Di Candia: "Montevideo está mucho más limpia de como la encontramos"

Por: Danilo Costas

Actualidad

12/04/2019 06:20

Di Candia: "Montevideo está mucho más limpia de como la encontramos"

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Christian Di Candia al momento de la firma: asumió como Intendente con 37 años.

El Intendente de Montevideo habló de los prejuicios por la edad, la lucha con ADEOM y los desafíos en limpieza, gestión y seguridad.

Christian Di Candia abre las puertas de su despacho e invita a pasar pero aún se siente visitante. Se acomoda en la silla que hasta hace algunas semanas pertenecía Daniel Martínez, ceba mate y mira para los costados. Aún no prendió la computadora de ese despacho y en los cajones duermen tarjetas con el nombre y el cargo de su antecesor.

Reconoce que aún trabaja en la computadora portátil que todos los días viaja de la comuna a su casa y que se está adaptando al despacho más importante del gobierno departamental. Lleva apenas un día como Intendente de Montevideo.

Con 37 años asumió el cargo tras una novela que incluyó a otros suplentes renunciando a la titularidad y recibió a ECOS para hablar de limpieza, seguridad, transporte, el conflicto con ADEOM y los desafíos que implica la política sin apellidos.

- Una vez que Martínez decide dejar el cargo la sucesión se volvió una novela. Se abrió un juego entre los suplentes donde ni Óscar Curutchet ni Fabiana Goyeneche quisieron aceptar el cargo por diferentes motivos. ¿No fue desprolijo el proceso que termina en su nombramiento?

- En algún momento pensé eso pero en estos últimos días me di cuenta de que el proceso fue muy transparente y la gente lo vivió así. No fue una discusión a puertas cerradas y Daniel (Martínez) vivió la sucesión muy tranquilo. Había tres en la línea y lo podía suplir cualquiera. Tan tranquilo estaba que una vez que supo con certeza quien lo iba a reemplazar él anunció su renuncia al cargo cuando se había pedido licencia al principio. Me dijo que renunciaba para dejarme la tranquilidad de trabajar con un año por delante y para dedicarse a la campaña de lleno.

- ¿Habló con los suplentes que decidieron no asumir el cargo?

- Óscar (Curutchet) es una persona del fútbol, entró a la gestión como presidente de Danubio y su intención siempre fue presidir la Asociación Uruguaya de Fútbol y Fabiana (Goyeneche) hizo una apuesta fuerte de ingresar a un sector político como Casa Grande que tiene una impronta de mujeres jóvenes, feministas y era muy difícil que la dejaran asumir la Intendencia y perderse todo el ciclo electoral. Las circunstancias se plantearon para que las opciones fueran Juan o yo y en lo personal estaba dispuesto a agarrar.

- ¿Pero el mensaje que se trasmitía hacia afuera no era como que nadie quería agarrar? Es raro que el titular renuncie al cargo y ninguno de los primeros dos suplentes asuma la responsabilidad que les toca.

- Daba esa sensación si de que nadie quería agarrar pero no sé como lo vivió la ciudadanía. Creo que a nivel de medios se vivió como una telenovela y está bien, yo en su lugar quizás lo vivía igual o peor. Acá la elección de la AUF se vivió con una intensidad que nunca pasó. Había una compañera de gabinete que decía 'yo solo se que existe Nacional y Peñarol y estoy escuchando voto a voto la elección de la AUF'. Se vivió así y lo vivimos con mucha naturalidad. En mi asunción estaban Fabiana y Óscar y les agradecí su gesto de renunciamiento. Óscar perfectamente pudo haber asumido porque le correspondía y como hizo una opción por el fútbol entendió que ahora no correspondía. Eso habla bien de él. La forma de generar equipos que tiene Daniel (Martínez) es excelente y ojalá lo pueda trasladar a la presidencia.

- ¿En un año y poco de gestión cual es el objetivo principal?

- El primero y más importante es llevar el buque a buen puerto y que todos los objetivos programáticos que diseñamos en 2015 y fuimos re-diseñando los podamos cumplir. Lo más importante es que el buque pase por dentro del bazar sin romper nada. Después es muy importante apuntalar un cambio cultural en la sociedad y es algo que traigo de mi cargo anterior. Creo que en todos estos años la Intendencia hizo cosas muy bien y no logramos que la ciudadanía tenga un grado de co-responsabilidad en temas de limpieza, tránsito y espacio público. Se debe entender que la ciudad es propia y sacarse el chip de que si un lugar es de todos no es de nadie. Asumimos la responsabilidad que no pudimos lograr ese cambio cultural. Intentamos llegar a los jóvenes pero también a los adultos, porque la primera educación es en la casa de cada uno.

- Parte de esa llegada a los jóvenes se da a través de las redes sociales donde es muy activo. ¿Le molesta que se generen ciertas polémicas vinculadas, por ejemplo, a su presencia en un boliche a la noche o a que se declaró como un consumidor de marihuana?

