Las adicciones consagran a un joven director uruguayo

Por: Joaquín Silva

Actualidad

3/04/2017 11:08

Las adicciones consagran a un joven director uruguayo

Archivo

Guillermo Trochón repasó su formación y su incipiente carrera como director de cortometrajes, que ya le ha deparado varios reconocimientos.

Una casa antigua ubicada en la calle Cassinoni, en Parque Rodó, es la base de operaciones de un grupo de veinteañeros cinéfilos que pasan sus días –y muchas veces sus noches– editando cortometrajes, pensando guiones o simplemente buscando la forma de ordenar, y dar cada vez más forma, a su muy activa productora audiovisual Filmcito.

Nadie lleva la cuenta de la cantidad de sus trabajos que han sido seleccionados para participar en distintos festivales –nacionales y extranjeros–, en estos dos años que la productora lleva de vida. “Deben ser más de 30”, dice con total inocencia Guillermo Trochón (25), director de "Vivimos", el film ganador del concurso regional de cortos “Direct Cinema + Becas”.

En diálogo con ECOS, Trochón repasó esa distinción y varias otras, como la que recibió en octubre de 2016 en un concurso de cine convocado por la Junta Nacional de Droga y el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay.

“Muchas veces nos enteramos tiempo después que fuimos seleccionados”, acota desde la sala contigua al living Cristhian Orta, otro de los cineastas de Filmcito, ganador del mismo concurso de Direct Tv el año pasado con el corto "Fluir". Será de las pocas veces que Cristhian intervendrá para precisar ciertos datos, pues desde su cuarto atiborrado de teclados, cables y monitores, trabaja concentrado en uno de los tantos proyectos de Filmcito que aún están en camino.

Guillermo, en cambio, debajo de la luz de la claraboya, prepara un mate mientras comienza a contar cómo vive su expectativa de viajar al extranjero para estudiar lo que le apasiona, cómo disfruta que escojan sus trabajos en festivales internacionales, y de qué se trata el argumento de "Amores sobrios", el nombre provisorio del próximo cortometraje cuya temática es el consumo abusivo del alcohol, que en los últimos tiempos ha estado en el centro del debate político y ciudadano.

-Completaste tus estudios en la Escuela de Cine del Uruguay (ECU), pero abandonaste la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar. ¿Por qué?

-Porque es una carrera en la que te tienen tres años con materias genéricas, y sólo en cuarto te ofrecen la especialización en cine, y es imposible aprenderlo todo en un año. Además, no te estimulan. Tienen una pedagogía antigua, y proponen un abordaje genérico, que no termina de tomar una forma concreta, tanto las orientaciones de imagen como de sonido.
En la ECU me convertí en amante del cine.

En la ECU es diferente. Son cuatro años de carrera de cine propiamente dicho que realmente te estimula. Allí fue donde me convertí en amante del cine. Ya en el primer día me hicieron hacer un Storyboard –un guión gráfico de planos y escenas cinematrográficos– para que transformáramos un cuento en una película. O sea, en el primer día de clase ya me hicieron ponerme en la cabeza de director, y yo no lo podía creer.

-Fue en la ECU cuando comenzaste a producir en forma sistemática.

-Claro, porque además aprendí un concepto muy saludable: me di cuenta de que todos los ejercicios de clase, si se hacen con pasión y esmero, pueden terminar siendo proyectos interesantes en sí mismos, que trascienden la materia. Es el caso de 25 Watts (film de 2001, codirigido por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella) que nació siendo una tesis y hoy es una de las películas más icónicas de Uruguay. Nuestro cortometraje El trabajo del ser, por ejemplo, nació de un ejercicio de la materia Realización no ficción de la ECU.


-Las últimas dos distinciones que obtuviste como director, el corto "Vivimos" y el proyecto "Amores sobrios", fueron trabajos que tratan sobre las adicciones. ¿Fue algo buscado?

-Justo pensaba en eso el otro día. "Vivimos" problematiza la adicción al tabaco y el guión del proyecto que presentamos a la Junta Nacional de Droga, el alcohol; y yo soy fumador y tomo cuando salgo de noche con mis amigos; es algo que tengo asumido. De adolescente tomaba muchísimo, mezclaba como un bobo, y con la edad fui madurando y haciéndome consciente. Por eso el proyecto me sirvió para reparar en la ansiedad que tenemos todos por tomar, cuando perfectamente podríamos pasarla bien sosteniendo una botella de agua, porque lo que queremos, en definitiva, es sostener algo en la mano y estar predispuestos a tomar.

Y con el cigarrillo pasa algo similar. En un día normal, puedo fumar siete cigarros, pero si ese día salgo de noche capaz que fumo el doble, porque en la noche uno se fuma un pucho cada cinco minutos, por la gran ansiedad que genera la vida social.

-¿De qué trata el argumento de ese proyecto, cuyo nombre provisorio es "Amores sobrios"?
En la vida real, la gente busca lo que no tiene; Amores sobrios plantea un mundo al revés, pero manteniendo esa lógica.

