"¿Por qué pasó esto, por qué nos tocó a nosotros? No hay respuesta"

Por: Leonel García

Actualidad

11/11/2016 11:17

"¿Por qué pasó esto, por qué nos tocó a nosotros? No hay respuesta"

ECOS/Leonel García

Eduardo Fioritto, en el patio de su casa en Santa Lucía.

Habla Eduardo Fioritto, padre del hincha de Peñarol asesinado en el ataque en Santa Lucía. "Estos cobardes no tienen perdón".

La calle Treinta y Tres, casi al borde de Santa Lucía, tiene viviendas y árboles bajos, pavimento poceado, veredas ganadas por el paso y una enorme pena, como el resto de la ciudad. Ahí, en la casa de los Fioritto, el timbre suena seguido y por el peor de los motivos.

Eduardo Fioritto (53) ya armó el mate y tiene el paquete de cigarrillos empezado. En la radio suena “Cielo de un solo color”, de No Te Va Gustar. Por la noche, Uruguay jugará por las eliminatorias y en los programas deportivos no hay tema más importante.

Para Fioritto, santalucense de toda la vida, responsable de reparto de una empresa de refrescos desde hace 21 años, no hay deporte más lindo que el fútbol y busca en la selección una bocanada de aire. Acaba de sufrir el peor de los dolores: la inversión de la ley de la vida, esa que dice que los padres deben enterrar a los hijos. El viernes 4 de noviembre, luego de pelear 37 días, falleció Hernán, el menor de sus tres hijos.

Hernán Fioritto fue uno de los hinchas de Peñarol baleados por fanáticos de Nacional en la plaza de Santa Lucía el 28 de setiembre, cuando festejaba el aniversario del club que era su pasión. Y para su padre, estos días han sido un suplicio. Habla con voz baja y pausada. Dice que se mantiene firme para sostener a su esposa Alicia –que se excusa de hablar- y a sus hijos mayores, Martín (26) y Enzo (22). Pero basta cruzarle la mirada y descifrar sus silencios para entender que la procesión va por dentro.

“Qué querés que te diga… sin Hernán esto es un calvario, un infierno. Estoy esperando verlo salir o entrar por una puerta. Como hacía siempre…”.

- ¿Qué apoyos ha tenido?

- Muchos amigos, la familia. Ayer vinieron desde Montevideo dos psicólogas de (la Administración Nacional de) Correos, donde trabaja mi señora. Estuvieron un rato con nosotros.

- ¿De dónde está sacando las fuerzas?

- No lo sé. Del alma, del corazón, de todos lados. Trato de no caerme yo para tratar de sostener a mi señora y a mis otros hijos.
Trato de no caerme yo para tratar de sostener a mi señora y a mis otros hijos.

- Hernán era socio, ¿Peñarol ha apoyado de alguna forma?

- Siempre nos acompañó, permiso…

Suena el timbre, se disculpa y atiende. Así han sido estos días. Visitas fugaces y solidarias, pésames. Un alma que no cicatriza.

Toda la ciudad comparte la tristeza. Fioritto muestra las páginas del semanario local El Pueblo. “Mirá lo que pusieron acá, ‘Nos están matando a todos’, acá está lo que escribió una profesora (María José Olivera) del liceo”. Muestra fotos de su hijo: con los sobrinos de Eduardo, de quienes era padrino, con sus dos hermanos, con una camiseta de Peñarol.

“Mi hijo era divino. Estudiaba. Había completado la secundaria. Había trabajado en OSE, haciendo una zafra de cuatro meses. Y ahora estaba dando pruebas en UTE, se había anotado a un llamado en Montevideo. Yo le decía: ‘Hernán, ¿sabés lo que podría ser para vos entrar en UTE con 20 años? Cumplió 20 en el sanatorio, el 30 de setiembre. Trabajaba toda la semana conmigo en el reparto. Se ganaba su plata. Estábamos en esa”.

- ¿Qué soñaba ser Hernán?

- Quería ser profesor de Educación Física. Se anotó dos años seguidos, pero viste que ahora es por sorteo el ingreso. Tenía tremendo estado físico. Iba al gimnasio dos veces por semana, salía a correr… Y como no quedó, se puso a hacer un curso de preparador físico en Montevideo. Eran nueve meses pero hizo cinco, no pudo pagarse más.

