Escuela sustentable cerró primer año sin repetidores y 96% asistencia

Por: Anabella Aparicio

Actualidad

18/12/2016 05:27

Espacio denominado "la ventana de la verdad", ya que muestra los materiales reciclables utilizados para la construcción.

Joaquín De la Sovera, durante una visita guiada explica cómo se edificó la escuela.

Sistema de cañerías y filtros que potabilizan el agua.

Ubicada en Jaureguiberry, se abastece de energía solar y agua de lluvia. Los niños aprenden sobre la naturaleza y cultivan sus alimentos.

La primer escuela sustentable de América Latina, ubicada en el balneario Jaureguiberry, en Canelones, cerró su primer año de funcionamiento sin alumnos repetidores y con un 96% de asistencia anual. “Vienen porque les gusta”, dijo la maestra Rita Montans, a ECOS.

Ubicada en el kilómetro 80 de la ruta Interbalnearia, la escuela rural 294 tiene características únicas: está construida con barro y materiales reciclables, utiliza solo energía solar y agua de lluvia para sus actividades diarias y está orientada hacia el norte para aprovechar adecuadamente la luz del sol. "En invierno afuera había dos grados. Los alumnos medían la temperatura adentro y nunca bajó de 16", comentó la maestra.

Días atrás, 43 alumnos -incluidos siete con dificultades de aprendizaje y problemas de visión- terminaron su primer año. El nivel de aprobación fue entre satisfactorio y sobresaliente, según indicó la docente.

Se espera que el año que viene la cifra de alumnos ascienda a 55.

“Fueron unos campeones porque el programa se cumplió igual a otras instituciones. Fueron sorteando la exposición pública, visitas de autoridades, entrevistas de la prensa”, dijo Montans, en referencia a la difusión mediática que tuvo la apertura en marzo.

La maestra trabaja desde hace cuatro años en Jaureguiberry, por lo que vivió el proceso de pasar de una casa pequeña alquilada por Primaria para el dictado de clases, al nuevo edificio autosustentable de 270 metros cuadrados que tiene tres salones, seis baños y una capacidad para 100 alumnos.

Otro modelo

Los niños concurren a clases de 9 a 14 horas, desayunan y almuerzan allí. Muchos de los alimentos que consumen fueron cultivados por ellos mismos.

"El aprendizaje se da desde la experiencia, es una vinculación directa con el medio mismo. El niño capta el concepto a partir de lo que está viviendo y muchas veces puede llevarlo a su casa. Todo es visible y medible”, dijo Montans.

Es importante, según la docente, porque los estudiantes llegarán al liceo con una formación más fuerte que en otros centros tradicionales. “Vamos a ver los frutos. Ya se ve desde primer año, acá salió un grupo que es 100 en matemáticas, escritura, comprensión lectora”, agregó en referencia a la primera generación que se espera termine primaria bajo este sistema de aprendizaje.

Para aplicar estas metodologías, se reformaron los programas educativos preestablecidos para escuelas rurales. “Nos fijamos en los puntos vinculados a la sustentabilidad como biología, física, temas vinculados a la naturaleza como como la fotosíntesis, y los adaptamos para que los alumnos pudieran entender cómo funciona esto”, comentó Martín Espósito, coordinador del proyecto.

La maestra Montans recordó que de las cosas que más les impactó a los alumnos fue el procesamiento del agua, que se utiliza para el riego.

“Comer de lo que se cosecha también fue novedoso para ellos", agregó. "Y va en línea con el tema de alimentación saludable que queremos implementar. Por ejemplo, en la despedida de sexto año hicimos un taller de elaboración de brochettes de frutas, cada uno lo armaba a su gusto y elegidos en base a cantidad de nutrientes. Cosas así nos redujeros el costo casi a lo mínimo”, agregó.

Escuela abierta

Una vez al mes, la institución se abre para los visitantes que quieren conocerla. Unas 1.000 personas participaron en cada jornada de visitas guiadas o charlas en 2016, dijo Martín Espósito.

En esas visitas, los técnicos que idearon y participaron de la construcción explican cómo funciona el método sustentable creado por el arquitecto norteamericano Michael Reynolds. El objetivo de estas visitas es “transmitir la vivencia a la gente, porque no es lo mismo que yo te muestre un video a que lo veas”, agregó Espósito.

Durante el recorrido, Joaquín de la Sovera, integrante del equipo que trabajó en la construcción, brinda detalles y responde preguntas. Las consultas más frecuentes son cómo funcionan los sistemas de paneles solares, el gasto de luz y agua que tienen o si tuvieron problemas luego de los últimos temporales.

Respecto a este último punto, a pesar que fue un año con fenómenos climáticos atípicos, la infraestructura no tuvo averías.

De la Sovera integra la organización social Tagma, creada para formalizar este proyecto que se concretó con financiación de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la empresa Nevex. En 2017 Tagma dejará de administrar la nueva escuela y todo pasará a manos del Estado.

Durante 2016, Tagma capacitó a funcionarios de ANEP y se enseñó al personal de la escuela, incluidas maestras y alumnos, a realizar las tareas de mantenimiento, ya que pueden presentarse problemas desconocidos para los técnicos. Ciertas reparaciones deben hacerse empleando materiales o técnicas específicas.

La escuela no está conectada a las redes de OSE y de UTE porque tiene su propio sistema de abastecimiento. En cuanto a la electricidad, los 12 paneles solares instalados en el techo, orientados hacia el norte, recargan 24 baterías que permiten asegurar el abastecimiento para al menos diez días, indicó De la Sovera.

Asimismo, un sistema recolecta el agua de lluvia, la pasa por filtros y la conserva en un tanque. “Se recolectan unos 30.000 litros entre una lluvia y otra”, agregó.

Despedida

“Es como un hijo”, dice nostálgica Victoria Gómez, otra de las integrantes de Tagma, sobre la escuela sustentable.

Días atrás realizaron la fiesta de fin de año. “Los chiquilines nos daban cartas y nos decían que no nos vayamos, eso te mata”, agregó.

Dado los resultados que tuvo el proyecto, Tagma recibió propuestas de varias intendencias para construir clubes de niños. Incluso, desde otros países, se han mostrado interesados en hacer edificios con este modelo, lo que ahora es analizado por el grupo.