"Quien dice que mi discurso es propatronal, seguramente es un lumpen"

Por: Leonel García
Publicado: 29/11/2018 18:09
"Quien dice que mi discurso es propatronal, seguramente es un lumpen"
Richard Read en el centro socioeducativo del Club Cerveceros, que coordina.

Tras casi 37 años, Richard Read, histórico dirigente gremial, deja los puestos de conducción de la FOEB. Hora de balance y de hablar claro.

Este viernes 30, Richard Read finalmente le pondrá fin a 36 años, nueve meses y 23 días como dirigente sindical. Fundador del Pit-Cnt, uno de los oradores del histórico acto del 1° de Mayo de 1983, todavía en la noche de la dictadura, dejará su cargo en la dirección de la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB).

Este hombre de 65 años, seis hijos y cinco nietos, vecino de Malvín y oriundo del Cerrito de la Victoria, no dejará de trabajar, afirma: seguirá en la Fábrica Nacional de Cerveza (FNC) y también como coordinador de los cinco centros socioeducativos que impulsa el gremio, dos en Montevideo y tres en el Interior, donde le dan apoyo a 280 escolares provenientes en su gran mayoría de contextos críticos.

Hasta el último día, Read no ha dejado de actuar por su sindicato. Sentado este jueves en el Club Cerveceros de Fútbol 5 del Prado, a un día de irse, se jacta al inicio del diálogo con ECOS que el último convenio del sector, acordado este miércoles está “económicamente por encima del estipulado en el Consejo de Salarios”, con “cinco días de asuetos pagos para la gente” y un proyecto de “discutir la productividad y la reducción de la jornada laboral para algunos sectores” el año próximo.

No son los únicos planes: piensa en una escuela de oficios para adolescentes en Paysandú, “para que aprendan a pelearle a la vida desde el trabajo” y un instituto de capacitación y formación sindical que se instalaría en marzo, con talleres y cursos de historia y economía. Y él estará al pie del cañón.

En casi 37 años de militancia sindical, de la cual no disimula extrañar tiempos pasados de mayor tolerancia y fraternidad, Read habló en cuatro actos del 1° de Mayo. El primero, ante una multitud, fue histórico por el contexto. El último, en 2013, es recordado por su contenido: puso énfasis en la “cultura del trabajo” y dijo que no quería “zánganos” ni “lúmpenes” en su sindicato.

Duro negociador, bocasucia y pasional, cosa que se nota tanto desde un estrado como ante un periodista, sabía que semejante pieza oratoria, que cruzó fronteras cinco años después, no pasaría desapercibido.

Él, a poco de colgar los guantes, dice que ese discurso es coherente con toda su vida. Con apenas la escuela terminada, comenzó a trabajar a los 12 años, cuando vivía junto a sus padres y su hermana en el garaje de la casa de su abuela, en el Cerrito de la Victoria: reparto de leche, almacén de un tío, una estación de servicio, la construcción, en la escuela industrial y la descarga del puerto, hasta que en 1977 supo de un concurso para entrar en Pilsen, donde salió segundo. En total, son 52 años de trabajo.

“Mi viejo laburaba de guarda de Cutcsa. Era recordado como un gran compañero pero también como un gran laburante. No lo veíamos nunca, trabajaba 37 o 38 jornales por mes. Eso quería decir que trabajaba todos los días y en algunos hacía doblete. Es que vivíamos en un garaje y teníamos que salir de ahí”.

- ¿Cuál es su primer recuerdo como dirigente sindical?

- Sin duda, la asamblea constitutiva del gremio de la Pilsen, el 7 de febrero de 1982. Haber abierto el local sindical luego de ocho años, meter 155 trabajadores en él y hablar de los problemas laborales que teníamos. Y había cuatro o cinco “tiras” (policías camuflados). ¡A los 15 minutos tiramos lo que teníamos escrito a la mierda y sacamos la tuba! Yo empecé a putear y los botones estaban en el fondo, tomando nota. Ahí empezó el periplo sindical.

- En los últimos tiempos, usted ha sido muy crítico con la conducción del Pit-Cnt, ¿se siente hastiado?

- No, cuando uno siente hastío se va.

- Bueno, ¡usted se va!

- No ahora. Yo dije en 2015, en la asamblea (de la FOEB) en la que se votó el Consejo de Salarios, que comenzaba mi retiro gradual y presenté a Fernando Ferreira como mi sustituto (en el Secretariado Ejecutivo del Pit-Cnt). En tres años fui preparando el pase de posta. Pasa que en Uruguay no es común que la gente se retire. Los políticos que se retiran son contados de un dedo de una mano: Hugo Cores, Guillermo Chifflet, Manuel Singlet. Yo estoy cumplido: 65 años de vida y 37 de sindicato, en un gremio que ha logrado las mejores conquistas en el país. Ayer (por el miércoles), terminamos con un nuevo convenio económicamente por arriba del Consejo de Salario, con cinco días de asuetos pagos para el año (18 de mayo, 19 de abril, 19 de junio más jueves de turismo y lunes de carnaval), además de que en el día de cumpleaños no vas a trabajar y se te paga. En abril, además, vamos a discutir el tema de la productividad, cosa que nos preocupa porque si no somos productivos, perdemos, y la reducción de la jornada laboral para algunos sectores.

