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Deportes

5/07/2020 08:10

Gerardo Pelusso se retiró y, al irse, lanzó varias granadas de mano

Por: Jorge Savia

“Todo me molestaba”, dijo el director técnico; y soltó que “a los jóvenes los confunden con metodologías de palabras raras”, y que “el campeón de Europa va al Mundial de Clubes con la Sub 20 y gana”.

Gerardo Pelusso se retiró y, al irse, lanzó varias granadas de mano
Desde hace bastante tiempo, desde el momento que Gerardo Pelusso consideró que la estabilidad económica que le había dado el fruto de su trabajo le permitía matizar los lapsos de intensa y estresante actividad con los de largo y plácido descanso, el entrenador explicaba siempre el motivo y sentido de esa forma de proceder a través de una metáfora.

“Había un viejito leñador que era el campeón del lugar, en una hora era el que talaba más árboles, y un día aceptó el desafió que le hizo un joven foráneo. Empezaron y a los 10’ el joven vio que el viejito paraba, a los 20’ igual, y a los 30’ lo mismo. Al joven le extrañó, pero siguió de largo, pensando: ‘A este, si para, le gano fácil’. Así llegó la cuenta de los árboles que había talado cada uno, y cuando vio que el viejito le había ganado, el joven le preguntó cómo era posible si había dejado de talar a cada rato. Entonces, el viejito le contestó: “Yo paro para afilar el hacha; y con el hacha afilada talo más árboles”.

Así que esta vez, si Pelusso no había vuelto a dirigir ningún equipo desde que en diciembre de 2019 finalizó su contrato con Deportivo Cali no había por qué extrañarse. Seguramente, el último entrenador uruguayo que ganó un título a nivel del fútbol continental -Copa Sudamericana 2015 con Independiente Santa Fe de Bogotá- había resuelto tomarse uno de sus últimamente acostumbrados períodos sabáticos.

Sin embargo, de improviso, casi hasta como producto de las circunstancias, se supo públicamente que no era así: a los 66 años, el técnico que en lo va del siglo XX fue campeón uruguayo con Danubio y Nacional, llegó con los tricolores a las semifinales de la Libertadores 2009, y en Chile, Perú, Colombia y Paraguay ganó varios títulos locales, comentó casi a la pasada, en el marco de una entrevista que le hicieron en Radio Oriental, donde el tema central fue el de las realidades actuales del fútbol uruguayo y sudamericano, que se había retirado.

—Es raro; los entrenadores, por lo general, no anuncian el retiro: van dejando en la medida que no tienen trabajo.
—Sí, puede ser; pero me pareció honesto de mi parte.
—¿Por qué?
—Me dije: ‘No dirijo más, me retiré’. Entonces, si yo tenía decidido eso, ¿voy a estar especulando?
—¿En qué sentido?
—Y…no digo nada, me callo la boca, y por ahí, si de repente me llega una buena oferta de trabajo, agarro un montón de plata. En eso comparto lo que me dijo uno con el que yo no comulgo con su idea sobre el fútbol: Ángel Cappa (argentino, asistente de César Luis Menotti en Peñarol en 1990). Hace tiempo, en un foro de entrenadores, él me dijo que el técnico debía hacer como los jugadores: anunciar cuando se retiraba.
—Perdón, pero conociendo tu pasión por el trabajo adentro de la cancha, sigue pareciendo raro. ¿Hay motivos personales?
—Sí, claro.
—Si se pueden saber, ¿cuáles?
—Yo.
—¿Cómo?