-Nos abocamos a la prevención del consumo de alcohol, porque era el énfasis que pedía el concurso. Fue muy difícil no caer en el mensaje choto, acartonado, que tuviera un momento en que un personaje mirara a la cámara y diga: “es por esto que no es bueno abusar del alcohol". Nos esforzamos en hacer algo más original, y planteamos un escenario con una tercera guerra mundial, donde haya escasez de agua y sólo exista el alcohol, sustancia que se convierte en la bebida de todos los días. Es un mundo en donde la gente vive ebria, y la sobriedad se transforma en el estado que todos buscan para alcanzar un momento de felicidad.

En la vida real, la gente busca lo que no tiene. Cuando salimos en la noche, procuramos la ebriedad porque es lo que nos falta. En el corto se plantea un mundo al revés, pero manteniendo esa lógica.

-Ganaste una beca para estudiar en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California, por el cortometraje "Vivimos". ¿En qué consistirá la experiencia?

-Van a ser clases intensivas, y un día a la semana se va a dictar un curso en los estudios de la Warner. La experiencia dura un mes y medio, y nos tendrán editando y escribiendo guiones. Me tiene muy contento.

-Es una oportunidad para hacer contactos.

-Y claro. Es con esa idea que estamos traduciendo nuestros guiones al inglés, para poder mostrarlos allí, y también en el Sehsüchte Film Festival, en Postdam, Alemania, festival que también seleccionó "Vivimos", y a donde voy a viajar el 23 de abril. Me invitaron por ser el director, con pasaje aéreo y estadía paga. Cuando me llegó el mail anunciándomelo no lo podía creer. Además, me dijeron, es uno de los festivales más importantes del cine estudiantil europeo, y por las noches se generan instancias de encuentros para intercambiar con directores de todas partes del mundo que tienen mi edad.

-Fue un corto muy distinguido.

-Totalmente. Tuvimos la noticia, hace unos días, de que también lo seleccionaron para el Tlanchana Fest en Metepec, Ciudad de México. Lo van a proyectar este domingo.

-¿Nadie de la producción va a viajar?

-¡No, pará! –se ríe–. Ahí quedamos, simplemente. Pero no podemos ir a todos.

-¿Hay muchas otras productoras en Uruguay, así como Filmcito, integrada por jóvenes, con actividad constante y distinciones internacionales?

-Hay, sí. Catafracta es un caso. Son grupos de distintas generaciones que hacen lo mismo que nosotros: aglomerarse y generar un sello, en donde los integrantes del colectivo trabajan siempre en representación del grupo, así hagan trabajos individuales.

-¿Cuántos trabajan actualmente en Filmcito?

-Debemos ser alrededor de ocho, más algunas personas más que a veces también trabajan para la productora.

-¿Logran vivir con el trabajo de la productora?

-No, ni por casualidad. Obviamente que nos encantaría, pero al momento cada uno trabaja por la suya en distintas áreas de lo audiovisual. En mi caso soy eléctrico freelance; me llaman para trabajar en producciones de películas o publicidades. Y está bueno, porque son experiencias que uno aprovecha para aprender todo lo que se pueda. El año pasado, por ejemplo, trabajé para la serie Hipnotizador, de HBO, que se filmó acá, y en donde pude ver cómo trabajaba Leonardo Sbaraglia. Pero también aprendo cómo filmar, dónde poner la cámara, cómo armar la puesta en escena, etc.
El problema del cine en Uruguay se sustenta con fondos; no hay inversores yanquis que pongan un millón de dólares.

El problema es que el cine en Uruguay, como se sabe, se sustenta a través de fondos del Estado. "Amores sobrios" lo vamos a rodar en parte gracias a los 200 mil pesos de premio que ganamos en el concurso. Direct Tv nos dio cinco mil dólares en los dos años consecutivos que ganamos. Pero son ayudas. Acá no hay inversiones de productores yanquis que pongan un millón de dólares para hacer una película, porque no es redituable.

-Es algo que puede constatar el director uruguayo Federico Álvarez, radicado en Hollywood desde hace unos años. ¿Tenés contacto con él?

-Sí. Me reuní en su casa hace unos meses, junto a su director de fotografía Pedro Luque, cuando viajé a Estados Unidos para hacer un trabajo como camarógrafo. Comimos unas pizzas y hablamos bastante, pero no me dio para mostrarles o contarles de mi trabajo, todavía. Y ahora que voy a viajar a California me escribieron y capaz que me reciben de nuevo.

-¿Qué directores de cine son tus referentes?

-Jean-Pierre Jeunet, Edgard Wright, en cuanto a montajes veloces, pero también Wess Anderson, Quentin Tarantino, Woody Allen, y muchos directores del cine independiente. Ah, y el cine argentino, directores como Campanella, Szifron.

-¿Cuánto tiempo dedicás a mirar cine?

-Acá atrás tenemos un proyector, y cada tanto hacemos maratones y comemos unas picadas. Sacamos las sillas de la oficina y convertimos el cuarto en un cine. Miramos películas como todo el mundo.

En su momento, cuando recién había entrado a la ECU, me sentía un neandertal, porque los profesores nos hablaban de grandes películas y yo no conocía ninguna. Entonces decidí ordenarme, y ver todos los films de cada director. Ahora, queremos conseguir las películas ganadoras de los Óscars y mirarlas todas.