Gandini llama a "hacer soplar vientos nuevos en las viejas banderas"

Por: Fabian Cambiaso

Actualidad

1/11/2017 10:01

Gandini  llama a "hacer soplar vientos nuevos en las viejas banderas"
ECOS

El diputado relanzará el histórico Movimiento Por La Patria , con el que aspira a convocar a los "desencantados" a "cambiar al país".

Hace poco más de un mes, unos amigos del diputado Jorge Gandini descubrieron, en una casa de subastas de Montevideo, un secretaire que perteneció a Wilson Ferreira Aldunate. Decididos a darle una sorpresa, lo compraron y se lo obsequiaron. Orgulloso, el legislador cuenta la historia al tiempo que, por ahora, conserva pieza en su despacho del Palacio Legislativo.

Se trata, para él, de algo más que un símbolo. El 8 de noviembre, Gandini relanzará el Movimiento Por la Patria, el emblemático sector fundado por el último caudillo nacionalista. El proyecto aspira a convocar a los "desencantados" de todas las filas que quieran "cambiar el país," proyectando el pensamiento wilsonista hacia el futuro.

Gandini considera que la oposición "nunca tuvo una mejor oportunidad" para ser gobierno que la que tendrá en 2019, una elección que será decidida por los que se desilusionaron de la política y a los que pretende reunir detrás de un "proyecto de transformación".

La convocatoria, asegura, es a la rebelión. "Que nadie se crea que el futuro se puede cambiar desde el teclado de un celular. Se construye con mucha transpiración, metiendo hombro y estando presente", aseguró el conductor de Por la Patria a ECOS.


-¿Por qué relanzar ahora una sector como Por La Patria, que se desarmó hace casi tres décadas?

-Por La Patria tiene mucha fuerza para los blancos. Es la divisa del sombrero de Saravia, y es el movimiento que fundó Wilson Ferreira Aldunate y que se abrió camino en una país muy polarizado, y que marca lo que deberíamos seguir hoy: abrir un camino alternativo en un país muy polarizado, con modelos que han gestionado de modo confrontado el país y que han fracasado. Uruguay necesita otras alternativas de futuro, que no son ni de izquierda ni de derecha, sino que son muy pragmáticas.

Por La Patria tiene mucha simbología, por ser el movimiento de Wilson, y hoy es fundamental recrear la esencia del Wilsonismo. En el partido se habla mucho de Wilson, pero se entiende y hace poco Wilsonismo.

Y la esencia le viene bien al partido porque necesita ir construyendo un proyecto político con el cual convocar. Para ganar no alcanzan los blancos. Es importante invitar a otros que quieran cambiar el país, pero no se los puede invitar a hacerse blancos.

Estamos los que se nos cae un lagrimón el 10 de setiembre, vamos a Masoller y cantamos la Marcha de Tres Árboles. Pero la invitación tiene que ser a un proyecto político de transformación nacional del cual otros se sientan parte. Que son colorados, frenteamplistas, desencantados, gente sin partido y, sobre todo, aquellos que se han alejado de la vida política porque ya no creen en ella.

Para eso es imprescindible construir un proyecto e invitar a sumarse a él, con cinco o seis líneas estratégicas que apunten a la trasformación. Luego, hay que pensar cómo se hace gobernable el país, porque hay que elaborar una alternativa de gobierno con un Frente Amplio en la oposición, controlando además buena parte del aparato del Estado en donde se metió para quedarse, y buena parte de las organizaciones sociales.

Y para que el país sea gobernable hay que retomar la idea de Wilson de la gobernabilidad, pero recrearla desde una visión desde el gobierno, no desde la oposición. Eso es lo que queremos. Pararnos en ese escenario para aportar una identidad que ayude al partido a ganar primero y a gobernar después.

-¿Y qué se entiende por Wilsonismo, hoy por hoy, en el año 2017?

-Una expresión política transgresora, que fue capaz de enfrentar primero a su propio partido y después a las dos corrientes que polarizaban al país. A una izquierda pos revolución cubana, marxista y alimentada por una fuerte mística en toda la región, y a una derecha dura, amparada en la Embajada americana y en las recetas de los grandes centros internacionales del poder económico y financiero, que eran parte de la lógica de la Guerra Fría.

En aquel país brutalmente polarizado, emergió una figura para representar una opción repleta de sentido común y con soluciones propias. Eso es lo que se necesita hoy. Entre el Socialismo del Siglo XXI, que regó América Latina desde Venezuela a Tierra del Fuego y que se cayó a pedazos luego que cayeran los precios de las materias primas, y las recetas del Fondo Monetario que alumbraron gobiernos que se tuvieron que enfrentar a sus poblaciones.

Hoy es necesario construir políticas sustentables, que atiendan a la gente, que no la dejen a la vera del camino en la lógica del mercado puro, pero que sean capaces de construir modelos que se sustenten a sí mismos y que no repartan lo que no existe.

