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Deportes

28/06/2020 08:16

El yugoslavo de Peñarol que se "nacionalizó" por la carne y las mujeres uruguayas

Por: Jorge Savia

Ilija Petkovic llegó en 1971 y pidió para entrenar como lo hacía en Europa: en doble horario; pero a los pocos días era un jugador aurinegro más y practicaba solo de mañana.

El yugoslavo de Peñarol que se "nacionalizó" por la carne y las mujeres uruguayas

@padreydecanocom

Ilija Petkovic, que este sábado 27 de junio murió a los 75 años víctima del coronavirus en un hospital de Belgrado, capital de Serbia, tuvo un muy fugaz, pero también espectacular y a la vez accidentado pasaje en 1971 por Peñarol, donde protagonizó una anécdota desconocida en el ámbito del fútbol uruguayo, a la que este periodista accedió a través del testimonio espontáneo del profesor Alberto Langlade, quien era el preparador físico aurinegro cuando el yugoeslavo formó parte del equipo que por entonces dirigía Roque Gastón Máspoli.

A mediados de 1974, después de culminado el Mundial de Alemania, donde Uruguay fue futbolísticamente vapuleado y hasta humillado por Holanda, a partir de que Langlade era considerado una eminencia —al extremo de que sus libros eran fuente de consulta incluso en Europa— se transformó en el receptor casi excluyente de una pregunta que se puso de moda desde el momento que “La naranja mecánica” -como se le llamó a aquella selección holandesa que mostró un despliegue físico y un estilo de juego revolucionario- tenía un funcionamiento general, y hasta jugadas y movimientos estratégicos, que eran propios de un equipo de básquetbol.

Es que el reconocido preparador físico había sido también técnico de Welcome y de la selección celeste de básquetbol, por lo cual parecía ser el único con experiencia y autoridad suficiente -al menos en nuestro país- para decir si en realidad el estilo de juego con el cual asombró Holanda tenía puntos de contacto con los fundamentos del baloncesto y, además, si aquel manual de equipo donde todos defendían y todos atacaban podría ser alguna vez replicado por el fútbol uruguayo.

Langlade, entonces, respondió con la narración de una anécdota que había protagonizado con Ilija Petkovic tres años y medio antes, para afirmar que -según su opinión- por una cuestión de idiosincrasia, un equipo uruguayo jamás podría jugar como lo había hecho aquella deslumbrante selección de Holanda.

“Una Ferrari puede andar a 100 kilómetros por hora en las espectaculares autopistas de Europa, pero ese auto no puede circular a la misma velocidad por las carreteras uruguayas llenas de baches”, sostuvo el profesor, haciendo notar que los futbolistas del país crecían, se formaban, y en aquellas épocas hasta jugaban, en canchas cuyos pisos les impedían adquirir -como, en cambio, lo hacían los europeos desde la infancia- el hábito de jugar rápido: “Acá primero hay que parar la pelota, y después jugarla”, enfatizó Langlade.
“Somos, vivimos, y por tanto jugamos en forma muy diferente”, enfatizó en 1974 el ya ex preparador físico aurinegro, y para traducir su pensamiento en forma aún mucho más gráfica, recordó su experiencia puntal con el puntero derecho yugoeslavo que este sábado 27 falleció víctima de COVID-19 en Belgrado.

“Como yo hablaba bien el inglés, era quien tenía contacto directo con Petkovic”, reveló Langlade, contando que “por esa razón, todas las mañanas lo iba a buscar con el auto al hotel donde se alojaba, lo llevaba a entrenar a Los Aromos, y después lo traía de nuevo al hotel; así fue los primeros tres o cuatro días, hasta que una vez, quizá porque ya había agarrado más confianza, se animó a preguntar si también podía lo pasar a buscar para llevarlo a entrenar a él solo de tarde, porque Peñarol entrenaba siempre de mañana y en Europa estaba acostumbrado a entrenar en doble horario”.

“No tuve problemas, al contario”, señaló el preparador físico, explicando que después de seguir la rutina solicitada por Petkovic durante varios días, “un mediodía, volviendo en el auto desde Los Aromos, le dijo: “Perdón, profesor, no me pase a buscar esta tarde”.

“No me llamó la atención, supuse que estaría cansado, pero al día siguiente me volvió a decir lo mismo, y al tercero también”, recordó Langlade, agregando que “para salir de dudas, al cuarto día y ante el mismo aviso de su parte, le pregunté si no se sentía bien, si le pasaba algo; entonces, para mi sorpresa, me contestó con una exclamación, abriendo los brazos y con una sonrisa iluminándole la cara: ‘No, profesor; no…¡aaaahhh…las mujeres uruguayas, la carne uruguaya!’ ¿Qué había pasado? ¡El europeo ya no quería entrenar ni vivir como europeo, se había convertido en un uruguayo!”.

