Jorge Gandini: se perdió mucho respeto y ubicación entre legisladores

Por: Leonel García

Actualidad

9/01/2018 06:00

Jorge Gandini: se perdió mucho respeto y ubicación entre legisladores
Partido Nacional
Jorge Gandini

El diputado nacionalista, reimpulsor del Movimiento Por la Patria, asume el 1 de marzo la Presidencia de la Cámara de Representantes.

Desde el 1 de marzo, el diputado nacionalista Jorge Gandini, quien recientemente relazó el Movimiento Por la Patria, ya no integrará las comisiones de Hacienda, Seguridad y Convivencia y Lavado de Activos. Postergará o minimizará su rol como parlamentario blanco y deberá garantizar el debate de todas las voces. Desde ese día y por un año asumirá como presidente de la Cámara de Representantes.

Ahí quiere “reinstalar” el respeto por las ideas del otro; algo que, asegura, el Frente Amplio se encargó de escorar, por obra y gracia de las mayorías absolutas que la izquierda logró en sus tres triunfos electorales.

Si tuviera que destacar a un antecesor, nombra a su correligionario Gustavo Penadés, herrerista, presidente de la Cámara Baja entre 2001 y 2002. Y de su partido, reconoce, que “con el diario del lunes” es posible pensar que “todos” los implicados debieron actuar de forma distinta en el llamado caso Bascou.

- ¿Qué impronta le quiere dar a su período al frente de la Cámara?

- Lo visible es lo referido a dirigir los debates. Ahí hay que poner mucho equilibrio para permitir que se expresen todas las visiones y que se aplique el reglamento que garantiza el ejercicio democrático. Esa es la tarea más notoria y visible: administrar el debate y las diferencias, permitir que se expresen sin que se llegue al agravio ni al menosprecio de la imagen del Parlamento hacia la ciudadanía. Luego hay una tarea permanente de gestión. Es un organismo público que gasta dineros públicos y administra dineros públicos y tiene que hacerse de forma eficiente. Hay un trabajo poco conocido en comisión y análisis. Y una de las maneras de represtigiar la función parlamentaria es darle transparencia a ese trabajo. Más allá de eso, hay una impronta en determinados homenajes y propuestas de apertura parlamentaria, o destacar determinados hitos que se irán generando.

- ¿Pierde en algo su condición de político partidario en eso?

- En el debate, sí. Uno tiene que aplicar a rajatabla el reglamento y garantizar el uso de las palabras y del tiempo. Pierde también el presidente de la Cámara su condición de integrante de las comisiones, entonces sale del debate cotidiano. Como dejaré la Comisión de Hacienda, no estaré en la próxima rendición de cuentas ni en en el impuesto a las jubilaciones militares. No quiere decir que no pueda hablar en Cámara. Puedo pedir autorización, bajar y participar del debate. Sí puedo hacer pedidos de informes y participar de mi condición de legislador, pero tengo que ser muy cuidadoso de no descuidar la función que se me encomienda, que es la de garantizar el debate.

- Este lunes de mañana, en radio Sarandí, narró cuando una vez, siendo diputado suplente, Enrique Tarigo, que presidía la Asamblea General, lo hizo salir de sala porque no llevaba saco. Lo contaba como algo a destacar. Eso fue
hace más de 30 años. ¿No cree que los tiempos cambiaron?, ¿cuestiona presencias, vestimenta?

- No cuestiono la presencia. Contaba la anécdota refiriendo los cambios. Pero rescato sí la necesidad de jerarquizar la investidura.

- ¿Cómo se hace eso?

- Restaurando buena parte de la ubicación que nosotros mismos nos tenemos que dar, del respeto que tiene que haber internamente, del vínculo entre los legisladores, los legisladores y los funcionarios, la gente y los legisladores. Allí no debe olvidarse que está la representación de la población; cada diputado representa unas 20 mil voluntades.

- Y también es donde se dan las discusiones más encarnizadas.

