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Deportes

16/08/2019 11:18

Alejandro Capuccio: un técnico al que le sobran y faltan títulos

Por: Jorge Savia

El DT de Rentistas, actual líder de la Divisional “B”, también es profesor de educación física, abogado y escribano.

Alejandro Capuccio: un técnico al que le sobran y faltan títulos

Gentileza: Tenfield.com

Si alguien en este momento afirma que Rentistas es el líder de la Segunda División Profesional (“B”) con ocho partidos ganados, dos perdidos y dos empatados, y se perfila con buenas posibilidades de lograr el ascenso a la categoría superior del fútbol uruguayo porque -entre otros motivos- cuenta con un entrenador “fuera de serie”, no peca de exagerado.

Es que la formación y personalidad de Alejandro Capuccio guarda ciertos puntos de contacto con ilustres colegas de nombradía mundial como el argentino Carlos Salvador Bilardo, el chileno Manuel Pellegrini, el venezolano Richard Páez y los colombianos Gabriel Ochoa y Francisco “Pacho” Maturana.

Claro que sería irreverente comparar la trayectoria futbolística de estos últimos con la del actual técnico de Rentistas que, con 43 años y cumpliendo su primera experiencia como entrenador de un plantel principal, parece tener por delante muy promisorio camino a recorrer en el ámbito del fútbol, donde los títulos mandan; con la cruda particularidad de que en este caso esos “diplomas” sólo se obtienen adentro de la cancha.

Sin embargo, en alguna medida, Capuccio ostenta ya un diferencial por sobre los médicos Carlos Salvador Bilardo, Gabriel Ochoa y Richard Páez, el ingeniero Manuel Pellegrini, y el odontólogo Francisco Maturana: es entrenador de fútbol, profesor de educación física, escribano y abogado.

“De mañana trabajo en Rentistas, de tarde acá, y de noche doy clases de planificación en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) dos veces por semana”, cuenta el entrenador a ECOS en su estudio de Eduardo Acevedo y 18 de Julio, frente a la Universidad. Antes, con una sonrisa complacida y socarrona, comenta que “en los ratos libres" hace de Uber de sus tres hijos varones de 4, 9 y 12 años.

Hijo, a su vez, de un odontólogo y una maestra y socióloga, Capuccio confiesa que “en principio iba a hacer profesorado de historia", porque le encantaba pero también siempre le gustó el derecho y tenía "clarísimo" que quería ser escribano y abogado.

Recuerda que en 2000 obtuvo el primer título y en 2003 el segundo, aunque precisa que ahora no ejerce como abogado porque no le da el tiempo. "vivo del notariado”, dice.

En diciembre de 1998, el hoy técnico de Rentistas se recibió como profesor de educación física tras haber realizado el curso correspondiente durante tres años. Siete años después obtuvo el diploma de entrenador de fútbol, que no le insumió tanto tiempo “porque sólo tenía que revalidar tres materias, la mayoría son las mismas en los dos casos”.

El fútbol siempre parte importante de la vida de Capuccio; igual que los libros, aunque como jugador haya tenido limitantes de las que no reniega ni muestra frustración, sino solo las detalla: “De 1990 a 1995 hice las formativas en Nacional, desde Séptima a Tercera, y era buen zaguero…en los clásicos de juveniles en aquellos años enfrenté a (Antonio) Pacheco, Gonzalo De los Santos, (Nicolás) Rotundo, Martín García y (Federico) Magallanes, y era buen zaguero, pero medía 1,70, así que no iba a llegar a Primera, lo tenía claro”.

“Cuando vi que le renovaban contrato a (Humberto) Grondona (argentino, hijo de Julio, por entonces presidente de la AFA), me fui porque ‘Humbertito’ (DT de juveniles en Nacional) me dejaba siempre en el banco”, señala,

Aunque, paralelamente, siguió en “otro” Nacional. “El profesor César Santos me quería llevar a Defensor y Heber Soler a Wanderers, pero yo ya había entrado en primero de Facultad de Derecho y me atrapó la invitación que me hicieron para ir a jugar la ‘Dallas Cup’ en Estados Unidos con Nacional Universitario”, agrega.

En 1999 Capuccio no sólo jugaba en la Primera División de Nacional Universitario, sino que también dirigía a la Sub 20, y fue en julio de ese año cuando, pese a que Miguel Puppo lo había llevado como preparador físico a la Tercera de Fénix, se produjo un combo de situaciones que le cambiaron la vida; o le indicaron un camino distinto al que había tomado.

