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La poesía no proclama la tortura

Publicado: 13/12/2018 07:00

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Muchos problemas causados por la actividad política podrían sobrellevarse acudiendo a la poesía En tiempos de mareas que amenazan a las embarcaciones partidarias hasta hacerles creer a sus tripulantes que zozobrarán, sería necesario recurrir a lo que han dicho los poetas, ellos harían olvidar por un tiempo las profundas inseguridades que se padecen.

La proliferación de candidaturas del partido gobernante, las travesuras picarescas de Sendic y de De León, así como tantas otras emboscadas que el destino les presenta a algunos jerarcas podrían y deberían enfrentarse con evocaciones poéticas. El porvenir quedaría aclarado.

Al acudir a esas evocaciones se lograría recuperar la tranquilidad razón por la cual las horas amargas de la vida política por fin se harían más llevaderas. Lo dijo Gabriel Celaya: “la poesía es un arma cargada de futuro”. Paco Ibáñez insistió en eso y lo cantó para que hasta quienes nunca recuerdan que existe la poesía la tuvieran presente.

Hay sin embargo un grave inconveniente debido a que los políticos gobernantes seguramente acudirían a la fuente más próxima y para ellos más segura, esto es, al distinguido por los organizadores del premio internacional de poesía de La Zubía con el Laurel de Plata, don José Mujica Cordano.

Hay un agregado, además, ya que aquellos que invocaran al premiado descubrirían que Celaya se llamaba Rafael Gabriel Múgica, hecho que los entusiasmaría hasta hacerlos pensar que semejante coincidencia no sería una casualidad intranscendente.

Pero, ¿por qué les resultaría un inconveniente abrazarse al poeta Mujica Cordano? Simplemente porque él se encargó y se encarga con empeño digno de mejor causa de explicar lo que no es un poeta.

¿Tuvieron en cuenta en La Zubía que a propósito de la sanción a Luis Suárez durante la disputa de la Copa del Mundo de Río de Janeiro, Mujica Cordano había dicho que “los de la FIFA son una manga de viejos de hijos de puta”?

¿Y que “Uruguay es un país medio esquizofrénico, les chupa la sangre a los argentinos y después los escupe”?

¿Y que hablando de la anterior presidente de la Argentina sostuvo que “esa vieja es peor que el tuerto, él era más político, esta es más terca”?

¿Y que “el delincuente no es otra cosa que un burgués apresurado”?

¿Y que “hay veces que la política está sobre lo jurídico”?

¿Y que “hay gente que me detesta porque tenemos olor a pueblo…Otra cosa son los conversos, los que estaban de este lado y se cambiaron. Esos son los peores, unos piojos resucitados”?

¿Y que hablando de Constanza Moreira afirmó “me dicen que es de izquierda pero su corazón es más capitalista que la puta madre”?

Podría seguirse casi hasta el infinito, pero mejor es afirmar que en La Zubía también olvidaron o simplemente ignoraron que Tabaré Vázquez había reconocido que Mujica siempre dice estupideces.

Mujica siempre tiene una “poesía” más para agregar, por eso la frutilla sobre la torta es lo que sostuvo cuando falleció Luisa Cuesta sin haber podido saber dónde estaban los restos de su hijo desaparecido. Fue entonces cuando muy tranquilo y con el tono de quien ha reflexionado largamente fue capaz de aceptar que “a veces hay cosas que no tienen otra respuesta que la tortura para encontrar la verdad.”

Esto ya no es una de las estupideces a las que hizo mención Vázquez. Es muchísimo peor, inaceptable y condenable por más vueltas o interpretaciones que se le quiera dar. Es que acaso ¿no es esto lo que sostenían permanentemente los militares en la época de la dictadura contra la que él y varios de sus compañeros tupamaros afirmaron falsamente que habían luchado? La tortura inhumana que todo el país sensible y lúcido condena todavía después de que pasaron cuarenta y cinco años del golpe de estado.

Esta frutilla inimaginable colocada sobre una torta corrompida es lo que en verdad motiva esta columna. Mujica, doctor honoris causa de varias universidades, finalmente ha revelado públicamente cuál era y cuál es su opinión sobre lo que se le debe hacer a un prisionero para arrancarle la verdad. Lo mismo que pensaron y piensan los más detestados dictadores.

¿Puede deducirse de esto que también los tupamaros torturaron?

Cabe preguntarse si en La Zubía y en las universidades revisarán los honores que le concedieron después de conocer la barbaridad que expresó frente a los periodistas. La misma duda es posible plantearse al saberse que Emir Kusturica sostuvo que ve a Mujica como un dios con cara de hombre. Si el serbio habló de un dios que admite la tortura podría ser que estuviéramos de acuerdo.