Dos grupos de varones en las antípodas por el feminismo

Por: Leonel García
Publicado: 25/02/2017 09:12
Dos grupos de varones en las antípodas por el feminismo
ECOS
Reunión de Varones por la Igualdad en la sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional.

Varones por la Igualdad nació para acompañar las reivindicaciones de las mujeres; Varones Unidos, para oponerse a la "narrativa hegemónica".

La sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional es un Club de Tobi, pero uno representativo de las llamadas “nuevas masculinidades”. Hay más de 30 hombres, en su mayoría de 45 años para arriba. Es jueves, falta poco para las 20 horas, y está a punto de comenzar la segunda reunión del grupo Varones por la Igualdad. Este fue creado hace menos de un mes, en la mesa de un bar en el Parque Rodó, como una reacción solidaria a la ola de femicidios que está padeciendo Uruguay en lo poco que va de 2017.

En el primer encuentro, una semana atrás, había más gente. Eso no amilana a los impulsores. Hay algunas caras conocidas: el presidente del Banco Central del Uruguay Mario Bergara, el ex intendente de Montevideo Mariano Arana, el ex ministro de Salud y de Desarrollo Social Daniel Olesker, y el director de la Institución de Derechos Humanos Juan Raúl Ferreira, entre otros. La cuenta en Facebook de Varones por la Igualdad, tan flamante como ellos, ya pasa los 700 seguidores y es su principal vía de difusión. En Twitter ya tienen 420 seguidores.

No asumimos nuestra culpa, asumimos nuestra responsabilidad y queremos cambiar la realidad.

“No asumimos nuestra culpa, asumimos nuestra responsabilidad y queremos cambiar la realidad”, dice Sebastián Bello, uno de los integrantes del grupo, desde la mesa que preside la reunión. Hay una intención a futuro: “Queremos ir a los núcleos más machistas: el fútbol, el básquetbol y la vuelta ciclista”. También menciona al Ejército y a la Iglesia. “El feminismo no es cosa de mujeres solamente”, subraya. Se menciona que desde la reunión anterior a esa, hubo “tres femicidios más”, que elevaron la dramática cuenta 2017 de cinco a ocho, según su conteo: Manuela Stábile, Shakira Techera y Florencia Torriani. Hay una declaración a disposición de los participantes que se pone a consideración.

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Hay otra reacción de varones, surgida antes, que sería más al estilo del principio de acción-reacción newtoniano. Es viernes, es mediodía, y en la mesa de un restaurante de Pocitos Nuevo Pablo Laurta (31) y Federico Rivero (35) reciben a ECOS. El primero es fundador y ambos son integrantes del “círculo operativo” de Varones Unidos, una iniciativa por ahora limitada a Internet que nació como blog en 2015. A ellos, terminología como la de “las nuevas masculinidades” les provoca una mueca de disgusto.

“La idea original mía con el blog era hablar de cuestiones de género pero no desde la perspectiva femenina, que es lo que ha pasado siempre, sino desde la masculina. Buscaba una narrativa alternativa a la que hoy es la hegemónica. Yo creo que era una voz que faltaba en el mundo hispano”, dice Laurta, que se dedica al mantenimiento y manejo de contenidos de medios digitales, deslizando que ya desde el vamos pensaba en una movida transnacional. Hoy, la comunidad online Varones Unidos tiene 37.387 seguidores en Facebook. Según su fundador, seis mil son uruguayos y el resto está “desperdigado por el mundo hispano”. El 20%, calcula, son mujeres. En Twitter su arrastre es más modesto: 1.440 followers.

“Lo principal que buscamos es proponer visiones alternativas, porque hay una narrativa hegemónica muy protegida sobre cuestiones de género y no se permite un debate abierto sobre ese tema. Cuando planteás algo alternativo sobre violencia de género o femicidios, no terminás de abrir la boca que te acusan de ‘machista’ o ‘facho’”, agrega.

