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Actualidad

23/11/2016 20:18

El homicidio pasó a ser la principal causa de muerte en las cárceles

Por: Fabian Cambiaso

El registro de crímenes en 2016 es el más alto de la última década. Hay 12 veces más probabilidades de ser asesinado en un penal que fuera.

El homicidio pasó a ser la principal causa de muerte en  las cárceles

MEC

En lo que va del año 37 personas perdieron la vida mientras estaban en prisión. De ellas, 25 fueron asesinados o se suicidaron. Se trata de la cifra más alta en la última década.

Las muertes violentas representaron el 68% de los fallecimientos ocurridos durante 2016 en el sistema carcelario. Hubo 15 casos de homicidio, que pasó a ser la principal causa de muerte en prisión, superando por primera vez a los decesos naturales.
Hay 12 veces más probabilidades de ser asesinado en una cárcel que fuera de ella

Hubo además ocho suicidios y dos muertes dudosas o no aclaradas pero en un contexto violento. Así lo indica un informe del comisionado parlamentario para el Sistema Carcelario, Juan Miguel Petit, al que accedió ECOS este miércoles.

Todos ellos eran hombres, a excepción de una persona de identidad trans, y con un promedio de edad de 34 años.

Mientras a nivel general se producen en Uruguay 9,3 crímenes por cada 100.000 habitantes, puertas adentro de las prisiones el guarismo trepa a 110. Es decir, hay 12 veces más probabilidades de ser asesinado en una cárcel que fuera de ella.

Todos los casos de homicidio fueron con heridas de arma blanca, los suicidios fueron por ahorcamiento y los otros casos por caídas de altura.

Las muertes violentas se concentraron en los “mega penales”. El Comcar y el penal de Libertad reúnen el 72% del total observado este año. Para Petit este hecho le da la razón a las modernas corrientes penitenciarias que señalan que los centros con más de 500 internos son “inmanejables”.

El penal de Santiago Vázquez tiene 3.400 reclusos y la cárcel de Libertad 1.100. Entre las dos prisiones reúnen a la tercera parte de los presos del sistema.

Matar o morir por salir de la celda

El estudio sobre los legajos de los internos indicó que, salvo experiencias puntuales y parciales, no existieron planes individuales de tratamiento o trabajo que pautaran los pasos a seguir para que cada preso pudiera elaborar un proyecto vital con metas concretas.

Una de las novedades del informe es que, tanto en Comcar como en Libertad, la violencia entre los reclusos llegó incluso a los salones de visita, un espacio respetado hasta ahora por todos como “sagrado”. Hubo situaciones y amenazas en presencia de niños, y familiares optaron por dejar de visitar a su seres queridos por temor, lo que a su vez retroalimenta el nivel de violencia.

Buena parte de los homicidios responde a situaciones que, según Petit, pueden parecer en lo previo triviales. Hubo peleas a muerte por la posesión de una celular, pequeñas deudas o malos entendidos acumulados.
El tráfico de sustancias ilegales y las deudas que eso genera es una fuente constante de entredichos, conflictos y enfrentamientos violentos

“Es impactante constatar cómo acceder a trabajos o tareas laborales que les permitan a los presos salir de su celda se vuelve un motivo de lucha, venganza y muerte al no existir actividades educativas o laborales suficientes y programadas de manera coherente”.

Como ejemplo, describió el enfrentamiento que dos reclusos mantuvieron al entender uno de ellos que el otro le había cambiado su encendedor por otro. La respuesta fue una invitación a un duelo con cortes carcelarios, y el resultado fue la muerte de uno de ellos.

El último homicidio registrado en el Comcar, el 15 de noviembre, se originó en una disputa sobre quién se quedaba con las “comisiones”, es decir las tareas laborales reguladas por las autoridades.

De todas formas, Petit apuntó hacia los “agujeros negros” del sistema, entre ellos la circulación de drogas: “El tráfico de sustancias ilegales y las deudas que eso genera es una fuente constante de entredichos, conflictos y enfrentamientos violentos”.

Mapa de una década

En los últimos diez años, la mitad de 381 muertes ocurridas en prisión fueron tipificadas como “naturales”. El 26% se registraron como homicidios y el 16% como suicidios.

Los asesinatos oscilan levemente alrededor de los diez por año, mientras que los suicidios han aumentado muy levemente en el periodo, llegando a 11 en el 2015

Al analizar el período, se aprecia que el valor más bajo se ubica en 2006, con 19 muertes en el sistema. Mientras que 2010 registró el mayor guarismo. Ese año hubo un total de 53 muertos , debido a los 12 fallecimientos por el incendio en la cárcel de Rocha.

El Comcar y Libertad concentraron el 78% de los homicidios ocurridos en la última década.

Habían alertado

En la última década, 59 personas se suicidaron mientras estaban en prisión. Todos se verificaron dentro de las celdas y fueron mediante ahorcamiento por suspensión.

En la mayoría de los testimonios recabados para el informe se señalan múltiples pistas de estados depresivos en los días y horas previas al suicidio, incluso con expresiones claras por parte de los involucrados.

Un interno, compañero de celda de un suicida, relató que su compañero “estaba deprimido” pues se acercaba el cumpleaños de su hija y quería verla. Llegó incluso a comentar que quería inferirse cortes a efectos de ser llevado al hospital y poder contactarse con ella.

El informe constató la dificultad de acceso a apoyo psicológico o psiquiátrico para activar mecanismos de contención, así como la evidente falta de programas sociales para canalizar las situaciones familiares que aquejaban al interno.

El Estado como garante

El comisionado parlamentario advirtió en su informe que las muertes en prisión constituyen un hecho particularmente grave. “El Estado es garante de los derechos humanos. Y el primero es el derecho a la vida. En el caso de los privados de libertad, el Estado tiene a esos ciudadanos bajo su custodia directa, por lo que asegurar el derecho a una vida digna cobra especial vigor”.

Petit sostuvo que estas cifras son también un indicador del funcionamiento del sistema penitenciario. “Las muertes violentas en un ámbito supuestamente controlado suelen reflejar deficiencias o carencias severas en el nivel de intervención técnica y programática del lugar”.