El mayor triunfo de la Celeste: la adhesión de un país entero

Por: Danilo Costas
Publicado: 27/06/2018 11:23
El mayor triunfo de la Celeste: la adhesión de un país entero
EFE (Archivo)

La selección se ganó el crédito de los hinchas en base a resultados y estilos; sociólogos, historiadores y psicólogos explican esta relación

“Este anormal la va a picar”, pensó el mundo entero cuando el delantero Sebastián Abreu se paró frente Richard Kingson en la definición de cuartos de final de Sudáfrica 2010. Todos, menos el pobre Kingson, que se la jugó a un palo para ver en primera fila como la pelota se metía y Uruguay estaba entre los cuatro mejores del mundo.

En Montevideo explotaron las calles, en el interior del país los pueblos pequeños y las ciudades se volvieron uno solo y los vehículos detuvieron su marcha. El Uruguay entero se abrazaba y también lo hacían las colonias de compatriotas desperdigadas por el planeta, testigos absolutos de que la reconciliación entre el público y la selección estaba firmada.

“Sudáfrica fue el punto de quiebre, un estallido social y cultural vinculado a la selección. Las calles se desbordaron de alegría ya desde el partido con Corea del Sur (octavos de final) y la definición con Ghana fue el punto más alto”, le dice a ECOS el historiador Luis Prats.

Al margen de los resultados, las alegrías y las broncas propias de un deporte como el fútbol, ¿qué hace que los uruguayos se sientan tan identificados con la selección de Tabárez? ¿Es responsabilidad exclusiva del entrenador? ¿Al uruguayo le importan las formas o solo el resultado final?

Para responder esas preguntas ECOS recurrió a dos historiadores, dos sociólogos y un psicólogo (todos uruguayos y futboleros) para develar el origen de un vínculo que parece indeleble.

Gerardo Caetano, historiador, investigador y exfutbolista, coincide con Prats en que Sudáfrica representó el punto de quiebre.

“En Sudáfrica 2010 el Uruguay se encontró con imágenes de su mejor pasado, como el mito del aguafiestas por ejemplo. Que una anomalía geográfica como es el Uruguay sea capaz de golear a Sudáfrica, con el poder que tiene ese país en su continente y luego derrote a Ghana en cuartos de final cuando era el último representante africano, es un milagro. El penal de Abreu es de una locura total pero también la demostración de una técnica pulida. Ese momento del penal picado es el más importante de los últimos 30 años de la vida deportiva del país. Y el cierre de ese Mundial tuvo partidos ante Holanda y Alemania (ambas derrotas de Uruguay por 3-2) donde el equipo celeste jugó de igual a igual ante potencias, por eso el reconocimiento es mayor”, afirma.

Para entender el fenómeno se debe analizar el rol que cumple el fútbol dentro del mecanismo de la sociedad.

“El fútbol es distinto a todo porque colocó al país en el mundo y es un rasgo identitario del Uruguay desde 1920 en adelante con los Juegos Olímpicos primero y los mundiales después. El futbolista, visto de una manera antropológica, es un fetiche y se espera de él cosas sobrenaturales y hazañas que no se le exigen a nadie. A su vez es el chivo expiatorio en la derrota y carga con una dosis espantosa de culpabilidad por esa esperanza irracional que la sociedad deposita en ellos”, agrega el sociólogo y entrenador de fútbol Rafael Bayce, a la hora de definir la importancia del fútbol en Uruguay.

Así se vive el fútbol, un país donde el sacrificio dentro de la cancha no se negocia y donde trancar una pelota con la cabeza recoge más aplausos que un caño o un tiro libre al ángulo.

“El fútbol nos define más intensamente que nuestras propias raíces como país y nos ayuda a creer también. Los éxitos y la generación de Tabárez sirvieron para reciclar a una generación como la mía que fue absolutamente perdedora. El fútbol siempre fue una tarjeta de presentación nuestra en el mundo y hoy esa tarjeta nos representa un orgullo. Cuando gana la selección vivimos como si fueran las fiestas de fin de año”, agrega el sociólogo Leonardo Mendiondo.

