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Carcamanes de ayer y de hoy

Publicado: 12/08/2018 08:23

Por Leonardo Haberkorn*

Mientras dirigí el suplemento Qué Pasa entre 2000 y 2006 dos por tres solía tener problemas con algunos carcamanes -hoy retirados o fallecidos- que escribían columnas y editoriales en El País.

Entre ellos reinaba un pensamiento único: las ideas de izquierda eran malas y lo malo era de izquierda. Los sindicatos eran malos. Si Uruguay llegaba a ser gobernando un día por el Frente Amplio sería la peor de las catástrofes.

Todo lo que no coincidía con sus puntos de vista ultramontanos era marxismo leninismo. Uno de estos carcamanes llegó a escribir -y salió publicado- que yo inoculaba la semilla del comunismo a través del suplemento Qué Pasa.

Una percepción tan alejada de la realidad se consigue con años y años de cultivo del pensamiento único: uno se rodea de gente que piensa igual que uno, solo escucha argumentos de gente que piensa lo mismo que uno ya piensa, y descalifica y ridiculiza a priori cualquier argumento que ponga en riesgo las certezas asumidas. Al final se vive en un mundo ficticio. Cómodo, pero irreal.

El pensamiento único dominante hoy cambió de vereda, pero el esquema mental de quienes lo sostienen es el mismo que el de aquellos viejos carcamanes de El País. El campo mental es igual de angosto. El maniqueísmo, idéntico: “Si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda”. Seguramente han llegado a ese punto por el mismo camino: siempre escuchando los mismos argumentos de los que piensan igual que ellos.

Lo triste es que el pensamiento único hoy se ha multiplicado como una plaga y se ha tornado más militante y virulento.

Lo ha padecido, algunas semanas atrás, Petru Valenski por haber osado firmar a favor de la propuesta de reforma constitucional que propone el senador Jorge Larrañaga como modo de combatir la ola de inseguridad.

Fue linchado en las redes sociales porque el pensamiento único tiene establecido que usar militares para tareas de seguridad interna es siempre dictadura y Plan Cóndor. Y que la cadena perpetua es un castigo impensable, aunque exista en decenas de países mucho más civilizados que el nuestro.

La verdad única nunca admite discusiones ni matices. En el pensamiento único, gay es progre. Por eso tanta saña con Petru.

Lo mismo pasó con el actor Franklin Rodríguez y toda la andanada de declaraciones y castigos en su contra, que todavía continúan, solo por las opiniones que dio en una entrevista en el semanario Voces.

No se lo castiga por el exabrupto que tuvo para con la exfiscal Mirtha Guianze, por el cual ya se disculpó. Se lo persigue porque habiendo sido un notorio votante del Frente Amplio osó hablar mal de Mujica, del desastre de Ancap, del fracaso educativo y de Venezuela. Y también de inseguridad, lo que ya sabemos es de facho.

Se salió del pensamiento único.

Lo mismo pasó con la directora del INISA, Gabriela Fulco. En una entrevista con el semanario Búsqueda, sostuvo que hay menores delincuentes que ya no podrán recuperase.

De inmediato, los sindicatos del INAU y del INISA le exigieron la renuncia porque la funcionaria “se despacha con declaraciones que no sólo no compartimos sino que nos preocupan”.

El pensamiento único expuesto en todo su esplendor: ¡cómo alguien osa decir cosas que no compartimos y nos preocupan!

El algoritmo de Facebook hecho país.

Me gusta. Me asombra. Me enfada.

Hasta ahí llega el nivel de debate en un pueblo que una vez alguien soñó tan ilustrado como valiente.

En un artículo que escribió en el blog “Razones y personas: repensando Uruguay”, el sociólogo y doctor en criminología Nicolás Trajtenberg denunció que este mismo clima reina en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, donde no se admiten otras verdades que las del nuevo pensamiento único y todo lo demás es fascista.

Lo que contó no es novedad para nadie que siga con cierta atención la prensa y las redes sociales. Pero Trajtenberg se animó a hacerlo público. Obviamente incorporó de inmediato a su currículum el título de Facho.

“Hubo gente que me dijo que mi planteo era muy fascista, cuando solo estaba planteando que a quien discrepa o marca otra posición ya se lo tilda de facho”, se explicó Trajtenberg en una entrevista posterior que le hizo el periodista Tomer Urwicz para el diario El País.

Trajtenberg también contó que algunos sus estudiantes tienen miedo de exponer en clase alguna idea no incluida en el recetario de la corrección política: “Se me han acercado estudiantes luego de una clase y me plantean un buen ejemplo. Les pregunto por qué no lo compartieron con todo el grupo y me dicen: ‘Es que suena muy conservador’. Me preocupa la autocensura y que no pueda haber un debate intelectual puro, genuino”.

Cuando alguien lanza una idea y otro la discute, el primero se ve obligado a mejorarla. El debate enriquece, obliga a pensar, a replantearse las cosas. De la síntesis de argumentos suelen emerger verdades mejoradas. El debate enriquece una sociedad, la potencia, la embellece, la hace fuerte.

Nuestro problema es que el camino inverso también existe, y es más rápido porque es en bajada. Hace ya muchos años que lo venimos recorriendo.
A veces parece que hemos tocado fondo, pero es una ilusión.

Siempre se puede caer más bajo.

Hacia allá estamos yendo.

*Leonardo Haberkorn es periodista y escritor