, pero después me enteré que por atrás decía otra cosa, tratando de dividir el vestuario para sacarme, cuando en realidad lo que él quería era jugar con un solo punta y dejarme en el banco. Si hubiera venido y me lo hubiese explicado, yo no le hacía ningún problema, si el entrenador es el que manda; pero él prefirió hacerlo de otra manera: fue falso.

-¿La ciudad del extranjero que más disfrutaste?

-Es difícil que nosotros como familia pasemos mal en alguna ciudad, porque somos muy abiertos, muy sociales, somos muy de no trasladar nuestra cultura al país que vamos sino que nos adaptamos rápido a la cultura local porque es la mejor manera de disfrutar, pero por un mix deportivo y social te digo: Buenos Aires, Río de Janeiro, Monterrey, Rosario y Guadalajara. Eso desde el punto de vista familiar, porque a El Salvador fui solo, y me trataron fantástico.

-¿Algo que hiciste y no volverías a hacer, o lo harías distinto?

-No es algo de no volverlo a hacer, porque yo creo que si las cosas que uno hace después salen mal son un aprendizaje, porque las situaciones del fútbol suelen reiterarse más adelante. Pasa que yo soy muy pasional y muy poco racional. Siempre le digo a (Diego) Forlán: “Vos tendrías que tener un porcentaje de lo mío y yo debería tener bastante de lo tuyo”; porque él es muy racional y poco pasional. Por eso las decisiones de Diego casi siempre son muy buenas y a veces las decisiones mías, aunque no me quejo porque son decisiones mías y nadie me llevó a tomarlas, son muy malas.

-Entonces, según eso…

-Si en el día de mañana me llama (Eduardo) Ache de nuevo y me dice como me dijo en 2013, “te precisamos en el club en este momento”, lo volvería a hacer porque como hincha de Nacional no me interesaría dejar el muy buen contrato que tenía en Botafogo, pero me doy cuenta que en aquel entonces debí analizar mejor el momento político del cual me desayuné recién al estar acá, porque en las etapas anteriores en las que yo había estado eso no hubo tanta grieta política. Yo tenía que haberme preguntado: “Quiero volver, quiero estar en el club, pero… ¿me conviene meterme en esta picadora de carne?, porque fue lo que pasó: me usaron paran para picar la carne”. Ojo, por mi forma de ser, no dejaría de venir, pero tomaría ciertas precauciones, porque de todo lo lindo que viví en Nacional, ahí no la pasé bien, no disfruté esa etapa.

-¿Algo que te hubiera gustado hacer y no lo conseguiste?

-Jugar en la selección mayor de Lavalleja y jugar en Trouville. Jugar en la selección de Lavalleja se va a dar, porque hoy los reglamentos te permiten jugar, por lo menos un partido oficial de la Copa Nacional de OFI. Ahora a nivel de basquetbol, no se si lo de Trouville se va a poder; están los cupos de foráneos, todas esas cosas que inciden en la temporada…imaginate que ahora por ese tema de cupos no se le pudo dar la posibilidad a Joaquín Izubejeres de retirarse en el club pese a todo lo que fue como basquetbolista, así que por un capricho mío de querer jugar un partido oficial con Trouville no van a dejar un espacio que para ellos puede ser importante.

-¿El defensa que mejor te marcó?
-El que mejor me marcó, o al que le tenía miedo de verdad, porque en esto uno no tiene que andar con ningún tipo de vergüenza, fue Víctor Hugo Sotomayor, porque era un zaguero duro, de los de la vieja guardia, y sobre todo porque cuando pegaba era para que vos después siguieras con el ala medio caída y tuvieras dificultades para seguir jugando.

-Era zaguero de Vélez Sarsfield.

-Sí, cuando con San Lorenzo íbamos a enfrentar a Vélez, yo ya no pasaba cómodo en la semana, porque sabía que lo iba a tener a él, y que uno como 9 siempre está de espalda. Aparte, no había cámaras, y eran de aquellos arbitrajes de “eso es fútbol, te doy, me das y queda ahí adentro”. Por todo eso, Sotomayor te aflojaba la calavera. Además, se usaban tapones de aluminio 15, bien brillosos, te abrían la media, y él era de los zagueros que te miraban con cara de perro y ni te contestaban, no había un diálogo para decirle: “¡Ché, ta’…aflojále!” Sólo esperaba que terminara el partido para decir: “No me cortó la carrera”, porque en cualquier momento podía lastimarte. Si te cuento una cosa, no la vas a creer…

-¿Qué?

-Cuando él (Sotomayor), que estaba jugando en Talleres de Córdoba, anunció que se retiraba, yo había vuelto a San Lorenzo e hice un asado con amigos en mi casa. Era la alegría de no tener que volver a enfrentarlo. Además, por una fricción que habíamos tenido en un partido, yo sabía que él me estaba esperando, porque era de esos zagueros que se las guardaban y esperaban el momento para cobrártelas. Era duro, bah…esa pareja de zagueros de Sotomayor y Trotta fue de las más duras de todas las que he enfrentado.

