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opinion

22/05/2019 11:15

La estética es tétrica

Por: Miguel Ángel Campodónico

Opina Miguel Ángel Campodónico*

La estética es tétrica

Publicado: 22/05/2019 11:15

La colocación de bancos estrafalarios en la Plaza Zabala da lugar para encarar el tema desde un punto de vista que entre nosotros no es considerado: la estética.

Es necesario mencionar la descabellada tarea de romper la concepción primitiva de aquella plaza que data de fines del siglo XIX para agredir el estilo original.

¿Qué hacen ahí esos catafalcos implantados con fórceps en un emblema de la Ciudad Vieja que nos habla de la historia de Montevideo?

Aparecieron como quistes nacidos por generación espontánea decididos a destruir la estética del lugar.

Se explicó por las autoridades que se trata de lo que llamaron “áreas de descanso”.

Si la finalidad fue buscar que los peatones descansaran también podrían haber implantado cuchetas o algún otro mueble apropiado para dormitar.

En general, la estética siempre se olvida, no se procura la belleza, se cultiva lo que podría llamarse “estética de la inoportuna fealdad”.

Montevideo tiene magníficos ejemplos del interés que despertó en otros tiempos la búsqueda de la utilidad unida a la belleza. El Parque Rodó, el Parque Batlle, el Prado con su rosedal, el Parque Rivera, son espacios verdes realizados con talento y sensibilidad de artista.

Fuentes, lagos, monumentos (descuidados por la intendencia) atraen la mirada. El Parque Batlle alberga, además, una pequeña ciudad deportiva con el Estadio Centenario, el Velódromo y la Pista de Atletismo.

Contemporáneamente hay dos ejemplos que hablan de lo contrario. La Plaza Primero de Mayo y la Plaza Líber Seregni son muestras claras del olvido de la estética.

En el último ejemplo, además, durante su construcción se llegó a poner un disparatado cartel que decía “Primer Parque Urbano”, como si eso pudiera considerarse realmente un parque. A lo que debe agregarse que si lo fuera solamente un habitante de otro planeta podría afirmar que fue el primero de la ciudad.

En ambos ejemplos golpea con fuerza el gris del hormigón, son parques, plazas o como los denominen que nada tienen que ver con los verdaderos parques ya mencionados orgullo de la ciudad.

Se sostiene que aquellas “áreas de descanso” se hicieron respetando las ideas del urbanista danés Jan Gehi. Una cosa es compartir una idea y otra es concretarla con hechos que la confirmen. Nada más alejado de esa finalidad que instalar mastodontes en cualquier lugar.

No está mal invocar a un especialista extranjero, pero también sería plausible que se recordara el valor de los paisajistas que entre nosotros nos legaron una mirada del paisaje aplaudida internacionalmente

Todos los intendentes de Montevideo del Frente Amplio se las arreglaron para viajar a numerosos países. Tanto Tabaré Vázquez, como Mariano Arana (en dos períodos), Ricardo Ehrlich, Ana Olivera y Daniel Martínez, observaron lo que se hace en otros lados.

De Mariano Arana en un recordado grafiti llegó hasta decirse que había viajado más que Marco Polo.

Sin embargo, al parecer ninguno asimiló lo que les pudo servir como ejemplos de la estética paisajística a seguir en Montevideo.

Parece todavía peor que se ignore la extraordinaria trayectoria que han tenido paisajistas que desde el Uruguay llegaron a ser considerados en el exterior, por ejemplo, entre otros, Leandro Silva Delgado y Carlos Pellegrino.

Fueron auténticos paisajistas, no eran diseñadores ni estilistas ni decoradores. El paisajismo es mucho más que eso.

De sus ideas y enseñanzas no surge la idea de estropear gratuitamente los hermosos espacios públicos ya creados. Ellos nunca cultivaron la estética de la fealdad so pretexto de agredir con premeditación y alevosía el paisaje urbano.

El salteño Silva Delgado fue un paisajista que en Brasil se convirtió en uno de los alumnos predilectos de Burle Marx. Se graduó luego en la Escuela Superior de Paisaje de Versalles, en la que fue docente. Vivió durante muchos años en España, país en el que dejó una obra extraordinaria. Parte de ella fue la restauración del Real Jardín Botánico de Madrid, fundado por el rey Carlos III.

Fue el autor de El Jardín del Descubrimiento ubicado en su ciudad natal, mientras que en Montevideo realizó el jardín del Museo Nacional de Artes Visuales.

Carlos Pellegrino entre sus múltiples actividades obtuvo el doctorado en arquitectura y urbanismo en la Facultad de Arquitectura de San Pablo, Brasil. Fue profesor de parques y jardines en la Facultad de Agronomía e impulsor y coordinador de la licenciatura en planificación y diseño de paisaje. Además fue profesor de estética y sonido en Ciencias de la Comunicación.

El año pasado el concurso internacional para estudiantes de paisajismo y arquitectura paisajística llevó su nombre.

Siguiendo sus ideas y consultando los escritos de ambos se hubiera homenajeado su admirada labor creativa y docente.