- El último desafío es intentar acostumbrar al sistema político a ver a gente menor de 40 años en un cargo de responsabilidad. No tengo nietos para cuidar, salgo con amigos o con alguna chica, me junto con mi madre a tomar un café o voy a algún bar. En las redes sociales todos tenemos un medio de prensa propio con un nivel de hipocresía muy grande y con límites morales bastante burdos. Puede que una persona trabaje 16 horas y a la noche salga a tomar algo o a comer con amigos y ya te señalan. 'Mirá donde está el Intendente'. Tengo derecho a salir, a tomarme una cerveza con amigos y a comer donde quiero. Esas actividades están perdonadas si sos un tipo mayor a 60 años. En los jóvenes y en las mujeres aún hay señalamientos. Hay sectores más conservadores que añoran una sociedad que ya no es. Hay una agenda que está superada a nivel de generaciones. El conservadurismo añora una sociedad con valores que no son necesariamente mejores y hay personas que también dicen una cosa para afuera y para adentro piensan otra. Entre fantasmas no podemos pisarnos la sábana y yo la sábana me la saco para mostrar lo que soy. Después la gente lo puede compartir o no. Tengo debates para instalar y luchas para dar, pero sigo siendo el mismo Christian Di Candia. Cuando asumí el cargo tenía una rasta y me la quería sacar porque ya me tenía aburrido, pero me agarró María Julia Muñoz y me dijo 'no te la saques porque uno hace al cargo y no el cargo hace a uno'. Eso me sorprendió y fue más que interesante.

- El Frente Amplio lleva seis administraciones seguidas en la Intendencia de Montevideo y aún en los gobiernos que se entregaron con menos nivel de aprobación la izquierda logró retener el cargo. ¿Hay una zona de confort ahí, de saber que hagan lo que hagan tienen muchas posibilidades de ganar?

- Cuando asumimos esta administración estábamos convencidos de que eso no sucedía e intentamos impulsar el proyecto político con señales claras. Por eso el 95% de los cargos son nuevos, se generó un gabinete paritario con una renovación generacional y creo que tuvimos resultados muy positivos. Creo que con matices cada gobierno del Frente Amplio fue aportando cambios a la ciudad y aportando soluciones incluso a temas del gobierno nacional. No hay un modelo de ciudad como este si miramos para el costado, aunque hay talones de Aquiles, claramente.

- ¿Ese talón de Aquiles es Adeom?

- No porque el problema no son los trabajadores, soy consciente de que el 98% de los trabajadores de la Intendencia lo hacen con un nivel de compromiso y adhesión muy importantes. Lo que nosotros decidimos, ellos lo llevan adelante y lo hacen muy bien. Con el Ejecutivo hubo dificultades de diálogo y que haya un nuevo Intendente y nuevas autoridades en Adeom creo que es una ventana de oportunidad para que haya un diálogo maduro, serio y sano. Hay que tener claro que hay cuestiones de gestión que le corresponden a la Intendencia y no son un tema de co-gestión. Eso hay que dejarlo claro.

- ¿Cómo se construye ese diálogo maduro, serio y sano que usted propone cuando la relación incluyó denuncias y acusaciones muy fuertes entre las partes, con definiciones por parte de Adeom de tratar de mentiroso al gabinete de Daniel Martínez, del cual usted formaba parte hasta ayer?

- Hay acusaciones que formaban parte de esa campaña también. Yo fui parte de un sindicato y fui presidente y lo que veo desde afuera es que hay una interna compleja en Adeom. Me resbala lo que puedan decir, no voy a estar enfocado en eso porque estoy enfocado en resolver los problemas que tenga la ciudadanía.

- ¿Cómo evalúa la gestión de limpieza teniendo en cuenta que una de las últimas gestiones de Martínez fue instalar una guardia gremial para evitar los desbordes de basura cuando Adeom hace paro?

- Creo que en la película de desarrollo ambiental, de 2015 a hoy, estamos mucho mejor. Montevideo no está lo limpia que nosotros quisiéramos pero está mucho más limpia de como la encontramos. Se renovó el departamento de limpieza y saneamiento y estamos en un 96% de la población con acceso al saneamiento. Se modificó la gestión del destino final de residuos, se compraron más de 6.000 contenedores y más de 20 camiones, se contrataron ONG para colaborar con la recolección de residuos y se modificó el levante de los residuos voluminosos. Con respecto a diciembre de 2015 estamos mucho mejor. La ciudad está más limpia y los ciudadanos lo ratifican.

- En un año electoral la seguridad va a ser un tema clave entre los partidos políticos. ¿Desde qué lugar aborda la Intendencia los temas vinculados a la seguridad?

