Caso grave de bullying sorprende a Secundaria

Por: Joaquín Silva
Publicado: 19/09/2017 14:52
Caso grave de bullying sorprende a Secundaria

Hace tres años que las agresiones se reiteran en el mismo centro educativo. La madre de la joven recurrió a la prensa como último recurso.

“'Movistar', 'Mono', 'Comelibros' y otro montón de adjetivo espantosos”, enumera María Janine Carballo –muy angustiada– sobre las distintas formas con que nombran a su hija Sofía (15) en el liceo de Playa Pascual, en San José, desde que entró a cursar el primer año de ciclo básico en 2014.

Sofía tiene una gran vocación por el aprendizaje, lo que se refleja en sus notas. No se depila las cejas y tiene dificultades auditivas. “Una vez fui a dejarle dinero en la cantina y la vendedora no supo ubicarla por su nombre”, cuenta su madre a ECOS. María tuvo que repasarle los insultos que la identificaban. “Ah claro, ella”, le respondió la mujer.

Pero el calvario no se detuvo en los adjetivos, ni en las burlas constantes, ni en los ataques de pánico que obligaban a su madre a recogerla personalmente del liceo. El 15 de agosto, recuerda –“no me voy a olvidar nunca más”–, la institución hizo entrega de sus boletines y, como era habitual, los compañeros de Sofía, en pleno desarrollo de una clase, la obligaron a que mostrara sus calificaciones. Ante su negativa, “le tiraron sus útiles al suelo, la empujaron, le rompieron los lentes y le dijeron que a la salida la iban a violar y luego matar; y todo eso delante del docente”.

ECOS intentó el contacto con la directora del centro educativo para interrogar sobre ese episodio, pero no tuvo éxito.

Ante la pasividad de la institución, María hizo ese mismo día una denuncia por las amenazas en la Seccional 10° de Ciudad del Plata y, días más tarde, en la Justicia Penal. Luego, de inmediato, solicitó el pase a otra institución, pero la dirección se lo negó. Se le permitió, a cambio, continuar cursando en el horario nocturno. Allí continúa hasta el día de hoy, pero el bullying, que su madre volvió a denunciar estos días en una carta abierta, no se detuvo. A Sofía ahora también la molestan por su hipoacusia a través del grupo de Whatsapp de la clase, y la obligan a no acudir a la institución cuando coordinan ausentarse entre todos. “Un chico, con antecedentes penales por porte de arma, la siguió en su trayecto al liceo, amenazándola para que no fuera”. Fue entonces que María elevó la segunda denuncia penal a la Justicia.

El Consejo de Educación Secundaria (CES) se mantuvo ignorante de esta situación hasta su sesión regular de este lunes, cuando los consejeros arribaron a la reunión conociendo lo que ya había trascendido a la prensa, que fue la última carta de la madre: denunciar la omisión de las autoridades a los medios de comunicación.

“Recién, antes de esta llamada, intenté comunicarme con la madre, pero no me atendió”, dice Isabel Jaureguy, una de las consejeras, luego de afirmar que en el sistema informático de Secundaría no se registra ningún dato sobre el acontecimiento. De todos modos, asegura, el Consejo inició el contacto con la inspección general y departamental para que se proceda a la elaboración de un informe sobre el suceso.

Invisibilidad

¿Por qué un caso de bullying debe trascender a la prensa para que se ocupen las autoridades? ¿Por qué no se enteran?

“Porque prevale un pacto de silencio que se sostiene producto de una dinámica perversa en que se culpabiliza a la víctima para que la situación se naturalice y justifique y nadie sienta culpa por lo que sucede”, responde Silvana Giachero, psicóloga especializada bullying y activa vocera de esta problemática. “Y trasciende cuando la víctima se suicida o cuando sus padres, desesperados, toman medidas fuertes, como denunciar penalmente las violaciones”.

También se explica, sigue diciendo, por la falta de legislación que regule protocolos de respuesta en las instituciones ante este problema. Un proyecto global de combate y prevención del bullying, que engloba esa intención, ingresó en el Parlamento en julio de 2016 y hoy permanece a estudio en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados.

“Entonces, en la realidad actual, las denuncias caen en el vacío y eso genera más sufrimiento no solo en las víctimas, sino también en sus familias que ven, impotentes, cómo ese chico se enferma y va quedando cada vez más fuera del sistema”.

Isabel Jaureguy entiende que el CES es incapaz de determinar “qué es lo mejor para cada institución educativa” ante problemáticas de este tipo, y que cada situación debe abordarse desde su propia particularidad; “debe analizarse caso por caso”, precisa, lo que no quita que genere en las autoridades “gran preocupación” y que a su vez haya “políticas generales”. “Y que muchos casos no trasciendan –agrega–, también responde a que en varios liceos se cuenta con equipos técnicos y recursos humanos para atender y resolver situaciones como estas, sin que tengamos que ocuparnos nosotros”.

Giachero estima en un 1% los casos de bullying que llegan a la Justicia, cuando “aproximadamente un 30% de adolescentes” sufren este problema sin que tome visibilidad. Y eso tiene un sentido. “Como no hay nada que los proteja –cuenta–, los padres no creen que la mejor idea sea exponerlos públicamente y revictimizarlos”.

Por eso es que casos como el de Sofía, que se visibilicen en los medios de comunicación sin ninguna censura voluntaria, tampoco son los más frecuentes. “Se trata de agresiones de violencia perversa, de abuso emocional, de violación al alma; es un delito que genera mucho miedo, que no todos se animan a mostrar".