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Deportes

3/01/2020 12:04

Guzmán Pereira: el que tuvo mala cara con “Memo” y lloró con su madre

Por: Jorge Savia

El jugador al que el técnico le decía ‘no, no entrenás’, y él le contestaba ‘sí, sí’, habló de “pases boludos”, de Forlán e infiltraciones.

Guzmán Pereira: el que tuvo mala cara con “Memo” y lloró con su madre

Cedida a Ecos

“Mi compromiso es con Peñarol, el equipo del que siempre fui hincha, aunque antes no lo dijera ni tampoco lo fuera ver como cuando me llevaban de chico, porque yo soy de perfil bajo", cuenta Guzmán Pereira.

"Además, ya era un profesional que jugaba en Wanderers, al que sentía que debía respetarlo; por eso lloro si pierdo, lloré después de la final (contra Nacional), pero no en la cancha, ni en el estadio…me vine a llorar acá, a casa: llegué, empecé a llorar, y mi madre me abrazó y me dijo: ‘Soltate’".

Sólo hay que aclarar que “acá” es Pablo Ehrlich casi San Martín, apacible zona del barrio Brazo Oriental donde predominan las casas lindas, pero todas bajas, algo que tiene que ver con la personalidad del interlocutor, que nació y creció “en Rafael Hortiguera a dos cuadras de los tanques de OSE, en el Cerrito de la Victoria”.

Y cuando pasó a Peñarol y pudo comprarle una casa a Marta, la madre, con quien vive junto a Agustín, su hermano de 12 años, eligió no alejarse demasiado de las raíces. “Me gusta festejar los cumpleaños con música alta y en otro lugar con edificios capaz que los vecinos se molestaban”.

Después, sobre todo si se trata de Peñarol, con decir Guzmán, a secas, basta. Es Guzmán Pereira, uno de los capitanes, junto con el “Cebolla” Rodríguez y Walter Gargano.

Algo que no es para cualquiera, empezando por ese “feeling” genuino y visceral que explica por qué hay jugadores -no muchos- sobre los cuales al hincha le alcanza con decir su nombre para identificarlos y, ya sea por su calidad o por entrega a la causa, quererlos incluso hasta más allá de los resultados.

“Yo siempre digo que el fútbol muchas veces te sorprende, y para mí Peñarol fue ese caso”, dice Guzmán, a punto de irse a pasar el último fin de semana de la licencia junto a varios amigos en Solanas.

Recordó que en 2016, con “Polilla” Da Silva como entrenador, empezó muy mal. "Legué en un momento de cambios, donde vinieron jugadores jóvenes que habían sido los mejores en el medio local, aunque no nos fue bien. Los resultados no acompañaban, y hubo muchas críticas de parte de la gente, pero después con ‘Leo’ (Ramos) el equipo se empezó a armar, a andar bien, a agarrar confianza, y pudimos revertir aquellas críticas en aplausos”.

Es que allá “por 2011 o 2012”, según la memoria del volante de 28 años, su tío Daniel, que ya no está con él, pasaba por casa a saludar a su mamá y le decía que yo iba a ser el 5 de Peñarol.

"Y como se está haciendo realidad, hasta que me toque yo trato de disfrutarlo, No voy a ser del gusto de todo el mundo, pero por suerte la mayoría de la gente ha reconocido mi esfuerzo, mi trabajo, y mi dedicación a Peñarol. Hoy puedo decir que soy hincha y que estoy contento de estar donde estoy, y hasta en algunos momentos haber llevado la cinta de capitán, que es algo muy importante”.

Es por eso, al fin y al cabo, que -al menos para el hincha de Peñarol- con decir Guzmán alcanza para ubicarlo hasta con tono familiar, aunque no conozca más detalles de su vida, como por ejemplo que “es fanático de la raza de los ovejeros”. De hecho, su perra “Lola”, a la que trajo cuando tenía dos meses, es reflejo de esto.

Tampoco muchos saben que jugó varias veces infiltrado, aunque le aconsejaran que no lo hiciera porque en el futuro hasta lo puede perjudicar. "Incluso, (lo hice) en partidos de no tanta trascendencia como podían ser las finales, porque yo vivo todos de la misma manera. Para mí son todos iguales, no me gusta perder a nada, y si puedo jugar, juego, no miro el mañana”.

Durante la charla con Ecos, “Lola” no ladra, como si asintiera con su silencio que el amo llena los requisitos tradicionales para responder plenamente a esa exigencia a veces hasta hostil que impone la tribuna aurinegra al grito de “¡esto es Peñarol, che!”.