—Sí, yo. Yo voy a vivir una vida, no voy a tener siete vidas como el gato; y para lo que me queda de esa vida, con lo que tengo me alcanza. Mirá, yo he llegado a la conclusión de que los entrenadores trabajamos para darle satisfacción a los demás: al jugador, que si no juega si enoja; al dirigente, que te exige ganar siempre; y al hincha, que también quiere ganar todas las semanas. Es como dijo Luis Garisto: “Los entrenadores damos examen todos los domingos y no nos recibimos nunca”. Por eso dije ‘basta, ya está; voy a disfrutar si un día quiero ir a comer un asado en el cumpleaños de algún amigo en Florida, si quiero levantarme más tarde, o si quiero cruzar la rambla y caminar por la playa.
—Pero… en este año y medio que pasó desde que dejaste el Deportivo Cali, ¿hubo algún momento puntual en el que decidiste retirarte?
—En realidad, se me fue apagando la llamita a partir del 2016, cuando dirigí en Qatar. Ahí, con todo lo que me pasó, que no querían pagarme, vine muy desilusionado, porque fue una experiencia muy mala. Descansé en 2017, en 2018 fui con mucho entusiasmo a Deportivo Cali y ahí lo que pasó es que llevé conmigo a Líber Vespa (ex jugador suyo en Cerro), pero allá en Colombia se nos murió en tres meses. Después de eso, se me hizo muy difícil seguir. Deportivo Cali es un club maravilloso, una gente extraordinaria, así que cumplimos ese compromiso hasta el último día, pero cuando me subí al avión para venirme, ahí ya supe que no iba a dirigir más. Después lo tomé con calma para pensarlo con más tranquilidad, pero cuando de nuevo surgieron otras posibilidades de trabajo, ahí me di cuenta que la decisión ya estaba tomada.
—¿Por qué?
—Tuve varias ofertas. Una, incluso, muy buena de uno de los clubes más fuertes del fútbol colombiano: el presidente, un empresario muy poderoso, me llamó y me dijo que quería que yo reestructurara todo, prácticamente me daba la llave; y ahí, cuando hice el ejercicio mental de asumir un nuevo trabajo y me acordé de todo lo que tenía que hacer, rearmar el cuerpo técnico, llegar allá y armar el período de pases, planificar la pretemporada, conseguir un departamento, arreglar los papeles de migración…dije: “No, ya no, ya está, yo ahora quiero otras cosas”; y estoy haciendo otras que también me motivan, trabajo no me falta. Estoy haciendo dos proyectos: uno para el curso de entrenadores y otro para el Grupo de Estudios Técnicos de la Conmebol.
—Sí, hace años que estás en la directiva de AUDEF (Asociación Uruguaya de Entrenadores de Fútbol), también en el Consejo de Estudios Técnicos de la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), también representás a los entrenadores en el Congreso de la AUF; pero todo es muy distinto a lo que desde hace casi 40 años has venido haciendo adentro de la cancha.
—Sí, empecé a dirigir en el 83, en un equipo que nadie sabe.
—¿Cuál?
—Yo jugaba en el Emelec de Guayaquil, me lesioné la rodilla, tuve que retirarme y, en vez de venirme para acá, en 1983 empecé a dirigir a un equipo de la colonia chilena en una liga amateur de Quito. Después, por intermedio del “Ñato” (Eduardo) Eduardo García (uruguayo, ex arquero de Peñarol, Cerro y Nacional) arranqué en el fútbol profesional, justamente con Emelec en 1984.
—Volviendo al presente, a las cosas que te motivan ahora, al trabajo que no te falta. ¿Sobre qué son los proyectos de los que hablaste?
—Uno es para el curso de entrenadores del Instituto Técnico Profesional de AUDEF: una nueva materia, las formas de analizar los partidos, un curso corto que va a llevar entre seis y ocho semanas; y el otro es para el Grupo de Estudios Técnico de la Conmebol, que integro con entrenadores muy capaces, como los colombianos Reinaldo Rueda y “Pacho” Maturana, el brasileño Dorival Jr., el venezolano César Faría, y los argentinos Nery Pumpido y Jorge Burruchaga.
—¿Y de qué se trata el proyecto en ese caso?