-Y eso que jugaste en Europa.

-Bueno, ¿ves? Otro con el que sufrí fue “La momia” (Jaap) Stam, un holandés que medía 2,03, tenía lomo de fisiculturista y jugaba en la Lazio. No me dejaba mover. Me juntaba con los brazos, quería empujarlo y era como empujar una columna; y en los saques de arco, mi arquero sacaba, yo iba a saltar y cuando quería acordar, era una topadora que te pasaba por arriba, te cabeceaba, te chocaba…

-Terrible.

-Además, me acuerdo que fuimos a jugar un amistoso en Estados Unidos contra la Lazio, y el entrenador nuestro era un holandés que me gritaba que fuera a chocarlo para que la pelota quedara más sucia, y yo pensaba para mí: “¿Por qué no venís a chocarlo vos, sabés lo que es chocar a esta mole?” Para peor, yo me quería cambiar para el lado del otro central, y en el momento que el arquero sacaba de arco, él cambiaba conmigo, entonces… ¡no tenía chance!

-¿Un arquero “embrujado”, al que te costó hacerle goles?

-El “Mono” (Germán) Burgos. Tan es así, que hasta hay una jugada histórica que salió en España, “el gol de Abreu” se llama: lo gambeteo, hago terrible jugada, quedo de cara al arco para hacer el gol, me resbalo, y con la desesperación de que la pelota se iba a ir afuera, arranco a gatear en el área chica para ver si puedo llegar a empujarla, y no hubo caso. ¡Nunca pude hacerle goles a Burgos! Tampoco pude hacerle goles a River; le hice a Boca, a San Lorenzo cuando jugué en contra, a Independiente, a Racing, pero a River nunca le pude hacer un gol.

-¿Una “locura” que no volverías a hacer?
-Para mí, no termina siendo “locura”, sino una de esas decisiones pasionales y no racionales. No sé si estuvo bien o mal, pero fue lo que yo sentí: cuando la Real Sociedad (2009) me quiso extender el contrato por mucho tiempo, porque me había ido muy bien, y yo por respeto, lealtad o compromiso con Juan Manuel Lillo, que fue el entrenador que me había llevado y al que la Real Sociedad no le renovaba el contrato, dije que si no le renovaban a Lillo yo me iba con él. Creo que si me hubiera quedado, hasta hoy estaría disfrutando.

-Muy fuerte.

-Sí, porque, además, el entrenador que agarró fue Lasarte. Martín vino acá, a casa, y me dijo: “Mirá que yo te quiero, sos el 9 que preciso”, y aparte él ya me había tenido en Nacional, donde fuimos campeones uruguayos. Hablamos de todo, lo interioricé de lo que era el club, pero lo dije: “Martín, no sé si está bien o está mal lo que estoy haciendo, pero yo pienso de esta manera”. Y me mantuve en lo que pensaba. Con el paso del tiempo, creo que podía haber hablado con Juan (Lillo), porque tampoco él me lo había pedido, y seguramente él me hubiera dicho: “Quedáte, yo ya estoy feliz con tu actitud”. Además, por lo que se transformó la Real Sociedad después, hubiera sido seguir en la elite del fútbol en la forma que siempre me ha gustado.
-Jugador, entrenador, comentarista de fútbol y conductor de un programa de entretenimiento en la televisión… ¿nunca pensaste en ser, por ejemplo, intendente de Lavalleja?

-Muchos me han dicho eso: “Vos vas a ser intendente de Lavalleja”; pero te soy sincero, no comulgo, no veo la política como una opción de vida. Soy apolítico. No me identifico con la política, no es que le tenga rechazo. Cuando me dicen eso, trato de visualizarme, y…es bravo, porque vos estás poniendo en juego tu apellido, tu imagen, pero no es lo mismo que como entrenador.

Como entrenador estás con tu gente de confianza y todos te respaldan. En ese otro caso, hay mucha gente y con muchos intereses…y, seguramente pases momentos tristes y malos, ya sea por que te etiqueten o porque te enchastren, con cosas que tal vez ni te enteraste o de las cuales ni participaste, y por las que la intendencia termina siendo la afectada. Si uno pudiera manejar todo el grupo humano, decir “bueno, esta es toda la gente que va a trabajar a mi lado”, los profesionalizás y sabés que te van a cubrir la espalda, para desarrollar una idea sería bárbaro; pero eso en política no pasa, y no sólo en la política no pasa.

-¿A qué te referís?

-A los clubes de fútbol de grandes masas.

-¿Por qué?

-Porque una de las cosas que le han hecho mal a esos clubes es la política interna; la política ha generado que se cancelen proyectos por decir: “No le podemos dar continuidad a lo que hizo otra directiva, sino van a decir que lo que hizo la otra directiva era bueno y nosotros aprovechamos lo que otros hicieron en el pasado”. En el caso de Nacional, por ejemplo, de no haber sido como te digo, podía haber seguido Munúa, y podía haber seguido el “Cacique” Medina, porque se palpaba que con tiempo iban a hacer algo importante.