“Acá no buscamos ningún rédito económico. ¡Perdemos plata y amigos, amigas sobre todo!”, se ríe Ramos, barbero y empleado de una casa de diseño gráfico. Enseguida agrega que esta iniciativa “no es una lucha contra nadie” y que está “a favor de todos”. En todo caso, señalan, es una reacción al sentirse interpelados por “la narrativa hegemónica”, asegurando que una opinión mal vista, en estos tiempos, es la del “hombre heterosexual”.

A su vez, se dicen conscientes que ellos mismos provocan reacciones similares con sus opiniones sobre el feminismo –“las mujeres son sus principales víctimas” (Laurta)-, la brecha salarial –“eso no existe, se gana por laudo” (Rivero); “si realmente fuera así, los empresarios solo contratarían mujeres” (Laurta)-, la ley de cuotas partidaria –“se basa en un argumento falaz; los hombres están más interesados en participar en política, entonces la tienen más difícil por ser más” (Laurta)- o las nuevas masculinidades – “¿qué es eso?” (Rivero)-.

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Bernardo Ramazzi (58), jubilado bancario y sociólogo, dice a ECOS que no le molesta que el público asistente a las reuniones de Varones por la Igualdad, sea mayoritariamente mayor a 40 años. Los más jóvenes tienen otra cabeza y de esa edad para arriba “capaz o sin capaz hay viejos conceptos arraigados”.

No es el caso, asegura, de este fundador del grupo. “Pero lo mío debe ser extraordinario, porque todos los días escucho de mis amigos que han debido ‘resetearse’ ”. Esto es: no hacer más determinados comentarios, no reírse de cosas que antes daban gracia, no consumir determinados productos culturales que antes se disfrutaban. Tiene dos hijas, una de 33 años y la otra de 14. “Las dos me felicitaron”, dice y no esconde el orgullo.




Los fundadores del grupo son una barra de amigos de vieja data; hombres como –nuevamente- el Club de Tobi, once como un cuadro de fútbol. Un bar del Parque Rodó era el escogido para las reuniones de amigos. Pizzas, cervezas y charlas de esas que hablan los hombres: fútbol, política, trabajo, carnaval, mujeres. Femicidios. Este último fue el tema primordial, tres semanas atrás. Valeria Sosa, asesinada en la noche del 30 de enero, era entonces el último nombre de un drama.

“El asesinato de mujeres es el último y terrible eslabón de una cadena de violencia diaria y cotidiana contra todas las mujeres. Es una cadena interminable de violencia física y simbólica, que se ve en las familias y en los trabajos”, relata. Aquel día, en el bar, la charla sobre la violencia contra las mujeres se imponía. Y se terminó imponiendo el grupo.

“Nos decidimos a hacer algo, que era el momento de dar un paso adelante como hombres y hablarle a los hombres. Para concretar la idea, teníamos que llamar a otros hombres para que se sumaran. Y tuvimos una buena repercusión que sigue en aumento, a través de Facebook y nuestras propias redes personales”, indica.

Varones por la Igualdad no es un movimiento político partidario, se apresura a subrayar. Aunque en las reuniones y en el grupo de Facebook sea notoria la presencia mayoritaria de personas vinculadas al Frente Amplio y a la izquierda, Ramazzi enfatiza que este “movimiento cultural permanente” está “por encima de banderías”. Él se concibe como feminista y está “absolutamente de acuerdo” con la columna de opinión que publicó la diputada Susana Andrade en La República el jueves 23: “La violencia contra las mujeres se ha transformado en una especie de exterminio genocida”.

-Con todo esto que está ocurriendo, ¿usted se siente interpelado en su condición de hombre?