Sobre todo cuando las cosas no andan, algo que se desprende al ver el fervoroso recorrido que Guzmán tiene en la cancha. “Nos puede ir mal, nos puede ir bien, pero yo trabajo día a día para darle lo mejor a mis compañeros y a Peñarol, y en eso no negocio el esfuerzo ni la constancia”.

Esa característica, en suma, es la que al futbolista le permitió llegar a donde está, tras haber surgido en el baby del Juventud Unida del Cerrito de la Victoria; ir a probarse y quedar en Defensor Sporting. “Me sacaron porque no andaba en los estudios”; recuerda. Luego probó suerte en Danubio sin que lo aceptaran y en Wanderers lo ficharon el último día.

“Cuando estaba en la edad rebelde y no quería nada con nadie, me mandaron a trabajar en la fábrica de plástico que tenía mi padre, tapando frascos", cuenta.

Sufrió dos operaciones de rodilla, una fractura de tibia, y otra del quinto metatarsiano, esta última justo cuando jugó varios partidos en la selección y hasta fue a la Copa América (Chile 2015). Algo que lamenta con naturalidad, porque no pudo ir a la Copa América Centenario. "Hoy en la selección, si perdés el lugar, chau… sobre todo con la cantidad de jóvenes que hay en la zona de volantes”.

Igual, aún dentro de ese envase inalterable, en su paso por Wanderers y Universidad de Chile, antes de llegar a Peñarol, el contenido original fue experimentando cambios en la etiqueta futbolística de quien se proyecta al futuro diciendo que su idea es seguir en el ambiente del fútbol.

“Yo sería uno de esos técnicos que le dan mucha prioridad a la tenencia de la pelota, a salir jugando. Creo que un equipo grande que tenga la pelota un rato, se asegura un resultado favorable”.

Esas mutaciones tienen explicación a partir de un nombre y apellido: Alfredo Arias. “Eso que sería mi idea como técnico, lo viví con él en Wanderers, que creo fue mi mejor versión como jugador. Con Alfredo íbamos a cualquier cancha y jugábamos, y yo descubrí cosas que quizá no sabía que las tenía. Por ejemplo, de ahí en más le di mucha bola a ese pase corto, boludo, de un metro, que a veces sirve mucho aunque la gente piensa que no sirve para nada".

"Pienso que la confianza en fútbol es todo, y yo con él llegué a un punto de confianza tal, de tirar un enganche adentro del área chica sin pensar en lo que iba a pasar después; él me dio el nivel de confianza para mostrar lo que estaba capacitado”.

“Y hoy también estoy capacitado”, parece decir Guzmán con orgullo, aunque sin alzar el tono de voz en ningún instante, porque la imagen actual, en la que se basa gran parte del vínculo de reconocimiento que lo une a la hinchada de Peñarol, es otra.

Ni mejor ni peor; diferente. Es la del generoso volante de marca que deja todo y no se guarda nada. “Yo estoy capacitado, el tema es que uno tiene que adherirse a las ideas de lo técnicos, y hoy cumplo otra función. Cuando yo jugaba de ‘doble 5’ en Wanderers, el más táctico era ‘Santi’ (Santiago Rodríguez), que era el que se quedaba, y yo andaba mucho más con la pelota, porque me soltaba y andaba medio errante. Hoy tengo otras responsabilidades”.

No hay una crítica velada en sus palabras, sino un análisis profundo y espontáneo. “En Chile, por ejemplo, pasé a jugar solo de 5, y ya ahí hay temas de relevos, de coberturas, de cosas que no se ven, porque si se desprende un zaguero yo me tengo que meter en la línea de cuatro, lo que hace que tenga menos contacto con la pelota".

“En Peñarol me pasó lo mismo: me tuve que dedicar más a lo defensivo, a la marca, y de dejarle de dar un poco de importancia al ataque. Es ahí donde algunos pretenden que sea el mismo jugador de Wanderers, y no…no voy a ser, porque es otra función. Cuando uno tiene que cumplir funciones diferentes, ya sea para bien o para mal, el funcionamiento termina cambiando”.

Por el tipo de funcionamiento actual, entonces, y porque unido al mismo el jugador aurinegro luce al cabo de tres años y medio en el club los blasones de campeón de una Supercopa y un Campeonato Uruguayo, es como si en este momento Guzmán estuviera en los últimos días del reposo del guerrero; porque guerreros son también los que pierden, no sólo los que ganan.

“Uno siempre quiere ganar, pero a mitad de año se nos fueron jugadores importantes; logramos el (Torneo) Apertura con justicia y el segundo semestre se hizo un poco cuesta arriba, pero se dejó todo en la cancha y, más allá de las bajas que tuvimos, llegamos al final luchando, que es lo más importante”.

