Vacaciones en la playa, lujo de una minoría afortunada

Por: Joaquín Silva

Actualidad

4/02/2017 07:10

Vacaciones en la playa, lujo de una minoría afortunada
municipio maldonado
Playa de Portezuelo

La cifra exacta de uruguayos que pueden tomar vacaciones no la sabe nadie. Pero todos estiman que es un privilegio vedado a la mayoría.

“Estoy bastante sorprendido. Durante todo el año, nos convencieron de que el país estaba hecho mierda, de que la fiesta se había terminado. Este enero la realidad nos vuelve a escupir la cara. Miles y miles veranean, gastan, se divierten. Balnearios repletos, colas interminables, se agota la cerveza, el pan y la leche”.

Así comenzó una publicación del politólogo Daniel Chasquetti en Facebook, el 8 de enero, en plena temporada estival. Dos días después, el Ministerio de Turismo publicó los datos oficiales de la actividad turística en el país, que expresaban un crecimiento importante.

El balneario de Piriápolis, por ejemplo, presentaba en esos días una ocupación hotelera de 90%, y el sector inmobiliario tenía un 15% más de actividad que a la misma altura en 2016, informaron operadores turísticos.

“O están todos locos o los medios de comunicación y la oposición nos vendieron un tranvía color naranja...”.

Chasquetti concluyó así su post, generando toda clase de reacciones y nada menos que 470 comentarios. Muchos de ellos apuntaron a la realidad económica de una gran parte de la población, que no puede permitirse vacaciones. “Andá a vivir como vive la mayoría de la gente con 13, 15 o 20.000 pesos y me decís”, contestó uno de sus seguidores.

El dato preciso de cuántos uruguayos pueden permitirse vacacionar es un misterio. Para empezar, no es algo que mida el gobierno. “No tenemos una encuesta especializada en eso”, dijo el subsecretario del Ministerio de Turismo, Benjamín Liberoff. “No digo que no se pueda hacer, pero no debe olvidarse que el procesamiento de la información ya es complejo, y que contamos con un equipo técnico reducido como para agregar más variables”.

En el módulo dedicado al turismo interno de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas, las unidades que se miden son los “viajes” efectuados, discriminándose los regulares de los no regulares, según el viajero se traslade en forma sistemática o esporádica. El informe más reciente –de 2016– señala que en el país hubo 6.625.000 de viajes en 2015.

Pero la cifra indica poco, porque cada viaje es contado como una unidad y no importa si es la misma persona la que va y vuelve desde Punta del Este varias veces en el mismo mes o año.

Las encuestadoras privadas, por su parte, tampoco tienen mediciones recientes de esta variable. Nadie les ha pedido esta cifra, manifestaron en varias de ellas.

“Hasta hace unos años –recordó Liberoff– la encuestadora Cifra hacía un seguimiento de ese dato: determinaba que el 70% de los montevideanos no salía de la capital”. Ese porcentaje, agregó, se mantenía constate en el tiempo.

En el campo

María Flores, integrante del Sindicato Único de Trabajadores de Tambos y Afines, se ríe cuando se le pregunta si alguna vez visitó Punta del Este en temporada alta. “Ni siquiera lo soñamos; eso imposible para nosotros”.

Es que un trabajador rural gana, en promedio, según cálculos de la sindicalista, 15.400 pesos, más un ficto de alimentación y vivienda que no supera los 3.000. “Si no nos alcanza para vivir durante mes, menos nos da para irnos de vacaciones”, dijo.

Con esos ingresos, explicó, al trabajador rural le queda solamente una alternativa: acceder al Sistema Nacional de Turismo Social. Se trata de un programa del gobierno con más de diez años de funcionamiento, y cuyo cometido es facilitar el acceso, a través de convenios y precios accesibles, a varios destinos turísticos para aquellas personas con dificultades económicas.

“Pero aun así somos pocos los que vamos –añadió–, porque por más económico que sea, son 1.650 pesos por persona, que para una familia con varios hijos se hace imposible de sostener”.

Los paseos de los que logran acceder a ellos –contó–, consisten por lo general en la estadía en un hotel de balneario, durante un fin de semana. “Con la plata que se gasta, una familia rural vive durante 15 días; rara vez es una opción redituable”, sostuvo. Y en todo caso, la opción que ofrece el programa es visitar los balnearios en invierno o en temporada baja.

El verano, además, es una estación especialmente compleja para las tareas rurales; “es la época en que tenemos más trabajo y cuando es más difícil tomarnos licencia. Bajo el sol de enero y febrero el pasto escasea, a los animales hay que hidratarlos más, y debemos estar moviéndolos a la sombra todo el tiempo, lo que no sucede en invierno”.

Pero no es que los trabajadores del campo no se tomen licencia, dijo. Se la toman, pero no pueden permitirse viajar ni cerca ni lejos. "Generalmente van a pescar a la cañada más cerca; en mi caso, cuando descanso, me voy a un arroyo muy lindo, en las inmediaciones de Polanco del Yí".

Empleadas domésticas y cadetería

Mariela Burlón, integrante hasta hace unos años del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas, da fe de "la utopía" que significa vacacionar en plena temporada estival para las empleadas de hogares. “Tenemos un sueldo de hambre”. Dijo que trabaja en dos casas y cobra en el entorno de 21.000 pesos. Y añadió que muchas veces resulta imposible tomarse licencia en verano, producto de las múltiples fuentes laborales.

