"Niñas escolares son objeto de sexo por adultos"

Por: Leonel García
Publicado: 11/01/2017 06:09
"Niñas escolares son objeto de sexo por adultos"
ECOS
Presidente del Conapees, Luis Purtscher.

Entre 2007 y 2009 se denunciaron 20 casos de explotación sexual; en 2016 fueron 333. Para Luis Purtscher apenas es la punta del iceberg.

La lectura positiva de los datos. Eso es lo que prefiere el sociólogo Luis Purtscher, presidente del Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia de Uruguay (Conapees). Entre 2007 y 2009, el INAU había realizado, los tres años en su conjunto, 20 denuncias de explotación sexual en menores. Solo en 2016 ese número trepó a 333, igual cantidad de intervenciones correspondientes. Es una cifra escandalosamente superior, interpretada como que las autoridades están más alertas.

“Ahora estamos mirando más y mejor”, le aseguró a ECOS. Ese número, en todo caso, es la punta de un iceberg. Por cada denuncia se calcula que hay entre tres y seis situaciones más que aún transcurren en medio de un silencio cómplice.

Purtscher asegura que la tarea del Comité, dependiente del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) y responsable de elaborar un plan nacional del combate a la explotación sexual de los menores, ha logrado romper muros de impunidad y poner en la agenda un tema que existió siempre pero que estaba invisibilizado, quizá naturalizado.

Una muestra de ese cambio es la denuncia realizada por el INAU a funcionarios de Cutcsa -sobre la cuál Purtscher no quiere manifestarse hasta que no haya un fallo judicial- y la reacción de la empresa. Este episodio sacudió la modorra montevideana de enero, cuando las miras estaban puestas al Este. La explotación sexual, un fenómeno que afecta a todo el país durante todo el año, también sabe de zafras estivales.

-Detrás del sol, la playa y el glamour, ¿qué pasa o suele pasar en el Este en lo referido a la explotación sexual de menores por estos días?

-Este es un problema que pasa a lo largo y ancho del país. En el caso del verano, la afluencia de población nómade en los distintos territorios profundiza problemas que existen durante todo el año.

-Problemas como la explotación sexual infantil.

-Sí. Eso pasa con todos los movimientos poblacionales. No solo los turísticos, también pueden ser debido a enclaves productivos, ya sea zafra de granos o explanadas de camiones cerca de los distintos puertos. En Maldonado, Rocha o Canelones en verano no aparece la explotación sexual con los turistas, se profundiza porque aumenta la población. Y hay personas que, además de hacer su actividad recreativa, explotan niños. Y eso los transforma en delincuentes.
En Maldonado, Rocha o Canelones en verano no aparece la explotación sexual con los turistas, se profundiza porque aumenta la población.

-¿Cómo llegan ahí esos menores? ¿Es posible que sea por sus propios medios?

-Hay distintas formas. En algunos casos sí, son gurisas -porque en el 96% de los casos son mujeres- que ya poseen otras fragilidades y elaboraron sus propias estrategias de vida en estas situaciones de explotación. Hay casos donde los llevan miembros de la familia o sujetos cercanos que, aprovechando la situación de vulnerabilidad, siendo parte de un núcleo ya vulnerable, los explotan. Y existe también la acción de terceros, sin ningún lazo sanguíneo, donde ya se puede hablar de trata. Hay que imaginarse un continuo de fragilidades donde la violencia empieza con el abandono, sigue la violencia física y psicológica, luego el abuso y finalmente la explotación y la trata.

-¿Y cuántos inspectores tienen ?

-El INAU cuenta con 34, en todo el país. El Conapees no tiene a su cargo el trabajo directo con los niños vivenciantes de explotación. Lo que sí tiene por encargo es la construcción de un plan nacional donde la atención es parte de sus componentes. Tenemos un equipo oficial localizado en Paysandú, donde hay una gran permeabilidad a este problema y otro en Montevideo, donde funciona el Proyecto Travesía. También hay dos convenios: una con la asociación civil El Paso, que actúa en el centro y el litoral del país, y otro con Gurises Unidos, que funciona en el Este y en la frontera seca con Brasil.