- ¿Sintió miedo durante el Día del Trabajador de 1983? Si en aquel acto de la Pilsen en 1982 había cuatro o cinco tiras, ahí habría…

- ¡Ochocientos! No, siempre fui muy desfachatado. Siempre hice las cosas convencido, convencido de los riesgos que corría. Nunca me até a lo escrito, a lo editado, al guión... En ese acto tiré los papeles. Yo salí de ese acto caminando junto con una barra del Cerrito de la Victoria, rumbo al barrio. Estaba el Negro Díaz, el Viejo Rodino y los hermanos de Oscar Washington Tabárez, William y Walter; toda gente de izquierda, gente solidaria. Paramos en un mediotanque que había, prendimos un fuego, giramos unas costillas, ¡la vida continuaba! Pero el miedo… está permanentemente. Hay miedo a equivocarte, que vos lleves el gremio a un conflicto apresuradamente o por calentura personal, lo que es un error porque detrás de una huelga hay familias que sufren. Es miedo por la responsabilidad, ¡claro que hay! Ese miedo lo tengo hasta el día de hoy.

- ¿Se arrepiente de alguna decisión como dirigente sindical?

- Gremialmente, no... Quizá la huelga del ‘87 tendría que haber sido pensada mejor.

- Salto treinta años, a 2013. También en un 1° de mayo puso énfasis en la cultura del trabajo y dijo que no quería “atorrantes” en el sindicato. Este mismo año, ese discurso se viralizó, llegó a Argentina.

- Eso mismo que dije lo volví a repetir en la asamblea de ayer (por el miércoles de mañana) de mañana. Eso fue así: hace unos meses me arroban en el Twitter con una síntesis de ese discurso. Ni lo retuiteé. En ese día, esa síntesis tuvo 94 mil visitas. Cruzó el charco. Me hacen una entrevista para (el diario argentino) La Nación y explotó. Me dijeron que a los dos días pasaba el millón de visitas. En Argentina los medios se hicieron eco. Y la primera reflexión que me trae es de alegría: a pesar de los pesares, hay muchísima gente que hoy se identifica con un discurso ético, que no todo está perdido, que cuando uno habla del trabajador, de la ética, de esmerarse, eso no cae en un balde roto. Que hay mucha gente que comulga con esa visión y que todavía el lumpenaje (sic) no le ganó la cabeza a todos. La lucha por una sociedad mejor es dejar claro cuál tiene que ser el comportamiento del ciudadano. En el trabajo no hay dos lecturas: yo no comparo al compañero que cumple, se esmera, es solidario, pelea por su salario y tiende una mano con aquel que le da lo mismo trabajar o no.

- Con honestidad, ¿cree que ese discurso cayó bien o mal entre los dirigentes sindicales?

- No puedo identificar compañeros ni dirigentes. En la sociedad, hay muchos a los que les cayó bien y a otros no les cayó bien.

- ¿Y quiénes son esos “otros”?

- Son genéricos… Yo me encuentro en la calle hasta el día de hoy con laburantes que me dicen que están de acuerdo conmigo. Y hay otros que no se identifican. Si se hubieran identificado todos, de inmediato se hubiera hecho algo para revertir ese diagnóstico.

- Y no pasó…

- No pasó. Recién a los dos años se identificó ese problema y desde el Ministerio (de Trabajo) se habló de “una falta de cultura del trabajo”. Y pese a los 24 meses que pasaron, a mí me alegró, pero quedó por eso… Lo que hice fue identificar un problema que lo venía percibiendo y que a los trabajadores de la bebida no les asombró. Y es un discurso que nosotros aprendimos de nuestros viejos militantes sindicales: Héctor Rodríguez se cansaba de decir que había que conocer las máquinas, que había que ser buen laburante, el viejo Félix Díaz, el viejo José D’Elía me machacaba con eso. Yo transmití la tapa del libro del movimiento sindical uruguayo, ¡y si a alguno le cayó mal que se joda (enfatiza)! Hubo alguno que dijo que fue un discurso “pro patronal”, ¡unos estúpidos, unos vejigas! Seguramente, detrás de esa cabeza hay un lumpen. Quien identifica ese discurso como propatronal y no trabajador y clasista, seguramente es un lumpen.

- Usted trabaja hasta hoy, ¿puede decir lo mismo de otros dirigentes sindicales?