Nacido el 22 de setiembre de 1945 en Knin, entonces ciudad de Yugoeslavia, Petkovic jugó de puntero derecho entre 1964 y 1983 en el OFK Belgrado, Peñarol y Troyes de Francia, y también en la selección de su país, con la cual participó en el Mundial de 1974 que se disputó en Alemania.

Era muy veloz y vivaz, práctico y penetrante, atributos por los cuales marcó diferencias y causó sensación cuando llegó a principios de 1971 a jugar la Copa Montevideo en Peñarol, que en los tres partidos iniciales de aquel torneo de carácter internacional que se disputaba todos los años venció a Cruzeiro, San Lorenzo de Almagro e Internacional de Bratislava, con actuaciones muy destacadas del yugoeslavo.

El cuarto partido se disputó el 8 de febrero de 1971 y fue el clásico que, como tal, no fue para nada amistoso, sino todo lo contrario, quizá por el momento en el que se encontraban los dos clubes de mayor convocatoria del fútbol uruguayo.

Peñarol había dejado atrás la gloriosa década de los 60, donde -contando desde 1958 hasta 1968- había sido dos veces campeón del mundo, tres de América y nueve del Uruguayo, pero ya no contaba con el concurso de Goncalves, Forlán, Rocha, Spencer y Joya, que habían sido los baluartes de aquellas grandes campañas; y Nacional, en cambio, con un gran equipo donde descollaban figuras extranjeras como el argentino Luis Artime, el chileno Ignacio Prieto y el brasileño Manga, a los que se sumaban cracks locales de la talla de Luis Ubiña, Julio Montero Castillo, Juan Martín Mugica, Luis Cubilla, Ildo Maneiro, Víctor Espárrago y Julio César “Cascarilla” Morales, venía de ser bicampeón uruguayo 1969/70, pero desde hacía mucho tiempo intentaba seguir en el plano internacional -sin lograrlo- la huella triunfal que hasta entonces, en el fútbol de nuestro país, era un sello exclusivo de su tradicional adversario.

El partido, pues, se hizo duro de entrada y, como por su velocidad, vivacidad y dinámica Petkovic volvió a ser desequilibrante, aquel protagonismo le salió caro: a los 29’, Juan Martín Mugica -lateral izquierdo de Nacional- lo cruzó con reciedumbre contra la raya cercana a la tribuna Olímpica, en el marco de una jugada al cabo de la cual el puntero yugoeslavo terminó fracturado.

Petkovic sufrió fractura del tercio superior del peroné de la pierna izquierda, como como consecuencia de lo cual, obviamente, no pudo festejar el triunfo por 2 a 0 que esa noche se anotó Peñarol en un partido que concluyó antes de los 90’, cuando los aurinegros tenían 10 jugadores y Nacional siete por cuatro expulsiones que había decretado el árbitro, y -ante la neta superioridad del rival que amenazaba terminar en un goleada- Washington “Pulpa” Etchamendi, el técnico tricolor, en forma muy notoria dio la orden de que uno de sus futbolistas se hiciera expulsar para que el equipo quedara con seis integrantes y el partido no continuara.

Pocos días más tarde, Petkovic partió enyesado rumbo a Yugoeslavia, para poco tiempo después reaparecer en el Troyes de Francia, luego defender a la selección de su país en el Mundial de 1974 que se disputó en Alemania, donde Holanda humilló a Uruguay y asombró al mundo con el revolucionario estilo de juego de “La Naranja Mecánica”, y militó hasta 1983 en su club de origen: el OFK Belgrado.

Posteriormente, el ex puntero derecho fue entrenador del Servette de Suiza; el Shaghai Shenshua y el Sichuan de China; el Incheon de Corea del Sur; el Al Ahli de Qatar; y el Gyeongnam, también de Corea del Sur, además de haber sido el técnico de la selección de Serbia y Montenegro entre 2003 y 2006, por lo cual la dirigió en el Mundial de 2006 que se jugó en Alemania.

Tras su extensa trayectoria como futbolista y entrenador, Petkovic pasó a desempeñarse en el plano directriz, hasta que este sábado 27 de junio el COVID-19 acabó con su vida a los 75 años, cuando -ya muy lejos de su estelar y a la vez accidentado paso por Peñarol- era el presidente de la Federación de Fútbol de Belgrado.