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Deportes

22/12/2019 19:14

Zunino: el "delivery" que eligió tocar timbre en Nacional

Por: Jorge Savia

Fue mozo de restaurante, trabajó en un lavadero, llegó a facultad y su polifuncionalidad, un pase y un gol suyos, definieron el Uruguayo.

Zunino: el "delivery" que eligió tocar timbre en Nacional

ECOS

El comienzo del segundo tiempo del clásico que definió el Campeonato Uruguayo se demoraba, por lo cual Matías Zunino le dijo a Andrés Cunha: “Dale Andrés, empezálo, ¿qué estás esperando?”

El árbitro le contestó: “Que venga el VAR”; entonces, el jugador de Nacional le preguntó: “¿Pediste un delivery?”, lo que llevó a que segundos después, antes de hacer sonar el silbato, el juez le avisara que “ya está, vino el ‘Rappi”, mientras Xisco -a tres metros de distancia- festejaba las ocurrencias de ambos con una carcajada.

La naturalidad, en este caso para crear con la socarrona complicidad de Cunha un fresco y sano ámbito de distensión en medio del fragoroso nerviosismo que enciende el desarrollo de los clásicos, y más aún si se trata de uno que puede definir al campeón de la temporada, parece ser parte de la vida misma de Zunino, que lleva once años en el fútbol profesional cumpliendo distintas funciones en cinco equipos de Primera División y, sin fama ni altisonancias, ha sido -para bien y hasta para mal, lo que habla de su importancia- el jugador más gravitante que tuvo Nacional en las instancias definitorias de los dos últimos campeonatos uruguayos.

“Yo me pongo el rótulo de volante, y para agregarle un término que se usa ahora, digamos que soy un volante mixto, al que le gusta llegar al área rival, pero también puede dar una mano en la marca cuando el equipo debe replegarse”, dijo con su rasgo más típico -la naturalidad- en un extenso mano a mano con ECOS el jugador que en el clásico que definió el Torneo Clausura no sólo le permitió al entrenador de Nacional introducir una sorpresiva variante estratégica que confundió y complicó a Peñarol, sino que también cumpliendo su inesperada función fabricó la jugada del primer gol tricolor (Gonzalo Castro a los 62’), que resultó clave para “abrir” un partido que estaba empatado.

“Un par de días antes, cuando (Álvaro Gutiérrez) me lo dijo, me sorprendió un poco, pero al pasar las horas lo fui asimilando”, contó el volante que en la final del Torneo Clausura jugó en el medio de la línea de tres ofensiva que completaban Santiago Rodríguez y el “Chori” Castro, por detrás y cerca de Bergessio, casi como un enganche del fútbol de antes; aunque, siempre con su habitual naturalidad, en cierta medida hasta desmitificó la supuesta revolución del técnico tricolor, recordando que “ya había jugado así en el partido del (Torneo) Intermedio que empatamos 0 a 0 con Boston River en Florida; ahí el ‘Guti’ puso un 4-4-2- y me dijo que me parara detrás de Pastorini cuando entró por Bergessio, que había salido lesionado”.

“Esa fue la primera vez que se podría decir que jugué como segunda punta, pasa que nadie se acuerda porque aquel día no encontramos el juego, ya que la cancha estaba muy embarrada y pesada”, reflexionó Zunino, para enseguida reconocer que “en la final del Torneo Clausura me tocó de nuevo y nos dio buen resultado”.

La misión encomendada a Zunino por parte del entrenador fue clara: “Me dijo que jugara cera de Bergessio para darle descanso, en el sentido de que cuando presionáramos, él tuviera una compañía a la hora de aguantar la pelota, y también una posibilidad de descarga; si no, por ahí salía un pelotazo para Gonzalo y él estaba solo, porque los volantes estábamos replegados en la marca”, explicó el volante, para enseguida considerar que “nos salió muy bien, porque Peñarol no esperaba que yo jugara en esa zona de la cancha”.