- Sí, hay muchos que trabajan. Yo siempre puse el ejemplo del “Negro” Juan Castillo, que trabajaba de noche en el puerto, se iba en la mañana a descansar y luego al Pit-Cnt. La inmensa mayoría trabaja y otros no laburan porque tienen un rol sindical que requiere muchas horas por día, ese es un hecho real. Con Juan Castillo en muchas cosas teníamos matices y diferencias, pero es un dirigente al que respeto muchísimo. Teníamos mucha confrontación de ideas, pero era leal, frontal. Muy fraterno en el debate aun no haciendo acuerdo… eso es lo que extraño hoy… Extraño esa confrontación de ideas fraternal aún en la diferencia, había tolerancia, ambos construíamos unidad.

- Eso ahora no lo percibe.

- Noooo, ni ahí, ¿qué voy a percibir? Lo que hay hoy es una intolerancia absoluta. O pensás como yo o sos un traidor. No solo en el movimiento sindical, sino en términos generales, como resultado de esta sociedad uruguaya que perdió lo esencial: la solidaridad, la fraternidad, los matices, la tolerancia. Antes en la política no se ninguneaba, se confrontaba. Hoy está el descalificativo a flor de boca. No se le puede pedir al sindicato que sea una excepción.

- ¿Y por eso quiere crear un instituto de formación sindical?

- Yo he tratado de tener una postura criteriosa. Nadie puede decir que tuve un viraje. Para mí, un milico que te caga a palos es un milico que te está reprimiendo, siempre. No es un facho en Argentina con (Mauricio) Macri, un compañero en Caracas, un nazi en Europa o un ñery acá. Cuando se empieza a diferenciar por simpatías políticas, la estamos cagando.

Desencantos



Read siempre fue frenteamplista y aún se reconoce como tal, pero desencantado. Comenzó en el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), estuvo en la primera dirección del Movimiento de Participación Popular (MPP) en 1989, luego apoyó a Danilo Astori en la interna y, hasta unos años, fue “periférico” del Frente Líber Seregni.

La suya es una postura que nunca generaría aplausos en todo el movimiento sindical: por caso, está muy lejos de saludar al chavismo, jamás diría (como si lo hizo en 2017 el secretario general del Pit-Cnt, Marcelo Abdala) que los trabajadores y el pueblo uruguayo apoyan al gobierno venezolano. Su desconfianza hacia Raúl Sendic no nació en 2017; ya lo miraba de reojo cuando todo el mundo lo quería como compañero de fórmula de Tabaré Vázquez, en 2014.

“Soy frenteamplista desencantado. No me siento identificado con la dirección del Frente Amplio en varias cuestiones: Raúl Sendic, la gestión de las empresas públicas, el silencio sobre Nicaragua, donde hay una represión feroz de un gobierno corrupto, la relación con Venezuela… en breve lo de Artigas (se refiere al incidente del ministro de Eduardo Bonomi con los trabajadores tabacaleros) ya será anécdota, pero no me gustó lo que pasó. Comparto con (el presidente del Pit-Cnt) Fernando Pereira: un trabajador tiene que tener la libertad de manifestarse. Luego, descalificarlo porque no era del gremio, ¡yo ocupé plantas que no son de la bebida sin ser del gremio! ¿Y cuál es el drama? Luego enchastrarlo con su prontuario… si el tipo ya cumplió y ya pagó, el tipo es libre. Si hablamos de prontuario, ahí había varios (sonríe)… Y eso de que fue detectado que era homicida, yo no les creo nada… ¿qué? ¿Había un scanner facial?”

- Y si está desencantado, ¿tiene claro qué va a hacer en 2019?

- Acá hay que separar dos cosas: una elección coyuntural de autoridades y una definición ideológica. Yo sigo siendo frenteamplista, uno que no está identificado con la conducción del partido y el gobierno, pero el proyecto sin duda está vigente.

- Esta no es la izquierda que usted soñaba, entonces.

- Es la que muchos no soñamos, pero hay que seguir peleando.
Esta no es la izquierda con la que muchos soñamos, pero hay que seguir peleando.

- La FOEB logró cosas que otros gremios más pesados, no; ¿siente que hay envidia?

- No, en la calle me dicen que están maravillados, me piden que me vaya con ellos…

- Pero ha tenido ataques: le han cuestionado que tiene una camioneta 4 por 4, que tiene casa en el Polonio…

- La 4 por 4 la tengo parada afuera (la señala), ¡ojalá tuviera dos! Y el “chalet”, como decía el Pepe Mujica (se ríe)… el rancho se me está cayendo a pedazos. ¡Y tendría que tener más! Yo laburé toda la vida; no solo en la fábrica: tuve varios boliches, restaurantes, pubs, hice tablado, tuve a mi cargo la parte gastronomía de la Criolla del Prado, boliches en la Rural del Prado, hicimos espectáculos con Jaime Roos. A mí nadie me regaló nada.