-¿Se puede ser Wilsonista sin ser blanco?

-Como siempre decimos y pintamos en algún muro, Wilson es de todos. Nosotros somos de Wilson, y no le vamos a negar a nadie que tome sus ideas, que traspasaron la barrera del partido. Pero los que somos blancos entendemos al Wilsonismo de una manera muy especial, y le agregamos un valor emocional muy fuerte.

Creo que se puede hablar mucho menos de Wilson, pero hacer Wilsonismo de hoy día. Lograr entenderlo y proyectarlo. No le tenemos que explicar a un muchacho de veinte años o de treinta quién era Wilson. Tenemos que hacer lo que se hizo en aquellos tiempos.

Si logramos que ese muchacho se entusiasme habremos hecho Wilsonismo.

-En varios sectores del Partido Nacional se reivindica la figura de Wilson...

-Es que es un sello y te agrega votos. Y pelear por Wilson es pelear por una parte del electorado que está buscando un lugar en el que bregar por aquellas ideas. Yo no estoy reclamando eso, estamos reclamando detenernos en el presente para proyectar su pensamiento al futuro.

-¿Qué recepción encontró en la familia de Wilson?

-Muy buena. Por lo pronto, Silvia Ferreira forma parte de nuestro equipo de conducción y tendrá su protagonismo. Gonzalo Ferreira, que nunca hizo política, nos manifestó su apoyo y estará presente. Sienten que por acá hay un camino que los hace sentir cómodos.

-¿Y Juan Raúl Ferreira, que hace poco dijo que en el Partido Nacional "ya no existía más Wilsonismo"?

-Tengo un buen vínculo personal con él, pero obviamente esa afirmación lo autoexcluye. Quizás deba hacer un esfuerzo para "recuperar" el Wilsonismo dentro del Partido Nacional. El partido lo colmó de honores. Wilson lo llevó al Senado siendo muy joven y de ahí en adelante, durante décadas, ocupó cargos de muchísima responsabilidad y siempre fue apoyado. Ahora, ha hecho esas manifestaciones, que quizá son producto del momento. Siempre las puertas aquí están abiertas.

-¿Qué puede aportar Por La Patria a la solución de los principales problemas del país? ¿Cuáles serían los más graves a resolver desde una óptica wilsonista?

-Creo que el país tiene problemas sin resolver desde hace mucho tiempo. En una visión integral, lo primero es ver cuál es su rumbo. A partir de definir hacia dónde vamos y el lugar el mundo que queremos tener, se toman decisiones en un plan estratégico que debe ser de Estado para prepararnos para ese mundo, pensando en lo conceptual, en lo tecnológico, en una educación de calidad y en la inserción internacional del Uruguay.

A veces pienso que deberíamos detenernos un minuto y empezar a analizar nuestro propio "Brexit". El Mercosur no es un mercado de 300 millones de habitantes y ninguna barrera arancelaria como creíamos. Es un Mercosur de mentira, muy político y proteccionista, que nos impide crecer y que como bloque no reacciona a las nuevas realidades del mundo.

Mientras eso nos atrapa, el mundo avanza y otros bloques comienzan a profundizar sus vínculos y a encontrar en nuestros propios competidores los mejores socios. Hay mercados a los que Uruguay no podrá acceder en breve porque no tendrá tratados con ellos.

La visión de país está amputada. Nos quedamos en el debate todos los días, y discutimos sobre Sendic y su subsidio, sobre ASSE y las ambulancias, sobre si hay que hacer la vía para UPM o no. Estamos en una discusión de corto plazo, pero no hay dónde discutir los grandes temas del país.

-¿Eso no sucede en parte por responsabilidad de la oposición, que plantea esos temas?

-Es responsabilidad de todos, pero la oposición no tiene mayorías para condicionar nada ni tampoco para convocar de modo creíble. Wilson nos decía a los jóvenes, en algún momento muy rebeldes y que discrepábamos con él: "Miren muchachos, desde la oposición se puede impedir, se puede condicionar, se puede proponer y hasta se puede impulsar algún cambio. Pero para transformar al país hay que ganar".

Nos quería hacer entender que debíamos salir de nuestra zona de confort, de la rebeldía y la cuchilla, para comprender que había que desarrollar todas las condiciones para conquistar el poder, porque solo desde allí se pueden hacer transformaciones.

Esta es una de las cosas que tenemos pendientes. Hoy hay un gobierno de partido. No nos llama a los demás para tomar decisiones que van a comprometer al país por veinte y treinta años. Las arregla adentro y nos las comunica. Y si no las arregla, ni siquiera nos las propone. Es muy difícil, entonces, desde la oposición. Para eso tenemos que ganar.

-¿Hay oportunidad en 2019 para eso?

