Carini: el golero que lijó ataúdes y también peleó para traer vida

Por: Diego Domínguez

Deportes

18/08/2019 20:17

Carini: el golero que lijó ataúdes y también peleó para traer vida

EFE

El ex arquero celeste tiene una historia de vida donde se dan cita los desafíos y las ganas de demostrar que no existen imposibles.

En 1979 nació quien tiene un importante historial europeo en su espalda y es recordado como un gran guardián de la selección uruguaya durante varios años.

Con una madurez marcada por el “partido” más difícil que sufrió en 2014 fuera de las canchas, una cuota de humildad característica, y un aprendizaje diario como padre de dos hijos, Héctor Fabián Carini protagonizó una de las mejores carreras que podría soñar un arquero uruguayo.

Debutó en Danubio con 17 años contra Nacional. Se fue a Juventus con 21. Jugó en Inter, Cagliari, en países como Bélgica, España, Brasil, Ecuador y fue arquero de la selección uruguaya por casi 10 años.

“El Facha” es un tipo sencillo y sincero. Reconoce que no le agrada del todo el apodo por lo “agrandado que puede parecer”, aunque a esta altura ya está acostumbrado y si alguien lo llama de esa manera “se tiene que dar vuelta”. Es alguien tímido y humilde que no saca cartel de haber jugado con figuras como Zinedine Zidane, Alessandro Del Piero o Gianluigi Buffon.

Con unos Puma "Borussia" negros en sus pies, guantes de “pelotitas negras” —similares a los de una moto— y rodilleras, jugó gran parte del baby fútbol. Empezó en el club Nuevo Amanecer a los ocho años y la cancha le quedaba a dos cuadras de su casa. En sus inicios, jugaba como número nueve (centro delantero) y disputó varios partidos en esa posición hasta que un día faltó el arquero.



Según relata, le ofrecieron el puesto a él únicamente por ser el más alto del equipo. Desde ese entonces, sin saberlo y sin querer, alguien que lloraba por cada gol que recibía y juntaba “montañitas de tierra” con los delanteros rivales iniciaba una extensa carrera bajo los tres palos.

Con una enorme pasión deportiva arraigada desde chico, jugaba al basketball en el Club Malvín y tenía un punto fuerte para ese deporte: la altura. Sin embargo, se cruzaron sus horarios y sin saber por qué, optó por jugar únicamente al fútbol.

Con 10 años, se enfrentó a Danubio y luego de empatar 3-3 en un torneo amistoso, lo llamaron para que se incorporara al equipo de La Curva. Impulsado por el fanatismo de su padre, comenzó una nueva etapa en el club que lo formaría como jugador hasta los 21 años.

Mientras tenía el sueño de llegar a la primera división de Danubio, jugar en Peñarol —club del que es hincha— y en la selección mayor, tuvo que trabajar para una funeraria al lado de su casa durante ocho meses.

Allí lijaba cajones, los sacaba al sol y los pintaba. ¿El motivo? Había abandonado el liceo y estaba únicamente enfocado al fútbol, por lo que sus padres le pidieron que trabajara.

Describe esta experiencia como “algo que le sirvió para madurar y para saber que la vida no es tan fácil como uno cree”.

Al mismo tiempo que estos aprendizajes lo formaban como persona, el Danubio Fútbol Club junto a la selección uruguaya de fútbol, se encargaban de formarlo como jugador. Con tan solo 17 años, debutó en Jardines del Hipódromo ante Nacional y desde los 15 estuvo citado a las juveniles de la celeste.

Su carrera empezó tildada de grises. En su debut, en 1997, recibió el único gol de aquella derrota danubiana ante tricolores y luego estuvo un año sin jugar como titular hasta que se incorporó Jorge Fossati como director técnico. Lo propio sucedía en la selección, ya que fue citado al Mundial Sub-20 de Malasia, pero no contó con oportunidades para disputar un solo minuto.

Sin embargo, Carini tuvo revancha. Dos años más tarde, sus grandes actuaciones lo llevaron a estar convocado al Mundial Sub-20 de Nigeria —donde fue elegido como el mejor arquero del torneo—. Disputó la Copa América con la selección mayor ese mismo año y terminó afianzado como titular en el arco de “La Franja”.

A ese crecimiento futbolístico lo acompañó el hecho de conocer a alguien que lo involucraría en el partido más díficil de su vida. Cuando retornaba de un preolímpico con la selección, cruzó miradas en el aeropuerto con Virginia Ferreira.

La semana siguiente fue citado a una entrevista en el Bar Tabaré y volvió a encontrársela. Fue así que “El Facha” hizo uso de su apodo y le pidió al mozo que le arrimara un jugo de naranja a la muchacha, para dar comienzo a una historia amorosa que ya tiene 20 años.

A una temprana edad, el nacido en Montevideo, parecía haber cumplido sus sueños. Lo tenía todo, había debutado en la primera de Danubio, continuaba convocado a la selección e incluso había conocido a alguien que lo iba a acompañar en su camino.

Sin embargo, el Carini de aquel entonces parecía ser un total desconocedor de lo que estaba por venir. En medio de su cumpleaños número 21, recibió un llamado de parte del mano derecha de Paco Casal —Daniel Delgado— que le comunicó que el primero de enero se iba para Italia a jugar en la poderosa Juventus de Turín.

El joven, "enloquecido", se lo comentó de inmediato a sus padres y juntos se largaron a llorar de la emoción.

Su inconsciencia de aquel entonces, hizo que todo le pareciera natural y que no tomara dimensión del presente por el que estaba pasando: con sólo 21 años vivía en Italia junto a su novia, y al mismo tiempo practicaba al lado de los mejores del mundo.



