Meter mano en los clásicos

Por: Miguel Ángel Campodónico

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16/01/2019 08:25

Publicado: 16/01/2019 08:25

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Es un tema que ha creado discusiones varias, pero en este momento solamente interesa recordar que se trata de una costumbre que no solamente se ha extendido en el Uruguay. Me refiero en síntesis a la necesidad que exhiben varios directores teatrales de acudir a los clásicos para hacerles decir algo que se parece a lo que dijeron pero con otras palabras y andando por caminos que los autores no recorrieron.

Esa forma de usar a los clásicos teatrales para modificarlos ha vuelto a la consideración pública a raíz del estreno en El Galpón de Casa de Muñecas, la famosísima pieza de Henrik Ibsen nacida en 1879.

Quien en estos días lea la cartelera montevideana se encontrará con la información que anuncia la presentación de aquella obra en el mencionado teatro, esto es, Casa de Muñecas de Ibsen. Sin embargo, no es así. Se trata de otra cosa.

Esta contundente afirmación no la hace quien esto escribe, la expresó el propio director de la puesta, el argentino Marcelo Díaz en declaraciones al diario El País. Dijo textualmente: “No se trata de una versión del texto de Ibsen. Es una adaptación del idioma, modernizado y adaptado al Río de la Plata. Y se ha recortado la obra, no aparecen los hijos y demás”.

Se refería, claro está, a los tres hijos que Ibsen creó para el matrimonio de Nora y Torvaldo, protagonistas de su pieza.

Después de enterarse de lo que ha dicho el director parecería necesario que los medios hubieran informado que el espectáculo teatral que se ofrecería sería “un texto de Marcelo Díaz basado en Casa de Muñecas”. Esto hubiera estado más cerca de la realidad.

Un clásico en cualquiera de las distintas disciplinas de la creación artística es una obra que por alguna razón capital ha perdurado durante años y siglos, en el caso concreto de la pieza de Ibsen nada menos que durante ciento cuarenta años.

Se ha discutido el derecho -ético y estético- generalmente admitido de que se pueda meter mano en una obra ajena para modificarla, pero si se lo aceptara pacíficamente debería exigirse al menos que quien lo hace no la presentara respaldada por el prestigio universal de un título ajeno.

Lo curioso del caso que nos ocupa es que Marcelo Díaz también afirmó que se propuso ubicar el drama familiar en el mundo contemporáneo y que subrayó que “lo que cambió hoy es el divorcio pero el tema sigue siendo muy actual…sigue siendo mal visto que la madre abandone el hogar y más aceptado que el hombre lo haga”.

Entonces, si el tema sigue “siendo muy actual” por qué no lo dejó tal como fue escrito. Por qué se valió del clásico de Ibsen modificado por él para exponer un tema que tanto le interesa, pero sobre todo por qué no escribió su propia obra para plantearlo en el escenario.

Que en ciertos momentos del pasado el final de Casa de Muñecas se haya modificado de acuerdo al país en el que se representaba y a lo que era la idea mayoritaria de la sociedad o el régimen político imperante nada tiene que ver con lo que ahora se argumenta. ¿Puede pensarse que hoy habría un escándalo social porque una mujer abandone a su marido en busca de su libertad?

La desaparición de los hijos confesada por el director suena a una mutilación, es como si pensara que Ibsen los incluyó porque en un momento de distracción se les escaparon de las manos y se instalaron en la escena. Si bien tienen un valor testimonial resulta evidente que el efecto buscado es mucho mayor si la mujer que abandona el hogar es madre de tres hijos.

El término clásico entre otras acepciones se aplica a lo que se dice “de un autor o de una obra que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia”. ¿La versión que se representa en El Galpón es una imitación de Ibsen?

Lo que importa es comprobar que hoy resulta casi imposible ir al teatro para ver la versión original de un clásico. Quienes no han tenido la oportunidad de ver en escena una obra tal como su autor la pensó, debido a la moda reinante no podrán hacerlo. Los estudiantes, por ejemplo, o los jóvenes simplemente interesados en las manifestaciones teatrales difícilmente verán moverse y hablar en el escenario a Edipo, Segismundo, Tartufo, Hamlet, Lady Macbeth, Doña Inés, Bernarda Alba, Don Juan Tenorio, etc., etc. Verán a los personajes reescritos por terceros.

El repetido argumento que sostiene que es necesario trasladar a la época actual los hechos para que la gente los identifique con la realidad social del momento es un error. Justamente el extraordinario valor adicional que tiene una versión original es proporcionar datos que ayudan a conocer y entender el pasado, las costumbres, el habla, la vestimenta, la cultura general de un tiempo histórico. Mientras tanto, el núcleo temático permanecerá vivo porque será intemporal.

Cambiará el entorno, serán diferentes los ambientes, pero estarán los grandes temas de la literatura universal ya que los desvelos esenciales del ser humano siguen siendo los mismos. El amor, el odio, la envidia, la corrupción, el poder, el destino, la traición, la existencia de Dios, la vida, la muerte, la libertad, la opresión, la sumisión son los núcleos que permanecen en las grandes obras sea cual sea la época en la que se escribieron. De ahí que todavía se muestren lozanas, sus profundas raíces las mantienen en pie.