-¿Se ha logrado cuantificar el problema?

-Es difícil. Cuando no se trata de una denuncia concreta, muchas veces la explotación aparece al contacto con el niño, originalmente tratado por otras problemáticas. Ves que en un mismo cuerpo conviven diferentes problemas: abandono, situación de calle, violencia. Y empezás a rascar y encontrás explotación sexual. Y sobre denuncias, en 2007, 2008 y 2009 se realizaron 20 denuncias. En los tres años sumados. En 2016 llegamos a un nivel de atención de 333 casos. Ahora atendemos todo lo que se denuncia. Hemos dado un salto en la mirada y creo que hemos roto algunos espacios de impunidad. El problema está en la agenda pública, ahora ninguna institución mira para el costado. Ya que hablamos del verano, el Ministerio de Turismo tomó el tema. A fines de 2013 generó un decreto de suma importancia, el 398/013, que colocaba a los operadores turísticos (hoteles, restaurantes, complejos) en una situación de corresponsabilidad de todo lo que ocurre en su espacio. Hace del operador una persona corresponsable de la protección de los niños y adolescentes. Eso no es solo un avance legislativo: muestra que es un tema que puede ponerse en la agenda política. Mirado en un sentido restringido, no hay ninguna relación entre el Ministerio de Turismo y este tema. Pero en el contexto de sol y playa puede haber delincuentes que buscan niños y niñas para su placer.

Giles, no


Uno de los casos recientes más recordados fue el de Javier Moya. Este empresario hotelero y gastronómico de Punta del Este fue procesado en diciembre de 2013, absuelto en segunda instancia en junio de 2014 y procesado en forma definitiva por la Suprema Corte de Justicia en julio de 2015 por explotar sexualmente a una adolescente que provenía de Melo. Para Purtscher, fue un caso de “trata”.

“El empresario mandó a buscar una adolescente para ser explotada. Ya no es explotada en su marco, en su territorio, se va de un departamento a otro, pierde todo contacto, queda a su suerte. ¡Imaginate los casos donde los traslados se dan en la frontera norte, donde cruzás una calle y estás en otro país!” En este caso en particular, agregó, hubo aspectos que generaban “espacios de impunidad” que la propia justicia “fue corrigiendo”.

-“No sabía que era menor”, fue el argumento que Moya utilizó, dijo que había sido engañado…

-Hicimos una campaña con frases como esa, que usan los propios exploradores. No debería correr más esa frase. Pero siempre corre. La perfección no existe. La erradicación, a pesar del nombre del comité, no es posible. ¿Por qué? Porque existen las condiciones sociales para que la explotación se siga reproduciendo. Pero en este caso, la persona fue procesada, luego liberada y finalmente reprocesada. Creo que hubo sensibilidad de los operadores judiciales ante ese supuesto “engaño”; que un antropólogo de más de 70 años fuera engañado por una niña que apenas había terminado la escuela y cuyo aspecto…

-No es posible el engaño, ese es el mensaje.

-Muchas veces el discurso se hace desde el lado femenino. Pero yo hablaría entre hombres: “¿estás seguro que estás confundido?”, “¿estás seguro que te engañó?”, “¿no te das cuenta si tiene 13 o 22 años?” Vamos, no hay que hacerse el gil. No es de hombre explotar a un niño. Eso es de delincuente. Y hablo de hombres porque esos son los explotadores, gente que tiene hijos, hijas y que también desarrollan roles importantes en su comunidad.

-¿Ese es el perfil del abusador? ¿Cómo sería el de la abusada?

-El perfil es muy amplio. Entre las víctimas, casi todas mujeres, aunque hay de todas las clases sociales son en su mayoría pobres pobres, con escuela o primeros años de liceo o UTU, en situación de abandono. El explotador, en cambio, es un hombre de más de 30 años, situado en todas las clases sociales y muchas veces cumpliendo roles sociales de importancia, social, político, económico… Y te encontrás explotadores de nivel terciario o con lugares relevantes en la política de los territorios, como fue el caso de Paysandú (N. de R. Se refiere al procesamiento del ex secretario general de la Intendencia de ese departamento, Horacio de los Santos, por “contribución a la explotación sexual” en 2013). Hay abusadores mujeres, pero son mínimos. En un mapeo, los sociólogos lo consideraríamos irrelevante.