- ¿Y se puede combinar el dirigente sindical con el empresario? A todas luces, usted también ha cumplido ese rol.

- ¡A las pruebas me remito! Nunca descuidé la fábrica ni el sindicato, siempre defendí al gremio. En 2012 y 2015 el gobierno nos boicoteó dos acuerdos que habíamos logrado con las empresas en el consejo de salarios, le salimos de punta y lo ganamos. ¡A las pruebas me remito!

Hacer cosas


Richard muestra el centro socioeducativo que la FOEB tiene en el Club Cerveceros, ahí en Abayubá y Asencio. Hay computadoras, mesas, pizarrones, tambores, mesas, sillas, guardapolvos, cocina y baños limpios. No hay niños en esta mañana. Algunos de los niños, que no han pisado la playa pese a que viven a minutos de la rambla, conocieron ahí lo que es una cisterna. Hay otro en Instrucciones y Mendoza, otros en Pan de Azúcar, Minas y Paysandú.

Read también apoyó al movimiento Eduy21. “Me hizo acordar a la Conapro (Concertación Nacional Programática) de 1984, donde había gente de todos los partidos discutiendo temas comunes. Me parecía bárbaro que hubiera un ámbito plural para abrir la cancha en un tema como ese”.

Admite que su respaldo, como simpatizante, “no mueve la aguja”. Sí cree más útil su rol, que seguirá teniendo, como coordinador de los centros socioeducativos de la FOEB. Los casi 300 niños que aquí asisten no pagan un peso; son financiados por la FOEB a partir del Consejo de Salarios. A partir del año próximo, añade, estarán auditados por el estudio CPA Ferrere.

- ¿Qué pretende para los niños? ¿Abrirles la cabeza?

- Yo provengo de un barrio humilde, de una familia de trabajo, donde las cosas no fueron fáciles, pero fuimos felices, se pudo estudiar aunque hubo que trabajar. Y a estos gurises que provienen de contextos críticos hay darles la posibilidad, tirarles un “cabito”, abrirles una puertita, mostrarles que se sale con el trabajo. Hoy se compite con no hacer nada, con la joda, con el narco, con salir de caño… hay guachos de 12 o 13 años que son sicarios, que si tenés una muerte encima te pagan 20.000 mil por matar. Entonces, estos guachos que están sin hacer nada, si ven a uno con veinte lucas en el “sobol”, al que va a trabajar por 15 mil pesos lo ven como un gil. Pero queremos darle la posibilidad: lo recibimos a contraturno para que no dejen de ir a la escuela, les damos merienda, desayuno, túnica, útiles, buen trato; les ayudamos con avances en matemática, comprensión lectora, ajedrez, inglés y ahora integramos robótica e informática. Hay una serie de talleres que van de manualidades, música a huerta. Que pasen bien pero que se lleven reglas de juego.
A los gurises de contextos críticos hay que abrirles una puerta, mostrarles que se sale con el trabajo, tirarles un cabito

- Este año, además de que se viralizó su discurso de 2013, usted estuvo indirectamente relacionado por la historia del padre que fue al inicio, rechazado por su hijo en la puerta de un refugio del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Luego se supo que el hombre había rechazado una asistencia previa y que la historia no era tan como él la contaba. ¿Qué le dejó ese episodio?

- Esto fue así: un compañero de la fábrica, cuando conoció ese hecho, se contacta con el señor y le da una casa que tenía vacía. Enterado de lo que pasó, lo publico en Twitter, destacando la solidaridad de este compañero. Al otro día aclaramos que fue una acción particular, no mía ni del gremio. Sí yo me ofrecí luego a conseguirle laburo, cosa que no sucedió. Después pasó lo que pasó…

- También lo usaron luego para pegarle.

- A ver… el Uruguay tiene un grado de mezquindad en el debate que es muy interesante. Los que no hacen nada por nadie suelen ser los que se subrogan el derecho de señalar con el dedo. Mirá… me cago de la risa. No le doy bola a esas cuestiones.

- Capaz de hablar de epitafio es muy antipático, así que ¿cómo le gustaría ser recordado?

- Ah, como un buen compañero. Como un loco de barrio que asumió la honrosa responsabilidad de estar en la dirección de un gremio, que trató toda la vida de ser honesto consigo mismo y con sus compañeros. Nada más. Traté de ser un buen tipo. Yo no tengo plumas cagadas, nunca cagué a nadie, no tengo agachadas. He sido honesto intelectualmente y nunca jodí a nadie. Y he tratado de defender a ultranza los intereses de los trabajadores.

- ¿Otros podrán decir lo mismo?

- No lo sé, el epitafio es para mí.