Disculpe ministra, insisto a pesar del mundial

Por: Miguel Ángel Campodónico

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8/07/2018 09:48

Publicado: 8/07/2018 09:48

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Seguramente debe pensarse que en plena competencia del campeonato mundial de Rusia, no es el momento ideal para ocuparse de un “problemita” que lo único que pretende es clarificar lo que pasó con la obra y los objetos personales de un artista mayor de las artes visuales uruguayas. Debo disculparme porque yo no lo siento de ese modo, quizás esté atontado pero lo cierto es que me gusta mucho el fútbol pero también me preocupan los hechos vinculados a la cultura en general, de ahí que sienta la obligación de recordar las grandes dudas que nos planteamos varios amigos de Espínola Gómez, entre los que me incluyo, y otras personas admiradoras de su notable producción.

No voy a reiterar el contenido total de mi columna anterior, solamente me referiré a ella para insistir en lo esencial y agregar algunos detalles que por razones de espacio debí omitir en aquel momento.

Si bien se sostiene que el que calla otorga, también es posible admitir que el que calla cuando debe y puede hablar no dice nada. No sé a cuál de estas posibilidades se afilia la ministra, yo me inclino a pensar que al menos por lo que yo sé ella no dijo absolutamente nada. De ahí a sentirme obligado a preguntarme cuál habrá sido la razón de su silencio no hay más que un paso muy corto. Y esa es precisamente la pregunta que me (le) hago.

En verdad fue usted ministra quien sacó a relucir el problema al hablar en el acto que se realizó el mes pasado en el edificio de la calle Paraguay. Se colgaron siete cuadros de Espínola Gómez en medio de desconcertantes discursos pronunciados en un salón desolado y punto. Sus palabras, como las del director de cultura, nada tuvieron que ver con lo que aparentaron hacer.

A partir de esos discursos voy ahora a repetir la formulación de una pregunta concreta, ¿Dónde están los innumerables objetos y muebles que el artista compró durante años para que formaran parte del museo que nunca se inauguró? Esas compras obligaron a Espínola Gómez a gastar varios miles de dólares con la intención de que los coleccionistas de antigüedades no las sacaran del país. Un dinero que usó aprovechando lo que había recibido por la venta de algunos de sus cuadros a pesar de que es sabido que por lo general no era partidario de desprenderse de sus obras.

Debido a que es imposible hacer una lista exhaustiva detallo apenas algunas de las cosas que yo y otros amigos recordamos que Espínola Gómez tenía en el edificio de la calle Paraguay: un piano, una pianola, un armonio, un ropero art nouveau, un escritorio de persiana con máquina de escribir incorporada, una cama de ébano, una mesa metálica art nouveau, una enorme mesa de dibujo, jarrones, muñecas y artículos de porcelana, etc., etc., etc. Después de la muerte del artista, ¿al tomar posesión el ministerio del edificio comprobó que todo eso y muchas cosas más estaban donde Espínola Gómez las tenía? ¿Hizo el ministerio un inventario de lo que ahí había? Todo permanecía en ese lugar a pesar de que él había pasado a vivir en el Hotel Cervantes. Insisto: ¿dónde están?

Es de esperar que las pinturas y los dibujos hayan sido trasladados desde la calle Paraguay 1176 al Museo Nacional de Artes Visuales, lo que en cambio no resulta fácil imaginar es cuándo se expondrán para que quienes nunca vieron un solo cuadro de Espínola Gómez tengan la oportunidad de apreciarlos. De todos modos, sería conveniente que se confirmara si realmente ese ha sido su destino y pasaron a integrar el acervo del museo de arte más importante del país. A esta altura es casi innecesario subrayar que del museo Espínola Gómez habrá que olvidarse para siempre, se convertirá en una promesa incumplida que nadie se ocupará de concretar. Los cinco albaceas designados por Espínola Gómez para el “manejo de su obra plástica” –nombrados en mi nota anterior y entre quienes se encontraba el entonces intendente Mariano Arana- habrán tomado en ejercicio de sus facultades todas las medidas necesarias para que la valiosa obra no terminara desparramada en varios locales.

En cuanto a los objetos, manuscritos, escenografías, muebles de uso personal y otros fue nombrada albacea Magalí Sánchez a quien se obligaba a que cuando el Estado inaugurara el museo los entregara para completar el “acervo representativo” que allí se exhibiría. La idea del museo se evaporó antes de crearse, ¿será que también los objetos se evaporaron con él? No parece que resulte muy complicado responder esa pregunta tan simple.

Por último, el MEC tiene una espléndida sede en la Ciudad Vieja y la Dirección de Cultura ocupa un edificio en pleno Centro en la calle San José, por lo que al menos en principio no se entiende la razón por la que además algunas de sus secciones hayan pasado a funcionar en Paraguay 1176, casualmente donde debería funcionar el Museo Espínola Gómez cobijando toda la obra y los objetos anteriormente señalados. Los siete cuadros que ahí se colgaron solamente pueden apreciarse en horario de oficina, una resolución despreciativa a la que se agrega la broma de mal gusto que se desprende del cartel colgado a la entrada en el que se anuncia un horario que no se corresponde con la verdad.

*Miguel Ángel Campodónico es escritor y periodista.
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