A partir de allí, su carrera caminó a pasos agigantados y, posteriormente, transformó en realidad esa visión que tenía un compañero de la funeraria en donde trabajaba, quien a los 14 años le dijo: “Según mis cálculos, tendrías que jugar el Mundial del 2002”.

Luego de cumplir uno de sus sueños desde chico —jugar un Mundial de fútbol con la selección mayor— se fue al Standard Lieja de Bélgica, ya que en la Juventus no contaba con demasiadas oportunidades. Pese a que su desempeño en el Campeonato del Mundo no había sido el que esperaba, lo único que mantenía motivado a Fabián en ese entonces era que cada dos o tres meses tenía eliminatorias con la selección.

Sin demasiadas expectativas en lo deportivo, pero mucho más lejos de lo que se imaginaba llegar desde chico, partió hacia un equipo que luchaba por mantenerse en la primera división del fútbol belga. Recibió “apretones” de la hinchada, vivió en carne propia lo eufóricos que eran Los Ultras, pero lo sorprendió para bien el país y pasó una de las mejores etapas de su carrera tanto a nivel futbolístico como personal.

Si bien es alguien tranquilo y que disfruta de estar en su casa, en ese entonces supo aprovechar las actividades que le brindaba Europa. Solía recorrer el centro junto a su pareja, jugar al bowling o visitar cafeterías.

“Te tomabas el tren bala y en una hora estabas en París. Tenías a 150 kilómetros Eindhoven y a 25 kilómetros Maastrich —una muy linda ciudad alemana—. Eso es de las cosas más lindas que recuerdo de estar allá”.

En ese recorrido tuvo la oportunidad de compartir vestuario con estrellas como Figo, Adriano, Materazzi o Zanetti, ya que luego de tres magníficos años en el Standard, el Inter de Milán le realizó una oferta que no dudó en aceptar. La confianza que tanto menciona “Fabi” lo ayudó a estar a la altura porque si bien debutó en un día gris, con mucho frío y nieve, terminó siendo el iluminado de esa tarde cuando a raíz de la expulsión de Toldo —el arquero titular—ingresó y atajó un penal.

La recorrida por Europa duró hasta 2009 y tuvo dos episodios más: el Cagliari de Italia y el Real Murcia de España. Tras dos pasos bastante apagados por ambos clubes, haber quedado afuera del Mundial 2006 y terminar en el cuarto puesto de la Copa América 2007, las expectativas de “El Facha” se volcaron hacia Sudamérica. Primero probó suerte en el Atlético Mineiro y luego en Peñarol. Fue en este último donde alcanzó la final de la Copa Libertadores 2011, donde los carboneros cayeron por 2-1 ante el Santos liderado por Neymar.

El flamante arquero charrúa se mantenía firme mentalmente, aunque no así en cuanto a cuestiones físicas. Debido a las lesiones por las que pasaba en ese entonces, jugó tan sólo 14 encuentros en el Mineiro y 31 en Peñarol. Sin embargo, su espíritu luchador estuvo presente en la última etapa de su carrera, donde a medida que pasaba un año jugaba más partidos que en el anterior.



Equipos como Deportivo Quito de Ecuador y Juventud de las Piedras se dieron el lujo de tenerlo durante los últimos cuatro años de su carrera profesional. Fue, precisamente, en este último donde se retiró con la valla menos vencida del Campeonato Uruguayo Especial.

En abril del 2016, “El Facha” le dijo adiós al fútbol. Su retirada llegó tiempo después de lo previsto ya que tenía pensado dejar en 2014, a los 35 años. A esa edad le tocó jugar el partido más difícil de su vida: le dijeron que Virginia —su esposa— tenía un 50% de probabilidades de morir o quedar con secuelas graves. Ella se encontraba embarazada de 20 semanas y mientras estaban en Punta Ballena, comenzó a sentir un dolor de cabeza que “nunca en su vida había tenido”: se trataba de una aneurisma cerebral. Con cabeza agacha y en un tono sincero, admite que “es algo que no se lo desea a nadie”.

A la situación de Virginia se le sumaba la frustrada búsqueda de su primer hijo. Tras buscarlo por más de ocho años parecía que ese sueño de la pareja iba a tener que esperar. Allí, se dio cuenta de que el amor es mucho más fuerte que el fútbol. Debido a la desafortunada situación de su esposa se mantuvo al margen de las canchas y tenía decidido el retiro.

Pero, ¿qué fue lo que ocurrió que continuó su carrera y se retiró dos años más tarde? Tras pasar noches sin dormir y recibir comentarios de Virginia propios de su padecimiento, ella logró recuperarse y quedó sin secuelas. Ese golpe en la vida del ex arquero de la selección tuvo un final feliz, y fue así que ella junto a su hijo lo motivaron para que continuara su carrera y se retirara en donde más lo merecía: una cancha de fútbol.



Además de retirarse con la frente bien alta —reiteramos, terminó con la valla menos vencida del torneo—, a Fabián y Virginia los premió la vida por segunda vez cuando en 2016 tuvieron a Luca, su segundo hijo.

A la edad de 39 años, “El Facha” disfruta de su hogareña y tranquila vida en la zona de Carrasco, como esposo y como padre de dos hijos varones. Trabaja en la mesa de Fox Sports Radio, pero lo hace de manera desconstracturada, ya que hace tres años “se sacó una mochila de encima” al dejar a un lado la responsabilidad futbolística.


https://diegodominguezuy.wordpress.com/2019/07/08/fabian-carini-y-su-partido-mas-dificil-fuera-del-futbol/