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Mejor un burro que un gran profesor

Publicado: 13/05/2018 07:10

Opina Leonardo Haberkorn*

Cuando se habla de la necesidad de mejorar el sistema educativo hay tres o cuatro temas que son recurrentes: unificar primaria y secundaria, darle más autonomía a cada centro de enseñanza, reducir el número de materias en el liceo, actualizar sus programas.

Sobre este último punto, el exsubsecretario de Educación y Cultura, Fernando Filgueira, ha dicho que tenemos “estudiantes del siglo XXI, profesores del siglo XX y programas del siglo XIX”.

Con seguridad todos estos son temas importantes. Pero hay un problema que antecede a todos los anteriores, cuyos efectos sobre la educación de los jóvenes es mucho más grave y cuya solución debería ser más urgente. Y, sin embargo, de ese problema casi nadie habla.

Una excepción es Adriana Marrero, profesora grado 5 de la Facultad de Ciencias Sociales, doctora en sociología de la educación, que una y otra vez vuelve a insistir con un tema que parece ser tabú en Uruguay: la cantidad de gente no capacitada que imparte clases en Secundaria.

Dos viernes atrás en Brecha, Marrero recordó que nuestro nivel de docentes se ve seriamente afectado por los reglamentos que rigen en la ANEP, según los cuales “un estudiante del IPA tiene prioridad para elegir horas, incluso sobre académicos consolidados, lo que permite que jóvenes sin preparación dicten clases en Secundaria sin dominar la asignatura”.

Marrero se refiere a que en Secundaria solo el 67% de quienes dictan clase son profesores recibidos en el IPA, según datos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa. Es decir que un tercio de los docentes no están titulados.

Pero la realidad es más grave, ya que esa cifra es un promedio de situaciones muy distintas. En algunas materias como historia y literatura, el 90% de los docentes están recibidos. Pero en otras como matemáticas, apenas el 33% de los profesores del ciclo básico son egresados del IPA. Y en informática, solo el 13%.

También es bajo el porcentaje en materias como física y química.

Entonces, ¿quién da clase en los dos tercios de los grupos de matemática del ciclo básico que no pueden tener un profesor recibido en el IPA?

El reglamento vigente en la ANEP, según ha denunciado Marrero, marca que la prioridad para tomar esos grupos la tienen los estudiantes del IPA que hayan terminado apenas primer año.

Es decir que en muchas materias los profesores que los liceales tienen al frente de sus clases no son profesores, ni siquiera son estudiantes avanzados. ¡Son estudiantes que pueden haber terminado solo primero!

“Es como si fueras a la mutualista a atenderte con un médico que te receta. Y cuando salís te enterás que ese que te atendió está estudiando en segundo año de Medicina”, dijo Marrero el año pasado en una entrevista en el programa Contexto de Nuevo Siglo TV.

La diferencia sería que en este caso ni siquiera te enterás. Porque esto es algo que, además, se oculta a los estudiantes y a sus padres. Una estafa cotidiana que se comete en la clandestinidad. El joven cree que va a clase con un profesor, pero en realidad va a una especie de simulacro, una puesta en escena.

No es cierto que tengamos “docentes del siglo XX”. Eso podrá ser cierto en algunos casos, pero en muchos otros tenemos gente dando clase que, al decir de Marrero, “trabajan como si fueran docentes, tienen horas asignadas, pero no son nada”.

Son estudiantes del IPA con primero terminado.

¡Cómo no nos va a ir mal en las pruebas Pisa!

En el colmo del absurdo, según ha denunciado la socióloga, esos estudiantes de segundo no tienen ni siquiera que estar preparándose para la materia a la que se postulan, pueden ser estudiantes de cualquier otra disciplina.

El reglamento de la ANEP es tan ridículo en su exacerbado corporativismo que si un ingeniero o un doctor en matemáticas o física quisiera dar clases en los liceos por vocación o por necesidad, no puede recibir un grupo hasta tanto no se le haya adjudicado uno a todos los estudiantes que quieran tenerlo. En los hechos, los universitarios no pueden dar clases en la enseñanza secundaria pública.

“El rector de la Universidad, que es doctor en matemática grado 5, si quisiera dar clase de matemática en el ciclo básico para transmitir lo que él sabe, hoy no podría hacerlo. Tendría que elegir horas después que hubiera elegido el último estudiante, que ni siquiera tiene que ser de matemáticas”, dijo Marrero en la entrevista televisiva. “Si viene alguien formado en Harvard en matemáticas, esa persona no puede aspirar en nuestro sistema educativo a dar clase en un liceo”.

Otro efecto de este sistema es que los estudiantes, como ya pueden comenzar a trabajar y a cobrar con solo tener primero terminado, tienen un estímulo muy bajo para avanzar en la carrera. ¡Para qué van a matarse estudiando y dando exámenes si ya pueden dar clases!

La tasa de egresados del IPA es ridícula: apenas el 5% (cinco por ciento) de los que ingresan se reciben, denunció la especialista.

Todo este absurdo Reino del Revés está consagrado en el estatuto del personal docente de la ANEP.

Es evidente que se podrán hacer miles de reformas, unificar primaria y secundaria, cambiar los programas, modernizarlos, darle autonomía a los directores y mil otros firuletes de colores, pero nada funcionará mientras un estudiante que lo desconoce prácticamente todo sea puesto al frente de una clase.

“La formación docente es la piedra angular de todo el sistema educativo”, escribió Marrero en la última edición de Brecha. “No puede encararse reforma alguna en ninguno de los niveles previos, Inicial, Primaria, Media, sin contar con docentes de la más alta calificación, actualizados, e investigadores en sus propias áreas de conocimiento”.

Y destacó lo que es obvio pero nadie parece tomar en cuenta: “Si no se emprendiera reforma alguna, bastaría un cambio cualitativo en la formación docente para que sus efectos se hicieran sentir en todos los niveles de la enseñanza”.

Llevamos, en cambio, el rumbo exactamente inverso. Se propone cambiarlo todo, pero nadie se anima a terminar con un sistema que permite que los que no saben estén dictando clases.

Y todavía queremos que los muchachos aprendan.