El romance del público con el equipo de Tabárez

“El público siempre es proclive a alentar a la selección, pero tiene poca paciencia. Cuando Omar Borrás era el entrenador de Uruguay la selección ganó la Copa América de 1983 y se clasificó al Mundial de México 1986. No fuimos al Mundial de 1978 y tampoco al de 1982, por eso la expectativa era muy grande. Por esos años la gente llenaba el estadio pero el equipo fracasó en el Mundial y la relación se rompió. El romance con este equipo de Tabárez se extendió porque los resultados acompañan y hay una valoración mayor sobre el compromiso y la adhesión. En el Mundial de Corea y Japón de 2002 muchos uruguayos contaban que hicieron miles de kilómetros para ver a Uruguay y los jugadores ni los saludaban. Hoy los futbolisas se entregan al máximo, rinden, muestran respeto y se comportan bien”, sostiene Prats.

Para Caetano el logro mayor de esta selección de Tabárez no pasa por el cuarto puesto en Sudáfrica ni por la Copa América lograda en Argentina, sino porque logró recomponer las fibras íntimas de una relación público-equipo que estaba quebrada.

“Con esta selección de Tabárez, Uruguay logró algo que hace mucho tiempo no se daba y es la reconciliación entre el equipo y la sociedad. El color, los autos con las banderas y las caras pintadas son manifestaciones, signos vitales de que la relación entre la gente y la selección está en una condición notable. No tiene que ver mucho con los resultados, que siempre son importantes, sino con los valores que Tabárez logró transmitir. Primero y principal el concepto de la planificación. En un país donde la planificación no abunda nadie le puede criticar a Tabárez su falta de mirada larga. Además este proceso terminó con el tema de los repatriados, las renuncias a la selección, el vedetismo de los grandes futbolistas. Esta selección representa valores que la sociedad uruguaya estima como la planificación, la estrategia, la serenidad y el trabajo en equipo”, indica.

El licenciado y magister en psicología, Juan Fernández Romar, adhiere a esa teoría sobre los valores pero cree que el marketing jugó un rol fundamental para propagar el mensaje.

“En la era actual del entretenimiento, donde el tiempo que la gente no dedica en producir lo invierte en consumir, divertirse y alejarse de las preocupaciones más inmediatas, los grandes héroes son las figuras del espectáculo y el deporte. El público uruguayo se siente reconfortado al encontrar figuras de alcance global como Suárez, Cavani o Forlán al tiempo que los toma como ejemplo y espejo donde cree reconocerse. Imagina que comparte un mismo ADN social, cultural y ético con todos ellos. Es como tener un hermano o un primo muy exitoso del cual poder sentirse orgulloso. Por continuidad y reconocimiento, Tabárez le ha dado al plantel uruguayo una homogeneidad discursiva y una aparente uniformidad ética. Esto en términos de marketing decantó en un neologismo, la “orgumildad” (concepto que una canal de televisión utilizó para fusionar orgullo y humildad) que ha sido difundida como una patente moral uruguaya”.

Luego de la victoria ante Rusia por 3-0, el entrenador lamentó en conferencia de prensa que uno de sus futbolistas recibiera la tarjeta amarilla. La primera tarjeta que Uruguay vio en 270 minutos de alta competencia.

“Uruguay recuperó la garra en el buen sentido, sin el matonismo de jugar fuera de las reglas. Entendió la garra como la actitud de sobreponerse a los momentos adversos. Claro que hay desbordes, la mordida de Luis Suárez en el Mundial de Brasil 2014 fue uno, pero cuando el ídolo se da cuenta y aprende se le perdona. Fue una locura lo que hizo Suárez en Brasil y en un momento muy adverso sus compañeros y el entrenador lo respaldaron. Esas cosas al uruguayo le llenan el pecho”, sostiene Caetano.

