Vacunar o no vacunar: esa es la cuestión

Publicado: 6/10/2017 08:41
Vacunar o no vacunar: esa es la cuestión
MSP

En un extremo, una madre que se niega y afirma que fue perjudicada. En el otro, una especialista que destaca los beneficios.

“¿Para qué lo voy a vacunar si no hay sarampión acá?”. “¡Ah, nadie se muere de varicela!”. Frases como esas, o muy parecidas, se empezaron a escuchar en los últimos años en las casas de miles de uruguayos y las vacunas, como explican los profesionales, empiezan a “ser víctimas de su propio éxito” porque a medida que eliminan enfermedades elevan la sensación de confianza en la gente, que las comienza a considerar innecesarias.

Esto fue alertado esta semana por el Ministerio de Salud Pública (MSP), que ve con preocupación que la cantidad de uruguayos vacunados contra el sarampión dejó de ser el 95% que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se ubica en el 90%.

Las razones de esto son varias. Una, quizá la principal, esa baja en la percepción de riesgo que se genera justamente por el éxito de la inoculación: la enfermedad no está presente y las personas piensan que no es necesario protegerse de ellas. También por la falta de información y la asociación de vacunas con determinadas enfermedades, pero además por el surgimiento de grupos sociales que desconfían de los programas de vacunaciones.

En Uruguay hay varios de esos grupos. Algunos funcionan en comunidades, donde asumen un estilo de vida que rechaza la inoculación y también los medicamentos. Pero también hay familias que por sí solas se afilian a esa postura, con grados mayores o menores de adhesión, y en muchos casos se comunican mediante grupos organizados en redes sociales, donde comparten información y experiencias.

Una de las integrantes de varios de estos grupos es Sabrina Iglesias, una mujer de 38 años que en 2015 recibió la vacuna de la gripe y pocos días después fue diagnosticada con el síndrome de Guillain Barré. Pasó un año en cama, sin poder moverse, y hoy está en silla de ruedas, apenas empezando a movilizar de nuevo sus piernas. Espera poder volver a caminar normalmente, aunque sabe que no estará al 100%.

Sabrina y los médicos que la trataron no pudieron confirmar fehacientemente que la enfermedad se debió a la vacuna, pero ella está convencida de que sí y lo explicó a ECOS: “ese síndrome es uno de los posibles efectos adversos que figura en el prospecto de la vacuna. Antes de dármela estaba bien y después empecé a tener problemas de salud”.

La mujer tiene dos hijas, de 5 y 6 años, que hasta el año pasado había vacunado, pero ya no. “Me alerté cuando el año pasado se dijo que iba a ser obligatoria la vacuna del HPV, que también tiene como efecto adverso el Guillain Barré, y me preocupé por mis niñas”, dijo. A la más pequeña ya no le dio la dosis correspondiente a su edad y no lo piensa hacer.

Una de las que tiene que darle es la de la varicela, pero vio el prospecto y se convenció más de que no lo hará. “Dice que la persona que recibe la vacuna puede contagiar la enfermedad. Se recomienda que las embarazadas no estén en contacto con esas personas. Pero a la mayor (de sus dos hijas), se la dieron cuando yo estaba embarazada de su hermana, pude haber arriesgado el embarazo y nadie me dijo nada”, sostuvo.

Además, criticó lo que considera falta de información en Uruguay. “Por ejemplo, a mí me correspondería darme la antitetánica, pero por haber sufrido este síndrome podría estar exonerada. Pido el prospecto de la vacuna y no me lo dan. Me dicen que viene uno solo por caja y que lo tiran”, contó. Ella tiene cada uno de los folletos de las vacunas que debería darle a sus hijas y puede explicar por qué es que no lo hace, basándose en los posibles efectos adversos que encuentra.

Por su experiencia personal y convicción respecto a esos efectos adversos es que Sabrina considera que no vale la pena exponer a sus hijas. “En el mismo prospecto dice que el 80% de las personas que reciben la vacuna de la varicela pueden agarrar la inmunidad, o sea que queda un 20% expuesto a contraer la enfermedad e igual asumiendo todos los efectos adversos”, explicó.

