Lifan, una empresa que debió "aprender" la cultura sindical de Uruguay

Por: Fabian Cambiaso

Economia & Agro

9/03/2017 16:01

Lifan, una empresa que debió "aprender" la cultura sindical de Uruguay

Lifan

La automotriz china consideró una "espada de Damócles" la actitud del sindicato que "lo primero que hacía era parar y ocupar la fábrica".

Este jueves la empresa Lifan Motors Uruguay anunció a través de un comunicando que retomaría su “habitual ritmo de producción” en sus plantas locales, luego de haber operado por más de un año a una “escala mínima”.

El presidente de la automotriz china a nivel nacional, Kevin Liu Jin, estimó que se producirán más de 1000 unidades de su modelo X60 enfocadas en el mercado brasileño.

Esto se hará a partir de la incorporación de unos 100 trabajadores entre marzo y abril. Se trata de una dotación mucho menor que los 320 que la que tenía la empresa antes de abandonar la actividad.

La producción se había interrumpido en diciembre de 2015, justamente por la caída de Brasil, que era casi en exclusiva su destino de exportación. La caída fue de casi 1,5 millones de vehículos al año.

Otra razón había sido el tipo de cambio entre el real y el dólar, que pasó de 2,1 a 3,9 entre abril y diciembre de ese año.

Más allá de estas razones, las autoridades de la empresa señalaron que, desde que comenzaron a operar en Uruguay en 2009, nunca tuvieron un desempeño conveniente, favorable ni adecuado para un emprendimiento, en lo que tiene que ver con las relaciones laborales.

Así lo dijo el propio Jin en diciembre ante la Comisión de Legislación de Trabajo de Diputados.

“Como cualquier empresa extranjera, se ha intentado adaptar a la realidad y a la cultura de las relaciones laborales en Uruguay y de ese aprendizaje esperamos poder tener un buen manejo en el futuro”, señaló el empresario.

El empresario chino relató a los legisladores estas experiencias, describiendo como una “espada de Damocles” la actitud del sindicato.

“Sentíamos que aunque hiciéramos los esfuerzos para mejorar y atender lo que pedían en las reuniones bipartitas, siempre se utilizaba el paro o la amenaza de paro como primera herramienta. No se apostaba a entender la razonabilidad de los planteos que teníamos”, aseguró.

“Lo primero que hacían era parar la producción y ocupar la fábrica”, lamentó.

Cambio obligado

En base a estas “experiencias”, la empresa decidió modificar su forma de trabajo.

Según Lin, se mejoró la estructura de mandos medios, que tendrán a su cargo no más de diez personas y que deberán asegurarse que las tareas diarias se cumplan.

“En el pasado no se podían cumplir los objetivos semanales o mensuales por la acumulación de demoras diarias”, aseguró.

Estas demoras, dijo, generaron incumplimientos de contratos con Brasil que fueron muy gravosos para la empresa.

La empresa aseguró que los planteos del sindicato eran “bastante irracionales” y que fue muy difícil explicarle a la casa matriz en China lo complicado que era gestionar la producción en ese ambiente.

Alec Wu Tao, antecesor de Jin en la presidencia de Lifan, dio su visión sobre la problemática.

“La empresa que cree necesaria y conveniente tener una buena relación con los trabajadores, pero ambas partes deben ser profesionales en sus roles. La empresa nunca sintió una actitud positiva y de entendimiento” de parte del sindicato.

“China es un país socialista, y sentí muchas veces que como presidente de la empresa tenía más responsabilidad social que los trabajadores “, aseguró.

Según dijo, el gremio defendía a empleados que no cumplían sus obligaciones y tareas. Lo hacía por el simple hecho de que estaban afiliados al sindicato”.

Al respecto, sostuvo que muchas veces se debieron anular sanciones disciplinarias impuestas en aplicación del reglamento, para lograr levantar un paro y continuar la actividad.

El Ministerio y sus preocupaciones

Las quejas de Lifan también salpicaron al gobierno. El problema surgió cuando se tomó la decisión de reducir la plantilla, para lo cual la empresa dijo haber realizado una evaluación de cada trabajador, basando en su rendimiento y en el nivel de ausentismo, que llegó a ser del 29%.

Según Pablo Revetria, vicepresidente de la firma, el Ministerio de Trabajo exigió que se mantuviera en la nueva dotación el porcentaje de afiliados al sindicato que había antes de la paralización.

“No pudimos decodificar los criterios que usan para decir si un trabajador es bueno o no”, expresó. “Si queremos defender el desarrollo productivo y el trabajo estable, es necesario partir de la base que se van mantener a los que sean mejores y que estén acordes a las necesidades”, concluyó.