-¡Claro que me siento interpelado como varón! Por eso hemos decidido dar este paso. Me siento interpelado como género, por el solo hecho de ser parte. Porque son los varones los que matan a las mujeres como si fueron su propiedad. Y tengo una preocupación especial porque a las feministas las tratan de feminazis, equiparándolas a lo peor que produjo la humanidad. ¡A nadie se la llama así! ¡Solo a las mujeres! Eso es inadmisible.


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Más que interpelado, Federico Rivero se ha sentido agraviado. Su historia personal juega. “Los hombres somos chivos expiatorios muchas veces. A raíz de lo que pasó con estos seis femicidios, que yo llamo homicidios, leí que una persona puso en un portal que ‘los hombres tienen que pedir perdón por lo que hicieron estos tipos’. A mí no me parece que por seis enfermos mentales, quienes tienen que sentir todo el peso de la ley, tengamos que pagar todos. A mí me enferma que me tilden de violento, por ser hombre, cuando no lo soy. Yo una vez fui a denunciar que sufrí violencia (de género) y por ser hombre no me tomaron la denuncia. Si eso no es discriminación… Y conozco varios casos, es una vedad silenciada”. Separado y con un hijo, él está nuevamente en pareja.

“¿Querés saber en qué lugares no hay igualdad de género? En los juzgados de familia. Por un momento, yo fui parte de una agrupación de padres impedidos de ver a sus hijos. Era mi caso, que se solucionó por vía judicial, mucho dinero mediante. En los juzgados de familia, un hombre está expuesto. Conozco casos en los que los abogados recomiendan a las mujeres que haga una denuncia por violencia doméstica. Eso detona en que te puedan sacar de la casa y te alejan de tu hijo, sin pruebas”, añade.

Pablo Laurta dice, al igual que sus “colegas” del otro grupo, que Varones Unidos tampoco está bajo un ala partidaria. Eso sí, señala que la izquierda es la que ha apañado esta narrativa hegemónica y que ellos se identifican más con la llamada “derecha alternativa”. Entre los referentes a nivel mundial nombra a Milo Yiannopoulos, un muy controversial (por llamarlo de alguna forma) bloguero británico, admirador de Donald Trump y autodefinido como “el mayor supervillano de Internet” (tanto, que en 2016 fue expulsado de Twitter para siempre por las cosas que era capaz de decir en 140 caracteres).

De Uruguay, ambos destacaron con entusiasmo las columnas periodísticas de Gabriel Pereyra en El Observador (“Las cosas que al feminismo no le gusta escuchar”, 22 de febrero) y de Hoenir Sarthou en Voces (“El sexo y la criada”, 23 de febrero), donde se cuestionaba el énfasis a las muertes por femicidio dentro del total de asesinatos que hay en Uruguay.

“Solo el 6% de los asesinatos fueron mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas”, subraya Rivero. “Entonces, ¿por qué meten a todos los hombres en la misma bolsa? ¿Por qué hablan de violencia machista cuando debería ser violencia basada en género? Centran el problema solo en un sexo, cuando todas las muertes valen igual”, añade.

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Se abre el debate en la sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional. Un Tobi espalda a espalda con La Pequeña Lulú es un ícono bastante expresivo de la idea del grupo. La declaración, en lo macro, no genera reclamos. Aunque sí hay algunas precisiones de los participantes, que los moderadores piden no se excedan de los cuatro o cinco minutos.

En el punto 1, se indica: “Con dolor y vergüenza, hemos decidido actuar para ayudar a frenar el daño físico y moral sistemático que nuestras prácticas sociales provocan en las mujeres…”. Un asistente, Federico, pide sacar el “con dolor y vergüenza”. “No sentimos eso al estar acá”, explica. Otro de ellos, Gastón, quiere añadir el “afectivo” a los daños enumerados y emite una argumentación semántica para sustentarlo.


El punto 6 arranca con fuerza: “No todos los varones somos asesinos en potencia pero la violencia está en nosotros como colectivo”. A su turno, un asistente dice que una frase de ese tipo no haría sino alejar a muchos interesados en colaborar. “No creo que haga falta ser tan autoflagelante”, apunta. Más de uno asiente con la cabeza.