Y agregó que conoce muchas personas que “aún vacunadas se contagian igual porque la vacuna no fue eficiente”.

En la vereda de enfrente, la doctora Mónica Pujadas, epidemióloga, secretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Uruguaya de Pediatría e integrante del comité asesor del MSP, sostiene convencida: “la efectividad de las vacunas para combatir enfermedades no tiene discusión” y alertó sobre los riesgos de “caer en falsas informaciones”.

“Se dice a nivel mundial que las vacunas son víctimas de su propio éxito, porque en la medida que la población deja de ver las enfermedades le pierde el temor, disminuye la percepción de riesgo y eso hace que se baje la guardia y se baje la vacunación”, explicó Pujadas. Algo así es lo que sucede en el país.

Pero además, consultada sobre los posibles efectos adversos que puede ocasionar su administración, sostuvo que “las vacunas son seguras y es mayor el beneficio que el riesgo”, aunque resaltó que lo que suele ocurrir es que cuando un paciente sufre uno de esas eventuales consecuencias “se multiplica la desconfianza”.

Pujadas lo ejemplifica diciendo que nadie sale a la calle a celebrar que se vacunó y no se enfermó, pero sí a protestar contra una dosis que le produjo un efecto no deseado.

“Y es alarmante, porque en parte por esa paulatina pérdida de confianza en la vacunación y por creencias que llevan a vacilar o estar en contra, es que han ido reapareciendo problemas en Europa y en América; por eso volvió el sarampión, la difteria, enfermedades graves, contagiosas. Es importante que tomemos conciencia de la importancia”, alertó.

Padres que no quieren vacunar

La especialista contó que desde la Sociedad de Pediatría trabajan con grupos de padres que se oponen a la vacunación. A ellos les explican que, más allá de que “cualquier sustancia que introducimos al cuerpo puede tener un efecto adverso, está demostrado con investigación y documentación que las vacunas en su conjunto siguen siendo seguras y que es mayor el beneficio de administrarlas que el riesgo”.

“Si uno lee cifras y reportes de la vigilancia, que se sigue muy de cerca, son muy pocos los casos adversos en comparación con la cantidad de gente que recibe vacunas. Y son aún menos los que se pueden atribuir a ellas”, agregó.

Además, destacó que por ser casos contados las políticas generales no se pueden modificar por ellos, pero sí apuntó que hay contraindicaciones para las vacunas. Por ejemplo, mencionó el caso del síndrome Guillain Barré. Para quienes lo sufrieron no se recomienda recibir la vacuna de la gripe.

Falta de información

En los grupos que se manifiestan contra las vacunas se repiten los comentarios de personas que señalan que hay niños vacunados contra la varicela, por ejemplo, pero igual contraen la enfermedad. Consultada sobre esto, Pujadas señaló que lo que hay en esos casos es falta de información.

“Hay que tener en cuenta que cada vacuna tiene distintos objetivos. Algunas, se ponen y se acaba. Otras, como el caso de la varicela, con una dosis disminuyen los casos graves y la mortalidad y con dos (como reciben los niños uruguayos) hacen menos probable que se adquieran la enfermedad”, explicó.

La médica agregó que “un niño vacunado igual la puede tener, pero es una varicela que no genera mortalidad ni complicaciones graves como pasaba antes de que existiera la vacuna”.

En el caso de la gripe, en tanto, “está destinada a evitar los casos graves”.
Asimismo, apuntó a que esto pasa también por un tema “de solidaridad y responsabilidad social”. "Es lo que se llama ‘efecto rebaño’, que funciona porque en la medida que se disminuye la posibilidad de adquirir la enfermedad, a través de la vacunación, disminuye la enfermedad en general y la transmisión. Entonces, aunque una persona no esté vacunado, vive en una comunidad que está protegida y se va a enfermar menos”, resumió.