—La evolución de los sistemas tácticos. Parto desde la base de los que yo ví: Brasil del 70, Holanda del 74, el Milan de Arrigo Sacchi del 88/89, y “Pep” Guardiola son los cuatro verdaderamente revolucionarios.
—Sinceramente, ¿te sentís en tu lugar, de buenas a primeras, en tareas más académicas, lejos del día a día adentro de la cancha?
-Si, la docencia, aportar algo, me encanta. Además, encarar algo que Ondino Viera (ex entrenador de Nacional, Peñarol, Liverpool, Cerro, la selección en el Mundial de Inglaterra 66 y muchísimos equipos brasileños de categoría; por ejemplo, Fluminense y Vasco da Gama) llamó “la reconquista del fútbol de América”, para mí es una tarea apasionante.
—¿De qué se trata?
—Hace mucho Ondino dijo que el fútbol de Europa estaba reinando en conjunto con la FIFA, y América no se estaba dando cuenta. Una verdad absoluta, porque en los años que dijo eso se empezaba a dar lo que pasa en los días actuales, que tenemos un estancamiento de treinta años. Porque en Uruguay los entrenadores tenían institutos donde estudiar; pero, salvo Argentina, en el resto de los países no había preparación docente para los entrenadores, las competencias de juveniles daban pena…y toda la plata quedaba por el camino y no llegaba nunca a los clubes que, por lo tanto, no invertían en infraestructura, y ni los jugadores ni los entrenadores evolucionaban. Ahora los clubes tienen para hacer una cancha de piso sintético, un gimnasio…hay un Consejo Docente que ha llevado el estudio de los entrenadores a todos los rincones de Sudamérica; en el fútbol juvenil se invirtió muchísimo dinero, hay 50 instructores trabajando; y, en Uruguay no tanto, porque ya había, pero en otros países las competencias de juveniles se duplicaron. Entonces, es responsabilidad de nosotros, los entrenadores maduros, que esas cosas sigan pasando.
—“La batalla de la reconquista del fútbol de América”; don Ondino fue un visionario.
—Los números te dan contra el suelo: desde 2002 para acá, Sudamérica no ganó nunca más una Copa del Mundo, y los mundiales de clubes han sido un fracaso, al extremo de que la FIFA está buscando un sistema nuevo, porque ya no tienen gracia: va el campeón de Europa con la Sub 20 e igual lo gana.
—Es terrible.
—Claro, hemos perdido la competencia con Europa, siendo que los mejores jugadores siguen estando de este lado del Atlántico. No hay duda, todo lo que rodea a una cancha de fútbol, lo hacen mejor en Europa: infraestructura, organización de los espectáculos, cómo venden esos espectáculos, y también cómo nos venden a los entrenadores las metodologías de trabajo… ¡Es todo mentira!, porque la esencia del fútbol, la que está adentro de la cancha, no está en Europa, sigue estando en Sudamérica y… ¡en África! Si no, fijáte.
—¿En qué?
—En el Barcelona, que en este momento tiene problemas en el equipo: ¿Dónde busca la solución? Contratar a Lautaro Martínez y a Neymar: un argentino y un brasileño. ¿Por qué no la van a buscar a ‘La Masía’, ya que ellos dicen que ‘La Masía’ en formación de jugadores es lo máximo? Esos cuentos hace años que no los compro más. Te dicen que los Neymar, los Lautaro Martínez, los James Rodríguez, los Suárez y los Cavani se formaron en Europa. ¡Es todo mentira! Europa los compra y los disfruta, ¡pero no salieron de adentro de una botella, los formaron entrenadores sudamericanos!
—¿Y cuál es el camino para librar “la batalla de la reconquista del fútbol de América”, de la que Ondino habló hace 50 años?
—La materia prima, la tenemos en Sudamérica; tenemos que fortalecer la otra parte que nos falta: organización, mejores competencias, y mejor venta del producto que son los espectáculos.