- Pasa que vinculamos los temas de seguridad a los temas de propiedad privada como el hurto o la rapiña. Hay que ver qué entendemos por ciudad segura porque bajar la siniestralidad del tránsito es fundamental por ejemplo. Nosotros bajamos la cantidad de muertos en siniestros de tránsito a un número de ocho cada 100.000 y en el Interior hay departamentos de 20 muertos cada 100.000 habitantes. Hoy si Uruguay tiene un promedio de 14 muertes en el tránsito cada 100.000 personas no es por Montevideo y yo me comprometo a bajar los números de la capital a los estándares europeos que son seis muertos. Es horrible hablar de muertos pero es una estadística que hay que manejar. Hay cosas culturales también porque se pueden hacer campañas de bien público pero si un loquito se sube en pedo a manejar vos no podes hacer nada. Luego hay acciones que apuntan a la seguridad como el alumbrado público, las cámaras que tenemos coordinadas con el Ministerio del Interior y la intención de hacer una ciudad libre de acoso, donde las mujeres puedan transitar sin miedo a que las toquen, las silben o las acosen. Todo eso forma parte de una ciudad segura.

- A nivel de presupuesto se cerraron tres años de superávit para la Intendencia pero hay dos elementos que conspiran contra ese estado, las obras en ejecución y el subsidio del boleto. ¿Hay alguna intención puntual en el manejo del presupuesto de aquí hasta el final de su mandato?

- Es tal cual, la Intendencia cerró tres años de resultados positivos y cerró 2018 con 100 millones de pesos. Es una buena cifra y más teniendo en cuenta que la Intendencia no debe apostar a que le sobre dinero, no es su principal objetivo porque eso quiere decir que hay obras que no se ejecutaron o no comenzaron. El precio del boleto lo venimos manteniendo desde 2017 y eso tiene un costo enorme para la Intendencia porque cada peso que subsidia son 200 millones de pesos para la Intendencia. Hasta fines de 2019 lo vamos a mantener y luego nos vamos a sentar a hacer números porque hay que ver si lo podemos seguir subsidiando a ese nivel.

- ¿Utiliza el transporte público?

- No porque vivo solo y alquilo. Lo bueno de eso es que en 2015 me mudé a cinco cuadras de la Intendencia pero toda la vida lo usé y hace poco le enseñé a mi hijo como hacer para ir y venir desde la casa de su madre hasta mi casa o la casa de los abuelos. Cuando estudiaba tenía 40 minutos de ida y 40 minutos de vuelta en ómnibus desde mi casa hasta el liceo. Sé lo que es.

- Cada vez que las empresas ajustan el precio del boleto utilizan el argumento de que venden menos y la tendencia histórica muestra una caída en la venta de boletos cuando el servicio está lejos de ser el mejor. Esa ecuación económica parece no cerrar por ningún lado.

- El transporte está inmerso en un sistema que está en crisis y desde el primer momento hubo dificultades porque cerró Raincoop y estábamos ante el desafió de recuperar las líneas para la gente que iba a trabajar o a estudiar desde los barrios y de atender las realidad económica de mucha gente. Las reformas en el sistema de transporte son muy complejas y las transformaciones internas son difíciles. Apostamos a la tarjeta STM, multiplicamos los puntos de recarga e implementamos tarifas diferenciales. Trabajamos dentro del sistema para mejorarlo, pero evidentemente está en crisis y es una realidad.

- Para asumir la Intendencia debió renunciar a un cargo rentado por el cual concursó entre 5.000 personas y también queda inhabilitado de ser candidato en la próxima elección. ¿No se amputó demasiadas posibilidades por asumir un cargo que tiene fecha de vencimiento en poco más de un año?.

- En 2007 me fui de Asamblea Uruguay cuando trabajaba en el Parlamento con un diputado que me había planteado ser suplente. Me fui para afrontar la creación de un espacio nuevo con compañeras de militancia y ahí nació Magnolia. En 2010 pensé que la política no era para mí y me dediqué a la actividad sindical pero volví en 2013 cuando Constanza Moreira me dio una oportunidad que entendí la indicada para combatir la gerontocracia
dentro del propio Frente Amplio. En 2015 cuando apoyamos la candidatura de Daniel terminé de un día para el otro asumiendo la suplencia y hoy estoy acá, sentado en el sillón del Intendente. En julio del año pasado estaba muy bien considerado en Casa Grande e incluso con posibilidades de ir arriba en la lista, pero asumí el camino más difícil para bajarme y volver a Magnolia.

- ¿Y por qué asumir y no trabajar para Magnolia en la campaña?

- Cuando se dio la oportunidad de ser Intendente me di cuenta de que viví toda la vida en Montevideo, mi hijo vive acá, toda mi familia vive acá y la vida siempre fue más creativa de lo que pude imaginar. Me salió bien jugarme por las cosas en las que estoy convencido y acá estoy. Siempre dije que los jóvenes tenían que asumir lugares de liderazgo y no podía, una vez que se presentaba una oportunidad así, decir que no para cuidar la seguridad de un cargo público que me servía en lo económico. Creo que está bueno dar ese mensaje porque los políticos uruguayos que se presentan como renovación tienen casi 60 años y porque los que aparecen más jóvenes en lugares importantes son hijos de gente importante. O los hijos de Bordaberry o los hijos de Lacalle. Bueno, yo no soy hijo de nadie, tengo menos de 40 años y me tocó asumir un cargo de relevancia. Si logro que ese mensaje sea captado por la ciudadanía ya es una obra en sí misma.