- Seguramente, pero más allá de las posturas hay unas formas que a mi juicio hay que restablecer. Todos tenemos los mismos derechos pero los legisladores tenemos muchas más obligaciones. Eso nos coloca en una posición que nos obliga también a tener determinadas actitudes, posturas, presencias, relaciones, vínculos, maneras de hablar y de dirigirse. De instalar el respeto por las ideas del otro en el debate parlamentario y en los vínculos entre los partidos. Eso hace al ejemplo que hay que dar de convivencia democrática.

- Si usted dice que eso es algo a restaurar, supongo que piensa que ahora no existe.

- Se ha perdido muchísimo.

- ¿Cómo percibe hoy el relacionamiento interpartidario?

- Cuando hay un partido político que tiene la mitad más uno del Parlamento, prioriza obviamente cerrar sus mayorías internas. Y una vez que lo consigue no dialoga, comunica. Y eso ha hecho que se perdiera mucho el vínculo. Eso es lo que hace la bancada del Frente Amplio: comunica qué va a resolver, impulsar, postergar o poner en debate. Eso ha erosionado o ha relativizado mucho el vínculo interpartidario. Cuando no hay 50 diputados de un lado solo, todos valen. Y por lo tanto, el diálogo sobre las formas y los contenidos se hace más corriente y común. Hoy hay sectores del FA que piensan en un tema parecido al nuestro, pero prefieren acordar en la interna y votan como no piensan.

- Aún así, la rotación entre partidos de la Presidencia de la Cámara de Representantes se siguió respetando. Y eso no es algo reglamentado.

- Esa es una larguísima tradición en el Parlamento uruguayo, de repartirse la presidencia de la Cámara de Representantes entre mayorías y minorías. Podrían no hacerse así, pero el Frente lo ha mantenido. Eso hay que destacarlo.

- Y en su partido, ¿cómo quedó la interna luego de lo relacionado con el intendente de Soriano, Agustín Bascou? ¿Le molesta, le asusta, le duele?

- Es connatural a la vida misma de un partido grande, plural y nacional que existan diferencias. Sería imposible, salvo que sea regimentado, un partido político donde no hubiera diferencias. Ni me asusta, ni me molesta. En la vida pasa lo mismo. La situación clave es cómo se resuelven las diferencias.

- ¿Y acá cómo cree que se revolvieron?

- Yo creo que el tema Bascou nos sorprendió, nos agarró malparados y no lo resolvimos adecuadamente. Ninguna de las manifestaciones que formaron parte de este proceso nos dejó conforme a todos y mucho menos dejó conforme a nuestros correligionarios algo distinto.

- Usted integra el Directorio del Partido Nacional por Alianza Nacional, liderado por el senador Jorge Larrañaga. Él defendió a Bascou en primera instancia. Se puede inferir que no quedó conforme con cómo se manifestó él.

- Ni con cómo se manifestó (el líder de Todos, el senador) Luis Lacalle Pou. Lo que debimos hacer es haberlo pensado, dentro de la institucionalidad partidaria y respetando las mejores tradiciones de nuestro partido, sin llegar a hacer públicas las diferencias que pudimos tener. Tenemos que ser más severos con nosotros mismos, pero más cuidados con cómo manejamos nuestras expresiones públicas.

- ¿No considera que no supieron aprovechar el flanco que les dejó el partido de gobierno con la renuncia de Raúl Sendic?

- Es que eran cosas tan diferentes. Son objetivamente cosas muy diferentes.

- En ambos estaban temas éticos como trasfondo.

- Aun así son diferentes. El Partido Nacional analizó a Bascou por el camino de la ética. Lo sometió a su Consejo de Ética y el Directorio analizó el fallo; con él a la vista emitió una resolución de sanción o condena. Que fue mucha o poca, que le gustará o no a la gente, pero fue una resolución del órgano político condenando a Bascou. Eso no hizo el Frente Amplio, que luego de que Sendic renunciara a su cargo institucional terminó sin pronunciarse.

- Pero en la gente quedó la idea de que esa condena del Partido Nacional, un apercibimiento dos veces, fue muy leve.

- Son cosas diferentes. Quizá el partido no fue claro con sus correligionarios en tratar el tema. Hoy, con el diario del lunes, creo que pudimos haber actuado todos de forma distinta.