Tomando en cuenta su enfoque, precisamente, y por tratarse de uno de los referentes, el volante no queda afuera del estigma que sufrió Peñarol en la última temporada, donde el equipo concentró antes y después de muy pocos partidos, y -como aparente consecuencia- sus jugadores padecieron nada más ni nada menos que 51 lesiones musculares.

“Lo que tengo para decir, lo digo adentro de Peñarol, es como les digo siempre a los más chicos: hay que tener cuidado con las cosas que se dicen, no hay que declarar cosas de las que después nos tengamos que arrepentir, o tener que salir a decir lo contrario. Por eso yo no acostumbro a dar notas, y si es necesario aparezco en los medios cuando a Peñarol le va mal y necesita que un grande (mayor) dé la cara”.

Por ese motivo, pues, Guzmán quebró en parte su matriz cuando Ecos le planteó el tema del excesivo número de lesiones musculares aunque él experimentó sólo dos contracturas y un desgarro.

“En mi caso, tal vez, fue por lo que siempre digo: soy un jugador que siempre juega al límite, jamás me cuidé en el sentido de que si sentía una molestia, igual jugaba. Si no fuera así, de haberle dado bola a la molestia, quizá no terminaba en desgarro”.


El volante reveló, incluso, que “los médicos de Peñarol le enseñaron a conocerse. "Nos sentábamos a hablar, intercambiábamos opiniones, y cuando llegábamos a la conclusión de ‘bueno, ta’…lo mejor es esto’, lo hacíamos. Todos estábamos de acuerdo en que podía desgarrarme. Por eso también tuve contracturas: por ser un jugador que siempre entrena, no me gusta perder ni un entrenamiento, quiero estar siempre con mis compañeros, tampoco me gusta entrenar diferenciado”.

Incluso, enfatizó al respecto que “a veces el cuerpo técnico con el ‘Memo’ (Diego López) me decían: ‘no, no, no entrenás’, y yo les decía que ‘sí, sí, sí’". Cuenta que cree que eso fue lo que lo ayudó un poco a tener menos lesiones musculares.

Más allá de este último detalle, fue notorio que -a despecho de su condición de referente en el mediocampo- en los tramos finales del Torneo Clausura, hubo partidos donde el volante no fue titular, y hasta llegó a ser sustituido sin estar otros “pesos pesados” como Cristian Rodríguez y Gargano.

Sin embargo, Guzmán descarta que haya dejado de tener sintonía con el entrenador. “Soy un jugador de carácter muy fuerte y lo hago saber…lo hago saber en mi cara. Todos queremos jugar, justo con el ‘Memo’ pasó que me sacó cuando al equipo no le iba bien, y yo me sentía importante dentro del plantel para salir justo en ese momento"

"Un día, hablando bien, le dije: ‘Mirá Diego…permitime mi cara de ojet… en el entrenamiento, porque quiero jugar, pero no te preocupes, que voy a entrenar de la misma manera y te voy a empujar el equipo para adelante”.

“Juegue o no juegue, me considero alguien positivo dentro del grupo”, asegura con firmeza el mediocampista. “siempre le inculqué a los más jóvenes el respeto por el técnico; tome buenas o malas decisiones, el técnico es lo máximo para el plantel, y siempre que el técnico lo respete a uno, uno tiene que respetarlo. Yo con (Mathías) Corujo, por ejemplo, en Chile tuvimos uno que no nos respetó, aunque igual terminamos jugando”.

En esa materia de los entrenadores, Guzmán no le sacó el cuerpo en su extensa charla a lo que representa la llegada de Diego Forlán a Peñarol, algo que incluyó entre “las cosas del fútbol que te sorprenden, porque uno no piensa que el mejor jugador del Mundial 2010 va a ser tu técnico diez años más tarde”.

Fiel a su estilo, quien hace ver su carácter a través de la cara, se abre para confesar que siempre halagó a Diego porque jugaba a algo distinto. "Acá en Uruguay se le criticó mucho en su momento por esas pausas que él metía, y para mí el fútbol no es todo atacar y jugar los 90’ con el mismo ritmo. Yo lo entiendo así y esas cosas de él siempre las valoré".

"No tengo más para decir sobre lo que es (Forlán), porque todo el mundo lo ve y lo sabe. Pero, me toque jugar o no, tengo muy buenas expectativas con él como técnico; por lo que fue como jugador, porque va a ser un lindo desafío para él, y porque cuando viene un monstruo como este de técnico, uno está abierto para aprender, junto al ‘Cebolla’, Gargano, el ‘Lolo’, y los más grandes, trataremos de darle una mano para facilitarle un poco el trabajo”.