Cavani, el jabalí y la plaga de lo políticamente correcto

Por: Leonardo Haberkorn

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30/05/2018 15:47

Publicado: 30/05/2018 15:47

Opina Leonardo Haberkorn*

Que las fotos de Cavani con el jabalí recién cazado provocaran un escándalo en las redes sociales no puede sorprender.

Tampoco que los defensores a ultranza de los animales pusieran el grito en el cielo.

En cambio, fueron bastante sorpresivos los dichos del director nacional de Medio Ambiente, Alejandro Nario.

Nario se paró en la mitad de la cancha. Dijo que Cavani no había violado ninguna ley, porque el jabalí es plaga nacional y su caza está permitida. Pero criticó al futbolista por herir con las imágenes del animal muerto la sensibilidad de quienes se oponen a todo tipo de caza.

“Hemos cambiado como sociedad y conviven dos miradas diferentes. Hoy mucha gente siente herida su sensibilidad al ver imágenes como las que trascendieron, donde hay una especie de juego con el animal muerto”, dijo el jerarca.

Las declaraciones de Nario pueden ser criticadas desde dos puntos de vista.

Por un lado, llamó la atención el interés por este asunto menor.

El ambientalista Eduardo Gudynas se asombró: “Si el director de Dinama reacciona por un jabalí, temas mucho más graves como la crisis de contaminación de los ríos requerirían declaraciones muchísimo, pero muchísimo, más enérgicas para mantener la proporcionalidad”.

Gudynas tiene razón, pero no se trata solo de eso. También está en juego el rol que en una democracia debe tener un gobernante.

El jabalí fue declarado plaga nacional por un decreto de 1982.

El decreto establece que “es una especie introducida al país hace varias décadas y que se ha adaptado y reproducido en forma alarmante, aumentando año a año su área de dispersión” y que “está provocando graves daños, especialmente en los cultivos y majadas”.

En 1987, la Ley Forestal, estableció que “todo propietario de bosques está obligado a adoptar las medidas de lucha contra las plagas, alimañas y predadores que causen daño a los plantíos, a las aves de corral y a los animales domésticos de predios vecinos”.

En 2004, el jabalí fue declarado plaga nacional para la agricultura. El texto legal se basa en “los daños que los jabalíes ocasionan a la producción nacional” y “los perjuicios, que para la economía del país, resultan de los daños provocados por los jabalíes en los cultivos y majadas”.

Y mandata a los dueños de los campos a matar a estos animales al establecer que “los propietarios, arrendatarios y tenedores o responsables a cualquier título de los predios que presenten jabalíes, deberán efectuar a su costo, la eliminación de los mismos”.

Todo ese cuerpo legal no se basa en que los uruguayos tengan una animosidad especial contra esta especie exótica, sino en los daños concretos que ella provoca en la ganadería y la agricultura, además de la fauna nativa (no mencionada en la normativa).

Cuantificar ese perjuicio no es fácil. La única vez que se estudió a fondo el asunto fue en una encuesta nacional realizada en 1996 que arrojó que ese año los jabalíes habían matado 180.000 ovejas.

La situación cambió porque en aquel momento en Uruguay había 24 millones de ovinos y hoy hay 7.000.000. Además los productores mejoraron sus defensas. “Aún así, sigue siendo un problema importante”, dijo Javier Frade, ingeniero agrónomo del Secretariado Uruguayo de la Lana.

En resumen: el jabalí es una plaga nacional decretada por el estado uruguayo no una, sino dos veces. El cuerpo legal vigente establece que los productores tienen la obligación de matarlo para mantener controlada su población y los daños que provoca.

En épocas en que los que no respetan la ley son legión (desde rapiñeros a políticos que pagan sus cuentas con tarjetas corporativas estatales), Nario debió felicitar a Cavani por ser un ciudadano que actúa de acuerdo al ordenamiento legal vigente y cumple con sus obligaciones.

Es cierto que hay gente que no quiere ningún tipo de caza. Nario tuvo una oportunidad magnífica de explicarles por qué el estado uruguayo mandata y obliga a matar jabalíes.

Se supone que es una decisión racional y tomada en beneficio de todos.
Si algo hubiera cambiado desde que establecieron estas normas, Nario o quién sea debería aclararlo y abogar para modificar el ordenamiento legal vigente.

Si faltan estudios, la Dinama debería hacerlos. En un estado racional se supone que las políticas deben tomarse en base a hechos y datos comprobados, y no en base a “sensibilidades” que arden en Facebook.

Lo mismo vale para todas las demás especies invasoras: animales o vegetales que no son propios de un lugar, pero llegan a él, o alguien los trae, se expanden sin control y se transforman en un dolor de cabeza.

La Dinama lidera el Comité de Especies Exóticas Invasoras de Uruguay, que estudia qué hacer con “42 especies no nativas que requieren de atención prioritaria dado su impacto sobre la biodiversidad y la salud”, según la web del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.

En estos momentos, se trabaja en un plan para exterminar del territorio nacional a la rana toro, un voraz batracio norteamericano que se trajo aquí para criarlo como fuente de alimento. La explotación no resultó, las ranas toro se escaparon y hoy -como son mucho más grandes y más agresivas- están exterminando a las ranas nativas.

¿Habrá protestas por cada rana toro sacrificada?

Es probable que sí. Lo “políticamente correcto” y la “sensibilidad” de los gobernantes para contemplarlo se expanden con la voracidad de una piara de jabalíes. Pero tendría que existir un límite.

Nario es el director del Medio Ambiente del estado uruguayo y, en los asuntos grandes y los asuntos chicos, debería atenerse a sus leyes.