El debate prosigue entre cuestiones de forma y de fondo. Saliendo de la proclama a estudio, un miembro del grupo dice que el anunciado paro del 8 de marzo debe ser solo de mujeres. “Los hombres debemos apoyarlas ocupando su lugar en los puestos laborales”, agrega. Acto seguido, otro subraya que lo correcto es, al momento, considerando que aún falta la resolución judicial en dos casos, hablar de seis femicidios y no de ocho. Un tercero, en una breve intervención, sugiere que más que pensar en una declaración se hable de acciones. Más de uno está más atento a su teléfono celular.

El punto 2 indica sobre el final: “Sin un cambio en las prácticas masculinas no habrá soluciones reales al drama cotidiano que vivimos”. Alguien tiene un matiz para aportar: “Yo diría de referirnos a las prácticas machistas. En lo personal, hay prácticas masculinas que no quiero perder”. Más de uno sonríe con complicidad.


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Varones Unidos, por ahora, no tiene pensado hacer movilizaciones o salir de lo virtual. No le interesan hacer cosas “violentas” como pintadas o cortes de calles. Quizá sí hacer alguna reunión entre los integrantes del núcleo duro, unos doce.

Dicen que ellos han sido víctimas de ciberbullyng. “Han agarrado fotos mías de mi cuenta de Facebook donde me han puesto desde homófobo hasta maltratador. Son las reglas de juego…”, cuenta Federico Rivero. “A mi me han photoshopeado al lado de (el ex presidente Jorge) Pacheco Areco, con una bandera nazi… son cosas creativas”, se ríe Pablo Laurta.

Quizá el alejarse (tanto) del discurso políticamente correcto, admiten, alimente ese encono 2.0. “Las mujeres son las peores víctimas del feminismo. El feminismo le impone a las mujeres la visión de cómo tienen que vivir. Le crean un complejo de inferioridad. Vos discutís con ellas y te das cuenta que tienen una sensación de inferioridad”, asegura Laurta. “Algo curioso es que, por lo general, en este grupo solemos estar en pareja, mucho más que los hombres feministas”, añade el fundador de Varones Unidos quien, reconoce, de momento no está en pareja.
Las mujeres son las peores víctimas del feminismo. Les impone cómo tienen que vivir

Rivero, por su parte, asegura que esta” narrativa hegemónica” actual, fogoneada por el “feminismo de la tercera ola” o “ideologías de género que se quieren imponer en centros educativos público”, lo único que consigue es “dividir”.

-Y un discurso como el de ustedes, ¿no alimenta esa división?

-Al fuego lo combatís con agua, no podés ser light (Rivero).

-En 2015, cuando surgió este grupo, había solo un extremismo de izquierda que estaba imponiéndose sin que nadie se le parara y dijera: “Hola, estamos acá”. Y esto está pasando en todo el mundo. La gente está empezando a hablar y decir lo que piensa. Y como lo que se piensa estuvo reprimido tanto tiempo por la corrección política, la gente, de alguna forma, trata de compensar (Laurta).

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En la sala Castro, es el turno de hablar para otro asistente. Se identifica como José González, integrante de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys). Pide menos palabras y más hechos concretos. Pie a los asistentes que se plieguen a manifestación contra los femicidios del día siguiente y al paro del 8 de marzo. Pide pararle el carro a los que “se metan con las mujeres” en la calle: “Aunque te partan la jeta, aunque le tengas que partir la jeta a uno”.

El orador se entusiasma en su discurso que pide acción. Deja bien claro que algo así como analizar una proclama no es algo que le interesa. Se enoja cuando alguien –discretamente- le señala que se pasó largamente del tiempo estipulado. “Me tienen podrido las palabras, las declaraciones y la intelectualización”, dice antes de cortar su intervención.