No, Peñarol no podía pensar el partido con Zunino jugando casi como un enganche, porque en Danubio, Sud América, El Tanque Sisley, Defensor Sporting y el propio Nacional, aquel “gurí” nacido y criado en el barrio “La Cantera” de Canelones -“el que al entrar a la ciudad está a la izquierda del (estadio) ‘Monegal’, según guía del canario de 29 años- había sido lateral derecho, volante externo, lateral-volante, destacándose sobre todo por su gran prodigación física y eficacia para la marca; aunque ya en el clásico que definió el Uruguayo 2018, al igual que en el que decidió el campeonato de este año, convirtió el gol de Nacional al aparecer con gran oportunismo por el medio del área rival, una zona teóricamente “ajena” al puesto en el que estaba jugando.

“En las dos finales (2018 y 2019) jugué de volante externo por derecha”, precisa Zunino, quien tampoco deja a un lado su clásica naturalidad para analizar la consideración del periodista que le apunta que en el alargue de la final de 2018, su salida en el alargue -sumada a la anterior de Cristian Oliva- resultó determinante para que Peñarol terminara adueñándose del mediocampo: “Sí…los dos corríamos mucho, dábamos esa presión que quería el ‘Cacique’ (Alexander Medina), y yo me acalambré e intenté seguir, pero llegó un momento en donde no pude más y pedí el cambio: aunque soy más de mirar más para el costado y no tanto para mí, como para pensar: “Aaah…si yo no hubiera salido la historia pudo haber sido diferente”. La lesión de Oliva nos tocó, claro, pero había muchos jugadores de jerarquía y jugamos un gran partido que, si no hubiera sido por un fallo arbitral (offside en el primer gol de Peñarol), por más que no me gusta hablar de eso, tal vez pudo tener otro resultado”.

“Eso ya pasó y por suerte ahora tuvimos la revancha”, pensó Zunino en voz alta, dando sólidos argumentos futbolísticos que explican su polifuncionalidad, no sólo a lo largo de su trayectoria, sino dentro de un mismo partido, tal como ocurrió en las jugadas del par de goles que metió en las finales del Uruguayo de los dos últimos años: “Influyen las ganas de pisar siempre el área rival, pero también tener un cabeza de área como Gonzalo (Bergessio) que llama la atención de los zagueros contrarios y a uno que viene en segunda línea no lo cuidan tanto; en la final del año pasado y en la de éste, llegué a lo 9 goleador, para empujarla, y eso es porque uno pisa el área rival en forma constante: eso hace que se presenten las situaciones de gol, después está en uno el poder aprovecharlas”.

En la conversación mantenida con ECOS en el transcurso de una muy amena cena en el restaurante “Nuevo García” de Carrasco, las referencias a su estilo de juego fluyeron en forma muy natural, como no podía ser de otra manera, en boca del padre de familia que desde hace cinco años vive con sus hijos -Delfina de tres y Joaquín de uno- en Parque del Plata, pero la moderna polifuncionalidad que Zunino ha ido desarrollando a lo largo de su trayectoria, y a su vez expone dentro de un mismo partido con singular eficacia, no es algo plasmado como por arte de magia; aunque su llegada a Nacional, a mediados de 2017, sea un factor de importancia,

“En Defensor Sporting era lateral, y llegué para jugar de lateral con (Martín) Lasarte, pero jugué un par de partidos y como se lesionó el “Tata” (González), Martín probó con Fucile de lateral y yo de volante, y en el primer partido hice un gol contra Boston River en el estadio”, recordó el jugador, agregando que “a partir de ahí seguí jugando de volante, y en ese final de torneo metí dos goles más: uno a Wanderers y otro a Rampla”.

Después, en 2018 “llegó el ‘Cacique’ (Medina) y como yo venía con esa confianza que me había dado Martín, convertí en varios partidos de Copa”, recordó el volante, para quien “no sé si fue ahí donde tuve mi mayor rendimiento, pero sí mi mayor eficacia: a medida que se fueron dando los goles, fui agarrando confianza y me fui soltando; incluso, si íbamos perdiendo, por ahí el ‘Cacique’ me ponía de lateral para que el equipo tuviera más llegada. Para mí fue un muy buen año”.