“Además, si se tiene en cuenta que la mayoría de las empleadas están casadas con albañiles o viven solas, resulta obvio que la mayoría no puede irse para afuera. Yo, por ejemplo, priorizo pagar cuentas personales; no me puedo dar el lujo de endeudarme”.

A lo sumo, contó, en su licencia aprovecha para viajar a Tacuarembó, para visitar a su madre.

Daniel Cañete, dirigente de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys), y coordinador de los sindicatos de correo privados y deliverys, cree que la posibilidad de vacacionar en su sector depende del contrato laboral que se pacte.

Pero en la mayoría de los casos, sostuvo, predomina la “informalidad” y los ingresos mensuales de entre 12 y 13.000 pesos, haciendo imposible “una vacación de 15 días en Maldonado o Rocha”.

Las vacaciones más frecuentes entre los trabajadores de su sector consisten en salidas de un fin de semana, “y en los casos en que no deba pagarse estadía, como casas de amigos, o campings económicos”.

Funcionarios públicos

Pero las dificultades se extienden para muchos otros. La exigencia de un salario vacacional es un reclamo común en varios sindicatos. Es el caso de todos los funcionarios públicos –salvo acuerdos especiales–, como policías, maestros, profesores y funcionarios de Anep.

“El policía de calle, cuando se toma licencia, se queda en la casa”, dijo Miguel Barrios, secretario de Asuntos Legales del Sindicato Único de Policías del Uruguay. La situación económica de la mayoría es muy comprometida como para veranear en un balneario. “Tal vez algún comisario u oficial superior pueda darse ese lujo, pero no la mayoría”, sostuvo.

Además, muchos oficiales tienen un segundo oficio, “como la albañilería”, al que aprovechan a explotar en los días de licencia.

“Hace tiempo que muchos compañeros me insisten con que nuestra actividad es especialísima, y que merecemos un descanso, desconectarnos como lo hacen otros, pero mientras no tengamos salario vacacional, no podremos”. El sueldo promedio, líquido, de un policía ronda los 29.000 pesos.

Joselo López, secretario general de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado, recordó para todos aquellos trabajadores “con salarios sumergidos” existen, desde hace unos años, las colonias de vacaciones de los sindicatos. Sin embargo, reconoció, “la gran mayoría de los que ganan menos de 25.000 se quedan en sus casas”.

Eso ocurre porque tampoco pueden pagar la estadía en la colonia de vacaciones.

En tanto los profesores de Secundaria enfrentan una contradicción paradójica. Por un lado, por licencia reglamentaria, tienen libre enero, pero los sueldos de entre 22 y 27.000 pesos, en la mayoría de los casos, no les permite el ahorro, “que es la única forma que tiene el docente de tomarse unos días afuera”.

El secretario nacional de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundari, José Olivera, también destacó la “solución alternativa” de las colonias sindicales, en donde veranea el grueso de su sector. Pero vacacionar en hoteles o casas alquiladas en los balnearios más populares “es una total fantasía”.

Se lamentó que la reivindicación del salario vacacional sea “una lucha que llevamos desde hace mucho tiempo". Se trataba de un beneficio que existía antes de la dictadura militar, y que tras el retorno a la democracia "nunca fue restituido".

Los maestros tienen una situación similar, aunque Elbia Pereira, secretaria general de la Federación Uruguaya de Magisterio, está muy conforme con las colonias vacacionales que tiene su sindicato en Jaureguiberry, Bella Vista y en Puimayen.

“Gracias al esfuerzo de todos los afiliados, hoy gestionamos tres espacios muy cómodos para el descanso de nuestros trabajadores”, expresó.

El sueldo mínimo de los maestros, con una base de 20 horas semanales, es de unos 26.000 pesos nominales. Más acentuadas son las dificultades de los funcionarios de Primaria, y especialmente aquellos que pertenecen al sector de limpieza, que ganan un promedio de 20.000 pesos.

Lo que ve el gobierno

Según datos del subsecretario Liberoff, entre el Sistema de Turismo Social, las colonias de vacaciones de los sindicatos y organismos estatales, y los diversos convenios que tiene BPS con varios hoteles en el país, alrededor de 100.000 personas tienen distintas formas de acceder a viajes “que de otra forma no podrían”.

El gobierno, además, maneja dos indicadores específicos “que muestran una realidad muy interesante”: la cantidad de autos que se compraron en los últimos diez años, y la actividad regular de la estación de ómnibus de Tres Cruces. “Tenemos más de 250.000 autos, y la terminal con la misma cantidad de servicios de siempre; estamos ante un milagro”.

De esta forma, argumentó Liberoff, se concluye que aumentó el poder de compra, el salario real, “y por ende, la cantidad de vacaciones de la gente”.

El politólogo Chasquetti, por su parte, manifestó “tener muy claro” que la mayor parte de los uruguayos no pueden permitirse descansar en un balneario.

“Con mi post solamente quise señalar que la minoría que sí puede permitirse vacacionar, hoy lo hace igual que antes", explicó. "No parece, entonces, que haya una crisis económica que genere un repliegue en el consumo, como ciertos sectores aseguran”.