—Y en el caso de ustedes, los entrenadores maduros, ¿cuál sería el trabajo que tienen por delante?
—Orientar. Hay tanta información, que a veces confunde a los entrenadores jóvenes, por la terminología que se emplea. Los portugueses, por ejemplo, han inventado la periodización táctica, y son cosas que acá se vienen trabajando hace 30 años. ¿Qué quiero decir con esto? Si mi equipo necesita mejorar un aspecto de su funcionamiento, voy y hago lo que necesita mi equipo, no me afilio a una única metodología por la terminología con palabras raras que tenés que ir tres años a la Universidad para entenderla; el de Klopp es un ejemplo claro.
—El entrenador del Liverpool.
—Claro, el entrenador top de los últimos años. Sin embargo, los conceptos más importantes que maneja Klopp, no sólo se los escuché, sino que también se los vi aplicar adentro de la cancha al Prof. José Ricardo De León, y en el Defensor del 70, con Gassire de arquero, que jugaba de líbero, no en el Defensor del 76, que fue campeón uruguayo. Por eso, a los jóvenes hay que explicarle que todo es importante en la medida que le sirva para lo que él está desarrollando en su equipo; hay que sacarle el máximo provecho al equipo que uno dirige, no copiar y pegar. Eso es muy fácil; pero… ¿es adaptable a nuestro país, a nuestro clima, a nuestra idiosincrasia, a nuestras canchas?
—A veces parece que muchos creen que el fútbol nació hace diez años.
—Yo estuve leyendo un análisis que hizo el italiano Vittorio Pozzo del juego de Uruguay en 1924. En ese momento estaba considerado uno de los analistas más importantes de Europa y, entre otras cosas, dijo: “Tiene jugadores veloces, gran inteligencia táctica, y un juego de equipo compacto que no va más allá de 30 o 40 metros en todo el campo”. Entonces, ahora se habla de “equipo corto, equipo moderno”, ¡y esto lo hacía Uruguay hace casi 100 años!
—Lo dijo Vittorio Pozzo.
—Para muchos hay que aclarar quién fue: tiempo después fue técnico de Italia y salió campeón del mundo en 1934 y 1938; el único entrenador de la historia que salió dos veces campeón mundial. ¡Ese señor dijo eso de Uruguay en el 24! Por eso es que los más grandes tenemos la responsabilidad de que se conozca un poquitito la historia para que los entrenadores jóvenes no crean que el fútbol empezó ayer.
Para hablar de fútbol moderno, hay que saber que el fútbol existe desde hace muchísimos años.
—Con esa misión que te planteás, parecés muy seguro de que no vas a hacer como muchos boxeadores, que les pica el bichito de volver al tiempo de retirarse.
—Sí, porque es una decisión tomada con toda naturalidad; llegó el momento que se terminó la pasión que sentí siempre, y que perdí cuando me empecé a plantear algunas cosas que me hicieron ver que yo estaba afuera del circuito, porque me ofuscaba por todo, no tenía paciencia…y me hice una misma pregunta varias veces: ‘¿Pero… qué estoy yo haciendo acá?
—Por ejemplo, ¿en qué casos?
—Cuando me llamaban a una reunión de directiva para dar un informe del equipo. ¡En los últimos años no fui nunca a una reunión de lunes para dar un informe de la semana! Cuando me recibí de entrenador, no le dí más informes a nadie. ¿Vos me contratás? Bueno, confiá en mí, el informe te lo doy a fin de año; y si no te gusta, por la mitad del camino me decís y me voy para mi casa. Si querés un informe, ponéme un gerente deportivo que trabaje al lado mío y que haga un informe cada tres minutos, no tengo ningún problema; pero…salir a cenar o tomar café con los dirigentes, o también con los periodistas… ¡No, yo trabajo! ¡No tomo café con nadie! Nunca hice lobby ni sociales. Cuando aprendí que eso lo tenía que sacar y dedicarme de lleno a mi responsabilidad con el equipo y con mi trabajo, fue cuando me empezó a ir bien.
