Fútbol, sacrificio y superación: Uruguay fue vice-campeón del mundial

Por: Danilo Costas
Publicado: 22/07/2018 12:14 | Actualizado:
Fútbol, sacrificio y superación: Uruguay fue vice-campeón del mundial
El plantel celeste a la hora de recibir la medalla de plata.

La celeste unificada, compuesta por jugadores con capacidades diferentes, fue finalista en Estados Unidos y esconde historias increíbles.

Atrás quedó Nizhni Nóvgorod en la retina de los uruguayos, las plegarias por la lesión de Edinson Cavani, el error involuntario de Fernando Muslera y el sacrificio de Lucas Torreira.

El mundial se terminó para casi todos los uruguayos, menos para un grupo que dejó a la celeste en lo más alto en este arte de correr detrás de la pelota.

La selección uruguaya de fútbol unificado fue vice-campeona de la Copa Mundial Unificada de Olimpíadas Especiales que se jugó en Chicago y esconde historias de superación increíbles.

“Fue un torneo increíble, llegamos a la final, no pudimos ganarla en un partido muy polémico y con un gol que no nos cobraron pero el resultado ya pasó. Jugamos un buen partido, con mucho público, en un lindo estadio y la experiencia que se llevan estos chicos es tremenda”, le cuenta a ECOS el entrenador Pablo Puentes, bajo el calor del verano de Chicago, la ciudad que recibió el torneo.

Puentes es el responsable de la selección uruguaya de Olimpiadas Especiales desde 2002 y se desempeña como Director Nacional de Fútbol, por lo que, además de dirigir, coordina actividades como la realización de los campeonatos nacionales, regionales y la capacitación especial a entrenadores que quieren trabajar con estos futbolistas.

La selección uruguaya unificada recibe ese nombre porque está compuesta por nueve futbolistas con capacidades diferentes de aprendizaje y siete jugadores unificados, con la única condición de que estos no pueden ser profesionales ni participar en equipos registrados en AUF.

Así como en la selección de Tabárez hay sociedades de vestuario, este equipo no es la excepción. Es así que Sergio Martínez y Álvaro Barboza toman el rol de Diego Godín y Cristian Rodríguez, con una diferencia. Son zaguero y volante por izquierda, al igual que los mayores, pero uno es unificado y otro especial. A la hora del juego las diferencias se borran y la inclusión se impone por goleada.

“Hicimos una selección grande de jugadores especiales mediante el seguimiento de promesas, además de la recomendación de otros profesores. Luego, de ese grupo grande, salió la versión final de la selección”, agrega el entrenador, que llevó a la celeste a lo más alto en 2016, cuando Uruguay ganó la Copa América.

“Del Mundial participaron 16 equipos divididos en cuatro series de cuatro equipos. Jugamos la fase de grupos contra Bangladesh, Estados Unidos y Francia. Ganamos los tres partidos (3-0, 4-0 y 2-0) y en la semifinal eliminamos a Emiratos Árabes por penales luego de empatar 2-2. En la final caímos con Ecuador, que es una rivalidad especial, porque les ganamos la Copa América de 2016”, dice el estratega celeste.

Uruguay jugó sus partidos en el Toyota Park, el estadio multipropósito del Chicago Fire ubicado en la ciudad de Bridgeview y que costó más de 100 millones de dólares.

En esa cancha juega de local el alemán Bastian Schweinsteiger, la figura del equipo local, que llegó desde el Manchester United de Inglaterra después de ganar el Mundial de Brasil 2014 con su selección.

Pese al lujo del estadio, la comodidad de las instalaciones en Estados Unidos y el orgullo de salir a jugar con la bandera uruguaya en el pecho, esta selección esconde historias de superación que distan mucho de las otras selecciones.

“El 95% de mis jugadores nunca se subió a un avión ni salió del país, así que te podés imaginar la experiencia que significó esto”, sostiene Puentes y es verdad. La Copa América que ganó el equipo en 2016 se disputó en Uruguay.

“Lo que dice Pablo es cierto. Cuando nos subimos al avión íbamos muy asustados porque para la gran mayoría de nosotros era la primera experiencia. Al rato nos adaptamos y el resto del viaje lo disfrutamos”, define Sergio Martínez, futbolista unificado y capitán del equipo, que se une a la conversación con este portal a la distancia.

Sergio tiene una historia particular. Nació en Rocha pero vive en Montevideo, trabaja en un local de comidas rápidas y a los 23 años hace dos viajes semanales desde la capital a Colonia para jugar en una liga amateur y no perder la forma.

Su cuerpo le dio una alarma hace unos años, cuando se le detectaron problemas en el hígado y en los riñones pese a su juventud. La salida era el deporte y la buena alimentación. Y Así lo hizo.

Hace dos años que se sumó a la selección unificada y todos destacan su compromiso, educación y compañerismo.

“La primera duda es cómo vamos a solucionar el tema de la inclusión, pero este vestuario es como cualquier otro. Somos un equipo normal, nos hablamos, nos apoyamos y si nos tenemos que cagar a pedos lo hacemos. La inclusión se da de forma natural porque todos somos jugadores de fútbol y compañeros. A los uruguayos no nos gusta perder a nada y estábamos muy calientes, pero nos quedamos tranquilos por el grupo que se formó”, sostiene.

Uno de sus compañeros especiales, Álvaro Barboza, tuvo un gesto que emocionó a todo el grupo. Oriundo de Young, Álvaro tiene una disminución en su capacidad intelectual, pero eso no lo privó de dar el ejemplo.

“Su barrio hizo una colecta peso por peso para darle un dinero y que pudiera disfrutar del viaje. En uno de los ratos libres todos fuimos a comprar cosas, ropa, championes, cosas para nosotros y él se compró una pelota. Cuando llegó le preguntamos el motivo de gastar la plata en una pelota y él nos contestó que era para los pibes de su barrio, que no tenían una para jugar. Ahí vimos la calidad humana de estos chiquilines”, afirma Sergio y el tono de su voz cambia.

No es la calidad del wifi ni que la comunicación se da a más de 9000 kilómetros de distancia. El gesto de Álvaro emocionó a todo el grupo.

Cada integrante del cuerpo técnico, compuesto por Raúl Fumont, Cristian Píriz y Julio Aboal, cumple una función clave en la contención.

“Somos un grupo que mete mucho pulmón y nos damos una mano entre todos porque los chicos especiales tienen otra forma de dominar sus emociones y son muy vehementes en algunos casos. Para poder participar el médico tiene que determinar que los jugadores especiales tengan una disminución de su capacidad intelectual. Hay chicos que aparte de eso tienen dificultades motrices y otros que no. Yo trabajé en el fútbol profesional y este vestuario lo manejo de la misma forma, con la diferencia de que algunos chicos tienen limitaciones afectivas o familias desintegradas y se les busca un apoyo integral”, añade el entrenador.

Hoy en Uruguay hay 3000 deportistas especiales y en fútbol se dividen en dos ramas. Los futbolistas varones que tienen alguna dificultad motora mayor juegan al fútbol cinco, mientras que los más avanzados practican fútbol once.

Las mujeres, todas, juegan al fútbol siete en una cancha de menor dimensión.

La selección uruguaya entrena en el Complejo del Ejército y en la Plaza de Deportes número 5. Tiene el apoyo de la Secretaría Nacional de Deportes y el patrocinio de la empresa Tenfield.