Para Bayce que el punto de quiebre sea Sudáfrica 2010 está vinculado a lo generacional. “En Sudáfrica se festejó un cuarto puesto y el cuarto puesto en Suiza 1954 fue una catástrofe, a nadie le interesaba jugar el partido por el tercer lugar. El cuarto puesto en el Mundial de México de 1970 también fue un desastre. Sudáfrica fue un mojón porque nos conformamos con ese cuarto lugar en función de los resultados que se venían obteniendo. Tabárez recogió las bendiciones de una masa que nunca había visto ganar a Uruguay”.

Lejos está la opinión de Bayce de ser una crítica a Tabárez, al contrario. Formado como entrenador de fútbol, el sociólogo es una persona cercana al entrenador de la selección, compartieron varias tardes de charlas y lo destaca por encima de la mediocridad del medio.

“Tabárez tiene una noción muy clara sobre el manejo de los grupos, sabe que el jugador antes de ser futbolista es una persona y él sabe como nadie manejar al colectivo con sabiduría y prudencia. Tabárez maneja el equipo de un país donde el fútbol es importantísimo y me asombra que cada vez que habla, sabiendo que impacta mucho lo que dice en el esquema mediático, lo hace con una mesura y un equilibrio que son perfectos”, añade.

¿Qué va a pasar después de la era Tabárez?

El entrenador de Uruguay tiene contrato hasta el final del Mundial y una vez terminada la aventura en Rusia deberá volver a sentarse con los dirigentes para evaluar el camino recorrido.

A sus 71 años algunos consideran que aún tiene tela por cortar para seguir consolidando el proceso de selecciones pero son varios los que miran de reojo a un posible sucesor que no se aparte del camino.

“Tabárez marcó una línea y un estilo de conducción. El que venga después, sea en 2019 o en el año que tenga que ser, deberá imitar muchas de las cosas que hizo Tabárez y la selección deberá seguir siendo un proyecto total integrado, desde la sub 15 hasta la mayor, con respeto, compromiso y adhesión”.

Mendiondo no busca un relevo de Tabárez, sino que prefiere dimensionar su trabajo desde la comparación. Así como Caetano habla de una anomalía geográfica, el sociólogo lo explica desde el punto de vista demográfico.

“Yo siempre hago el mismo ejercicio cuando me preguntan sobre el milagro del fútbol uruguayo. Somos tres millones de habitantes pero saquemos a las mujeres que son más de la mitad, descartemos a los niños, a los viejos y a los adultos que no tenemos edad de jugar. ¿Cuántos jóvenes, hombres y físicamente aptos nos quedan entre los 18 y los 35 años para sacar jugadores? Hay equipos en Brasil que triplican en hinchas esa cifra, por eso es irracional que un equipo uruguayo vaya y gane en el exterior. Si será importante lo que hizo Tabárez”.

Caetano analiza el futuro de la selección mirando el pasado con los mismos ojos de cuando era jugador.

“Uruguay reconstruyó su historia, esa que hablaba de estar todos atrás, colgados del palo y jugando con los dientes apretados. En la primera época del fútbol glorioso de Uruguay teníamos el mejor fútbol del mundo. Esa historia de que Uruguay ganó en Maracaná de suerte no fue así y en 1954, cuando Uruguay no pudo repetir en el Mundial, tenía aún mejor equipo. En un momento eso se rompió y la historia se empezó a contar mal, como si el uruguayo fuera un fútbol mezquino que se juega al borde del reglamento. Tabárez revolucionó eso y encontró jugadores que desarrollan una idea y lo hacen dentro del marco del juego limpio. El entrenador que venga deberá tener un perfil planificador, de potenciar valores y generar estructuras integrales de formativas. Lo mejor de la era Tabárez es que generó cambios irreversibles y yo veo un futbolista nuevo. De la mano del Más Unidos que Nunca hay una intención de hacer jugadores inteligentes, cultos y más íntegros. El resultado son avatares pero Uruguay aprendió una lección que difícilmente pierda”.