“Me di cuenta que a mí lo que me gustaba era dirigir. Tanto la selección mayor de Uruguay como las juveniles de Argentina venían a veces a entrenar al complejo de Nacional Universitario, porque las canchas estaban espectaculares, y ahí tuve la oportunidad de conversar horas con (José) Pekerman, (Daniel) Passarella y (Carlos)Bilardo. Y hubo algo que terminó de despertar en mí el bichito de la pasión por el aspecto táctico”.

Ese click definitivo -al menos interiormente- se produjo en julio de 1999, cuando Nacional Universitario hizo una gira por Europa y jugó la “Gothia Cup” en Gotemburgo, la capital sueca. “Uno de los premios que ganamos fue conocer a (Sven Goran) Eriksson”, que fue entrenador de las selecciones de Inglaterra, México y Costa de Marfil, y dirigió a clubes como Benfica, Manchester City, Leicester, Roma, Fiorentina y Lazio.

“Estuvimos horas hablando con Eriksson, y para mí aquella charla fue removedora, fantástica. En ese momento nos habló de conceptos que fueron y son la base del estilo de (Pep) Guardiola muchos años más tarde”, recuerda Capuccio.

Con aquel bagaje, el hoy entrenador de Rentistas empezó a transitar un nuevo camino dentro del fútbol. “(En 2011 ) el presidente de Wanderers Guillermo Raggio, me llevó a las formativas porque me conocía del San Juan Bautista, donde yo había dirigido cinco años en la Liga Universitaria. En 2013 el profesor José Tejera (preparador físico de Uruguay en la Copa América de 1995) me llevó a la Cuarta División de Juventud de Las Piedras, y en 2014 pasó algo que me dio otro espaldarazo”.

A Capuccio aquel año le confiaron la dirección técnica de la Sub 16 (Quinta División) de Fénix. “Como había grandes jugadores, entre ellos ‘Leo’ Fernández, le cortamos un invicto de 48 partidos a Peñarol, salimos vicecampeones uruguayos y para 2015/2016 Juan Ahuntchain me llevó a la Sub 15 (Sexta División) de Peñarol, donde tuve a chiquilines como (Ezequiel) Busquets y (Facundo) Pellistri".

"Pasé dos años muy lindos, porque ganamos clásicos que hacía un tiempo que esa categoría no ganaba y, además, porque yo había hecho todas las formativas como jugador de Nacional y me resultó enriquecedor sentir lo qué era vivir desde la vereda opuesta los partidos de esa clase”, asegura.

En ese marco, el técnico de juveniles pudo quedarse en Peñarol, pero otra vez se cruzó Wanderers. “El presidente, Jorge Nin, me invitó a dirigir la Cuarta División, lo consulté con Ahuntchain. Él me dijo: ‘Si querés llegar a trabajar algún día en Primera División, andá porque vos nunca fuiste jugador de Peñarol, así que acá desde abajo va a ser difícil que lo hagas”.

En 2017, Capuccio dirigió la Cuarta de los bohemios, aunque con el horizonte iluminado por la posibilidad de que cuando se fuera Jorge Giordano, entrenador del equipo principal, podía llegar a subrogarlo. No fue así, Wanderers contrató al exdirector técnico de Plaza Colonia Eduardo Espinel.

Por eso, se marchó para su casa y al estudio notarial, hasta que en setiembre de 2018 apareció Rentistas. “Me plantearon como único objetivo ir conociendo el club para, ya con un plantel elegido por nosotros, arrancar de cero este año”, sostiene.

El arranque no pudo ser mejor. Capuccio está cumpliendo su primera experiencia como entrenador de un plantel principal y Rentistas es el líder de la “B” con serias aspiraciones de ascender a la “A”.

Esto de la mano de quien se define afín al estilo del revulsivo Guardiola, pero no maneja formas de trabajo ni planteos tácticos fundamentalistas. “El modelo de mis equipos se basa lo que se llama ‘el juego de posesión’, que es un juego combinativo, asociado, que intenta jugar en el campo contrario y trata de reaccionar ante la pérdida de la pelota en el mismo lugar que la recupera el adversario”, explicó el técnico de los “bichos colorados”. Pese a esto, puntualiza que “como a veces los rivales llevan al equipo a defender duro, hay que hacer transiciones rápidas”.

“Yo creo que cuando el equipo contrario me lleva contra mi arco, si tengo la posibilidad de tener la pelota, puedo jugar de contragolpe con transiciones rápidas; es lo que se llama juego de posición”, afirma el entrenador.

Ahora le falta una reválida adentro de la cancha, esa difícil mesa de exámenes que sólo aprueba cuando un entrenador consigue buenos resultados.