-¿Qué señales de alerta hay?

-Cualquier forma de violencia, o de abandono, es un indicador que ese sujeto está en una situación de fragilidad. Pero no hay que ser técnico para percibir, alcanza con ser sensible. Si ves en un hotel a una gurisa de 14 años con un señor de 40, bueno… Siempre está el teléfono 0800-5050 para denunciar, o se puede contactar con un juzgado, o la sede departamental del INAU.

Poder


Lo indica la ley 17.815 sobre la violencia sexual comercial o no comercial contra menores: no solo el dinero puede ser usado como elemento de transacción: ropa, un celular nuevo, la posibilidad de comer en un restaurante o acceder a lugares inaccesibles son otras monedas de cambio en esa relación de desigualdad. “Es algo que para muchas personas en situación de vulnerabilidad se ve solo en las vidrieras, o en las películas. Y estas son relaciones de poder puras y duras: yo tengo plata, tengo el poder, te puedo dar lo que no podés y por eso quiero tu cuerpo”.

-Mencionó a Paysandú, donde tienen un equipo. Este año que terminó, se descubrió un negocio “familiar” de prostitución infantil. Lo regenteaba la abuela. La víctima más chica tenía 8 años.

-Esto ocurre desde la más temprana edad. Hay niñas que tendrían que estar en la escuela o jugando y son objeto de prácticas sexuales por adultos. Si bien la mayoría de las explotadas tiene entre 13 y 16 años, las hay de 7 y 8. Muchas veces, los vínculos que deberían proteger son los que comienzan la explotación.
Hay niñas que tendrían que estar en la escuela o jugando y son objeto de prácticas sexuales por adultos.

-¿Por qué se da?

-Por factores de vulnerabilidad que se repiten: la pobreza, el haber sido explotada de niña ella también.

-¿Cómo intervienen en los casos denunciados?

-Hay distintos niveles de atención. Algunos de estos casos no son de fragilidad absoluta y se encuentra dentro de sus vínculos a algún elemento positivo que se puede hacer cargo, ya no papá y mamá. Hay otros casos donde esto no existe y hace falta la institucionalización del niño, niña o adolescente en locales de INAU por orden judicial. Ahí se realizan distintas formas de atención, en lo psicológico, lo físico, lo sanitario, para trabajar en reconstituirla como persona.

-¿Y eso se da?

-Sí. Hay historias donde la resiliencia lo permite, o donde los vínculos positivos permiten trabajar en eso, y también hay casos donde las secuelas de la explotación las acompañan toda la vida.

-¿Y qué es lo que se da más?

-Lo último.

Zafralidad


El turismo no hace a la explotación infantil. Entre otras cosas, subrayó el presidente del Conapees, porque la vulnerabilidad social y la fragmentación ya están. “Lo que hace la temporada, en todo caso, es concentrarla en una región”. En 2016, hasta noviembre, en Canelones se habían registrado 32 denuncias, 22 en Maldonado y 11 en Rocha. En todo 2015, añadió, se denunciaron 26, 13 y ocho casos, respectivamente.

-¿Qué quiere decir eso?

-Que estamos teniendo un incremento en la visibilización de los casos año a año. Antes, en tres años, miramos 20 casos. Ahora estamos mirando más y mejor los casos de explotación sexual en niños y adolescentes. Hemos capacitado y sensibilizado a 10,000 operadores policiales, judiciales, maestros, profesores. Y no son todos los casos existentes: por cada uno que se denuncia hay entre tres y seis casos más sin salir a la luz. Hasta seis. Sí hay cierta zafralidad en el tema. Rocha, Maldonado y Canelones tienen ahora más “demanda”, aunque no me gusta nada ese término, porque hay más sujetos dispuestos a pagar por sexo con niños, niñas y adolescentes. De la misma forma que van más hinchas de Peñarol y de Nacional, rubios y morochos, van delincuentes.