Aquel fue el despegue, acaso, aunque quizá lo que hizo el planteo de Lasarte, seguido por el de Medina, fue que Zunino volviera a sus raíces futbolísticas canarias: “Yo empecé en el baby del ‘Tres esquinas’ de Canelones cuando tenía siete años, cuando terminé la edad del baby pasé al Liverpool de allá, donde jugué cuatro, dos en Sub 15 y dos en Sub 18, pasando en tres de ellos por la selección de Canelones, donde jugaba de 8 en el mediocampo y me fue muy bien: hice siete goles en seis partidos y en el último, jugando en el ‘Monegal’, fue donde me vieron de Danubio y me hablaron para que viniera a probarme”.

“Por suerte quedé”, dijo quien tuvo que “remarla” mucho para llegar a ser hoy un jugador importante de uno de los dos equipos grandes del fútbol uruguayo, aunque -fiel a su naturalidad- no se quejó porque, pese a sus atributos, nunca fue tocado por una varita mágica.

“Desde que me asenté en el baby, siempre quise ser jugador, pero hubo momentos en los que dudé, porque tuve un par de intentos fallidos en Montevideo cuando vine a probarme en Defensor a los 14 años y en Liverpool a los 15, y no quedé”, reveló Zunino, confesando que “a los 17, con Danubio, aproveché el último tiro que me quedaba”.

No dudó para nada, en cambio, cuando a mediados de 2017, después de salir campeón del Torneo Apertura con Defensor Sporting y perder la final del Torneo Intermedio contra Nacional, los dos cuadros grandes se interesaron por su pase: “Primero surgió el interés de Peñarol y después el de Nacional, pero como le dije a Nelson (Ferro, su representante) en aquel momento, desde chico fui hincha de Nacional, igual que toda mi familia, así que me incliné por Nacional porque el deseo de vestir esa camiseta era algo que lo llevaba en el alma”.

Las estadísticas dicen que aquella elección fue acertada, pues en dos años y medio que lleva en Nacional, jugó 62 partidos y convirtió 12 goles, el último de los cuales valió un título de campeón uruguayo, lo que representa algo poco común para un volante que -aún cuando se destaca por su polifuncionalidad- es reconocido por su gran despliegue físico y entrega en el mediocampo: “Según sé de los partidos que usamos GPS, yo era (en el plantel de Nacional) uno de los que más kilómetros corría junto con (Matías) Viña y algún otro volante, y también era de los que más ‘sprintaba’ (picaba)”.

“En el momento de correr no me doy cuenta de eso, es algo natural, que me sale”, agregó Zunino, cayendo en una obviedad por tratarse de alguien que, justamente por esa forma de ser “natural”, a lo largo de su vida cumplió muy diferentes roles, no sólo adentro de la cancha,

“Cuando jugaba en Canelones, trabajé en ‘A once’, el restaurante que fundaron mis abuelos y se lo pasaron a mis padres y mis tíos, aunque ya ahí el dueño era mi tío Juan: hacía el ‘delivery’, y a veces de mozo en el salón cuando la cosa se complicaba; y después, cuando pasé a Danubio, me vine a vivir con mi papá, que ya estaba en Montevideo hacía algunos años, y tenía un lavadero en la calle Luis Lamas”, repasó el “todo terreno” tricolor, que en aquel entonces también estudiaba: “Hice el liceo en el Tomás Berreta de Canelones, y cuando me vine a Montevideo terminé unas materias que me quedaban de 6° en el Cervantes; entrenaba en Danubio, iba a estudiar, y después venía al lavadero de mi viejo y daba una mano”.

Todavía le faltaba decir que “también arranqué en la Facultad de Ciencias, en la licenciatura de Matemáticas, pero no completé un año porque ahí empecé con los problemas de rodillas que tiempo después terminaron con la rotura de los (ligamentos) cruzados; igual, siempre me joden con eso cada vez que hay que hacer números en algún lado: dicen que soy rápido”.

Sí, por si todo lo demás fuera poco, rápido. Algo clave para el ‘delivery’ que en 2017 eligió ir a tocar la puerta de Nacional y este año sorprendió a Peñarol y lo dejó atragantado.