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Sociedad

2/08/2020 19:38

Estudio demostró que los uruguayos aislados sufrieron más depresión y ansiedad

La emoción que más creció fue la preocupación.

Estudio demostró que los uruguayos aislados sufrieron más depresión y ansiedad

EFE

Depresión o ansiedad son algunas de las consecuencias que el distanciamiento social deja en la población uruguaya que, al aislarse, evita de la propagación del coronavirus, pero expande otro problema menos visible: los daños en la salud mental.

A pesar de que Uruguay es uno de los países con menos afectados por la pandemia en todo el mundo -con 1.278 casos (239 activos) y 35 fallecidos-, hay indicadores de depresión "gravísimos" y un aumento en el consumo de sustancias, según dijo el doctor en Psicología y docente de la Universidad de la República (Udelar), Hugo Selma.

A MAYOR AISLAMIENTO, MAYOR DEPRESIÓN

Un equipo de investigadores de la Facultad de Psicología de la Udelar liderado por Selma preguntó a 1.000 uruguayos sobre su salud mental, y un 37 % presentó síntomas de depresión, frente a la cifra habitual del 4,5 al 6 % que maneja la OMS, aunque esta podría estar inflada por las características técnicas de la encuesta, que fue digital y a demanda del encuestado, cuenta Selma.

En el estudio se encontraron que las personas que practicaron un aislamiento más estricto sufrieron síntomas "más severos" de depresión y ansiedad.

Además, casi un 10 % de los consultados registraron indicadores de riesgo suicida, "el problema de salud mental más grave que tiene Uruguay", indica el investigador. En 2019, 723 personas se quitaron la vida en el país, según datos de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE).

Aunque desde ASSE no han percibido un aumento de los suicidios durante la pandemia, las llamadas a la línea de prevención se triplicaron de marzo a junio respecto al mismo período de 2019.

APOYO EMOCIONAL AL OTRO LADO DEL TELÉFONO

Para contener la disparada de "sufrimiento psíquico", los profesionales tuvieron que reinventarse y hacer de la teleasistencia la nueva consulta, explica la integrante de la Mesa Ejecutiva de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay (CPU), Ana López Martirena.

"Lo primero que intentamos hacer es bajar la sensación de pánico, de desesperación", indica la psicóloga, que precisa que las personas con algún diagnóstico previo, así como niños y mayores, cuentan con "menos recursos" para afrontar el estrés que provoca la pandemia.

A mediados de abril, ASSE puso en marcha una línea telefónica gratuita de apoyo emocional atendida por 150 psicólogos voluntarios y cinco contratados que ha recibido más de 9.000 llamadas.

Por otro lado, también surgieron iniciativas solidarias para ayudar a sobrellevar esta situación, como la ONG Helpers, que comenzó como una ayuda de primeros auxilios pero que con el covid-19 decidió armar un departamento de apoyo emocional para ayudar en Uruguay y Argentina "a miles de personas", señala a Efe su fundador, Michael Rubinstein.

LOS TRABAJADORES, MÁS TRISTES Y PREOCUPADOS

La llegada del coronavirus a Uruguay supuso un cambio "inmediato" en la estructura emocional de los trabajadores, según los datos de Equipos Consultores.

De acuerdo con el estudio, la emoción que más creció fue la preocupación, que alcanzaba al 69 % de los trabajadores apenas una semana después de la declaración de la emergencia sanitaria, frente al 29 % que decía haberse sentido preocupado en los últimos días en 2019.

La tristeza, que aumentó un 23 %; la sensación de estar deprimido, que creció un 17 %, o el estrés, que se extendió un 23 %, son otras de las cifras alarmantes de este documento.

"De repente un día el mundo se dio la vuelta, se puso patas arriba. Había que actuar sobre eso y el bienestar emocional mostró también su fortaleza", apunta la socióloga y directora de Desarrollo Social de Equipos Consultores, María Julia Acosta.

Independientemente de que la pandemia no haya quebrado el sistema sanitario uruguayo, la sensación de tristeza, soledad o depresión sigue estando "muy lejos" de los valores previos a la llegada del virus, asegura Acosta, quien apuesta por una mayor disposición de recursos sociales y un involucramiento "más colectivo" para salir de esta crisis.

Por su parte, desde la Udelar confían en que la gente se vaya adaptando a "la nueva rutina" y llaman a "armar protocolos" e implementar "políticas públicas específicas" para los sectores más vulnerables por si se repite una situación así, señala el investigador Vicente Chirullo.

"No estamos ante una nueva normalidad porque no existe un estado igual a lo que nos estamos enfrentando", concluye Acosta.