-Nunca tuvimos una oportunidad mejor. El desgaste del Frente Amplio y las contradicciones con sus propios postulados ha desencantado a muchísima gente, que se ha amontonado en el descreimiento. Muchos de los que se fueron al Frente lo hicieron desilusionados de los partidos tradicionales y llegaron buscando el último refugio.

Desencantados del Frente, no volvieron, si no que se desencantaron de la política. Esa masa enorme, que es un tercio del país, está queriendo creer en algo, encontrar a alguien diferente, que les devuelva el entusiasmo y la confianza. Creo que ese es desafío. Tenemos la oportunidad y somos mano, porque el Frente ya defraudó. Podemos empezar a conquistar esas voluntades descreídas. Quien las conquiste obviamente gana.

Antes, peleábamos con fantasmas. Administrábamos la realidad super dura y complicada, y el Frente Amplio proponía un mundo de teoría. Y contra la teoría no podíamos. Nos decían que había mundo más igualitario, donde todos iban a ganar más dinero, la gente iba a tener vivienda, iba a haber más derechos humanos, los trabajadores iban a estar en el cielo y la educación iba a ser maravillosa.

Todo eso se comparaba con lo que hacíamos nosotros. Pero el Frente lleva gobernando tres períodos, y resulta que la corrupción ha sido mayor que la de los partidos tradicionales, los trabajadores no están en el cielo, la gente no tiene vivienda, no hay demasiada justicia y te matan en una esquina.

Entonces, ahora peleamos de igual a igual. Se "emparejó para abajo". Todos tenemos el mismo pasado, hecho cosas y defraudado a quienes nos votaron.

En ese escenario, o gana el Frente o gana el Partido Nacional. En medio hay una masa grande, que no es frenteamplista ni blanca, que no tiene partido y que tendrá que elegir entre uno y otro. Hay otra masa mucho más importante de desencantados de todo, que va a decidir el que gana.

Nosotros tenemos una maravillosa oportunidad de agrupar a esa gente detrás de un proyecto político. Si los convocamos a que voten a los blancos, nos equivocamos. Los tenemos que convocar a un proyecto de transformación. Esa es la línea estratégica de Por La Patria.

-¿Cómo se enmarca este movimiento en la realidad actual del Partido Nacional?

Nosotros apoyamos la candidatura de Jorge Larrañaga. Lo que hicimos es salir al ruedo, al descampado, para ayudar al partido en general y a Larrañaga en particular para que gane la interna.

Sería el mejor candidato que puede ofrecer el partido, buscando la unidad en las diferencias.

¿Larrañaga sigue estando políticamente vigente, luego de dos internas perdidas y cuando todo indica que lo mismo sucederá en 2019?

-Los países cambien y los candidatos maduran. Creemos que Larrañaga ha llegado a su punto de maduración y tiene que tener una oportunidad más. Tiene las condiciones para competir en la interna y, sobre todo, para agrupar más allá del partido el día después. Existe también un componente afectivo importante y de sentirse cómodo trabajando con él.

-¿La Intendencia de Montevideo es una asignatura pendiente para usted?

-Lo fue durante mucho tiempo hasta que me animé a salir y romper la lógica y decir "quiero ser intendente", cosa que en el partido nadie quiere por que es el camino difícil, el lugar menos seguro y protegido.

Me animé a recorrer ese camino. Pero la interna la ganó otro sector que no era el mío y, con todo derecho, entendía que debía apoyar al único candidato que el partido podía proponerle a la Concertación. Yo respeto esa decisión.

Ahora, no voy a recorrer ese camino de riesgos nuevamente, porque no tengo ninguna seguridad de que eso cambie, y porque además ni siquiera el partido decidió si para la próxima elección tendrá o no a la Concertación.

-¿Cuál sería el mensaje que le transmitiría a la gente para convocarla el 8 de noviembre?

-Está bueno convocar a la gente para animarse a hacer cosas nuevas. Tenemos una enorme energía que no encontramos donde volcar. Esto nos ayuda a ser creativos, es una manera de revelarnos y ocupar nuestros lugares. Lo que hacemos es convocar a la gente para que nos ayuden a hacer soplar vientos nuevos sobre viejas banderas, las banderas de Por La Patria, de la renovación, de la rebeldía, de las soluciones nacionales, del rechazo a los extremismos.

Esas viejas banderas requieren de generaciones nuevas, de empujes y energías nuevas. Está bueno sumarse a hacer cosas nuevas. Al partido le hace falta, porque el desafío es ganar y no puede quedar ni uno en la casa.

Cuando convoco a la rebelión, convoco a eso. Que nadie se quede mirando el futuro por televisión. Que nadie crea que va a cambiar el futuro desde el teclado de un celular. Se puede participar de mil maneras, pero se construye con mucha transpiración, metiendo hombro y estando presente. A eso convocamos.