A la ministra María Julia Muñoz sin eufemismos

Por: Miguel Ángel Campodónico

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18/08/2018 07:10

Publicado: 18/08/2018 07:10

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Será la tercera vez que me ocuparé del asunto Manuel Espínola Gómez. Este año publiqué dos columnas en ECOS, la primera el 10 de junio y la segunda el 8 de julio sin que usted ni un subalterno, el director de cultura, por ejemplo, demostraran ni un mínimo interés en averiguar lo sucedido. Públicamente al menos nada se ha sabido. ¿Será que ha ordenado una investigación interna que no ha trascendido?

Puede ser que dada la importante cantidad de asuntos que usted debe atender mi preocupación le haya parecido insignificante y que por eso decidiera que no valía la pena dedicar su tiempo a averiguar dónde están los innumerables objetos que el artista dejó en el edificio propiedad del estado de la calle Paraguay 1176, ocupado actualmente por oficinas de su ministerio.

Quiero ser honesto con usted, acepto que cuando fue designada Ministra de Educación y Cultura todo había sucedido y que incluso probablemente ni siquiera supiera entonces quién había sido Manuel Espínola Gómez.

Usted tiene una amplia actividad privada y pública, no olvido que fue gerente general del Sindicato Médico del Uruguay, secretaria general de la Intendencia Municipal de Montevideo y Ministra de Salud Pública antes de ocupar el cargo actual. Su trayectoria, además de hablar de su infrecuente capacidad para ocuparse de materias muy distintas, también obliga a pensar que sabe cómo hay que proceder cuando se presentan asuntos turbios.

Precisamente el caso que planteo es turbio, confuso o nebuloso. Elija el adjetivo que le parezca más adecuado, pero por favor intente averiguar qué fue lo que sucedió. No está de más aclararle que no tengo ningún interés personal en el asunto, tampoco lo tienen los otros amigos de Espínola Gómez que están tan preocupados como yo porque no se llega a conocer la verdad. Y le repito –lo dije en mis columnas anteriores- que el tema resucitó cuando usted habló en el acto de mayo pasado al inaugurar en el edificio de la calle Paraguay un espacio que no fue lo que sus palabras ni las del director de cultura quisimos creer que anunciarían.

La gran pregunta que ya hice y que vuelvo a formular es ¿dónde están el piano, la pianola, el armonio, el ropero art nouveau, el escritorio de persiana con máquina de escribir incorporada, la cama de ébano, la mesa metálica art nouveau, la enorme mesa de dibujo, los jarrones, las muñecas, los artículos de porcelana, etc, etc., que Espínola Gómez dejó en el edificio de la calle Paraguay?

Ya expliqué quiénes fueron los cinco albaceas que el artista designó para el “manejo de su obra plástica” y quién fue la persona a la que le encomendó el cuidado de sus “objetos, manuscritos, escenografías, muebles de uso personal así como objetos de uso personal que se encuentran en la finca que habito”, tal cual se expresa en su testamento fechado el 28 de febrero de 2002. A esa persona se la obligó en el testamento a que cuando el Estado inaugurara el museo “entregue todo hasta completar su acervo representativo”.

Se trata de un nudo que es necesario desatar ya que afecta a la cultural del país. Espínola Gómez invirtió más de lo que razonablemente podía esperarse en adquirir todo aquello en remates con la finalidad de que integrara el museo que nunca se inauguró. ¿Todo ha desaparecido porque no hubo museo?

Después de la muerte del artista –falleció en 2003- aquella persona responsable según el testamento del cuidado de tantas cosas valiosas que debían pasar al Estado se alojó durante un lapso más o menos largo en el mismo edificio donde se encontraban. ¿Se las entregó al Ministerio de Educación de Cultura, quedaron en el lugar? ¿Tiene usted, señora ministra, alguna información al respecto, sabe cuál fue su destino?

La causalidad hizo que yo viera el video que la muestra a usted bailando cumbia con Gustavo de los Santos en la Cena de Famosos en el Hotel Radisson. Según deduzco es usted una mujer jovial que disfruta los momentos que considera placenteros de la vida, actitud que parece positiva.

Al margen, aunque no tanto, doy por descontado que Espínola Gómez nunca tuvo la clase de “fama” de la que gozan quienes participaron en ese encuentro de ahí que no hubiera podido bailar cumbia envuelto en una atmósfera de música ligerita y liviano alborozo. Hubiera sido un sapo de otro pozo, él disfrutaba de otra manera, cada cual elige la manera que se corresponde con su personalidad.

Sea como sea, creo que la ministra de una cartera como la suya debería hacer todos los esfuerzos para que al menos se reconociera el aporte de Espínola Gómez al arte nacional -valorado por todos los especialistas en la materia- y por su plausible interés en recuperar algunos muebles y objetos que corrían el riesgo de salir del país en manos de coleccionistas extranjeros de antigüedades.

Por ahora termino acá esperando que la tercera sea la vencida. Espínola Gómez y la verdad se lo merecen. Depende de usted que no se haga realidad que no hay dos sin tres.

*Miguel Ángel Campodónico es escritor y periodista.