El 28 de setiembre, Hernán salió de noche rumbo a la plaza Tomás Berreta, a unas seis cuadras de su casa, a los festejos de su club querido. Eduardo Fioritto estaba mirando televisión: “No llegues tarde que cinco y media te levanto para ir a trabajar”. “No te hagas problema, papá. Vos sabés que yo me levanto igual”, le contestó el joven.

“Y después pasó lo que pasó”, dice el hombre.

- ¿Cómo se enteró?

- Me llamaron de la mutualista de acá a las dos de la madrugada, pero no me dijeron lo que había pasado. Me llamó una conocida de la familia, me dijo que Hernán había tenido una pelea y que lo iban a llevar a Canelones. Me dijo eso para no decirme que le habían pegado un tiro. Cuando llego a la mutualista ya lo estaban subiendo a una ambulancia. Ahí me contaron.

- ¿Cuándo recuperó la conciencia?

- Después de la segunda operación, a las 48 horas, ya estaba lúcido, conversaba. Estuvo con él el Tony Pacheco, que conversó 20 minutos con él.

- Me imagino lo que debe haber sido para él.

- Brutal. Por Peñarol fue a todos lados, a todos los partidos, fue a la cancha de Danubio, la de Liverpool. Estuvo en Paraguay, en Argentina. Yo le decía: “Recorriste más que yo”. Y era cierto, yo no estuve en Argentina ni fui a la cancha de Danubio. Cuando iba al Centenario yo le decía: “Termina el partido y te tomás el ómnibus”. Yo luego lo llamaba a la media hora: “Ya lo tomamos”, me decía. Nunca le pasó nada.

Los días en el CTI del Sanatorio Americano fueron un suplicio para los Fioritto . Eduardo no recuerda qué fue lo último que habló con su hijo, antes que una infección generalizada terminara con su vida.

“No me acuerdo… (toma aire) todo lo que me quedó de conversar con él…. Lo que me hubiera gustado conversar con él…”.
Todo lo que me quedó de conversar con él…. Lo que me hubiera gustado conversar con él...


- Usted vivió acá toda su vida, ¿alguna vez pasó algo parecido?

- No, nunca. Y eso es lo que nos preguntamos con mi mujer: por qué pasó esto, por qué nos tocó a nosotros. Y, la verdad, no tenemos respuesta…

- Ha estado muy apoyado.

- Sí, pero no hay consuelo en ningún lugar. Ha sido muy grande el apoyo de la gente, pero lo que llevás por dentro no se puede contar. Hernán era… no es porque sea mi hijo, pero los amigos de él iban todos los días a verlo al Sanatorio Americano. Eran 14, 15, 18 por día. Todos entraban a verlo al CTI. Todos salían llorando.

- ¿Va a mirar los partidos de Peñarol?

- Yo no tengo canalera. Nunca miro el fútbol.

- ¿Le genera algún sentimiento que este fin de semana vuelva el fútbol?

- No. El fútbol es el deporte más lindo que hay. El tema es la violencia que se ha generado dentro del fútbol, cosa que no tendría que pasar. Lo que hicieron estos cobardes de venir a robar banderas, ni siquiera fueron capaces de venir a pelear. Fueron a disparar, directamente. No tienen perdón…

- Ya son varias las muertes por el fútbol, pero la muerte de Hernán generó muchas movilizaciones. ¿Usted piensa que podrá cambiar algo?

- Ojalá… lo de Hernán sirva para que alguien tome conciencia de las cosas que hace…

El domingo 13 de noviembre, cuando juegue contra Racing, las camisetas de Peñarol llevarán el nombre “Hernán”. El club invitó a la familia Fioritto a asistir al Centenario. "Nos dijeron, sí, pero no. No estoy con ánimo. Luego nos van a mandar una camiseta de regalo. No sabés lo que era Hernán…”.

Los amigos de Hernán y su hermano Enzo ya se hicieron un tatuaje en su honor. “Él era zurdo. Entonces, todos se tatuaron una mano izquierda en puño y la inscripción ‘Hernán por siempre’. Como señal de fuerza”, dice su padre, orgulloso más allá del dolor.