—Hiciste un click.
—Sí. Cuando yo empecé, existían las comisiones de fútbol, y llegó un momento que entendí que esas comisiones de fútbol para lo único que servían era para complicarte la vida; porque yo perdía un partido el domingo, el lunes de noche tenía reunión con la comisión de fútbol, y estaba más preocupado por la reunión que por el partido que había perdido. Sabía que me iban a atormentar, ‘¿por qué jugó éste, por qué ese cambio?’, y cuando ganábamos nadie te decía nada. Además, se ponían a tomar whisky, yo me iba a acostar a las dos de la madrugada y el martes temprano yo tenía que estar fresquito como una lechuga para empezar a trabajar con el equipo adentro de la cancha.
—Ahora que bajaste la cortina, ¿te quedó algo pendiente?
—No. En primer lugar, porque soy un tipo muy práctico. Si un año iba a dirigir a un equipo, ese equipo durante ese año era el mejor equipo del planeta. Además, la verdad es que el fútbol me dio mucho más de lo que yo soñé, sobre todo como entrenador; porque yo cuando dejé de jugar en Ecuador, volví a Florida, y en Florida dirigí siete años. No lo hacía ni por fama ni por plata. Colgué redes, inflé pelotas, saqué fichas médicas, marqué la cancha…de ahí, el fútbol me dio otras oportunidades y fui mucho más lejos de lo que hubiera soñado.
—Entonces, no te quedó nada por el camino.
—Si te llego a decir una, o si tengo una deuda conmigo mismo, es no haber dirigido a Liverpool; y en más de una oportunidad el presidente José Luis Palma me llamó, pero nunca fue el momento de volver. Digo esto porque en Liverpool me pasó algo que fue la única vez que me pasó en el fútbol: el grupo de compañeros del equipo del 75 y 76, hasta el día de hoy seguimos unidos y nos seguimos hablando todas las semanas. Anoche hablé con Luis Pereira, que vive en México. Denis Milar está en La Paloma. Carlitos Calcaterra está en Dolores. Amatrain está en Belvedere. Es un grupo de amigos que siempre me decían: ‘Loco, ¿‘cuándo vas a dirigir a Liverpool, así vamos a tomar mate a Lomas de Zamora como cuando jugábamos?’ Yo, incluso, viví seis meses en Lomas de Zamora antes de casarme.
—¿La mayor alegría?
—Uuuufff…es difícil, porque tuve bastantes. Por el logro, por el momento de mi carrera, la Copa Sudamericana que ganamos en 2015 con (Independiente) Santa Fe fue una cosa fantástica.
—Sobre lo cual alguna vez ya hablamos algo: por qué un entrenador uruguayo puede salir campeón continental a nivel de clubes con un equipo extranjero y, en cambio, no puede salir campeón -ni tampoco puede hacerlo un entrenador extranjero- con un equipo uruguayo.
—Hasta tanto no haya un cambio en las reglamentaciones, va a ser muy difícil que eso pase; porque nosotros somos un país eminentemente exportador, y la reglamentación dice que los chicos quedan libres a los 18 años. Entonces, ¿qué pasa? A los 17, cuando el chico es un crack, viene el empresario y le dice al club: ‘Te doy tanto por el pase’. Nada, poca plata, pero el dirigente, sobre todo de un cuadro chico piensa y dice: ‘Sí, dame esa plata, porque si no el año que viene me queda libre y no agarro nada’. ¿Por qué la caída vertiginosa de Danubio? Porque en un equipo productor de talentos, antes que lleguen a Primera División se los llevaron. La reglamentación no lo ampara. Cuando yo llegué a Danubio en 2004, por ejemplo, estaban el ‘Bola’ Lima, Pouso, el ‘Nacho’ González, que ya tenían 22, 23 y 24 años. Les dieron triunfos a Danubio y después el club los vendió, a buen precio, ya formados. Hoy, en cambio, esos jugadores no llegan a jugar en la Primera División de Danubio: se los llevan de la Sub 17, o la Sub 20 como máximo.
—Cambiar eso ahora parece bravo.
—Por eso digo que el fútbol de Sudamérica está estancado hace 30 años; porque a los señores de la Conmebol, que estaban entretenidos en otras cosas, ni se dieron cuenta. La FIFA hizo la nueva reglamentación, ¿y para quién hizo la nueva reglamentación? ¡Para la UEFA! ¡Y la Conmebol no hizo nada! Acordáte qué le pasó a Peñarol cuando se llevaron a Bueno, el ‘Cebolla’ Rodríguez y Bizera: cuando Peñarol quiso ir en defensa de sus derechos, ya estaba cocinado. Te pongo otro ejemplo: la buena campaña que hicimos con Nacional en la Libertadores de 2009, la hicimos con cuatro o cinco jugadores de 19 años: el “Morro” García, Mauricio Pereyra, Coates…no podés pretender ganar una Libertadores con jugadores de 19 años. Ese es el problema que tiene el fútbol uruguayo.
—¿La mayor tristeza?
—Una crisis que tuve en el fútbol y en la vida, que fue la que me cambió el rumbo como entrenador: el 15 de julio de 2002 me echaron del Macará de Ambato, en Ecuador, me fui a vivir a Quito, donde tenía amigos porque había vivido ahí muchos años, y el 1° de agosto me llama mi hija y me dice: “Papá, acá en Uruguay cerraron los bancos”. Así que en 15 días me quedé sin trabajo y sin plata, una platita que tenía guardada; pues todo entrenador debe tener su plata guardada porque nunca sabe el tiempo que puede estar sin trabajo. Me quedé sin nada, y viví una crisis tremenda, compartiendo un monoambiente con mis dos hijos que estaban estudiando. Entonces, miré para adentro mío y dije: “Yo tengo que estar haciendo las cosas muy mal para estar así”; y tuve el coraje de darme cuenta qué era lo que estaba haciendo mal y decirme a mí mismo con el bisturí a fondo: “Acá hay que cambiar esto, esto y esto”.
—¿Y qué cambiaste?
—Una de las cosas que encontré que estaba haciendo mal, y que a partir de ahí la hice de otra manera fue el cuerpo técnico. Me dije: “Tengo que armar un cuerpo técnico y de nivel, cuanto mejores sean los profesionales que trabajan conmigo, mejor me va a ir a mí”. Yo hasta ahí andaba solo, si me contrataba un equipo, me ponían el preparador físico porque lo tenían contratado…así que ahí dije: “O trabajo con mi equipo o me quedo en mi casa”. Ahí fui a Cerro, en 2003. Nos va muy bien, y en 2004 vamos a Danubio, salimos campeones uruguayos, y no paramos más de ahí para adelante. Ese fue el cambio absoluto en mi carrera como entrenador: aprendí de mis errores, y también otro factor que en el fútbol moderno es muy importante.
—¿Cuál?
—El entrenador moderno debe tener un equipo multidisciplinario y capacitarse para lo que significa eso, que no es fácil.
-¿En qué sentido?
-Por ejemplo, yo no puedo saber más, y ni siquiera igual, que el preparador físico o el médico; pero tengo que saber lo suficiente como para darme cuenta cuando el trabajo de ellos está siendo bueno o no para el equipo. Mario Patrón (ex entrenador floridense, ya fallecido) me decía: “¿Vos conocés a algún médico que gane campeonatos? No, ¿no?; pero te los puede hacer perder”. Y tenía razón, porque si el médico te asegura que un jugador está bien para ponerlo en un partido clave y después a los pocos minutos tenés que hacer un cambio, en ese detalle por ahí perdés un campeonato.